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jueves, 9 de mayo de 2019

Cuento: Saber dar y recibir

Toda relación sana es un continuo dar y recibir.
El dar lleva la semilla del recibir.
El recibir lleva la semilla del dar.
Romper este flujo rompe también la relación.



Aquel día llegué a la oficina del director tan confiado como siempre, antes le tenía algo de miedo por sus arranques excéntricos y a veces berrinchudos, lo había visto regañar y poner en ridículo a varios compañeros de la empresa, pero por alguna extraña razón entre él y yo había una relación de respeto con algo de bromas y albures para no llegar a ser aburridos. En fin, le pedí a Lety, su asistente, que me anunciara y entré tranquilo pero con la duda de cuál sería el motivo de que el director me hubiera pedido venir a su oficina: yo casi nunca venía a este lugar, solamente cuando había una situación del trabajo que ameritara su atención o en reuniones para tratar asuntos con otras áreas. Ahí estaba el mero jefe, sentado al otro lado de su gigantesco escritorio color arena que parecía un desierto con dos o tres hojas y algunas cosas de papelería regadas junto al teléfono que él casi siempre tenía pegado a su oreja, como ahorita. Me sonrió mientras hablaba de cosas que yo no entendía ni quería saber, porque dicen el que sabe se involucra, además aquella plática no tenía nada que ver conmigo ni con lo que yo hacía. 

Me senté frente a él siguiendo un gesto imperativo de su rostro y estuve observando el globo terráqueo que resaltaba en primer plano al mirar sus grandes libreros llenos de tomos bellamente acomodados, después me pasee por ese lugar con mi vista, una pequeña mesa de reuniones que estaba acomodada cerca de la puerta, en el piso una bonita alfombra color mostaza y aquel mueble bajito atrás del director, acomodado antes del amplio ventanal desde el que se veían las hojas de las plantas más altas del jardín, la frondosa copa de un fresno que estaba en pleno verdor primaveral y allá, al otro lado de la calle, el parque lleno de árboles y sol. Mucho sol entraba por esa ventana dando una agradable sensación de calidez.


El director colgó el teléfono y me miró con seriedad un rato, callado. Después me dijo con una voz demasiado cortante
-       Ya supe que te vas a casar. Me dijo tu jefa. Y no me invitaste a la boda.
¡Esa no me la esperaba! Me puse rojo y creo que hasta empecé a sudar, de verdad nunca se me había ocurrido invitarlo y es que simplemente no pensaba hacer fiesta, solo una pequeña reunión con la familia y los amigos más cercanos, los míos y los de mi pareja. Sentí mucha vergüenza, como si fuera un niño descubierto mientras planeaba una travesura y creo que así me percibió el director porque comenzó a reir conteniéndose para no soltar la carcajada y volvió a hablar:
-       No te preocupes, estoy bromeándote, la verdad es que me dio mucho gusto saber que te vas a casar, me gustaría mucho conocer a tu novia pero no hay problema si me invitas o no.
Descansé en mi silla, le dije que sería un gusto que asistiera a la boda, que ahí podría conocer a mi novia y pensé que ahora sí entraríamos al tema que motivó esa reunión. Pero ya estábamos en el tema.
-       Me da tanto gusto que no sé cómo demostrártelo, lo único que se me ocurrió fue hacerte un regalo y no quiero regarla dándote algo que ya tengas, por eso te llamé: prefiero que tú mismo me digas qué necesitas.

Eso tampoco me lo esperaba, ¿por qué no escogió cualquier cosa y me la dio envuelta en un bonito papel brillante, como le hacen todos? No, claro: tenía que ponerme a escoger un regalo...


Mi novia y yo habíamos estado preparando nuestra boda con mucha anticipación y ya teníamos lo básico para arrancar sin problemas, teníamos un departamento pequeño en una buena zona que habíamos escogido juntos; lo habíamos amueblado poco a poco y ya teníamos varias comodidades: sala, comedor, estufa, cocina, refrigerador, recámara, lavadora, una tele grandota y un buen estéreo porque siempre he sido un adicto a la música y ya había arrastrado a mi novia a ese vicio... Yo estaba muy orgulloso y presumía con todo el que me escuchara que no habíamos necesitado nada de nadie, que todo lo que teníamos era porque nosotros lo habíamos conseguido y ahora que el director me proponía regalarme algo que necesitara, ¿qué creen que le dije? obvio: ¡que no necesitaba nada!

