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jueves, 14 de junio de 2018
martes, 27 de octubre de 2015
Parejas controladoras
"Hay hombres que pueden vivir con una mujer controladora, aunque vivir así es estresante. Puede ser por meses o años, pero al final, por mucho que el hombre ame a su mujer, acabará rebelándose, pues donde no hay confianza real y efectiva, no se vive en paz".
(Tomado de la página www.todamujeresbella.com)
"Mejor yo lo hago, tú siempre lo haces mal".
Las
parejas llegan a desarrollar estrategias muy extrañas en la lucha por el poder,
una que resulta muy curiosa y dañina para la relación de pareja y para las
demás personas a su alrededor (por ejemplo los hijos), es cuando una persona
juega a victimizarse cargando con las obligaciones y responsabilidades de los
dos, quejándose de tener que hacerlo todo y al mismo tiempo impidiendo que su
pareja haga cosas. Si las hace, entonces la reacción será quejarse de lo mal
que están hechas y de que tendrá que hacerlas de nuevo.
Es
una forma dolorosa de controlar la relación, está basada en el autosacrificio y
la denigración de cualquier intento que haga la pareja por actuar dentro de la
relación. El resultado cuando los miembros de la pareja adoptan estos roles es
como si uno de ellos aceptara cargar con la cruz de tener que controlar todo lo
que se haga o diga y el otro acepta su condición de dependiente e incapaz de
valerse por sí mismo. Curiosamente, ambos se sienten manipulados por el otro
pero no sueltan su rol, pues al mismo tiempo encuentran una zona de confort
desempeñando su papel.
"Aunque me canse más pero que quede bien, porque tú
eres muy mal hecho".
La
persona que agarra el rol de "Yo sí hago bien las cosas" se entrampa
asumiendo cada vez más y más responsabilidades, trabajos domésticos, decisiones
financieras, horarios y permisos, hasta sentir que de verdad no le queda tiempo
para nada porque no tiene apoyo. No se da cuenta que si su pareja le ofrece
apoyo, sistemáticamente lo rechaza o lo denigra. Se siente sola.
Y
quien adopta el rol de sumisión, de creerse menos hábil que su pareja, corre el
riesgo de en verdad convertirse en una persona sin decisión propia, con miedo a
comprometerse con la vida y con otras gentes. Es una persona que se siente
sola, pero mantiene su rol que le da cierta ilusión de seguridad porque es más
cómodo seguir órdenes que asumir responsabilidades.
"Me desespera que no hagas las cosas como yo
digo".
¿Recuerdan
la película "Intensa mente"? Me acordé porque en ella aparecen 2
personajes que representan perfectamente lo que estoy comentando aquí: Alegría
es una chica optimista y dinámica que siempre está dispuesta a verle lo bueno a
la vida y además es tan motivadora que todos le hacen caso, así que se siente
con el derecho de organizar a todos los demás. En algún momento entra en
conflicto con Tristeza, que es más lenta y contemplativa, no es muy buena para
eso de las relaciones interpersonales y por si fuera poco, siempre le encuentra
algún aspecto negativo hasta a los mejores proyectos.
Obviamente
Alegría está segura de que la actitud de Tristeza está mal y que lo que ella
haga estará equivocado y causará problemas, así que se encarga de tratar de limitarla
e impedir que actúe. En algún punto de la película, Alegría está tan convencida
de que solo ella puede hacer lo correcto, que termina cargando a una Tristeza
que decidió dejarla hacer lo que sea, incluso llevarla arrastrando por los
caminos de la vida, ¿quién manipula a quién?
"Me enoja que sea tan negativo: siempre le encuentra
"peros" a todo lo que le digo".
