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viernes, 4 de marzo de 2016

Padres ausentes, hijos que quieren estar presentes

"Lo que se graba en la ausencia:

Siempre ocupados
Siempre de prisa
Siempre de malas
Siempre al pendiente
de alguien o algo más
Siempre con algo
más importante que hacer
Sin detenerse a responder
las dudas e inquietudes
de ese pequeño ser
Hijo o hija ¡qué infantil!
Siempre ocupados
Siempre de prisa
Siempre de malas
Siempre al pendiente
de alguien o algo más
Siempre con algo
más importante que hacer."
(hemebe)


Si los padres sobreprotectores son aquellos que todo el tiempo quieren estar sobre sus hijos, el lado opuesto son los padres ausentes, ya sea física o emocionalmente... o de ambas formas. El papá o la mamá pueden no estar presentes para el hijo o la hija (aún viviendo en la misma casa), y esta situación provoca reacciones como rebeldía, conflictos con la autoridad, inseguridad personal y una fuerte necesidad de afirmarse y hacerse valer ante los demás.

Varias conductas violentas, destructivas y hasta autodestructivas en los jóvenes y adultos tienen su origen en un padre o madre ausente. Los niños que vivieron esta situación serán adultos que prefieren borrar varias escenas de su infancia y literalmente pueden olvidar episodios completos de su historia, al grado de ver como ajenas algunas vivencias de sus primeros años de vida.



Este mecanismo de defensa puede producir la tendencia a escapar de las experiencias desagradables en otros momentos de su vida, incluyendo la vida en pareja o la vida laboral, y precisamente por seguir evadiendo las situaciones dolorosas preferirá marcharse en vez de enfrentar los conflictos, repitiendo con sus hijos la misma historia que vivió en su infancia. El miedo al compromiso nace de la sensación de poder perderlo todo en cualquier momento... y como la mayoría de los miedos, los convertimos en realidad si enfocamos en ellos nuestra atención.


El miedo más grande que tenemos cuando somos niños es al abandono, al rechazo, a no contar con alguien que nos cuide y nos haga sentir queridos y valiosos: es el miedo a perder a quien más nos quiere. Cuando los padres no están porque fallecieron o se fueron de casa este temor se vuelve realidad. Y también se vuelve realidad cuando los padres tienen una adición y por esa razón no atienden a sus hijos, o cuando se dedican toda la atención entre ellos sin hacer caso de los hijos, ya sea para pelearse constantemente o para halagarse. 



Los padres con la permanente actitud de crítica destructiva y anuladora al estilo de "Madre Gothel" también están ausentes. Parece que están ahí apoyando, pero son incapaces de reconocer y valorar objetivamente los logros de sus hijos por estar demasiado sumidos en sus propios intereses, y en este mundito egoísta los hijos solamente caben si los pueden usar a su favor. En este contexto los hijos crecerán tratando de hacer cualquier cosa para ser reconocidos.

Las adicciones nacen como un sustituto ante la ausencia del padre o de la madre, produciendo sensaciones placenteras y la ilusión de ser más de lo que en realidad somos. Papá y mamá pueden ser muy egoístas y justificarse pensando en la gran cantidad de problemas que tienen que enfrentar, sin embargo esto no justifica olvidar el compromiso que se tiene hacia los hijos, e ignorar que al ausentarse los están lastimando de por vida. Es como decirles "mis problemas personales son más importantes que tú". 

"Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cría a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres."

(Proverbio oriental)


¿Durante tu infancia viviste alguna situación donde sentiste que no podías contar con tu padre o tu madre? ¿Has olvidado momentos de tu niñez, como si tuvieras lagunas mentales? Y si tienes hijos, ¿Les regalas cosas o dinero para "matar" la culpa de no estar con ellos?, ¿Los conoces?, ¿Sabes qué les gusta y qué les desagrada? ¿Cuentan contigo?


Si creciste con padres ausentes, es posible reconciliarte con la vida y contigo. Si estás actuando como padre o madre ausente, también es posible cambiar y volverte un padre o madre con conductas más constructivas. Para ello necesitarás trabajar en tu propia persona con constancia y sin esperar que alguien "arregle" a tus hijos, pues ellos son un espejo de lo que tú eres y haces. El primer paso para recibir ayuda es aceptar que la necesitamos.

