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lunes, 16 de julio de 2018
viernes, 22 de junio de 2018
Psiqué te digo... de la aceptación
Es una cuestión de enfoques:
Si centras tu atención en lo que no te gusta de ti, de lo que haces, de lo que dices o de cómo lo dices, entonces estarás convirtiendo en importante todo eso que no te gusta y en esas cosas indeseables concentrarás tu vida. Bajo este enfoque, la vida es difícil y puedes justificar tantas cosas malas que ocurren, pues de alguna manera es normal si ves tantos defectos o limitaciones en tu persona.
Enfocarte en lo que no te gusta de ti te impedirá ver a la persona que quisieras ser y te amarrará a quien siempre has sido.
Existe el enfoque opuesto: Poner toda tu atención en tus ventajas, en tus habilidades, en los aspectos más desarrollados de tu persona, y esto incluye también a las personas nutritivas que te rodean, es decir, a tu capacidad de establecer relaciones sanas y enriquecedoras. En este enfoque, la vida puede parecer fácil, sencilla y divertida, se puede confiar en la gente y en las circunstancias en las que te desenvuelves.
Enfocarte en lo que te gusta de ti y de tu vida te impedirá afrontar retos y te amarrará a tu zona de confort, reduciendo tu tolerancia a la frustración... ¡al fin y al cabo solo importa lo que te gusta!
La sabiduría radica en entender que la dualidad de la vida te permite evolucionar y desarrollarte con tus virtudes y tus limitaciones, es decir, con lo que te gusta y también con lo que no te gusta de ti. Aceptar tu propia dualidad significa que estás listo para modificar esas partes de tu personalidad que aún pueden desarrollarse más, sin centrarte solo en ellas, y sin ignorarlas. Ningún extremo es bueno, ya que al irte a uno (lo que no te gusta o lo que sí te gusta) envías a la sombra al otro.
Aceptarte significa dejar de pelear contigo, reconocer a la persona que quieres llegar a ser y encaminarte hacia esa meta.
Con toda tu historia, con todo lo que eres, y sin esperar a que hayas superado todos tus defectos. Puede sonar contradictorio, pero solamente cuando te aceptas totalmente puedes empezar a cambiar. Si no reconoces tus limitaciones como algo tuyo, jamás podrás actuar sobre ellas.
Con toda tu historia, con todo lo que eres, y sin esperar a que hayas superado todos tus defectos. Puede sonar contradictorio, pero solamente cuando te aceptas totalmente puedes empezar a cambiar. Si no reconoces tus limitaciones como algo tuyo, jamás podrás actuar sobre ellas.
Hasta luego.
sábado, 19 de mayo de 2018
Psiqué y reflexiones 1
Habrá muchas personas que te quieran convencer de cambiar para que mejores, algunas con sinceridad y con un verdadero interés en ti, algunas más preocupadas por conseguir que seas o hagas como ellas quieren. Y tal vez en alguna ocasión ocurra que sí hagas algún cambio en tu conducta, tu manera de vestir, de hablar o no hablar, de elegir tus opciones o de cualquier otra cosa de esas "que se ven" porque alguien te lo pidió.
El verdadero cambio no te llega de afuera, si bien es cierto que las opiniones y el ejemplo de la gente importante (para ti) influye mucho, la verdad es que el cambio real, el permanente, solo se da cuando dentro de ti asimilas todas esas sugerencias, consejos, experiencias y vivencias de acuerdo a tu personalidad. Entonces es como agregar una nueva capa a tu piel para adoptar, con total naturalidad, un nuevo toque muy tuyo a tu forma de ser.
Así creces, así evolucionas: abierto o abierta a recibir lo que la vida te ofrece a través de tu gente cercana y a dejar salir eso mismo en una versión muy tuya.
Hasta luego.
viernes, 16 de marzo de 2018
lunes, 9 de marzo de 2015
A los padres les toca formar a sus hijos
"Es más fácil quejarse que tolerar, amenazar al niño que persuadirlo."