Ahí estuvo ese buen señor indagando que si una tele más grande, que si una sala más cómoda, que si una cama king size, que si el refrigerador más moderno o un micro de buen tamaño y yo muy sonriente diciendo que no a todo... hasta me ofreció pagar el enganche de un departamento o una casa y también le dije orgulloso que ya habíamos comprado un depa. La verdad es que mi pareja y yo veníamos de familias humildes, haber comprado todo eso nos costó bastante tiempo, ahorro y dedicación y el director lo sabía, yo trabajaba en la fábrica desde hacía más de 10 años y él conocía mi sueldo.
Se recargó en su silla mirándome en silencio por largo rato, después se inclinó hacia adelante y me dijo
-       Quiero regalarte algo y a todo le pones un pero. Me estás privando el gusto de compartir tu felicidad dándote algo que te acompañe en tu vida de casado. Pero quiero darte algo, así que dime tú qué te puedo dar.
Vi que sus palabras eran sinceras y que se sentía mal al ver que yo no aceptaba nada de lo que él me ofrecía… estuve tentado a aceptar cualquier cosa, entonces me di cuenta que un falso orgullo me impedía hablar, un falso orgullo que ocultaba la verdad que yo no había visto: ¡me daba miedo pedir! Sentía un miedo infantil y pensaba que al aceptar cualquier cosa que él me había ofrecido se iba a reir diciendo que era una broma y que eso era mucho para mi. Pero veía en la expresión de su cara que sí estaba interesado en que yo recibiera algo de su parte. Se me ocurrió entonces pedirle algo que no me podría dar para que él mismo diera marcha atrás. Le platiqué que mi auto ya estaba viejito, tenía más de 10 años de uso y la verdad estaba en muy buenas condiciones, pero yo seguía mi plan disfuncional y rematé diciéndole que lo único que me hacía falta era un mejor carro. El director no se inmutó, continuó mirándome fijamente, me imagino que estaba haciendo cuentas en silencio y con una voz baja pero muy segura me dijo:
-       De acuerdo. No te puedo dar un auto del año aunque me gustaría hacerlo, pero te propongo que este sábado nos veamos aquí afuera para ir a las agencias de autos seminuevos a que escojas el que te guste más. Yo lo voy a pagar.

Ahora fui yo el que se puso serio y callado, no creí que fuera a aceptar mi propuesta y comencé a balbucear algunos pretextos para no ir el sábado...


El director guardó silencio y me estuvo escuchando durante un buen rato, de repente se puso de pie, golpeó con la mano derecha su escritorio y esta vez sí habló con una voz fuerte y clara:
-       Soy el director de esta empresa, he invertido mucho tiempo rogándole a un empleado que me acepte un regalo y mi empleado quiere que le ruegue todavía más. ¡Se acabó!, perdiste tu oportunidad y yo tengo que hacer otras cosas, así que sal de mi oficina y vete a trabajar.
Me puse de pie confundido y algo asustado, nunca lo había visto así de enojado, y menos conmigo. Me puse de pie, ni siquiera me despedí y me fui rápidamente hacia la puerta.
-       Una cosa más, y piensa bien en lo que te voy a decir: "El que poco pide, poco se merece". Que te vaya bien.
Ese fue mi regalo. Guardo muy bien esa frase y a veces la uso: Si la vida me da la oportunidad de escoger, trato de tomar la mejor opción sin esperar a que se me acabe el tiempo, así aprendí que la vida no me dejará tomar algo que yo no le podría devolver.


Toda relación sana es un continuo dar y recibir.
Si das todo el tiempo, humillas a quien solo recibe.
Si siempre recibes, no le correspondes a quien te da.
Compartir es el flujo que alimenta el cariño y el amor. 

¿Qué piensas de esto, tú que me lees?

Hasta luego.

martes, 7 de mayo de 2019

Los 3 órdenes del amor

El amor no es suficiente.

Bert Hellinger partió de esta premisa que sustenta la teoría y práctica de las constelaciones familiares y que tiene gran aplicación en la terapia sistémica, familiar y de pareja: El amor puede perderse si no se enmarca en un orden claro y firme, pero a la vez flexible en cada etapa de la vida de pareja. 

En fin, aunque me parece que es un tema muy conocido, comento enseguida los 3 órdenes del amor:




Primer orden del amor: Derecho a pertenencia.

Todo el que tiene derecho a pertenecer, pertenece y no se le puede negar ese derecho, si se hace habrá consecuencias para ese sistema.

