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viernes, 13 de agosto de 2021

Miedo

 
Ente diminuto y temeroso que pasa los días y las noches escondiéndose entre la cabeza y el vientre, a veces se ubica en el estómago, se estaciona en el corazón o se atora en la garganta.

Es una de tus partes más sensibles y se intimida con facilidad. Si se asusta se expande, crece en tu interior y contagia todo lo que toca hasta paralizarte o hacerte correr. En casos extremos se agiganta hasta salir de tu cuerpo y lo envuelve, entonces puedes creer que ese miedo no es tuyo, que él te tiene a ti.

Cuando le haces caso se tranquiliza y vuelve a su minúsculo tamaño, si logras que confíe en ti lo podrás guardar donde quieras, en tu bolsillo o en tu corazón. Si tú y tu miedo tienen claro que él es tuyo y forma parte de ti, pueden negociar: él te avisa qué lo asusta, tú revisas si hay peligro real, ambos se acompañan de mejor manera y sin desconfiar.

Si le das la espalda tu miedo crece, pero visto de frente se reduce bastante y se deja dirigir.

domingo, 7 de febrero de 2021

Del otro lado del miedo (recomendación y cuento)

 "Soy amiga del monstruo que está bajo mi cama,

se lleva bien con las voces dentro de mi cabeza"

(Eminem y Rihanna)


"Del otro lado del miedo" es un libro que me gustó mucho y que resulta muy útil para saber lo que es el miedo, entender todos los disfraces que usa para que no podamos reconocerlo, qué efectos tiene en nuestra vida y qué podemos hacer con él, si a fin de cuentas va a seguir estando con nosotros todo el tiempo. Lo mejor de este libro es que el autor, Mario Guerra, se tomó el cuidado de redactarlo en un lenguaje sencillo y entendible, como si se tratara de un maestro de verdad interesado en que sus alumnos aprendan, y el resultado es una lectura interesante que a ratos parece una charla enriquecedora con un amigo que sabe explicar muy bien.

¿Para quién es éste libro? Para cualquiera que desee conocer y enfrentar sus propios miedos, o que desee ayudar a alguien más que tiene problemas para superar un miedo, o simplemente para quien quiera mejorar sus relaciones interpersonales... 


De este libro tomé el cuento que reproduzco a continuación, y que me parece una excelente metáfora, espero les guste:


"Alguna vez alguien me contó la historia de una princesa oriental que era conocida por su valor y su destreza en el manejo de las armas. Lo que recuerdo de esta historia es que aquella princesa una mañana se sintió abatida y con pesar. Es verdad que su valentía era grande, pero por más que lo había intentado una y otra vez, había un enemigo al que no había podido vencer y que en cada batalla la derrotaba. Muy frustrada fue a ver a su maestro, al que le contó todo lo que ella sentía.

-       ¿Quién es ese formidable contrincante que en cada ocasión te derrota? - preguntó el maestro.

-       Es el miedo. -respondió la princesa agachando la mirada.

El maestro guardó silencio por un momento mientras tomaba un poco de té y luego le dijo a la princesa:

-       No puedo ayudarte porque yo mismo no he encontrado la manera de derrotar a ese oponente, pero sé quién sí puede decirte el secreto para vencerlo.

-       Hable ya, se lo suplico, maestro – dijo la princesa.

-       ¿Recuerdas que alguna vez te hablé de la montaña maldita donde habita un ser terrorífico? Bueno, pues es ahí a donde debes ir si quieres saber el secreto, pero para que eso suceda debes ir sin espada y sin escudo, solo portando tu túnica, tus sandalias y una pequeña alforja donde lleves agua y comida porque el viaje es largo.

-       Pero, maestro – se quejó la princesa -. Usted mismo me ha contado historias de aquella montaña y el ser que la habita, me ha dicho que es muy peligroso y agresivo, y ¿ahora me dice que vaya allá sin arma alguna, escale la montaña y llame a la puerta de esa bestia?