(San Juan Bosco)
Hagamos caso de nuestros
hijos atendiéndolos a tiempo y de acuerdo a su edad:
Los niños pequeños son divinos. Admiran a sus papás hagan lo que hagan y digan lo que digan, se ven tiernos y están siempre llenos de curiosidad. Si van a guardería o los cuidan los abuelos pueden llegar a sorprendernos de tan bien portados que son y entonces los papás pueden llegar a la feliz conclusión de que criar a un hijo no es tan difícil y que los niños son más inteligentes de lo que ellos pensaban, pues con un mínimo esfuerzo han aprendido buenos hábitos, buenos modales y hasta se dan el lujo de decirle a los papás algunos buenos consejos sobre su cuidado personal. Los eventos escolares son de lucimiento y gracia total.
Los niños no tan pequeños ya
no son tan divinos. Dejan de ir a la guardería para entrar a la primaria y
muchas veces en esta etapa ya no son tan adorados tampoco por los abuelos, que por
cierto merecen un poco de descanso (aunque algunos papás egoístas digan que qué
mala onda sus papás y los tachan de egoístas porque ya no quieren cuidar a sus
nietos como antes). Total que ya no hay quien atienda a esos niños con los
cuidados y atenciones permanentes y ante la falta de constancia en casa, la
educación recibida en la escuela va dejando de ser suficiente y los papás
empiezan a pensar que “sabe qué habrá pasado con este niño (o niña), ¡si antes
se portaba tan bien!”. Y lo que pasa es que han dejado un ambiente de amor y
comprensión para pasar a uno de exigencia y cerrazón. Tal vez las maestras de
la guardería o el preescolar tenían algo de razón cuando insistían en que los
papás deberían involucrarse más, y no dejar tan aislado a su hijo (o a su
hija). Pero muchos papás ni siquiera se acordarán de eso, simplemente le
cargarán toda la responsabilidad a su hijo y seguirán sin entender por qué
antes era tan bien portado (o portada) y ahora se ha vuelto tan “malo” (o "mala").
Conozco casos extremos en que
los papás llegan a decir “éste nos salió mal pero ya estamos pensando en tener
otro hijo, a ver si ése sí nos sale bueno”.
¿Es tan difícil descubrir que
son precisamente los papás quienes van formando la autoestima de sus hijos? Si
esos niños o niñas se sentían acompañados, escuchados y comprendidos en la
escuela, con los abuelitos o cuando los papás vivían juntos, obviamente no se
convirtieron en “malos”, sino que siguen necesitando aquello que les sirvió en
sus primeros años de vida: Amor y aceptación. Pero no se los dan en casa.
"Hay dos legados perdurables que podemos transmitir a nuestros hijos: Uno son raíces, el otro son alas."
(Hodding Carter)
Cuando los niños dejan de ser
niños, definitivamente les queda muy poco de divinos. Se convierten en
adolescentes, si asumimos que los papás o las personas con las que se se han criado les dieron señales de amor y no solo de disciplina, estos niños
llegaron a una adolescencia más autoafirmados que si hubieran crecido con el
estigma de “tan bonito que era de chiquito, y ahora ve nomás en qué se ha
convertido”. Todavía le queda otro reto por superar a los nuevos adolescentes
(no, aquí no voy a decir “y adolescentas”, eso es una aberración y un insulto
al idioma), y es que habrá algunos papás que comiencen a tratar a sus hijos de
esta edad (más o menos a partir de los 12 años) como si ya fueran gente grande.
¡Vamos! Es volver a repetir la historia, como si ahora que salen de la primaria
ya hubieran aprendido todo lo que necesitan de la vida en la escuela y
cómodamente se pudieran despreocupar de sus hijos porque ya adquirieron
suficiente criterio.
Pero no es así. En la
adolescencia se va afirmando el pensamiento más realista por encima del
pensamiento más fantasioso e imaginativo de la infancia, pero los muchachos
adolescentes aún son chicos, no han terminado de formar su criterio y suelen
necesitar apoyo para tomar sus decisiones más importantes. Ellos mismos ya no
quieren estar tan apegados a sus papás y por ende forman alianzas más profundas
con sus amigos, en estas alianzas a veces hay rebeldía hacia lo que han vivido
en casa y en otras ocasiones hay una confirmación de los valores y creencias adquiridos,
pero esto no significa que a los papás ya se les acabó su responsabilidad. Los
adolescentes necesitan afirmar su propia personalidad y encontrar un modelo de
quién y cómo quieren ser, por eso es muy importante hacerles saber que no
están solos y que cuentan con su familia igual que siempre. No importa si su familia nuclear es solamente de una persona o si son 10, para el adolescente (y
para todas las personas) es de vital importancia saber que forma parte de ese
grupo, que se le quiere, se le ama y se le reconoce lo que está haciendo por su
cuenta, que es escuchado y también que les interesa hablar sobre lo que hace,
dice y piensa. De esta forma podrán ir asumiendo responsabilidades apropiadas a
su edad y enfocar su camino hacia la juventud de una manera más creativa y
productiva.