Mentir acerca del origen familiar, o de la descendencia para ocultar alguna persona o algún hecho a los ojos de los demás (por la razón que sea), creará una deuda emocional que en algún momento se hará presente con uno o más miembros de la familia. Esto no implica únicamente a los papás e hijos de un hogar, sino a la familia en su concepto más amplio, que comprende también a abuelos, nietos, tíos, primos, novios, ex esposos, amantes y a toda aquella persona que ha formado parte de los lazos afectivos de uno o más miembros de la relación (hombres y mujeres). Todas estas personas pertenecen a la relación y forman parte de su historia.
Excluir a un miembro de la familia ignorándolo, negándole oportunidades, cuestionando o criticando constantemente lo que hace o aplicando cualquier otra forma de discriminación, causará un daño permanente al sistema, que se manifestará en las relaciones que forjen sus miembros.

La actitud esencial para vivir el primer orden del amor es la aceptación.

Segundo orden del amor: Jerarquía.

Existe una jerarquía natural que depende del orden de entrada en la vida.

En el lenguaje legal también tiene su lógica: "Primero en tiempo, primero en derecho".  Es por ello que los hijos no pueden ser iguales a los padres: primero llegó la pareja y se ganó un lugar, gracias a ello llegaron después los hijos y en el ínter pudieron haber entrado otras personas a la relación (más allá de la pareja, que siempre debe ser solamente de dos): familiares y amistades de ambos. A veces ocurre que uno de los miembros de la pareja ya tiene uno o más hijos, es decir que estos llegaron antes que la nueva pareja y aquí aplica también el segundo orden del amor: la pareja recién llegada nunca va a poder desplazar a los hijos previos, ya que estos llegaron primero a la vida de la persona que recibe a su nueva pareja.

Un hombre o mujer que acepta como pareja a alguien que ya ha hecho su vida y quiere volver a comenzar, enfrentará el hecho de que las personas que se ganaron un lugar en sus relaciones seguirán formando parte de su historia y no deben ser negadas, sean hijos, ex esposos, hermanos, madres o cualquier otro tipo de relación cercana. De acuerdo al primer orden del amor, pertenecen al mundo de quien vivió esa relación. Negar a alguien que formó parte de la propia historia, o pedirle a la pareja que niegue a quien llegó antes a su vida, es condenar la relación al fracaso.

La actitud esencial para vivir el segundo orden del amor es el respeto.



Tercer orden del amor: Equilibrio entre el dar y tomar.

Debe existir entre iguales un equilibrio entre lo que se da y lo que se recibe. En las relaciones entre desiguales como por ejemplo padres e hijos, no existe esa reciprocidad, los hijos devuelven lo recibido a su vez a los hijos o a la vida.

En este punto aplica aquella frase de que "Amor no es sacrificio": aunque para mucha gente la generosidad es el mayor valor que se puede demostrar, no es sano dar a la pareja o al ser querido más de lo que podrá corresponder: quien recibe más de lo que puede dar termina huyendo de la relación, pues vive con una deuda que jamás podrá pagar y eso le coloca en desventaja ante una persona que le ama pero no se pone en una situación de igualdad. Por el contrario, también hay quien no acepta recibir y por este hecho puede terminar mal una relación, ya que dar simboliza una forma de entregarse a la relación, pero si una parte quiere dar y la otra se niega a recibir, evidentemente no se cierra el ciclo del amor que consiste básicamente en compartirnos, como personas y en nuestras posesiones.

La relación no es mercantilista, no se trata de una cuestión meramente material. Se trata de dar con gusto y sin dudas todo lo que implica amar a una persona y recibir algo equivalente. Eso podría llamarse "un trato justo" en el cual ambos miembros de la pareja se sentirán satisfechos porque el amor no es solo dar, sino también recibir. Las parejas más funcionales son aquellas en las que ambos miembros saben que pueden amar y también ser amados.

Las personalidades depresivas e introspectivas (sentimientos que "se compactan") tienden a negarse a recibir y prefieren dar, adoptando una actitud de dignidad o de desvalidez. Las personalidades más sociables y extrovertidas (sentimientos que se "expanden") tienden a recibir con facilidad y prefieren no dar, sino comprometer a otros a dar. Las personalidades más asertivas (¡claro que sí, sí las hay!) tienden a aplicar aquella frase de "yo tomo de la vida todo lo que le puedo devolver", es decir, saben dar y recibir. Sin culpa ni ostentación.

La actitud esencial para vivir el tercer orden del amor es la gratitud.