-       Al parecer no estás tan motivada después de todo para obtener ese secreto. Olvida lo que te he dicho y sigue practicando, quizá, algún día, logres derrotar a tu oponente – concluyó el maestro mientras calmadamente se servía otra taza de té.

La princesa, que le tenía gran cariño y lealtad a su maestro, y pese a su propia resistencia, confió en su sabiduría y empezó el viaje tal como se lo ordenó, sin arma alguna. Caminó durante muchas noches hasta que al medio día de un día de esos, llegó a las faldas de la montaña maldita. Era imponente, y muy alta, en la cima había una fortaleza donde habitaba aquella criatura infernal. Suspiró y un poco contra su voluntad empezó el ascenso recordando las palabras de su maestro. El atardecer se estaba terminando cuando llegó al portón de la fortaleza. Era enorme, y con razón si la habitaba un gigante. Como pudo llamó a la puerta, de inmediato se arrepintió y pensó en huir, pero ya era tarde. La puerta se abrió con un crujido sepulcral y ahí, frente a ella, estaba aquel enorme personaje que resultó no ser otro que el miedo mismo en persona.

-              ¿Qué macabra broma es esta? – pensó la princesa-. ¿Cómo me envía mi maestro a enfrentar a mi más fuerte enemigo totalmente indefensa y sin aviso?

El miedo, que ese día usaba su armadura de la impaciencia, miró a aquella diminuta y “flacucha” princesa quedar congelada, absorta en sus pensamientos mientras sus ojos se hacían cada vez más grandes. Impaciente le gritó:

-            ¿Qué demonios haces aquí y qué rayos quieres?

La princesa estaba aterrada, no solo llegó desarmada hasta las puertas de la morada del miedo, sino que, para colmo, ya lo había hecho enojar. “Y eso que todavía no le digo a qué vengo”, pensó ella.

El miedo ya se había desesperado y estaba por cerrar la puerta de un portazo cuando la princesa le gritó:

-          Miedo, vengo con gran humildad y reverencia a que me permitas hablar contigo. No he traído armas ni escudo como prueba de mi buena voluntad.

El miedo la miró y confirmó que ciertamente no iba armada.

-            ¡Vaya, debes ser muy valiente o muy torpe para presentarte así ante mí! Pero es verdad que lo has hecho con respeto, así que di lo que tienes que decir y después márchate, que estoy muy ocupado – gritó el miedo.

La princesa aspiró profundo y respondió:

-          Vengo a que me digas cómo puedo derrotarte.

El miedo no podría creer lo que escuchaba.

-            ¿Qué vienes a qué cosa? – le preguntó asombrado -. Ahora confirmo mi sospecha de que estás loca de remate al venirme a preguntar eso a mí.

Miró fijamente a la princesa a los ojos y de pronto supo que en su corazón había un gran deseo que ni él mismo iba a lograr contener si pasaba más tiempo.

-            Está bien, no sé por qué voy a decirte esto, pero sólo lo voy a decir una vez, así que escucha bien porque después volveré a mi fortaleza y cerraré la puerta, ¿estás lista?

-            Sí – respondió la princesa emocionada.

-            ¿Sabes por qué te derroto en cada batalla? – le preguntó el miedo -. Te derroto porque hablo muy fuerte, con voz terrorífica y lo hago muy cerca de tu cara y eso sin duda te asusta, pero el verdadero secreto de mi victoria está en que te ordeno lo que tienes que hacer y tú haces lo que te digo. Así que escucha bien. Muy pronto nos volveremos a enfrentar en combate una vez más, así que volveré a hablar muy fuerte, con voz terrorífica y lo haré muy cerca de tu cara, después te voy a decir lo que tienes que hacer y ahí estará tu oportunidad; si tú no haces lo que te digo, entonces yo no tendré ningún poder sobre de ti y podrás por fin vencerme. Ahora, ya lo sabes. ¡Lárgate y déjame en paz! – vociferó el miedo con voz muy fuerte y terrorífica.