Eso sí: Si su hijo o hija ya
tiene 25 años o más y lo siguen viendo como algo divino que no debe hacer nada
ni esforzarse, estamos ante una situación crítica que deben solucionar los
propios padres: A esa edad ya no son niños ni adolescentes, son adultos hechos y derechos, y si los papás
permiten que vivan sin hacer algo productivo los están perjudicando y también
se están perjudicando ellos mismos.
"Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo que tener un piano no lo vuelve pianista."
(Michael Levine)
Pero volviendo al tema de la infancia
y la adolescencia, quiero recalcar que con cada cambio los niños pierden algo;
si cambian de escuela pierden amistades, maestros, lazos afectivos y a veces
proyectos con personas que aprecian. Si cambian de casa igual pero en una escala
mayor porque prácticamente cambia todo su mundo, sobre todo si convivían mucho
con familiares que después no podrán visitar con la misma frecuencia. Si los
papás se separan también cambia todo su mundo, y más cuando uno de ellos o ambos
dejan de demostrarle amor por involucrarlo en los problemas de pareja (los
hijos no se deben “divorciar” de los padres), o cuando uno o ambos padres
tratan de usar a los hijos para enviarle mensajes directos o indirectos a la ex
pareja. Si fallece un ser querido, si nace un nuevo hermano (o hermana, aquí sí
lo digo, je, je), si llega o se va una mascota…
En todos los cambios, los
niños y adolescentes viven la situación de una manera muy distinta a como lo vivimos
los adultos, y si para los grandes es difícil entender y manejar los
sentimientos que se vienen con estas situaciones, para ellos es todavía más
complicado y les será de gran ayuda ser escuchados en sus dudas, sus
reflexiones, sus miedos y sus conclusiones personales (tratarán de explicarse
lo que ocurre, a su manera). SI no ocurre que haya esta comunicación con la
gente adulta que los cuida, podrían quedarse con explicaciones fantasiosas o
mágicas del mundo donde habitan, y esas creencias pueden quedarse por mucho
tiempo, aún siendo adultos.
Los papás son los
responsables de formar a los hijos, no las escuelas ni los parientes. Si en
algún momento se sorprenden pensando “¿qué le habrá pasado a mi hijo (o hija),
si antes era tan buena persona y ahora ya no?” ¡cuidado! Es una señal de
alerta para detenerse a revisar qué estamos haciendo con la vida de nuestros
hijos, qué les estamos inculcando y cómo lo estamos haciendo.
Hasta luego.
lunes, 12 de agosto de 2013
Modelos y creencias
"No trates de vivir para siempre: Morirás en el intento."
hemebe
Esta semana tuve la suerte de participar, por parte del INEGI, en un curso de "Desarrollo de habilidades organizacionales" que impartió un señor llamado José Antonio González, quien ha dirigido diversos proyectos escolares, académicos, formativos y humanistas, como la Universidad la Concordia, la Universidad Tecnológica y una empresa llamada "Innova". En esta experiencia confirmé muchas de las cosas que creía saber y que fui aprendiendo en libros como "Usted puede sanar su vida", "La enfermedad como camino" o "El mensaje curativo del alma" y que, a pesar de verse confirmados, resurgen como una novedad a la luz de nuevas sensaciones físicas y emocionales en mi persona. Soy el mismo y he cambiado.
En este curso el señor González recorrió una buena cantidad de conceptos que vale la pena retomar, pero hoy solamente voy a abordar 2 por cuestiones de tiempo y espacio: Los modelos y las creencias, y aquí voy:
Todos los seres humanos actuamos y convivimos en este mundo de acuerdo a lo que creemos, y no de acuerdo a la realidad: si usted cree que es fea, gorda y que siempre le va a salir todo mal, nunca se dará cuenta de su propia belleza o atractivo, de su estado de salud ni podrá valorar ningún logro, pues una vez que lo alcance perderá todo su valor pensando cosas como "cualquiera lo hubiera hecho".