Hasta luego.

viernes, 31 de agosto de 2018

Una forma de felicidad


Freud nos presentó al eros, el principio de placer que impulsa a todos los seres hacia la vida, y no solo eso, sino también a sentirse bien en esta vida. Con los avances en la psicología, el desarrollo humano, el coaching y tantos rollos de los gurús actuales, todos tenemos claro que nuestra meta en la vida es ser felices y plenos. Para eso venimos a este mundo. Sin embargo para algunas personas esto se llega a confundir con un egoísmo vacío, lo que puede llevarles a una vida dedicada a satisfacer siempre sus deseos porque "la meta es ser felices" sin importar que tengan que volver infelices a otras personas. Eso es hedonismo, y aunque es cierto que la sensación de dominio y poder proporciona placer a algunas personas, la felicidad es algo más profundo, incluso más íntimo, y tiene que ver con nuestra necesidad de ser queridos, valorados y reconocidos tal como somos, y poder hacer lo mismo con alguien más. Es por eso que los padres y las madres son felices cuando ven que su hijo (de la edad que sea) logra resolver un problema por sí mismo o que termina su día con una sonrisa de satisfacción y felicidad. También es por eso que en algún momento de la vida decidimos escoger a una persona para compartir planes, proyectos, virtudes y defectos: queremos construir felicidad y compartirla con la persona amada.

Con frecuencia se olvida que esa es la meta original y en lugar de ayudarnos a construir felicidad, nos enojamos porque la persona amada "NO ME HACE FELIZ". Ése no puede ser el acuerdo ni entre parejas, ni entre padres e hijos ni en ningún tipo de relación duradera. Las relaciones que permanecen son las equitativas, donde ambas partes se interesan en que la otra parte esté bien y se sienta feliz. Tampoco funcionan las relaciones donde solo una de las partes se interesa por ayudar a la otra a ser feliz, con el tiempo se dará cuenta que está cargando una responsabilidad que se debe asumir entre dos y que también quiere construir su felicidad en compañía.

Mi sugerencia es que sigas ayudando a la persona más importante de tu vida a ser feliz (sí, estoy hablando de ti mismo o misma), y de esa manera también podrás ayudar a las personas que amas para que construyan felicidad contigo, junto a ti o por su cuenta. Si de verdad amas a esa persona, también serás feliz con su felicidad. Eso es ayudarse mutuamente.

Hasta luego.


martes, 10 de julio de 2018

Psiqué te digo... de la dependencia emocional


Las señales de que te estás perdiendo a ti mismo (o a ti misma) son muy claras y no hay forma de ignorarlas: Si permites que te traten de una forma indigna, como tú no tratas a ninguna persona que aprecias, ya te perdiste. Y mientras más te esfuerces en quitarte valor permitiendo que esa persona que dices amar decida sobre tu vida y sea tu punto de referencia, más te alejas de ti.

Además ocurre un fenómeno muy curioso cuando una persona se pierde, y es que lo demuestra, pide con desesperación que otra persona (sí, esa que dice amar) le diga qué hacer y cómo hacerlo para que se dé cuenta de lo valiosa que es en su vida. Le da poder sobre su persona a alguien que no tiene interés en vivir una relación.

Tal vez te suene poco creíble si estás pasando por una situación como esta, pero si te decides a actuar para recuperarte con toda tu dignidad y tu valor, también encontrarás a la persona que te reconozca ese valor y todo lo que hay de bueno en ti, aunque puede ser una persona distinta a la que te imaginas.

Si sabes que tienes cosas buenas en tu mente, en tu corazón y en tu actuar pero no te los reconoce la persona que dices amar, vale la pena que comiences a valorarlas tú... ¿Cómo se hace eso? Trátate con todo el amor, el respeto y la confianza con que tratas a la persona que más quieres, si no te das amor, será muy difícil que reconozcas el que alguien más te ofrezca.

Hasta luego.

domingo, 24 de junio de 2018

Psiqué te digo... de los buenos recuerdos


Todos coleccionamos momentos, hay quien guarda muy bien su colección y también hay quienes tienen un desorden y un total tiradero donde es difícil ubicar los momentos vividos. Aún así, hay momentos inolvidables hasta para el más descuidado de los coleccionistas, esos momentos especiales que de solo recordarlos traen una sensación de felicidad, nostalgia, satisfacción, motivación... y qué se yo cuántas sensaciones más, porque la magia de los buenos momentos es que sirven de inspiración para quien estuvo ahí, solo quien tiene por lo menos uno de esos momentos en su colección personal lo entiende, o más bien lo siente.

Tu historia está hecha del tiempo que se va yendo, puedes atrapar un poco de él construyendo buenos momentos que seguirán alimentando tu mente, tu corazón y tus actitudes durante toda tu vida, y como además es posible y deseable construir buenos momentos junto con la gente que más quieres, todos se llevan un buen recuerdo para el resto de sus días.