Cuenta la historia que en ese momento la princesa en vez de salir huyendo se quedó de pie frente al miedo feroz y su fortaleza y estos empezaron a desvanecerse lentamente. Al final la princesa pudo verlos por fin como lo que eran: una gran montaña y el feroz rugido del viento."


Hasta luego.

domingo, 9 de septiembre de 2018

El miedo y la muerte



El miedo y la muerte son dos hermanos casi siempre no deseados ni aceptados que se mueven entre las sombras de tu conciencia queriendo ser reconocidos como una parte de ti, como si fueran hijos bastardos reclamando al padre o a la madre su abandono, entre más los ignoras más fuertes se vuelven sus señales para recordarte que existen y que son tuyos, en ocasiones te hacen pasar momentos de vergüenza, tristeza o ansiedad (todos de la misma familia), que son sus formas de gritar cuando de verdad sienten que los rechazas y sin embargo ahí están, la muerte atrás de tu hombro guiándote por la vida tal como la vio Carlos Castaneda y el miedo, ese miedo tan sincero escondido dentro de ti con la esperanza de que lo protejas tiene una forma pequeña como la infancia, como todo lo que no te gustó en tu niñez, aunque entonces parecía ser muy grande y tal vez por eso hoy aún no lo aceptas, pero el tiempo ya pasó y tu tamaño corporal, mental, moral y espiritual ahora es otro, ya eres mayor en todo y tu miedo se da cuenta más tú no. A veces no.

El miedo siempre ha querido avisarte cuando estás en riesgo o en peligro para que tomes buenas decisiones y se asusta cuando lo ignoras y te dejas ir al borde del precipicio emocional, laboral, familiar, económico o cualquiera que esté cerca de ti. Más se asusta, más grande se hace y más te desespera hasta que provoca el efecto contrario al que desea: tomas una decisión impulsiva para quitarte la ansiedad en lugar de darte un tiempo para hablar contigo acerca de los pros y contras de tu situación. Para dejar de alimentar a tu miedo es necesario dejar de prestarle tanta atención y simplemente aceptar que está ahí.

El mundo es de los valientes, dicen y dicen bien. Ser valiente no es lo mismo que ser impulsivo. Ser valiente es aceptar la compañía del miedo y con eso ampliar el horizonte de tu vida, reconociendo que hay oportunidades, ventajas y ganancias junto a los riesgos, peligros y dudas que encontrarás en el camino por cada una de tus edades hasta llegar al destino final que es la puerta de salida de tu historia en este mundo. Hasta allá llegan tus huellas y las de todos, no importa si creemos en la muerte o no. Aprovecha este día.


Hasta luego.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Tu miedo, tu amigo



El miedo. La sensación en tu interior de que algo va a pasar en el exterior. El doble impulso simultáneo de moverte y al mismo tiempo paralizarte. El bloqueo que te impide hacer lo que ya tenías decidido hacer. Así es de contradictorio, y mientras te llenas la cabeza con un montón de desastres que podrían ocurrir con alguien o algo allá afuera, el verdadero desastre está ocurriendo en tu interior.

¿Has notado cuáles son los mensajes que te dices cuando aparece el miedo? Generalmente hay una sensación corporal, puede ser en el estómago, en el vientre, en el pecho o la garganta, y también hay quien percibe esa sensación en la nuca si su esquema de pensamiento es más elaborado, por no decir obsesivo:


1.   Justo en el momento en que aparece esa sensación ya conocida y hasta familiar, se dispara en tu interior una frase programada del tipo "¡ya valió!", que es como el botón de inicio que desencadena el miedo.
2.   Enseguida comienzan una serie de mensajes dirigidos a esa sensación, quejándote y prácticamente ordenándole que se detenga. Conclusión: Al final tus pensamientos están totalmente enfocados en la sensación corporal que anuncia al miedo y olvidas lo que querías hacer, y si te acuerdas ya es menos importante que la sensación del miedo en sí mismo.
3.   Entonces aparece el tercer grupo de mensajes, y dependiendo de tu carácter pueden ser de lamentos y autorreproches (como castigándote) o bien, de enojo y frustración (como castigando a los demás para dejar de poner atención en tu miedo).