El sistema de creencias autodestructivas, criticado por los más afamados motivadores y autores de libros de autosuperación, es más común de lo que se cree. Sin temor a exagerar, estas creencias podrían estar en la base de nuestra sociedad. Tratamos de disfrazar las creencias de "yo valgo poco" o "yo no sirvo" (cuestiones de autoestima) con cosas materiales (cuestiones monetarias) y de esa manera encontramos estándares fáciles de identificar para medir nuestro éxito o nuestra normalidad al compararnos con los demás: ¿qué carro tiene? ¿dónde vive? ¿cómo es su casa? ¿ya tiene tele plana de pantalla grandota? ¿tiene novio o novia tipo modelo? ¿qué más tiene? ¿qué más tiene? ¿qué más tiene?
Conocí la canción "Satisfaga sus deseos" siendo adolescente y sigo estando de acuerdo con su contenido, ahora sé que Roberto González hablaba de algo más profundo de lo que yo entendía.
Estas creencias promueven el miedo y la vergüenza a no ser igual a los demás. Y estas creencias se refuerzan en casi todo el contexto en el que nos movemos... Basta poner atención a la letra de las canciones "románticas" que escuchamos o a las telenovelas tan disfrutadas y seguidas por todo tipo de televidentes.
En toda la naturaleza existen formaciones que se repiten a sí mismas creando estructuras más amplias, relacionadas entre sí por esa similitud. Nosotros mismos estamos hechos de un número gigantesco de estructuras repetidas en nuestras células y órganos. Cuando vemos por separado estas estructuras parecen dibujos fantásticos o grandes formaciones. Si se unen varios fractales, sí logran formar cuerpos mayores.
En las estructuras sociales ocurre algo muy parecido, pero en lugar de fractales tomamos un modelo a seguir. Cada familia está convencida de que su modelo de familia es el mejor, el más funcional o correcto y por lo mismo lo va reproduciendo en cada nueva generación. Sus creencias pasan de hijos a nietos y a bisnietos con la misma convicción y más o menos con las mismas características. la forma de manifestar este modelo es en las creencias de "mi" familia y hasta la fecha sigue funcionando igual: estamos "nosotros", los que somos iguales porque creemos en lo mismo (ojo: si en una familia alguien no cree en lo mismo que los demás, es tan discriminado como sin tuviera un apellido distinto). Si creemos en lo mismo seguimos reproduciendo el mismo sistema de creencias y dándonos el mismo alimento para crecer, el mismo tipo de explicaciones para entender el mundo.
Este modelo debe cambiar. Disfrazado con la apariencia de ser parte de una bonita tradición, muy mexicana, en el modelo de vivir en la competencia por las satisfacciones materiales vamos ayudando a crecer los sentimientos de vergüenza y de miedo, pero no nos damos cuenta de eso, simplemente seguimos pensando que un día tendremos un carro más fregón que el del vecino o nuestra casa será más admirada, y pensamos que eso es lo normal y que es el centro de nuestras crisis existenciales. Sin embargo, estas "preocupaciones" se convierten en la única máscara que podemos ver de nuestros problemas y creemos que es la real. Y como actuamos de acuerdo a lo que creemos y no de acuerdo a la realidad, seguimos en el círculo vicioso.
Este modelo debe cambiar. Alguien de la misma familia toma de pronto la decisión de hacer algo en contra de ese culto al fracaso, a la depresión, a la angustia, y rompe la "tradición familiar", Ese alguien es odiado y rechazado, se exhibe como el ejemplo de lo peor que puede pasar cuando no se apegan a las creencias familiares, pero ese alguien acaba de sembrar una semilla distinta en el árbol genealógico, en el seno de la familia.
¿Podemos cambiar las creencias personales, adquiridas al interior de nuestra familia de origen? Sí, sí podemos, es difícil y duele, por eso son pocos los que se atreven a adoptar creencias distintas a las el núcleo familiar, y aún así es posible.
Siempre vamos a creer en algo, también vamos a necesitar un modelo a seguir, pero ese modelo puede y debe evolucionar para ayudar a los miembros de la familia a vivir mejor en su contexto actual. En nuestra sociedad es muy fácil volver casi sagrados a los parientes más antiguos, así que la imagen del abuelo o bisabuelo ( o bisabuela, para el caso es lo mismo) y lo que dijeron en su tiempo son verdades absolutas. Por si fuera poco, todo lo que nos dejaron viene de nuestros antepasados más queridos (que nadie de nuestra generación conoció) y ya se murieron, así que su palabra se debe respetar, ¡cómo no!