Aprovecha el tiempo, crea buenos momentos, hazlo acompañado. Conforme siga pasando el tiempo se convierten en los mejores regalos que puedes dar y también en los mejores que puedes recibir. Cuando pasan los años estos regalos son lo único que nos queda, así que vive el presente con los tuyos, júntate a construir y regalar los momentos que vale la pena guardar y revivir en una buena colección de recuerdos.

Hasta luego.

domingo, 27 de mayo de 2018

Psiqué y reflexiones 9


Te puede ocurrir a ti o a mí, por eso en toda relación debes estar atento a los 5 ingredientes básicos, recuerda que cuando falta uno de ellos la relación está en riesgo:

Comunicación
Confianza
Respeto
Contacto
Compromiso

Si hay problemas con alguno de ellos, debes recurrir de inmediato al primer ingrediente: Comunicación.

Y si el problema es tal que en este momento no hay voluntad para dialogar, aún se puede arreglar algo si ambos están de acuerdo en buscar ayuda externa (ayuda profesional, no de familiares o amigos de una de las partes).

Si no te das cuenta cuando tienes problemas en tu relación con alguno de estos ingredientes, suben mucho las probabilidades de que te ocurra lo que dice el cuadro de arriba. No hay peor ciego que el que no quiere oir.

Hasta luego.

sábado, 12 de mayo de 2018

Psicología día a día 22


Y así es.

Muchos problemas en nuestras relaciones en realidad no son problemas, sino el resultado de idealizar demasiado la ilusión de que tienes que amar a todos tus prójimos como a ti mismo o misma. Y esto no es así, a menos que estés al nivel de Gandhi, Teresa de Calcuta o Jesús, en cuyo caso mereces todos mis respetos.

Pero el común de los mortales necesitamos aprender a manejar nuestro amor y nuestros afectos en un nivel más cercano, por ejemplo aceptando y entendiendo cómo es eso de amarse uno mismo. Quien se ama se trata bien, se respeta, se valora y se procura lo mejor, y entre lo mejor también entra la compañía.

Las personas con las que convives se parecen mucho a ti en que cada una es distinta, pero en ese trato diario aparecen coincidencias, similitudes, acuerdos y algunos intereses en común que nos hacen suponer, ingenuamente, que somos iguales. Entonces decides amar a la gente más cercana a ti porque esa gente es como tú, ¡qué cosa! El amor visto así suena a egoísmo o a narcisismo.

Las personas que están más alejadas de tu círculo de amistades, familiares y compañeros también se parecen a ti en lo mismo: Son distintas a ti. La relación no es cercana, y de hecho puede ser que no haya una relación como tal sino que de vez en cuando te cruces con algunas personas y por ese simple hecho ya sientes que las conoces. Pero bueno, no hay una relación cercana que permita el intercambio de opiniones, gustos, hábitos, historias, ideas y demás, entonces no existe la oportunidad de saber en qué coincides con esas personas que te topas en la calle, el trabajo o la escuela y a veces te saludan o te miran con cara de "yo también te he visto antes". 

Tú no amas a estas personas que apenas conoces, aunque sí puede haber un poco de afecto hacia ellas.

Y más allá, después de ese cinturón de semidesconocidos está el resto de la gente. Millones y millones de personas con sus creencias, costumbres, idiomas y todo lo demás. En ese mosaico tan variado de personas y culturas que se observan de lejos es muy difícil encontrar similitudes contigo. Tampoco creo que puedas amar a estas personas desconocidas (no se ama a quien no se conoce), tal vez coincidas con alguna ideología, costumbre o ritual. Tal vez no. Y no tienes la obligación de amar a todo el mundo, ni tampoco de odiarlo, pero habiendo tantas formas de ser en el mundo hay una solución para desenvolverte entre cualquier persona o grupo de personas:

Acepta sus diferencias. Acepta al mundo y a su gente tal como son. Para los demás tú eres diferente y aún así has tenido cabida en uno o más grupos. Te han aceptado y saber eso, sentirlo, da paz. No tienes que amar a todo el mundo sin conocerlo, eso sería hipocrecía, pero puedes aceptarlo.

Hasta luego.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Psicología día a día 19


Y así es.

Amar es valorar. Tal vez la furia, la ira, el coraje, te den el impulso suficiente para responder a una agresión o para tirar el golpe más certero que puedas, o para hacer más daño del que te habías imaginado. Eso es momentáneo, puede ser espectacular pero no pasa de ser una explosión pasajera. Eso sí, las consecuencias de un arranque de coraje llegan a ser bastante duraderas, y no siempre favorables.