Si te fijas, el miedo se hace más grande y más fuerte entre más atención le pongas. ¿Y cómo evitar que el miedo crezca hasta parecer más grande que tú? Bueno, una opción es dejar de pelear con él y comenzar a tratarlo como parte de ti, esto implica cambiar tus mensajes, y sobre todo estar consciente de que te los dices a ti y no al miedo o a otra gente. A fin de cuentas, el miedo es tuyo.

1.   Justo en el momento en que aparece esa sensación ya conocida y hasta familiar que anuncia al miedo, es cuando debes dejar de presionar el botón de inicio. Es decir, en vez de reaccionar diciendo “¡ya valió…!” habrá que cambiar el mensaje por uno de bienvenida, del tipo “¿Ya llegaste?, gracias por avisarme, yo me hago cargo”.
2.   Una vez que te acostumbras a reaccionar con un mensaje como el que se indica en el punto anterior, ya no hay necesidad de los mensajes del grupo 2 y 3.


No te exijas ni te regañes demasiado, cambiar un hábito no es algo que se pueda lograr en un día, y si comienzas a maltratarte tendrás el mismo resultado que tenías al enfocarte solo en el miedo. Tu miedo está ahí para avisarte de que hay un riesgo, agradécele por darte la alarma y dile con toda claridad que te acompañe, que tú te haces cargo y que no hay peligro. Incluso si algo no sale como esperabas, dile a tu miedo que está bien y que lo volverás a intentar.

Tal vez sea necesario un periodo de entrenamiento, de aceptación hasta creer que de verdad el miedo es tuyo, es parte de ti y por lo tanto, se pueden llevar bien. Si te ocurre algo así y quieres ayuda para salir de esta situación puedes buscar apoyo de un profesional, en ese caso yo soy una opción que te puede recibir con mucho gusto.


Hasta luego.

martes, 12 de junio de 2018

Psiqué y reflexiones 24


¿Y cómo saber si es bueno?

Si está en tu vida, es bueno.

Si no te gusta aunque sea bueno, trata de vivirlo rápido para que llegue algo distinto, algo bueno que además se disfrute.

Sin miedo, o con miedo, lo importante es vivir.

Hasta luego.

jueves, 26 de abril de 2018

Psicología día a día 7


Y así es .

Nuestros temores más profundos son irracionales.

Nuestra creencias solo sirven para disfrazar (o para justificar) nuestros temores.

Hasta luego.

viernes, 13 de abril de 2018

Emociones vivas

"...al aceptarse se les caería el rencor, el orgullo, la vergüenza y todas esas barreras..."
(hemebe)




Ella vive enojada
Él vive triste
El enojo busca destruir
La tristeza busca consuelo
La tristeza quiere esconderse en el pasado
El enojo solo siente este momento
La tristeza se encierra y se comprime
El enojo empuja, crece y explota
La tristeza es lenta, pausada
El enojo es rápido como un rayo
La tristeza pierde tiempo pensando
El enojo no piensa, solo sale


Debe haber un punto de equilibrio entre la tristeza y el enojo, pero la tristeza no se anima a buscarlo sola y el enojo se desespera y rompe todo cuando lo está buscando


Ella también es alegría
Él también es paz
La alegría es energía en plena explosión
La paz es un continuo de estabilidad
La paz logra cambios lentos y permanentes
La alegría alcanza cambios breves y distintos
La alegría es un auto veloz y divertido
La paz es un vehículo con cinco estrellas en seguridad
La paz permite aceptar lo que es
La alegría es ser y estar sin tener que pensar
La alegría es cómplice de la pasión
La paz se asocia con la reflexión


