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domingo, 25 de marzo de 2018

¿Psicoterapia para qué? 32


...para entender que si una relación no funciona es mejor dejarla antes de acabar con ella a gritos, golpes o maltratos.

...para reconocer cuando las palabras y actitudes son destructivas (las que dices y las que te dicen).

...para cerrar bien, cuando es necesario cerrar, o continuar de una manera diferente, cuando es posible continuar.

martes, 23 de febrero de 2016

Personas o culpables

"Éste es el castigo más importante del culpable: nunca ser absuelto en el tribunal de su propia conciencia".
(Juvenal)

A veces hacemos daño sin querer. Lastimamos a la gente que amamos y el daño puede dejar una huella profunda, incluso permanente. Hay ocasiones en que dañamos con toda la intención de perjudicar a alguien, pero ese no es el punto, ahorita se trata de esas ocasiones en que no nos damos cuenta y de pronto una palabra o una acción afectan a una persona cercana e importante. El hecho de no darse cuenta no elimina el daño causado ni justifica lo que haya ocurrido, pero sí puede ser una razón para no castigar de por vida a quien ocasionó un daño involuntariamente.

Si el daño se puede reparar, lo más justo es exigir y comprobar que el responsable se haga cargo de esa reparación. Si no se puede reparar también será justo hacerlo notar y buscar alguna forma de compensar el daño causado.


Lo que no es justo es que siendo obvio que no hubo dolo, alevosía, ventaja y ni siquiera intención al causar ese daño, se convierta en culpable sin más a una persona, porque a partir de ese momento se lo creerá, se vivirá como culpable que merece un castigo y que es capaz de hacer daño a su gente, a quien sea.

No importa de qué tamaño sea el daño, si un niño rompió el juguete de su hermano al caerse accidentalmente sobre él, si un hijo manchó la pared que recién acababa de pintar su padre, si otro muchacho empujó accidentalmente a un amigo o amiga provocando que se lesionara, si al traer el auto prestado le dieron un golpe y ahora debe pasar unos días en el taller, o cualquier otra cosa que hay ocurrido, siempre tendremos dos opciones para reaccionar: Considerar primero a la persona o considerar primero “lo que debe ser”.


Al considerar primero a la persona nos podemos enterar de cómo ocurrieron las cosas, de cómo se sienten tanto el afectado como el que ocasionó la situación de riesgo y sobre todo, de cómo actuar para resolver o compensar el daño ocasionado sin querer. Y al centrarnos en los daños materiales o en lo que “debe ser”, es casi seguro que no nos interesará saber cómo se sienten ni el afectado ni el descuidado que provocó el daño, sino que trataremos de encontrar un culpable que merece un escarmiento.

Es más fácil castigar que dialogar. Es más sencillo y rápido satanizar y elegir un culpable que tratar de conciliar y hacer ver que todos nos equivocamos y que nuestras acciones tienen consecuencias, de las que nos podemos hacer cargo en la medida de nuestras posibilidades. Es más fácil etiquetar a alguien de “bueno” y a otro alguien de “malo” para evitarnos el esfuerzo de pensar.

En el caso de los niños y los adolescentes, con frecuencia provocan daños leves, por ejemplo romper un vaso, empujar a un compañero o caer sobre él, perder alguna prenda de vestir o provocar algún accidente más o menos grave. Cuando esto ocurra y sea obvio que no hubo la intención de dañar, centrémonos en la persona para ayudarle a responder por sus actos en lugar de colgarle la etiqueta de “culpable” y castigarlo por el resto de sus días, haciéndole creer que es más malo que el peor malhechor de los que salen en las películas.

Y hablando de películas, mientras escribo esto me acordé de “Frozen”, una producción de Disney que casi me atrevo a asegurar que todos hemos visto. A mis hijos les gusta mucho y a mí me gusta ver cómo disfrutan cantando las canciones que acompañan la historia de las 2 hermanitas que protagonizan esa trama. Bueno, me acordé de esa película porque Elsa, una chica alegre y creativa, en un arranque de emoción congela a su hermana Ana sin querer. Al enterarse los papás deciden "sabiamente" encerrarla como delincuente dentro de su recámara sin dejarla salir para nada, afectando con ello también a su hija menor que se quedó sin cómplice y sin compañera de juegos y que para acabarla, ni siquiera se quejó de lo que hizo Elsa porque para ella fue obvio que su hermana no la quiso lastimar. Los papás se centraron en el riesgo, en sus miedos y en la sobreprotección. Se olvidaron de las personas que participaron en el hecho.