Hay personas que se enojan bastante y creen que con ese temperamento demuestran valor. No es así. Si ante cualquier situación que te desagrade te enfadas, te enojas o te enfureces lo que estás demostrando es una gran incapacidad para controlar tu carácter, ya que demostrar valor no siempre significa enojarse.

Por amor puedes ser capaz de hacer verdaderas demostraciones de valor, tal vez no tan impresionantes como cuando explota tu ira, pero sí más duraderas, un valor permanente recorre tu ser cuando decides estar con y para la gente que amas: tú, tus hijos, padres, hermanos, pareja, amistades, o quien quiera que sea esa persona que recibe tu amor.

Cuando hay amor no te esperas al "efecto Hulk", es decir, no te esperas hasta que te hagan enojar o a que lastimen a quien amas para reaccionar. Incluso muchas veces las muestras de amor consisten en evitar llegar al enojo, en afrontar de otra manera las dificultades, en dominar la explosión emocional a cambio de llegar a una buena negociación. El valor que da el amor te permite enfrentar con más serenidad los problemas que indudablemente seguirás teniendo en tus relaciones diarias: al tener un "para qué" estar bien, encuentras muchos "cómo" estar bien contigo y con los demás.

El valor no tiene por qué ser imprudente, al contrario, acompañado de amor y astucia, el valor puede resolver y evitar peleas antes de que inicien.

Ámate, quiérete, valórate. Ama, quiere, valora. Realmente el amarte y amar a alguien te da más valor, en todos los sentidos.

Hasta luego.

martes, 8 de mayo de 2018

Las vidas siguen


Y así es.

Cuando vives una experiencia dolorosa o difícil con alguien, puede ser necesario dejar pasar cierto tiempo para reponerte, reorganizar tu vida y tus prioridades y finalmente seguir tu vida con las modificaciones que hayas requerido hacer. Libre y sin más carga que la memoria llena de enseñanzas, porque compartirte con alguien siempre te deja aprender algo nuevo de ti, de esa persona que se va y de la vida. En ese momento es común decir que "la vida sigue" para retomar el camino del reencuentro contigo.

En las relaciones humanas existe un principio de reciprocidad que también aplica en esas situaciones de ruptura al final de una relación amorosa. Tu vida no puede seguir libre y ligera si al reorganizar tus prioridades sigues teniendo presente a tu ex pareja con la esperanza de que vuelva a nacer la relación. No al recuerdo de tu ex, que es totalmente comprensible y deseable conservar los momentos disfrutados para saborearlos y los sufridos para entender por qué terminaron: si te pasa que en tu visión a futuro sigues teniendo a tu lado físicamente a la persona con la que ya se acabó el encanto, te estás amarrando a una ilusión y seguramente vas a pretender que esa otra persona también se aferre a la esperanza de revivir esa relación tan tóxica, pero tan tóxica, que tuvieron que terminarla. Esto tiene nombre, se llama codependencia.

Y aquí aplica además del verbo "aceptar", el verbo "soltar".

La frase "la vida sigue" es liberadora e individualista, estos significados simultáneos provienen del deseo contradictorio de que ambas personas serán felices siguiendo su propio camino y al mismo tiempo continuarán entrelazadas en una sola historia de vida, sin embargo cuando la relación termina esto ya no es así y ambas vidas deben seguir sus cursos independientes. Podrán cruzarse, encontrarse cuantas veces sea, pero no seguir juntas.

Por otra parte, la frase "las vidas siguen" implica romper tu caparazón y aceptar que la otra persona sigue su camino de acuerdo a sus propios deseos y tú vas por el tuyo igual. Tan valiosa e independiente su vida como la tuya. Tan suyas sus decisiones como las tuyas. Respetar estas condiciones rompe la codependencia.

Si dos personas que compartieron una relación amorosa siguen juntas cuando la relación terminó, es que la relación no ha concluido, solo se transformó y en ese caso deberán definir si sus vidas seguirán por separado o si continuarán juntas. Si se da este último caso las vidas no pueden simplemente seguir, entre ambos tendrán que definir las nuevas reglas de la relación porque al tomar la decisión de terminar y volver a empezar, deben estar conscientes de que se unirán para vivir una relación distinta a la que tenían antes de esa experiencia, para que la nueva historia no termine igual o peor.