Generalmente necesitamos seguir un modelo para nuestra vida durante la adolescencia, sin embargo seguimos un modelo desde nuestra infancia hasta nuestra edad adulta sin darnos cuenta, sin ser conscientes de ello. A veces hasta podemos burlarnos de las tradiciones familiares sin darnos cuenta de que somos parte de ellas, que internamente nos sentimos orgullosos de formar parte de esa familia en especial.
Y también generalmente, esa familia está tan influenciada por los medios masivos que muchas de sus creencias particulares han sido adaptadas de esa realidad difusa, que ya no se sabe si es externa o interna, pero que hace coincidir a muchísimos mexicanos en sus ilusiones, metas y deseos.
Seguir una ruta distinta en el plano emocional y hasta espiritual, ayudará a definir el nuevo modelo que habrá de guiar a las nuevas generaciones hasta que aparezca otro alguien decidido a definir su propia ruta. El camino actual se define por la cantidad de bienes que se pueden comprar y presumir. El nuevo camino debería dirigir a las personas hacia el agradecimiento con la vida, la fé y la espiritualidad. Esa es una opción diferente a los modelos actuales. Y no es sencillo, cuando decidas romper con un modelo anterior (o interior, porque los vivimos como la base de nuestras creencias), pon atención a cada "pero" que pones: ahí está nuestro modelo resistiéndose y tratando de demostrarnos que es más seguro seguir tal como estamos viviendo actualmente.
Hasta luego.
sábado, 1 de junio de 2013
El desorden y el miedo
"La pereza, es decir, la pasión de la inacción, tiene para triunfar una
ventaja sobre las demás pasiones, y es que no exige nada."
(Jaime Luciano Balmes)
El desorden es un buen ejemplo del miedo al cambio, porque se
identifica con actitudes como la pereza, la indecisión, el desinterés, la falta
de atención o el no comprometerse. Todas estas actitudes y otras afines tienen algo
en común: Sirven para darle largas a un asunto que debemos atender, nos dan el
pretexto ideal para no hacer caso a esa cuestión que sabemos es importante pero
no queremos afrontar y además, nos permiten “extraviar” precisamente el
documento, la ropa, el juguete o lo que sea que necesitamos justo ahorita, y
nuevamente tenemos una razón ideal para no actuar (“debe estar por aquí, pero
no sé dónde”).
El desorden, el acumulamiento caótico de cosas, se da en muchos
ámbitos de nuestra vida y siempre tiene el mismo efecto que se acaba de
mencionar en el párrafo anterior. Estrechamente relacionado con el feng shui, el
desorden tiene una solución lógica y sencilla, que aparentemente no logra ver
quien lo vive (la neurosis ataca de nuevo): ¿Hay desorden en casa? Pues
organiza las cosas, ponlas en orden y esto se verá reflejado en otras áreas de
tu vida.
En nuestra casa, cada lugar tiene un significado especial de
acuerdo al feng shui y otro significado que le asignamos los que la habitamos,
pues de acuerdo a las vivencias que vamos teniendo, cada lugar o rincón de la
casa cobra un sentido diferente. Entonces, según el lugar de la casa donde
dejemos acumular más cosas y no las utilicemos ni las organicemos, así será
también en un área de nuestra vida en general:
Típicamente, la cocina simboliza la generosidad, la entrega a
los demás; el desorden en este espacio lleva a un extremo que puede ser darle
más importancia a los demás que a tu propia persona, o el polo opuesto:
desconocer lo que es la generosidad y la empatía.
La sala y el comedor representan las relaciones sociales; mantener
desordenados estos lugares afectará la calidad de nuestras relaciones de amistad,
laborales y escolares.
El baño es la capacidad de soltar las situaciones que no son
útiles, cuando el baño no se organiza ni se limpia adecuadamente podemos
atorarnos en situaciones del pasado y sumirnos en la nostalgia, en estas
condiciones es fácil que dejemos ir las oportunidades del presente en lugar de
soltar lo que ya pasó. También ocurre que podemos cargar lo que no le sirve a
los demás, comúnmente se dice “cargar con problemas ajenos”.