En
la película, Alegría entiende a Tristeza y se da cuenta que esa forma de ver
las cosas considerando también los riesgos posibles también resulta útil, por
lo que termina aceptando a esa persona con todas sus diferencias. También
tristeza acepta las diferencias de Alegría y hasta aparece más activa hacia la
parte final de la película, y eso no va en contra de su naturaleza: Si nos
peleamos con nuestra tristeza la hacemos crecer hasta convertirse en depresión,
pero si la aceptamos nos permite actuar y no solamente contemplar la vida.
En
la relación de pareja ocurre que al estar peleando y tratando de controlar o de
mantener el estilo sumiso para "no molestar" a quien controla, ambas
partes se estancan en su desarrollo personal. Quien se dedica a controlar a
otros no los deja crecer: ¡si crecen se vuelven responsables de su propia vida!
Y una persona responsable puede irse y construir su propia historia, pero la
persona controladora se sentiría muy sola, así que no puede permitir eso. Con
esta mentalidad, prefiere seguir atada a la quejumbrosa "necesidad"
de hacerse cargo de su pareja, aunque el precio sea que tampoco podrá crecer,
ya que no se puede atender para no descuidar a esa otra persona.
"Tú no decidas, para eso estoy yo".
domingo, 15 de diciembre de 2013
Personas manipuladoras
"Amor se llama el juego en el que un par de
ciegos juegan a hacerse daño"
Joaquín Sabina
|
Todos manipulamos.
Lo hacemos para imponer nuestra visión del mundo a los demás y sobre todo lo hacemos en la infancia, porque cuando somos niños no sabemos negociar ni
tener empatía. Estas habilidades, que implican escuchar, respetar, confiar, ser
asertivos y tener clara nuestra postura ante la vida, se irán desarrollando
mientras crecemos, hasta llegar a lo que llamamos elegantemente “negociación” o
“acuerdos”, y de esa manera no hay ninguna duda que las personas que participen
en la negociación estarán tratando de convencer a los demás, mediante
argumentos y explicaciones adecuadas, que su punto de vista es el más
conveniente para hacer mejor las cosas.
Y funciona, así se
llega a acuerdos importantes como definir la lista del súper, convencer a
abuelita de cuidar a los niños, o
conseguir el contrato para realizar un trabajo importante. En estos casos, el
resultado final es una sensación de convencimiento y satisfacción por ambas
partes, el famoso ganar – ganar, porque todos perciben que obtienen algo
positivo del acuerdo y que, a su modo, cada quien hizo valer su punto de vista
en la discusión. Eso es una negociación sana.
Pero hay personas
que aún siendo adultas, siguen manejando sus relaciones con la manipulación
como principal medio de contacto con los demás. Estos son algunos tips para
identificar cuando estamos envueltos en una manipulación:
Los manipuladores
no han madurado su estilo de comunicación, es decir, se siguen comunicando de
manera infantil y entre su repertorio puede haber berrinches, llanto, silencios
prolongados, gritos y otras expresiones útiles para no decir directamente lo
que quieren, y para no escuchar a su interlocutor.
Los manipuladores
son agresivos. En ocasiones su agresividad es activa y entonces utilizan
amenazas y violencia, en principio de manera verbal pero pueden llegar también
a la violencia física cuando creen que no les están prestando la debida
atención.
También manejan la
agresividad pasiva, en ella hay frases para sabotear y quitarle valor a lo que
dicen los demás, otras expresiones las usan para inhibir a otras personas
(inhibir = provocar vergüenza o miedo); otra forma de agresividad pasiva es
criticar después de que ocurrieron las cosas, y amenazar antes de que ocurran.
Los manipuladores
tienen miedo a fracasar, y tienen mucho más miedo a ser exhibidos ante los
demás, así que elaboran estrategias muy sofisticadas para culpabilizar a los
demás y hacerles sentir mal.
En general, su
estrategia sigue estos dos pasos: primero buscan que te ofrezcas a ayudar y que
te intereses en sus problemas, después tratan de involucrarte hasta poderte
hacer responsable si no puedes resolverlos. Claro que si el problema se
resuelve, el mérito se lo llevarán ellos.