Cuando se acercan la alegría y la paz están más cerca del equilibrio, porque se obtiene una gran alegría al vivir en paz y también se encuentra paz al liberar la alegría


Pero ella siente un gran miedo a veces
Él también
El miedo de ella la llena de vergüenza
El miedo de él le roba la serenidad
Ella se enoja con su miedo y se mueve sin parar
Él se paraliza con su miedo y solo  lo quiere comprender
Ella vive enojada para esconder su miedo
Él vive triste para no reconocer
Que vive enojado para esconder su miedo


Y al final los dos se parecen a mucha gente que tiene miedo de su miedo y pasan el tiempo peleando con su propia emoción sin darse cuenta que al aceptarse se les caería el rencor, el orgullo, la vergüenza y todas esas barreras que pone el miedo y que impiden vivir en el amor





Hasta luego.


viernes, 23 de febrero de 2018

¿Psicología? ¿Para qué? 4


...para dejar de proyectar en los demás lo que no te gusta de tu propia persona.

...para atreverte a corregir en ti aquello que criticas en la gente que conoces.

domingo, 28 de febrero de 2016

Sobreproteger

"A lo largo de los años los padres se sienten aterrados de pensar o considerar su vida sin sus hijos en casa."
(Margarita Guerra P.)



La mayoría de los papás y mamás no lo sabemos, y si lo sabemos preferimos hacer como que no nos damos cuenta, pero al sobreproteger a nuestros hijos en realidad estamos tratando de protegernos a nosotros mismos para no hacer caso de nuestros miedos y sobre todo para no quedarnos solos al final de nuestros días. Hay quien dice que quiere tener un hijo solamente para tener a alguien que le cuide cuando llegue a la vejez... ¿Ésa es suficiente razón para traer una nueva vida a este mundo?

Algunas muestras de sobreprotección:

Así que detrás de la preocupación exagerada por los hijos, está el terror a la soledad. Y como nadie da lo que no tiene, al final ese terror se traslada a los mismos hijos que decimos proteger y cuidar, y para acabarla de completar. haciéndoles creer que son ellos los que están mal por medio de dobles mensajes, donde al final parece que los papás les dan toda la libertad y confianza y no entienden por qué los hijos no se animan a hacer lo que quieren (claro: el mensaje es doble porque también se le está diciendo lo contrario: no podemos confiar en ustedes, por lo tanto no pueden ser libres).

Causas de la sobreprotección en los papás y mamás:


Cuando se da un doble mensaje en este entorno sobreprotector, la idea directa que se manda es que el bienestar del niño o la niña es primero. Pero el mensaje de fondo, cargado de emoción y de un tono lastimero, es "no puedes irte y dejarme sin apoyo". De ahí que se vuelva frecuente encontrar familias con "adolescentes tardíos", de esos hijos que a los 30 años o más aún están pensando qué quieren estudiar o qué van a ser "de grandes", porque en realidad les da miedo enfrentar un mundo que no han podido explorar por estar pegados a las necesidades de mamá, de papá, o de ambos. Son los herederos del miedo y la comodidad de los padres.

Consecuencias de la sobreprotección en los hijos:


Papás y mamás: Si su hijo o hija se pasa de bien portado y prefiere estar en casa aún siendo adulto, habría que revisar fríamente cómo está llevando sus relaciones hacia el exterior, con sus iguales de edad, de escuela o hasta de trabajo, pues no es raro que los niños que fueron sobreprotegidos sean jóvenes y adultos acostumbrados a mandar y esperar ser obedecidos o por lo menos tomados en cuenta siempre que hablan (el doble mensaje de los papás sobreprotectores hace que ellos crezcan creyendo que son los que mandan en ese mini imperio que es el hogar). Al no encontrar la misma respuesta en otros ambientes, prefieren aislarse en casa antes que enfrentar la frustración... Y claro ¡en casa siempre encontrarán la idea de que no hay nadie que los quiera tanto como mamá o papá, y que ahí "sí mandan"!

