Parece simple, y lo es cuando se vuelve un hábito. Ser una persona abierta implica vivir intensamente lo que piensas, lo que sientes y lo que haces. Por una puerta abierta entran y salen toda clase de personas, por una persona abierta pasan todo tipo de experiencias, desde las más gratas hasta las más dolorosas. La mayoría de la gente se va cerrando cuando vive experiencias desagradables, tristes, vergonzosas, dolorosas o enojonas... Obvio: Nadie quiere que le vuelva a ocurrir algo que no le gustó y tal vez hasta le lastimó. Entonces cierra la puerta a nuevas ideas y formas de expresión, o a los sentimientos porque si los expone se los podrían dañar, o a hacer algo que antes disfrutaba bastante, como bailar, cantar, salir, hablar... Cerrando la puerta se protege su mente, su corazón o su actitud.... O las tres cosas, y entonces solo queda una persona bastante rígida, terca y temerosa que, sin embargo, cree estar segura porque nadie puede penetrar su fortaleza per...