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viernes, 13 de abril de 2018

Emociones vivas

"...al aceptarse se les caería el rencor, el orgullo, la vergüenza y todas esas barreras..."
(hemebe)




Ella vive enojada
Él vive triste
El enojo busca destruir
La tristeza busca consuelo
La tristeza quiere esconderse en el pasado
El enojo solo siente este momento
La tristeza se encierra y se comprime
El enojo empuja, crece y explota
La tristeza es lenta, pausada
El enojo es rápido como un rayo
La tristeza pierde tiempo pensando
El enojo no piensa, solo sale


Debe haber un punto de equilibrio entre la tristeza y el enojo, pero la tristeza no se anima a buscarlo sola y el enojo se desespera y rompe todo cuando lo está buscando


Ella también es alegría
Él también es paz
La alegría es energía en plena explosión
La paz es un continuo de estabilidad
La paz logra cambios lentos y permanentes
La alegría alcanza cambios breves y distintos
La alegría es un auto veloz y divertido
La paz es un vehículo con cinco estrellas en seguridad
La paz permite aceptar lo que es
La alegría es ser y estar sin tener que pensar
La alegría es cómplice de la pasión
La paz se asocia con la reflexión


Cuando se acercan la alegría y la paz están más cerca del equilibrio, porque se obtiene una gran alegría al vivir en paz y también se encuentra paz al liberar la alegría


Pero ella siente un gran miedo a veces
Él también
El miedo de ella la llena de vergüenza
El miedo de él le roba la serenidad
Ella se enoja con su miedo y se mueve sin parar
Él se paraliza con su miedo y solo  lo quiere comprender
Ella vive enojada para esconder su miedo
Él vive triste para no reconocer
Que vive enojado para esconder su miedo


Y al final los dos se parecen a mucha gente que tiene miedo de su miedo y pasan el tiempo peleando con su propia emoción sin darse cuenta que al aceptarse se les caería el rencor, el orgullo, la vergüenza y todas esas barreras que pone el miedo y que impiden vivir en el amor





Hasta luego.


miércoles, 22 de junio de 2011

¿Qué hay detrás de la tristeza?

Muchas gentes, yo también en varias ocasiones, hemos tenido la fuerte tentación de ponernos una máscara de tristeza y melancolía para demostrarle a la gente que no estamos satisfechos con la vida que llevamos. Asumir la tristeza como estilo de vida o como tarjeta de presentación es una decisión arriesgada, pues se corre el riesgo de que uno mismo crea que es verdad esa careta.


La persona triste se siente desamparada, luce frágil y quebradiza, a veces hasta apaga la voz al mínimo volumen para obligar a las demás personas a acercarse más para que puedan escuchar sus palabras. Y sus palabras, por cierto, son casi siempre igual de lastimeras que su figura, predominan las quejas, la autocrítica exagerada y la total convicción de que las cosas van a salir mal, sin importar de qué cosas se trate. Al final, se trata de llamar la atención y pedir ayuda al mismo tiempo que se dice "no te preocupes", es buscar que la gente se acerque mientras se le dice "aléjate".


¿Qué se esconde detrás de estas actitudes? Tristes del mundo, perdón por quitar la máscara así nomás, de golpe, pero atrás de tanta tristeza vive un odio de tamaño descomunal, un coraje tan destructivo que los "tristes" han optado mejor por fingir que no existe y taparlo con un manto de tristeza. Pero el rencor se alcanza a asomar en fugaces gestos y reclamos que se abren camino entre la omnipresente tristeza, aunque no hay mucho peligro, ya que el disfraz de triste siempre ayuda a disimular estos sentimientos más reales.


Y la persona "triste" puede durar años así, puede incluso creerse -como decía al principio- que de verdad es una persona muy buena y no entiende por qué le ha tocado vivir en un mundo tan injusto, con tanto sufrimiento. Eso no es lo peor: Lo peor es que al convencerse de su propia actuación termina por comerse su propio enojo y por dirigir hacia sí mismo el enojo que debería salir en los momentos adecuados y así, el "triste" puede enfermar gravemente y de esta forma cumplir su propia profecía: Se sufre mucho en este mundo injusto.


Por si fuera poco, el enojo no se calmará con el simple hecho de que el "triste" donde habita se haya enfermado, claro que no: Seguirá buscando la forma de salir y expresarse, hasta que el "triste" aprenda a manejar códigos especiales como el sarcasmo, las indirectas, el "pensar en voz alta" y otras tantas sutilezas que le permiten seguir sintiéndose "bueno" y triste, pero que nunca le permitirán reconocer que también es capaz de sentir coraje.


¿Qué se hace ese coraje reprimido? Bueno, una vez asimilado por el organismo, ayuda a crear la sensación de intranquilidad e insatisfacción que la persona confunde con "tristeza", y comienza a justificar la autocompasión que debe proyectar hacia el mundo todo "triste" que se respete. La autocompasión es uno de los peores sentimientos (Nietzsche decía que es el peor de todos): nos vuelve ignorantes de nuestras propias capacidades, nos hace creer que los demás son malos que abusan de nosotros y nos hacen desconfiar de todo y de todos, pues al no reconocer los sentimientos de uno mismo, es imposible reconocer los de otras personas.

¿Y entonces? Tristes del mundo, dejo esta idea para pensar: Todos los sentimientos son buenos, incluido el enojo, el rencor y el coraje, solamente es necesario dejarlos vivir -o sea expresarse- en el momento adecuado y con la persona adecuada. Si no lo hacemos así, nos lo estamos comiendo y tarde o temprano nos dará una indigestión emocional, o seremos devorados por nuestro propio odio.

Y aquí termino de hablar de estas tristezas para comentar otras cosas, por ejemplo que hoy entró a la reducida lista de seguidores de este blog mi apreciada amiga Ana Imelda, lo cual me da mucho gusto y espero que siga entrando a leer y a comentar los textos que dejo. Y también les digo a todos los que entren a leer mis reflexiones que se animen a dejar sus comentarios, me sirve mucho saber lo que piensan de las ideas que voy externando aquí, para ir mejorando este espacio.


Hasta luego.

En el presente

  Si buscamos la felicidad en el pasado el presente pierde sentido y el futuro asusta, la vida está en el presente. Es gratificante haber ...