Un hijo sobreprotegido cree que él siempre manda:

A cualquier edad es posible confiar realmente en los hijos, soltarlos (que no significa abandonarlos ni dejarlos de querer) y dejarles ver que los padres también están bien sin ellos. ¿Difícil? SI piensas esto, tal vez sea el momento de buscar ayuda para cambiar tu estilo de relación con tus hijos y enfrentar tus propios miedos como padre o madre.

El papá y la mamá sobreprotectores no confían en sus hijos:

¿Y cómo saber si eres una madre o un padre sobreprotector? Bueno, en este video puedes ver a una jovencita que dice haber sido hija sobreprotegida y que gracias a esa experiencia nos puede ayudar a identificar las frases que dicen los padres sobreprotectores, así que vale la pena arriesgar un ojo o hasta los dos viendo su video:

(Para verlo en YouTube da clic aquí)


Hasta luego.

lunes, 12 de octubre de 2015

Enemigo imaginario

"La realidad es para aquellos que no pueden soportar la fantasía"
(Tomado de un meme de las redes sociales)


¿Y si esa amenaza que te hace vivir con ansiedad todos tus días no fuera real? ¿Y si solo te la estás imaginando? 


Pues resulta que el efecto es el mismo que si la amenaza fuera de verdad: te tendrá con el estrés al tope y con esa terrible sensación de que en cualquier momento va a ocurrir algo terrible aunque no tengas palabras para describir lo que va a pasar.

Es muy importante hablar y escuchar a la gente de tu confianza. 

Cierto que a veces minimizan lo que te ocurre y parece que no te entienden, pero en otras veces -que también pueden ser muchas-, tal vez seas tú quien se esfuerce en cargar con una amenaza imaginaria sin darte cuenta que tú eres el autor de ese enemigo que enfrentas a diario. 

En todo caso, abrirte al diálogo con otra persona generalmente trae más consecuencias favorables que perjudiciales, y hasta puede alejar al enemigo imaginario que boicotea tus iniciativas.

"Ni tu peor enemigo te puede hacer tanto daño como tus propios pensamientos"
(Frase atribuida a Buda)


El miedo a no poder, la vergüenza de mostrarte ante los demás, el temor al ridículo, la creencia de que no vas a poder, la sensación de que te rechaza esa persona que tanto te gusta, el compararte con otros en condiciones desfavorables, ... Todas estas y otras más son las caras del enemigo imaginario que a veces dejamos andar junto a nosotros, acompañándonos por la vida.


Hasta luego.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Los hijos crecen... ¿miedo?

Hace unos días escuché Radio BI a las 6:00 de la tarde, en el programa "Para vivir mejor", a la psicóloga gestalt e hidrocálida María Teresa Verdín hablando acerca de los hijos adolescentes y de algunas problemáticas que surgen en el ambiente familiar ante esta etapa. Me gustó mucho cómo manejó el tema de una manera sencilla, amigable y bien documentada. Me gustó tanto que aquí retomo ese tema y muchas de las ideas que ella expuso, con todo el respeto y el reconocimiento que me merece.


Si tienes hijos, tal vez te hayas dado cuenta que a veces nos da miedo de que crezcan o, por el contrario, quizás te cuestionas por qué no crecen más rápido para que hagan su propia vida. Uno de estos extremos guía la vocación de los padres, y será decisivo para que el futuro adolescente o adulto aprenda a desenvolverse en el mundo por sí mismo... o a no hacerlo.