Los espacios de descanso y distracción representan esas mismas
actitudes a nivel personal, ¿organizas tu espacio para tener momentos
desahogados de reposo y diversión? Lo mismo ocurre con el tiempo que le dedicas
a esas actividades en lo personal, dentro o fuera de casa.
La recámara representa la convivencia con la gente más querida e
importante, hablamos aquí de relaciones más profundas y significativas que las
amistades en general o los compañeros, así que una recámara desorganizada y
descuidada reflejará esa misma situación en nuestro trato con la gente más
querida y, en teoría, más cercana.
El closet simboliza nuestra vida emocional, un aspecto más
íntimo y más propio que también puede estar desordenado… u organizado, depende
de cada quién.
La cochera y la entrada de la casa simbolizan la primera impresión que causamos a la gente, el contacto con
los demás.
Todo es proyección, como dice al principio de este texto, atrás
del desorden que tenemos (a veces no lo notamos porque nos acostumbramos a él)
siempre tenemos miedo a algo, para saber a qué, podemos realizar este sencillo
ejercicio:
Pensando en qué tan ordenados o desordenados están los lugares
de tu casa, tómate un tiempo para describir cada una de estas áreas en tu casa.
Cuando termines revisa lo siguiente: ¿Si aplicas esa descripción a tu persona, coincide?
"No hay que tener miedo de la pobreza ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte. De lo que hay que tener miedo es del propio miedo"
(Epícteto de Frigia)
Y el desorden da para más: ¿Acostumbras conservar objetos rotos
o dañados pensando en que algún día los podrás reparar? Simbolizan promesas o
sueños rotos y la costumbre de seguir prometiendo y soñando. Amontonar,
coleccionar o tirar cosas en la recámara sin acordarse de levantarlas hasta que
vuelven a ser necesarias habla de una persona indolente, que deja las cosas inconclusas y también tiene problemas para durar en un
trabajo o para mantener una relación de pareja estable.
Los japoneses utilizan una metodología llamada “5S” para
organizar los espacios de trabajo (aplica también a otros lugares donde pasamos
mucho tiempo), es parte de la filosofía de calidad total y de la tradición del
feng shui y se basa en dos ideas muy sencillas:
¿Acumulas muchas cosas mientras realizas una actividad o un
proyecto? ¿Te toma mucho tiempo prepararte para hacer tu actividad y después
recoger y reacomodar todo nuevamente? Atrás de esta actitud se esconde el miedo
al éxito y se manifiesta en que te distraes fácilmente, te cuesta trabajo
centrar tu atención y enfocarte en un objetivo, hasta puede ser que trates de
hacer muchas cosas a la vez. En este caso se recomienda tener a la mano
únicamente las herramientas, documentos y objetos necesarios de acuerdo a la
actividad que se va a realizar. Recuerda que esto es un reflejo de cómo está tu
mundo interior, tus pensamientos y sentimientos.
¿Acumulas muchas cosas sin orden ni planeación y se amontonan
durante mucho tiempo? Esto puede ocurrir en cualquier lugar de tu casa o
trabajo, incluso en tu auto. Si prefieres dejar siempre las cosas como están y no
ordenarlas a pesar de que pueden llegar a estorbarte, el miedo al cambio y a
las novedades es más fuerte, y se refleja en una actitud de apego al
pasado, es fácil idealizar a las personas y los hechos del pasado (canciones,
películas, partidos, vivencias propias, mensajes, envolturas, etc.) para
mantener vivo ese apego. ¿Tienes amontonado algo que no has necesitado en los
últimos 6 o 12 meses? Lo más probable es que no lo necesites y te puedas
deshacer de eso, aunque le hayas tomado estima.
¿Miedo? Sí, podemos sentirlo en algún momento, si este sentimiento nos alcanza es
para avisarnos que corremos algún riesgo y lo mejor es hacerle caso en lugar de esconderlo debajo del desorden. Pongamos orden en nuestro
espacio, nos ayudará a hacer lo mismo con nuestra vida.
(Para los niños no caben todos estos comentarios, por su etapa de desarrollo, su noción de orden es distinta a la de los adultos, además su necesidad de conocer, jugar y experimentar se puede limitar si viven bajo un orden excesivo).