Los manipuladores
no hablan de su relación. No conversan de los problemas y las situaciones que
afectan a su relación con la gente cercana, esto podría poner en duda su verdad
y rompería la estrategia de cargar a los demás con su responsabilidad.
Prefieren callar e imponerse para sentirse “seguros”. Lo más común es que guarden un agresivo silencio cuando son cuestionados, y que este silencio se prolongue por horas o días, hasta que el manipulador necesite algo de la otra persona.
“El hombre poco claro no puede
hacerse ilusiones, o se engaña a sí mismo, o trata de engañar a otros.”
Stendhal
|
Los manipuladores
proyectan sus aspectos negativos sobre los demás. Critican, culpan, juzgan,
caen muy bien o muy mal, amenazan, inventan historias de los demás, guardan
silencios prolongados, se hacen la víctima, hablan de los hechos como “nunca” o
“siempre”… Y en ningún caso se dan cuenta que esa actitud proviene de ellos y
no de la persona con la que interactúan.
¿Puede un
manipulador cambiar su estilo de relacionarse? ¡Claro! Todos podemos reeducarnos emocionalmente, pero antes de resolver
los problemas interpersonales, hay que atender los intrapersonales:
Aprender la empatía.
Sin importar qué edad tenga, cualquier persona puede aprender a vivir los
valores básicos para adquirir una comunicación asertiva: respeto, tolerancia,
confianza, empatía… Al incorporar estos elementos a su repertorio, puede darse
la oportunidad de admitir su cariño y su rechazo hacia otras personas y actuar
en consecuencia.
Recordemos que los manipuladores no han llegado al nivel de
madurez emocional que les permita sentirse dueños de sus sentimientos, por esa
razón se avergüenzan y tienen miedo de sentirse expuestos ante los demás. Para
adquirir estas habilidades es indispensable la participación de otra persona
que sí maneje su comunicación de manera asertiva y, claro está, que la persona
que manipula quiera dejar de hacerlo.
Mejorar la
autoestima. El miedo a la crítica social, la vergüenza y la comparación
constante con los demás tienen sus raíces en una autoestima lastimada. Un
manipulador vive con inseguridad y eso lo hace vivir al pendiente de lo que los
demás piensan de él o ella, sin llegar a darse cuenta de su propia
autopercepción. Le da tanto valor a la opinión de los demás, que olvida la suya.
Aprender a actuar
solo. Detrás de las actitudes del manipulador hay un enorme miedo a ser
rechazado o a perder a alguien. De hecho, los silencios tan prolongados que
tiene cuando se le cuestiona algo son una tortura interminable, representan su
aislamiento y ese miedo a no ser aceptado tal como es. La paradoja es que en
los intentos por superar el miedo al rechazo, se aisla.
Una persona que
manipula puede necesitar ayuda profesional para dejar de dudar de su autoestima,
para quitarse de encima la necesidad de salirse siempre con la suya y para
aceptar que hay pérdidas en esta vida. La ayuda profesional es útil porque permite que la persona se reconcilie consigo misma y se reconozca como
valiosa y segura, independientemente de lo que opinen otras gentes.
Todos manipulamos,
en mayor o menor medida. Y a todos nos sirve revisar qué tan manipuladores somos. Si descubrimos que algunas de sus
características nos quedan a la medida, tendremos la oportunidad de mejorar un
poco nuestra propia persona. Es sano hacer esta tarea en uno mismo antes de
buscar manipuladores allá afuera, entre todas los demás personas.
Hasta luego.