Hay niños, adolescentes y adultos con cualidades especiales, habilidades distintas de los demás miembros de su grupo (amigos, familia, trabajo, escuela o donde sea). Lo diferente nos da desconfianza y hasta nos asusta. Eso ocurrió con los papás de Elsa y Ana y le puede ocurrir a cualquier otro padre y madre.

Siguiendo el ejemplo de la película, al centrarse en las personas (o sea en sus hijas) los papás hubieran distinguido fácilmente que el accidente no fue intencional, que la hermana mayor tenía habilidades diferentes y entonces podrían decidir que, para reducir el riesgo de volver a lastimar a su hermana, a sí misma o a alguien más, sería conveniente educar y entrenar a Elsa hasta que dominara sus habilidades y cualidades personales: Ayudarle a ser una mejor persona.

Así de fuerte es el efecto de lo que queremos ver: culpables o personas. La tolerancia no se ve pero se nota cuando está presente, y es una pieza indispensable para decidirse a favor de las personas.

Hasta luego.

Post Data:

Aunque es otro nivel, también con los animales aplica nuestra decisión de quererlos ver como culpables que deben ser castigados o como compañeros de vida:


Ahora sí: Hasta luego.

sábado, 30 de noviembre de 2013

El límite: Lastimar

"Lo más difícil del mundo es conocerse a sí mismo, y lo más fácil es hablar mal de los demás".
Tales de Mileto


En las relaciones humanas, sea con otros o con uno mismo, yo tenía presente una regla de oro que siempre traté de respetar, y dice "Que nadie salga lastimado".Aún así, me di cuenta que en muchas ocasiones las cosas se nos van de las manos y llega un momento en que debemos enfrentar el hecho de que alguien está sufriendo en la relación. Puedo ser yo, mi pareja, ambos... Alguien. Si hay hijos también pueden ser ellos y entonces empezarán a llegar las notas de la psicóloga de la escuela, o de la maestra o la directora.


En los hechos, la regla de oro "Que nadie salga lastimado" difícilmente se podrá cumplir: Tratar de vivir complaciendo a otra persona para que no haya conflictos no funciona, tarde o temprano cada uno sigue los impulsos de su propia naturaleza y no debe traicionarse a si mismo, a su propio corazón. Tampoco sirve querer controlar todo, cada uno tiene y usa su libre albedrío. Otra opción es desatenderse y dejar que la otra persona se haga cargo, esto también es una "solución" pasajera, pero después de mantener esta actitud por un buen tiempo, la relación se desgasta y se va diluyendo...


¿Y entonces qué puede resultar? La experiencia me dice que solamente la honestidad y el amor. Honestidad para identificar que estoy lastimando a la persona o las personas que quiero y amor para comprometerme a hacer cambios de fondo, a exponerme ante esa o esas personas que me importan y ante mí mismo, porque no hay nada peor que descubrir que no soy fiel a mis creencias y valores. Tal vez lo que descubra es que al que están lastimando es a mi, y entonces habrá que recurrir a los mismos ingredientes: Honestidad y amor.

Si logramos dar este paso, el siguiente será decisivo para que la relación cambie de nivel: Si veo honestamente la relación y me comprometo con amor, puedo quitar el orgullo para poner humildad en su lugar. Parece sencillo, pero en la práctica, por no atreverse a dar este paso, muchas parejas que pudieran funcionar prefieren aferrarse a su orgullo y terminar con todo. Después se darán cuenta que no pusieron su amor al servicio de la relación, sino al de su propio ego y de esa manera nunca se podrá dejar de lastimar a otros o a uno mismo.


Actualmente hay 2 reglas de oro que me guían en mis relaciones y que comparto en el consultorio:

1 - Lo que ocurre en pareja es cosa de dos. Uno solo no puede ni debe hacerse cargo de la relación, uno solo no es culpable de todo lo que ocurra, por eso en las relaciones de pareja participan 2 personas. Tampoco es sano que intervengan otras personas en lo que debe ser la vida íntima de la pareja, cuando esto ocurre, el rumor y la discordia pueden corroer y destruir la relación.

2 - No lastimar a la gente que quiero, y tampoco permitir que yo salga lastimado. Éste es el límite que marca la señal de alarma en las relaciones humanas. Esta cuestión está contemplada también en el ámbito legal.


Y ya comentamos unas líneas más arriba lo que se puede hacer cuando rebasamos este límite. Si no es posible rescatar la relación solos, también es válido pedir ayuda profesional y eso es parte de quitar el orgullo y buscar la humildad con la persona que quiero, y si esa persona está de acuerdo, rescataremos nuestra dignidad y valía personal volviendo a la regla 1.

Hasta luego.