Hasta luego.
lunes, 27 de mayo de 2013
Cambiar de enfoque
Esta frase me gustó mucho, acabo de escribir acerca de cambiar cuando es necesario hacerlo para mejorar nuestra vida o nuestras relaciones, y retomar esta idea me sirvió para recordar que en ocasiones no es necesario cambiar radicalmente toda nuestra vida, sino más bien debemos mantenernos, ser constantes y hacer un cambio de enfoque:
"Cada hombre tiene el derecho de decidir su propio destino"
(Bob Marley)
Hasta luego.
sábado, 25 de mayo de 2013
Cambiar
"Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer
hoy? Y si la respuesta era No durante demasiados días seguidos, sabía
que necesitaba cambiar algo"
(Steve Jobs)
La gente acude a terapia con la esperanza de cambiar su vida, y con frecuencia cree que lo va a lograr entendiéndose mejor, sabiendo cuál es la razón de sus infortunios y problemas para relacionarse con los demás. Desafortunadamente no es así, creer que con solo entender un problema éste se va a resolver es un "pensamiento mágico", una especie de receta milagrosa que conseguirá traer armonía a nuestra vida sin hacer mayor esfuerzo que el de "saber y entender".
En realidad, detrás de este deseo tan grande (y válido, por cierto) de saber, hay miedo a cambiar. Si en verdad deseamos que nuestra vida mejore, es necesario que hagamos cambios en algunas actitudes, conductas y creencias para conseguirlo, pero aunque parezca contradictorio, hay ocasiones en que decidimos seguir igual y mantener nuestros problemas con nosotros porque nos parece más difícil o riesgoso dejar el rol que hemos estado viviendo, así que lo seguimos asumiendo aunque no estemos satisfechos.
"Las personas cambian, aunque muchas veces se les olvida decírselo a sí mismas"
(hemebe)
Estas son algunas de las razones por las que nos resistimos a cambiar:
Tendría que hacerme responsable de mi persona. En realidad, excepto cuando somos niños pequeños y realmente dependamos de otra persona para estar bien, siempre somos responsables de nosotros mismos. Podemos actuar como si no lo fuéramos, pero incluso esta es una decisión propia y en algún momento habremos de asumir las consecuencias: Una persona adulta no puede basar su bienestar en otra persona, a menos que pague el precio de negarse a sí misma.
Tendría que admitir que los demás no son culpables de lo que me pasa. Puede ser que alguien nos haya hecho mucho daño en alguna época de nuestra vida. Incluso puede ser que alguien no esté dañando física o emocionalmente en estos días, y si preferimos culpar a esa persona en lugar de tomar la decisión de hacer un cambio personal, seguiremos pensando que las cosas se van a arreglar mágicamente o que alguna especie de justicia se hará presente para castigar al culpable. Nuevamente, no ocurre así. Si esperamos que castiguen a un culpable, debemos denunciarlo. Si nos daña la relación que vivimos (de pareja, familiar, amistosa, laboral o de cualquier índole) hablemos claro para buscarle solución y si no es posible hallarla, terminemos con la relación dañina. Si nos hicieron daño en el pasado, trabajemos con los efectos de ese daño en el presente y si es preciso, perdonemos a quien nos dañó para no vivir llenos de rencor y culpando a otros por nuestras decisiones en la vida. Vivir culpando a otros es vivir convencidos de que somos víctimas, y con eso justificamos que no somos responsables de nuestra vida. Pero sí lo somos, y podemos ser libres de nuestros victimarios. Si no hacemos nada por cambiar la situación que nos parece injusta, entonces no estamos tan mal y no deberíamos vivir culpando a los demás.
Tendría que dejar de extrañar mi pasado. Es una situación que también nos ocurre con facilidad, hasta existe la famosa frase "Todo tiempo pasado fue mejor", aunque yo prefiero la versión de Les Luthiers, que sin tanta nostalgia se limitan a decir "Todo tiempo pasado fue anterior". Como bien sabemos, en esta vida no hay reversa, solo marcha hacia adelante, pero tendemos a idealizar el pasado y nos hacemos creer que fue mejor que el ahora, o insistimos en que "si hubiera hecho esto o aquello" (esta frase es de las peores trampas para asumir nuestro presente) nuestra vida actual sería mejor. Pero no lo hicimos, hicimos en cualquier momento de nuestra vida lo mejor que pudimos y a veces resultó muy bien, otras veces no resultó tan bien y en ocasiones el resultado fue el contrario al esperado, pero siempre hicimos lo mejor que pudimos. Si algo de ese pasado nos afecta ahora, eso es lo que podemos trabajar en el presente, y nuevamente tenemos la oportunidad de hacernos responsables de nuestras decisiones. Eso es aprender del pasado, de nuestra historia personal única y valiosa, que seguimos construyendo día a día. En el peor de los escenarios, me imagino que un día cualquiera dentro de 10 años podríamos estarnos quejando del tiempo que perdimos sin actuar porque extrañábamos nuestro pasado, sin ver que lo seguíamos construyendo en ése y en cada momento.