¿Y cómo se le habla a los hijos cuando uno de sus padres está ausente, por la razón que sea? En la página "guiainfantil" encontré un artículo breve y muy interesante, donde proponen algunas frases que pueden ayudar bastante a manejar esta situación manteniendo la buena autoestima de los hijos.

Aunque este mensaje lleva implícita una amenaza o un chantaje, tiene mucho de realista:

Hasta luego.

lunes, 7 de octubre de 2013

Miedo al éxito

"Algunos sueños son como las estrellas: No podrás alcanzarlos, pero si los sigues guiarán tu destino"
(Tomado de la página "Ordenes del amor", en Facebook)



Hoy les voy a contar otra historia de miedo, un tema que he abordado en ocasiones anteriores para hablar de su relación con el desorden y la flojera en una primera vez, y también para comentar que el miedo es una emoción que nos pertenece y, por lo tanto, somos capaces de usarlo a nuestro favor.

El miedo que aparece ahora en este blog es el mismo que en ocasiones anteriores, pero su forma de manifestarse es distinta, más sutil y permanente, por eso es que muchas personas no se dan cuenta que viven con miedo y simplemente piensan que esa forma de ver el mundo es "normal". 

En realidad, lo "normal" es que al nacer todos tenemos plena confianza en nosotros mismos y no nos importa para nada saber qué son las emociones como el miedo, la vergüenza, la frustración ni otras por el estilo, nos interesa únicamente sentirnos bien y por eso es que en esas edades, sin complicarse la existencia, todos los bebés piden su comida a gritos o como sea necesario, hacen pipí y popó sin aguantarse las ganas y sin sentir ni pizca de vergüenza y duermen todo el tiempo que quieren sin sentir presión alguna. Las emociones importantes, las que dan vida en ese momento son el amor, la confianza, la seguridad y la autoaceptación sin poner ningún "pero".

Así llegamos a la vida. La cosa comienza a complicarse un poco después, a medida que vamos sintiendo la importancia de querer y ser queridos, entonces también es necesario sentirse queridos y aceptados por otras personas, como mamá, papá, hermanos, abuelitos y una que otra persona más, que se volverá influencia en la vida futura del niño. Inevitablemente, de la relación que los niños tienen con la gente que más quieren nacerá su sentimiento de valor personal, de confianza en sí mismos, de reconocimiento a su propia capacidad, y también de esa misma fuente comienza a nacer el miedo: 

El primer miedo del niño, y tal vez el mayor que llegará a tener en toda la vida, es al abandono, a ser rechazado, a no ser aceptado tal como es, a quedarse solo. 

Los niños lo expresan con claridad, piden ser queridos, aceptados y reconocidos; le dicen esto a la gente que quieren y cuando la relación es saludable y nutritiva, tanto los niños como la gente que los rodea pueden hablar claro de sus sentimientos. En esos casos, los niños pueden aprender a convivir con su miedo, sentirlo suyo y aprender a usarlo a su favor.


Mucho cuidadito: Es importante entender que el miedo siempre va a formar parte de nuestra personalidad. 

Para algunas personas es importante esconder sus miedos porque son un símbolo de debilidad y eso da vergüenza ante la gente. No se dan cuenta que lo que les avergüenza no es sentir miedo, sino ser juzgados por los demás, es decir que su miedo real es ser rechazados... Justo como cuando eran niños. Y si estas personas tienen hijos, tratarán de enseñarles a esconder su miedo, a no demostrarlo y a sentirlo como algo ajeno a ellos, con lo que iniciarán el círculo vicioso de miedo - vergüenza - frustración. 

Si crecemos con la idea de que el miedo es "malo" y esta afuera de nosotros, nos costará mucho trabajo reconocer que somos dueños de nuestro miedo y aprovechar los avisos que nos quiere dar. Si el miedo es intocable, le estamos dando un poder gigantesco a la opinión de otras personas, y eso puede causar que nuestro valor personal dependa del juicio de otras personas. ¿Miedo al éxito? Sí, el mensaje real sería más o menos como éste: ¡mejor me quedo como estoy para no exponerme ante los demás!


"En el camino de la vida, no es tan importante la distancia a que has llegado, sino la dirección que llevas."