Cuando no nos atrevemos a enfrentar la realidad de que los hijos están creciendo corremos el riesgo de aumentar el nivel de sobreprotección hasta convertirlo en un chantaje permanente para que los hijos no se atrevan a irse, y muchas veces no lo hacen, pues se siente culpables de abandonar a sus pobres padres, tan desvalidos. A los papás que tienen este miedo les encantó la infancia de sus niños, porque en aquellos días los hijos les hacían caso en todo, los idolatraban y los tomaban como modelos de lo mejor que hay en el mundo. Pero aunque no lo quieran, los hijos crecen y necesitan hacer su vida. Lo único que estarán logrando estos padres es transmitir sus miedos a sus hijos, creando lazos enfermizos disfrazados de afecto y amor filial.



Por el contrario, los papás que quieren seguir haciendo su vida como cuando eran solteros o por lo menos cuando no tenían hijos, estarán enviando señales desde edades muy tempranas para que sus hijos se atrevan a probar suerte en la vida y se animen a seguir su propio camino... aunque todavía no estén listos para ello.

Como ya sabemos, ningún extremo es bueno, lo ideal es encontrar el equilibrio en la vida, la mesura: Los hijos no pueden empezar bien su propia vida si son demasiado chicos, pero tampoco lo podrán hacer si quieren empezar demasiado grandes. Y no debemos tener dudas en esto:

Los chicos de preescolar, primaria o secundaria dependen de sus papás y necesitan estar cerca de ellos, aunque sean rebeldes y hasta groseros ocasionalmente, pues estos son síntomas normales de la confusión que viven en el proceso de llegar a encontrar su propio camino.

Los chicos de preparatoria o universidad, aquellos que ya rebasan los 15 años, están en la edad de explorar su responsabilidad y prepararse para construir su propia independencia.


"Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros."
(Sócrates, 470 AC - 399 AC)

Pero si tenemos hijos de 25 años (¡un cuarto de siglo!) o más y no asumen su rol de adulto, o no los dejamos hacerlo, debemos prestar atención y asumir que tenemos un problema en casa: A esta edad uno ya no está pensando si quiere ser adulto o no, porque ya se es adulto. Ya no es una opción aunque muchos jóvenes (y papás de jóvenes) se aferran a esta bonita ilusión y se privan de alcanzar su desarrollo. 

¿Qué están esperando? La vida sigue, no se detiene por nadie y será más difícil subirse a ella y seguirle el ritmo entre más tiempo pase sin aceptar su condición de adultos, de seres autosuficientes o interdependientes. Pero si no abren los ojos a tiempo, tanto los papás como los hijos podrían quedarse esperando toda la vida... ¿a qué? a que se vayan los miedos. Pero hay malas noticias: Los miedos se van cuando actuamos, pero se quedan y se hacen más grandes cuando estamos inmóviles.



Muchos miedos están bien fundados y son razonables, los chicos pueden salir lastimados, perderse en alguna adicción o resultar en un embarazo prematuro, entre otros riesgos reales. Para ayudarles a pasar exitosamente la experiencia de la adolescencia y entenderlos, la Psic. propone prestar atención a estos 4 miedos comunes de los papás:

Miedo 1 - Los chicos pasan de la dependencia a la independencia en todos los terrenos de su vida: Empiezan a ir solos a la escuela y a las reuniones o fiestas, tratan de ganar su propio dinero trabajando, quieren hacer sus propias cosas y dejar de imitar exactamente lo que hacen mamá y/o papá. Es la edad en que los padres dicen con frecuencia "pero si era tan buen niño o niña". Y lo más probable es que lo sigan siendo, pero ahora pelean por descubrir su manera de hacer las cosas y por encontrar lo que realmente les gusta hacer, en algunos casos se apegarán a lo que hacen sus padres, pero ya no por imitación o admiración a ellos, sino porque tienen un interés propio en esas actividades. 

En otras ocasiones encontrarán actividades y ocupaciones muy distintas a lo que acostumbraban hacer en familia, y si las disfrutan y no causan conflictos con los valores familiares será una salida sana (artes, deportes, excursiones, oficios...). Incluso hay ocasiones en que esas actividades pueden causar conflicto a la familia, pero si realizarlas no implica que alguien saldrá lastimado o perjudicado, no hay razón para impedir que se dedique a eso.