Y si estás en pareja y no hay riesgo de ruptura, también debes respetar el campo vital de esa otra persona que te invita a su mundo y que se anima a aceptar tu invitación y entrar al tuyo, es así como las vidas siguen, pero acompañadas: Por voluntad propia, por compromiso con uno mismo y no por tratar de complacer o retener a la pareja.



Hasta luego.

domingo, 6 de mayo de 2018

Psicología día a día 17


Y así es.

Amar no es vivir para otra persona, eso significaría que te estás quitando tu propio valor personal para hacer que otra persona valga más que tú y tal vez para pretender que esa persona vale más que cualquier otra, ¡cosa más falsa! Lo único real si ocurre esto, es que tú te estás devaluando y cada vez te abaratas más, pero con eso no vas a lograr que la otra persona sea más valiosa. Ni que te quiera o te respete.

La vida diaria nos enseña que todas las personas somos igual de valiosas, aunque muchas personas consideran que la posición económica o social hacen que una persona pueda valer más y ESTO NO ES VERDAD. 

Muchos de nosotros tenemos cargado un programa mental que nos convence de que sí es más valiosa la gente que tiene una mejor posición en la escala social, y entonces creemos que es normal que esas personas privilegiadas sean prepotentes porque se lo merecen, permitimos que sean corruptos porque "por algo están en esos puestazos". Es un poco la idea del origen divino que muchas abuelitas inculcaban a sus nietos: "Así lo quiso Dios" y hay que respetar a esa gente que fue bendecida con todo. Entonces toda una nación puede estar viviendo solo para darle gusto a unos pocos. Y nos quejamos. Y decimos que ahora vamos a votar por otro que en realidad es parte de ese mismo grupo. Y después de quejarnos seguimos atendiendo lo que ese grupo del poder quiera. ¿Otro gasolinazo? ¿Que este año el SAT devuelve menos de nuestros impuestos? ¿Que solo se transmiten las noticias que ellos quieran? ¿Que invierten nuestros dineros en lo que a ellos les conviene y no en lo que la población del país necesita? ¿Que cada semana se descubre que uno o más de ellos está involucrado en un fraude o acto delictivo? Pues sí. Y seguimos viviendo para ellos.

Bueno, ¿te ha pasado, o esto solo ocurre en otros países?

En las relaciones interpersonales ocurre exactamente lo mismo: Ya sea porque hay una persona muy guapa que te obsesiona, o porque quieres quedar bien con alguien por alguna razón específica, puedes terminar cediendo tu voluntad y tus planes a favor de esa otra persona y dejar tu vida en espera, como si tuvieras el lujoso poder de detener el tiempo.

Lo mismo que ocurre a nivel nacional, ocurre a nivel personal. La diferencia es que a nivel personal, la mayoría de las veces eres tú quien escoge a la persona por la que vas a renunciar a lo que tú quieres, aún sabiendo que el amor no es sacrificio y que entre más te abarates menos serás aceptado.

A nivel nacional cada vez es mayor la duda acerca de la calidad moral y ética del grupo de personas que dice lo que nos debe gustar y lo que debemos rechazar, sin consultarnos. Pero igual seguimos viviendo para ellos.

Volviendo al plano personal, reencuentra tus deseos, recuerda tus propios planes, tus proyectos, tus preferencias... Y si tu persona especial está de acuerdo, tal vez se puedan combinar los intereses de ambos sin que ninguno tenga que sacrificarse por el otro, ya que sí es posible avanzar por la vida con compañía real.

Hasta luego.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Psicología día a día 13


Y así es.

La humildad es esa agradable sensación de estar agradecido con la vida, de esa manera siempre tratas de seguir aprendiendo de ella y de retribuirle algo, tanto hacia el exterior con la gente y las situaciones que forman tu entorno, como hacia el interior, ese lugar donde muchas veces olvidas hacerte caso, tomarte en serio e incluso puedes llegar al colmo de la vanidad si vives con la certeza de estar siempre en lo correcto, menospreciando la opinión de alguien o siendo condescendiente con las demás personas, porque al fin y al cabo solo tú estás bien.

Cierto que necesitas reafirmarte como persona única e irrepetible, estar seguro de tus ideas y de tu línea de vida, y mantener en alto tu autoestima para desenvolverte en el mundo. Todos necesitamos esto, pero no a costa de perder de vista que tu vida es tan valiosa como la de cualquier otro ser humano.

Cuando pierdes la humildad te impides seguir aprendiendo de la vida, tener buena compañía, ser asertivo contigo y con los demás. Humildad no es humillarte, es aceptarte tan buen maestro y a la vez tan buen discípulo como todos los demás.