Cada familia y cada grupo social son diferentes, y por lo mismo el estilo de comunicación al interior varía mucho. Entre los estilos de comunicación que pueden propiciar el miedo al éxito, se acostumbra realizar como algo normal actos como estos: 

Ridiculizar, 
imitar o arremedar burlescamente, 
regañar con sarcasmos en lugar de dar indicaciones directas, 
convertir los sentimientos en un tema prohibido, 
hacer comparaciones para quitarle méritos a quien logró un éxito, 
amenazar o poner condiciones para que los demás hagan lo que uno quiere, 
resaltar el sacrificio como el máximo valor, 
exigir que únicamente haya dieces o éxito total y ser el mejor en todo,
considerar que el dinero y los bienes materiales son el éxito.

El resultado de estos estilos de comunicación produce un esquema de pensamiento que nos hace creer que así serán las reglas del juego en otros ambientes, y eso quiere decir que estaremos viviendo a medias, confiando en que un día las cosas van a cambiar.



Cuando aparece la palabra "éxito" tal vez pensemos en situaciones laborales, en escalar posiciones sociales, ganar mucho dinero y tener muchas cosas de esas que se pueden comprar. El éxito es eso para un buen número de personas, y también tiene otra gran variedad de formas en que se puede presentar:

Por ejemplo, muchos problemas de pareja que terminan en divorcio o en una vida infernal al lado de la persona escogida para convivir, tienen su origen en ese miedo al éxito, que finalmente nos da los argumentos necesarios para dejar de creer en el proyecto de vida que soñamos con otra persona. Dejar trunca la carrera o ni siquiera empezarla porque hubo problemas económicos, porque al tatarabuelo o a alguien más no le gustó lo que iba a estudiar o por la razón que sea, tiene el mismo origen. Perder un buen trabajo o una buena oportunidad de mejorar, igual. Quedarse sin amigos porque ya no hay tiempo para ellos, porque hace falta tiempo, porque a la pareja le disgustan o por la razón que sea también es consecuencia de ese miedo al éxito, emparentado con la decisión de vivir aislado (así un día tendrá el pretexto de que no tuvo a nadie que lo apoyara). Dejar pasar oportunidades para que otra persona no se sienta mal. Tomar más deudas o compromisos de los que se pueden sostener también para que esa persona no se vaya a sentir mal...

Ejemplos sobran, y justificaciones también. Como se puede ver, el miedo al éxito va muy relacionado con la baja autoestima, y es pariente cercano de las relaciones codependientes, donde parece que ambas partes se aman y se apoyan al 100%, pero en realidad se van atando cada vez con más fuerza, hasta llegar a limitarse mutuamente... para no hacer sentir mal a nadie.


Atrás de todo miedo al éxito hay una necesidad enorme de reconciliarse con uno mismo. Es frecuente que el miedo al éxito se esconda atrás de alguna conducta exagerada (para los demás, quien tiene esas conductas cree que son hasta envidiables porque exhiben su tendencia a la perfección); también es frecuente que alguien con miedo al éxito lo disfrace con una adicción, o sustituyendo una relación codependiente con otra... y otra... y otra... siempre pensando que esa nueva persona es la indicada y será con la que pueda vivir feliz. Pero el miedo está adentro, no afuera.

Al reconciliarse con uno mismo se termina la necesidad de encontrar allá afuera una persona, una sustancia o un ritual que pueda darnos paz y ayudarnos a llegar al éxito. Entonces se acaba también el miedo al éxito.

Tal vez sea difícil de creer, pero son muchas las personas que viven con angustia su miedo al éxito, de acuerdo a lo que dije en los primeros párrafos de este rollo: Sin entender por qué, hay un miedo permanente a quedarse solos, a sentirse abandonados, a ser rechazados y juzgados por los demás. Entonces se reinicia la lucha permanente por ser el mejor en lo que sea, para ser aceptados y valorados. Y al decir "muchas personas" se cuentan también varias que tienen verdadero éxito económico o un buen estatus social. El miedo al éxito es una cadena que limita nuestra libertad.


La imagen del monero Montt dice su propuesta en tono humorístico pero su planteamiento es real, y si alguna de las características del miedo al éxito sirven de espejo para lo que tú sientes o vives día a día, date la oportunidad de reencontrarte contigo, de reconciliarte y cambiar tu forma de ver la vida. Si resulta difícil no hay que angustiarse ni hay que pensar que fracasamos: También se puede alcanzar el éxito con ayuda, solamente es cuestión de tomar una decisión, como ocurre casi con todo lo que hacemos en esta vida.

Hasta luego.