Tendría que dejar de esperar a que pase algo especial para actuar. En el otro extremo está la creencia de que va a ocurrir algo y a partir de ese momento nuestra vida va a cambiar, así que nos sentamos a esperar a que, por ejemplo, termine la escuela, o a conseguir un trabajo, o a ser adulto, o a casarnos, o a ganar el melate o la lotería, o a conseguir el mejor puesto... Puede ser cualquier cosa, pero la actitud ante la vida es pasiva, de esperar para que casualmente se den las condiciones que requerimos para poder cambiar... Esas condiciones difícilmente se van a dar de manera espontánea, y mientras nos detenemos a esperar a que llegue ese futuro ideal creyendo que seguimos en el mismo lugar, en realidad vamos retrocediendo en nuestra autoconfianza y autoestima. Como el futuro no existe, todos los planes, proyectos y deseos que tenemos necesitan que les demos una ayudita para llegar a realizarse, y eso solamente lo podemos hacer en el día a día, en el presente.
Tendría que dejar de manipular a los demás. Sí. Y dejar de manipular implica que tendríamos que tener más claridad de nuestros deseos, emociones y necesidades para poderlas expresar, y al mismo tiempo tendríamos que reconocer y respetar los deseos, emociones y necesidades de los demás, que pueden ser muy distintas a las nuestras pero pueden coexistir.
Tendría que quererme y aceptarme como soy. Con defectos y virtudes, capacidades y limitaciones, simpatías y odios. Esto implica que tendríamos que quitarnos la máscara de indefensión o de dominio y abandonar esa postura donde le dejamos a otras personas la tarea de valorarnos y calificarnos para empezar a hacerlo nosotros mismos. Nuevamente es ser responsables de nuestro propio YO.
(Oscar Wilde)
Aquí quedan algunas de las razones que nos hacen tomar la decisión de seguir con nuestros roles de víctima, manipulador, codependiente y tantas otras etiquetas.
Como he dicho antes, nadie cambia a menos que necesite hacerlo, por eso cuando sientas la necesidad de cambiar tu forma de reaccionar y de relacionarte, aunque no sepas cómo, será un buen momento para iniciar ese camino que te llevará a ser quien quieres llegar a ser.
¿Vale la pena esforzarse para cambiar? Eso depende de la situación individual que estés viviendo, pero aquí pongo algunas consideraciones:
Ser responsable de uno mismo es una forma efectiva de vivir en libertad.
Dejar de culpar a los demás también nos libera de la necesidad de vivir ligados a la gente que nos daña.
Vivir en el presente nos permite disfrutar y aplicar lo que hemos aprendido de nuestras experiencias anteriores, y además nos deja libres para actuar de manera constructiva, organizada y creativa.
Dejar de manipular a los demás nos hace más dueños de nuestras decisiones y nos permite conocernos mejor, ser más claros acerca de nuestros deseos, sentimientos, opiniones y creencias. También libera a los demás de asumir el rol que les exigimos con nuestra manipulación.
Aceptarnos y querernos tal como somos es convertirse cada uno en su mejor amigo, tratarse con respeto y honestidad, buscar su propio bienestar y ser libres de compartirlo con quien cada uno desee.
¿Vale la pena? Vivir es un riesgo que estamos corriendo de cualquier manera, es mejor si lo podemos orientar a nuestras necesidades específicas, aquí y ahora. Nunca dejaremos de ser esencialmente los mismos que somos actualmente, pero sí podemos alcanzar dentro de nuestra personalidad específica, nuestros mejores rasgos y dejarlos expresarse.
"Si no te gusta tu vida no la cortes, nada más cámbiala"
Comegato Page
Hasta luego.
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