Para este escrito tomé los conceptos
del ensayo “Guía para sobrevivir a los manipuladores cotidianos”, de Juan
Carlos Vicente Casado, aunque no en su totalidad. Puede leerse el escrito
original completo en esta ruta: http://www.geocities.com/jc_vicente/sobrevivir/index.htm, me parece un texto muy recomendable.
sábado, 29 de septiembre de 2012
Comunicación: Volver a lo básico
"Siempre hay oportunidad para cambiar, porque siempre hay oportunidad para aprender"
Virgina Satir
Es frecuente escuchar hablar acerca de la buena comunicación y de sus efectos positivos. Y es muy recurrente encontrar y reencontrar errores o mitos de la comunicación, que se aceptan como verdades. Si bien no es el único, sí es el puente más utilizado para acercarnos a los demás y, una vez que se ha afianzado el lazo afectivo que une a dos o más personas, también es un excelente vehículo para mantener acuerdos y arreglar desacuerdos. Siendo una herramienta tan poderosa, también hay ciertos peligros si la comunicación no se utiliza bien.
El mayor mito es que la comunicación es "hablar bien", y que hablando bien no tendremos problemas en nuestras relaciones. Si bien es cierto que la comunicación verbal implica tener la capacidad de ordenar las ideas antes de externarlas, y saber de antemano lo que se desea expresar para poderse adaptar en el curso de la comunicación, estos elementos no son la comunicación en su totalidad. Se requiere incorporar otros, también muy conocidos pero rara vez utilizados en combinación, al menos de manera consciente.
Escuchar. ¡Sí! Todos tenemos algo que decir, nos interesa ser escuchados, entendidos y comprendidos. Entonces es lógico suponer que también esa persona que está tratando de comunicarse conmigo también necesita expresar algo y no está conmigo solamente para escucharme y entenderme a mi... ¿o sí? Todos tenemos algo que escuchar. Sentirse escuchado y atendido es una experiencia muy gratificante para cualquier persona.
Lenguaje no verbal. Es la parte más sincera y más traicionera de nuestro ser, aunque tratamos de disimular algunas reacciones emocionales, siempre hay algún rasgo en nuestro cuerpo, nuestra cara, nuestro tono de voz, nuestra mirada o hasta en un simple cambio de ritmo en la conversación, que delatará la existencia de una alteración, un sentimiento inesperado o un miedo escondido que de repente se asoma cuando lo llama una frase o una palabra en la conversación que estamos sosteniendo. Como es inevitable que esto suceda, lo mejor es aprender a ser amigos de nuestro cuerpo y hacerle caso nosotros mismos, antes de que lo haga nuestro interlocutor. Como dice arriba, es nuestra parte más sincera, aunque a veces no nos damos la oportunidad de verla.
El contexto. El ideal de mantener siempre el mismo estilo de comunicación ante cualquier situación, persona o circunstancia, no deja de ser solamente un ideal o una exigencia, que puede convertirse en una limitación para expresarnos como somos. Si nos encontramos en la familia, en la escuela, en el trabajo, con los amigos, en el templo, en una terminal de autobuses, en una entrevista importante, en el teatro, de compras o en cualquier otro lugar, habrá ciertas pautas sociales que dirigen el estilo particular de externar lo que pensamos y sentimos, sin que eso implique dejar de ser nosotros mismos: lo que es cursi en una situación será muy efectivo en otra. En realidad la necesidad de actuar de manera distinta en diferentes contextos, sin dejar de lado nuestra personalidas esencial, es la mejor oportunidad para aprender nuevas formas de reaccionar, de escuchar y de expresarnos, es decir, de crecer interiormente y aumentar nuestras opciones de respuesta. Recordemos que una persona sana emocionalmente es la que percibe y aprovecha la diversidad de opciones que hay en su contexto, y una persona con rasgos neuróticos es la que no puede ver otras opciones por muy obvias que sean, debido al afán de ser "siempre la misma" o de ser "congruente" y no cambiar.
"Nos llamamos a cada rato, o nos enviamos mensajes". El nuevo truco de enviar un mensaje que sigue siendo impersonal y distante aunque en su contenido lleve muchas palabras simpáticas y cariñosas: en la cultura actual de "satisfacción inmediata" (pura ilusión) están teniendo mucha aceptación estos trucos que yo llamo comprimidos o cápsulas comunicativas, aunque hay quienes creen que efectivamente están en contacto cercano con esta única opción. No la descarto, obviamente, pero estas cápsulas y comprimidos no pueden sustituir a la alimentación sana, que en este caso sería la comunicación persona a persona.