Hasta luego.

domingo, 15 de abril de 2018

¿Psicoterapia para qué? 48


La psicoterapia te ayuda a crecer y no solo envejecer mientras pasa el tiempo.

Te permite descubrir la mejor versión de tu propia persona y te ayuda a sacar a la superficie esa versión tuya para desenvolverte mejor en el mundo "real".

miércoles, 11 de abril de 2018

¿Psicoterapia para qué? 46


...para disfrutar tu presente, aquí y ahora.

...para llevarte contigo muchos momentos de la gente que quieres.

...para dejarle a la gente que quieres también muchos momentos tuyos.

...para vivir sin deudas emocionales.


jueves, 5 de abril de 2018

Infidelidad

"No hay duda: la cotidianidad no es más que una vacuna contra la lujuria".
(Jaime López)


¿Y por qué la infidelidad?

No hay una sola respuesta a esta cuestión, ni es posible encasillar uniformemente todos los actos de infidelidad como si todas las personas respondiéramos mecánicamente y reaccionáramos igual ante los mismos estímulos. ¡Qué fácil sería eso! Entonces se podría hacer una sola receta para que todas las personas tomaran la misma pastilla y siguieran el mismo tratamiento, de modo que en poco tiempo se habría eliminado la infidelidad de la faz de la Tierra.


Pero no funciona así.

Llegar a la infidelidad es un paso difícil y conflictivo para algunas personas, y para otras es una situación normal y divertida. Algunas personas dicen que es por su edad (que porque son muy grandes o que porque son muy chicos) o por cualquier otra razón. 

Yo tengo una teoría muy sencilla, y es que algunas personas pasan su vida buscando a alguien que las haga felices. Así que cada vez que aparece una mujer o un hombre atractivo, interesante, divertido, complaciente y con tantas cualidades, parece que ahora sí llegó la persona que tiene el poder de hacerte feliz y obviamente, ¡debes tener a esa persona! A veces esa persona "te hace feliz" por un buen tiempo, pero un día aparece otro hombre u otra mujer más atractiva (no necesariamente más bella), más interesante, divertida, complaciente y con tantas cualidades, que la verdad no entiendes por qué no la has abordado, si es obvio que esta es la persona que te va a hacer feliz.

Y la historia se repetirá muchas veces.



Cada vez que consigas una nueva pareja, esta opacará a la anterior y parecerá lo máximo hasta que tú le quites su valor, porque ya apareció otra persona y no pierdes la esperanza de que sea la que te hará feliz.

Hay que ser muy claros en esta verdad: Ninguna persona nació exclusivamente para hacerte feliz. Si te decides a asumir la responsabilidad de construir tu propia felicidad, te darás cuenta que en esa construcción puede participar más gente, pero sin la pesada carga de estar siempre al pendiente de que tú seas feliz.

Y se me ocurre, antes de terminar, que también podemos ver esta situación desde el extremo opuesto: Tú tampoco naciste solo para "hacer feliz" a otra persona, ¿lo crees?

Hasta luego.

domingo, 25 de marzo de 2018

¿Psicoterapia para qué? 32


...para entender que si una relación no funciona es mejor dejarla antes de acabar con ella a gritos, golpes o maltratos.

...para reconocer cuando las palabras y actitudes son destructivas (las que dices y las que te dicen).

...para cerrar bien, cuando es necesario cerrar, o continuar de una manera diferente, cuando es posible continuar.

lunes, 19 de marzo de 2018

Tu autoestima está dentro de ti

"¿Por qué todo lo malo me pasa solo a mí?"
(Casi todos, en algún momento)


¿Sientes envidia al ver otras parejas y piensas que ellos deben saber algo que tú no? Si te comparas de esta manera terminarás compadeciéndote y comenzarás a justificar tu "mala suerte". Una vez que la justificas comenzarás a provocarla.


Si te está ocurriendo esto, es buen momento para redescubrirte, valorarte y quererte de nuevo tal como eres. Eso no depende de nadie más que de ti, aunque sé que tal vez no sepas cómo hacerlo, por eso quiero decirte algo importante:

Puedes pedir ayuda para aprender a ayudarte y a tratarte como si fueras tu mejor amigo o amiga, y también para empezar a actuar. Cuando comiences a valorarte, a darle importancia a tus cosas y a hacerte caso, descubrirás que esta es la única forma de subir tu autoestima. 

Quiérete, trátate bien. Valórate.

No dejes que sea otra persona la que decida cuánto vales.

Y si requieres apoyo en este proceso, con gusto estoy dispuesto a ayudarte

Hasta luego.