"La vida no debería echarlo a uno de la niñez sin antes conseguirle un buen puesto en la juventud".
(Miguelito)

Miedo 2 - Los chicos también viven una fuerte dualidad y se debaten entre la compañía y la soledad. Tan pronto rechazan a los adultos que siempre han querido, como los vuelven a buscar con más cariño y respeto que antes. A veces parece un comportamiento caprichoso, juguetón o chantajista. En realidad es la expresión de las confusiones que vive el adolescente al descubrir su propio espacio íntimo y querer vivirlo al máximo pero también compartirlo. 

A muchos papás les preocupa y les asusta que sus hijos o hijas se vayan a aislar y se vuelvan antisociales, pero recordemos que en esta edad de cambios y justo en el conflicto de saber en quién se puede confiar realmente, los jóvenes adolescentes prefieren la compañía y el contacto de sus iguales, es decir, de otros jóvenes más que de sus papás y otros adultos. Esto no significa que le hayan perdido el respeto y el valor a esos adultos: los siguen queriendo y respetando tanto o más que antes, pero
necesitan reafirmar sus opiniones y confrontar sus ideas con otros iguales. Si tu hijo o hija adolescente tiene amistades entonces no hay que preocuparse de que llegue a aislarse. Habrá que ocuparse más bien de saber quiénes son esas amistades y qué le aportan, pero de una manera amigable y no invasiva. Después de todo, esas amistades son las personas más importantes e influyentes en su vida.

Miedo 3 - Los chicos y las chicas se vuelven conscientes de su sexualidad. Esto no significa que forzosamente empiecen a tener una vida sexual activa, pero sí es más obvia la atracción erótica hacia otras personas y el interés específico en relacionarse con una en especial. El erotismo y la curiosidad también se dirigen hacia su propio cuerpo, que está cambiando y tomando forma y tono más de adulto, despertando oleadas de hormonas que provocarán también cambios en el estado de ánimo, y en la relación con los papás. 

Lo ideal es que los papás manejen el tema de la sexualidad con sus hijos en un clima de confianza y apertura, pero si los mismos padres (o uno de ellos) tienen dudas o conflictos respecto a su sexualidad, o si vivieron experiencias difíciles con su sexualidad en algún momento de su vida, tal vez les convenga pedir ayuda terapéutica para ayudarse a sí mismos y para poder acompañar a su hijo en esa etapa de descubrimientos. La sexualidad va más allá del placer físico y la atracción hacia otra persona, implica las maneras de desenvolverse en el mundo, de saberse aceptados o rechazados, de sentirse dueños de sus decisiones y gustos.



Miedo 4 - Los chicos y chicas buscan asumir una responsabilidad, saberse útiles le da un sentido de seguridad a su existencia y al mismo tiempo les permite sentirse más libres. Por fin tienen la oportunidad de demostrarse a sí mismos que son capaces de hacer algo y de ganar su propio dinero. Ambas cosas se resumen en que se convierten en personas productivas, y éste es el primer paso para llegar a ser en el futuro adultos autosuficientes e interdependientes.


"Adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta."
(Aristóteles)

Al leer esto tal vez te identifiques con una situación específica, de cualquier manera no te preocupes demasiado: La vida da opciones y la mayoría de las veces hay que seguir la intuición para seguir el camino más conveniente, claro que la pura intuición no basta y por lo mismo será importante plantear todas las dudas y comentarios que haya, en cualquier área de la vida, usando los ingredientes básicos del amor:

Comunicación, confianza, respeto, contacto y compromiso.

Si eres padre o madre de familia, confía en tus hijos, transmíteles ese sentimiento y a cambio, ellos te permitirán seguirlos acompañando en el camino de la vida, a su estilo. Si eres hijo o hija, te hago la misma recomendación: confía en tus padres y a cambio podrás ir por la vida sin miedo a la soledad, porque nunca estarás solo o sola.

Hasta luego.