En el chat o el "féis" a todo dar, pero cuando nos vemos no hablamos. Un derivado del punto anterior, ya que en la comunicación escrita disminuye bastante el riesgo de una discusión (en el último de los casos nos salimos de la conversación y ya) se está observando cada vez con mayor frecuencia que algunas personas, aunque se vean y tengan oportunidad de hablar, hacen como que se comunican, a veces incluso con apego a la más perfecta diplomacia y las reglas de urbanidad, pero no se dicen nada relevante. Después, en la "intimidad" de la compu o el celular estarán enviando mensajes y respondiendo animadamente a las preguntas de esa persona que no se atrevieron a enfrentar cara a cara cuando hubo oportunidad. Esta es una nueva categoría de "máscaras" para esconder nuestros sentimientos y no exponerlos, además nos permite justificarnos, pues estamos comunicando lo que pensamos, por si fuera poco es seductora y hasta adictiva, despierta en mucha gente sus deseos de trascender dejando algo escrito, cualquier cosa, pero aleja a las personas reales creando una distancia entre ellas que solamente puede llenar el contacto humano, en vivo. El mundo virtual no es real, debería ser un reflejo de lo que hacemos en el mundo físico donde nos desenvolvemos y no una nube donde nos subimos a soñar que todo funciona bien sin esforzarnos por afrontar los problemas.
No nos vemos, hablamos de cuarto a cuarto. A gritos y sin hacer caso de todo el lenguaje no verbal que involucra esto. Obviamente elevar tanto la voz y colocarse a tanta distancia los dos interlocutores ya está diciendo que hay algo por arreglar en esa relación, pero quienes escogen este tipo de "comunicación" hacen como que esto es normal para justificar la distancia en su relación y para no comprometerse a compartir su intimidad.
¿Problemas de comunicación? Pues sí, en todas las relaciones habrá algunos problemas y dificultades, como decía anteriormente, es la forma de aprender nuevas opciones de responder, de escuchar y de expresarme. De entenderme para enseguida hacerme entender. Cada individuo viene con su propio "código casero" de comunicación, en cada casa o familia se han desarrollado hábitos de comunicación que se quedaron grabados en la mente de todos sus miembros, al grado de que salimos de casa pensando que "yo soy así" y como es algo natural en mi, no lo voy a cambiar, sin embargo, cuando nos aferramos a un estilo rígido de comunicación nos causamos mayores problemas, podemos terminar aislados, enojarnos sin saber la razón y nos dañamos emocionalmente y también a las personas que queremos.
Por eso es importante saber y tener presente que en cualquier momento de la vida podemos aprender a relacionarnos de manera diferente: algunas formas de comunicación que nos son útiles en un momento o contexto determinado, no funcionarán en otros.
Cuando la comunicación no funciona, la sustituímos con actitudes que también aprendimos en casa y con gentes importantes durante nuestro desarrollo. Virginia Satir describe acertadamente estas conductas o estilos de comunicación, que llevadas a un extremo son la base de la manipulación y el chantaje en las relaciones humanas: Ignorar, exagerar, culpar, alabar, cuestionar, aconsejar, tomar a broma, ordenar, asentir, quejarse, entre otras.
Aprender a comunicarse es una tarea que va de la mano con el crecimiento personal, por lo tanto también es tarea para toda la vida: Hablar, escuchar, hacer contacto, entender, acompañar.
¿Y cómo voy a saber si mi estilo de comunicación funciona? Nuevamente depende del contexto, pero una pista para saberlo la encontramos en nuestra sensación interior: La comunicación asertiva lleva una alta dosis de empatía, que nos permite sentirnos acompañados y ser parte de algo más que nuestro propio ser.
Hasta luego.
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