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jueves, 8 de enero de 2015

Buenos propósitos

"El camino al infierno está lleno de buenas intenciones"
(Walter Scott)


...y esos buenos propósitos...

¿Por qué no los cumplimos?

Hay muchísimas razones por las que no se cumplen los propósitos, y algunas de verdad escapan a nuestro control pues en el transcurso del año nos esperan muchas vivencias de todo tipo. Un evento afortunado puede cambiar las posibilidades que tenemos actualmente y facilitar la realización de uno o más propósitos: Igualmente, un evento desafortunado cambiará nuestras prioridades y nos obligará a replantear cómo manejamos nuestros recursos para resolver situaciones más inmediatas.

Claro que tampoco vivimos a la deriva esperando que el viento sople casualmente a nuestro favor, sino que tenemos la posibilidad de prever algunas situaciones y planear otras. Dentro de este contexto, considero que algunas de las causas que dependen de cada uno de nosotros son:


1.  Porque tenemos tooooooooooodo un año para hacerlos y ¡decidimos esperar!

2.  Porque en realidad no nos interesa cumplir un propósito, pero es bonito seguir la moda cuando cambia el año.

3.  Porque nos proponemos metas demasiado altas, y cuando las queremos llevar a cabo ya no parecen estimulantes sino muy difíciles.

4.  Porque nos proponemos cambios que van contra nuestra educación o nuestros valores, negando lo que somos, y no es posible hacer estos “cambios mágicos”.

5.  Porque lo que queremos cambiar no es lo que necesitamos cambiar.

6.  Porque nos echamos encima propósitos para darle gusto a otra persona y no a uno mismo.

7.  Porque queremos conseguir nuestros propósitos sin esfuerzo ni dedicación, y a los pocos días de iniciar el año vemos que esto generalmente no es posible.


¿Cómo podemos cumplirlos?

Aunque no hay garantías ni recetas que nos sirvan igual a todos, tengamos en cuenta que los propósitos más fáciles de conseguir son los que realmente queremos cumplir. Los siguientes tips pueden ser de mucha ayuda si tenemos la voluntad de ser mejores, de actuar mejor, o de adquirir algo mejor:

1.  Dejar de hacer buenos propósitos una vez al año, para empezar a hacer buenos propósitos de corto plazo (semestrales, trimestrales, mensuales, semanales o diarios). Todos los días estamos a prueba, así que todos los días podemos tener un buen propósito ¡y hacerlo conscientemente!

2.  Asumir si en verdad tenemos el deseo de hacer un buen propósito o no. Si en este momento no tengo la claridad para decidir a qué carajos me voy a enfocar, entonces por lo pronto mi primer y único propósito puede ser encontrar ese objetivo en mi vida.

3.  Si el propósito que me puse es muy alto y escapa a mis posibilidades actuales, lo más probable es que lo abandone de inmediato diciendo “luego, después, primero haré esto otro” o cosas así. En estos casos lo más sano es dividir ese propósito en metas más pequeñas y de esta manera ir actuando para conseguir pequeños logros que nos conduzcan a la meta principal. Esto nos evitará frustraciones prematuras y nos ayudará a ser más ordenados en nuestra planeación.

4.  Es común desear lo que hace felices a otras personas. Pero cuando lo probamos nosotros puede ser que no funcione igual. Lo más recomendable es hacer que nuestros propósitos salgan de nosotros mismos, aunque la tentación de seguir el modelo de otros sea muy grande.

5.  Identificar primero qué es lo que necesitamos en realidad. Suena lógico: Si no sabemos lo que necesitamos, nos propondremos cualquier cosa y a mitad de la tarea le perderemos el interés porque… necesitaremos hacer otra cosa, o gastar en otra cosa. Muchas veces compramos a crédito así, pensando en lo que queremos y no en lo que necesitamos, y eso hace más desesperante pagar las deudas adquiridas de impulsivamente.

6.  Darle gusto a otra persona es tener la ilusión de conquistarla o de ganársela, de hacer que se fije en uno y nos dé preferencia sobre otras personas. Pero eso no funciona si para darle gusto tenemos que sacrificar lo que necesitamos o lo que queremos. No nos engañemos: Si tus propósitos están hechos pensando en otra persona, entonces tu único propósito es agradarle a esa persona. Es mejor asumir este propósito como tal y, si es así, esforzarse por lograrlo. Si no es así, hay que volver a plantearse para qué haces tus propósitos con base en lo que prefiere alguien que no eres tú.

7.  Armar una estrategia. Los propósitos son una buena oportunidad para llevar a cabo cambios importantes en nuestros hábitos de vida, y eso es lo mejor que nos pueden dejar. Si queremos ahorrar debemos reducir nuestros gastos o aumentar nuestros ingresos. Si queremos llevarnos mejor con alguien, debemos estar dispuestos a ser más tolerantes nosotros y no solamente ese “alguien”. Si queremos estar más sanos debemos replantear cómo estamos usando nuestro tiempo y cómo nos alimentamos.


¿Y mis propósitos para este año?

Básicamente es uno: Me he propuesto ser más asertivo, utilizar mejor las palabras para decirle a cada cosa, emoción, conducta, hecho o persona por su nombre. Hablar con asertividad lleva a actuar con asertividad y esa es mi mayor meta. Confío en seguir las 7 recomendaciones que aparecen en la segunda parte de este texto para cumplir este objetivo día a día.


Hasta luego.

sábado, 5 de julio de 2014

Necesidad y necedad

"Un necio encuentra siempre otro necio mayor que le admira"
Nicolas Boileau


Hoy es un día como cualquier otro. Tal vez en algún lugar del planeta se celebre una fecha especial. Tal vez para alguien sea el aniversario de algo importante. Tal vez este día haya traído una sorpresa inesperada para alguien más. Pero visto de manera general, como lo vemos la mayoría de las personas, hoy es un día tan especial y único como cualquier otro.


Es un día en el que tuvimos la oportunidad de atender a nuestras necesidades y usar nuestros recursos para satisfacerlas. Si somos prácticos y coherentes, eso debimos haber hecho para saber que al final, este día fue provechoso. Pero a veces no es así. A veces no hacemos caso de las necesidades que tenemos y preferimos darnos un gustito, cumplirle ese capricho a la pareja, o a la hija, o a quien sea. Preferimos tomar prestado el dinero que ya tenía un destino y usarlo en otra cosa. Cuando hacemos esto nos robamos a nosotros mismos, nos hacemos trampa y nos quitamos la paz y la tranquilidad de hacer caso a lo que en realidad necesitamos. Nos hacemos trampa y entonces relegamos nuestras necesidades, retrasando el momento en que se verán satisfechas.

Es una cuestión de equilibrio: Entre más interés prestamos a las cosas materiales y superficiales, más descuidamos las cuestiones espirituales y emocionales. Es como un péndulo, que en un extremo tiene la diversión, las golosinas, la bebida, los programas de TV, las horas frente a las redes sociales, el gusto de gastar y estrenar para sentirse felices y en general, todo lo que provoque placer instantáneo (no nos gusta esperar). En el otro extremo de este péndulo está el trabajo, la necesidad de administrarnos y organizarnos, el estudio, las tareas, las responsabilidades, el tiempo de atención a la gente que queremos... y en general, todo lo que implica un logro y una satisfacción de largo plazo.

Este péndulo debe estar equilibrado, detenerse en cualquiera de sus extremos sería igual de perjudicial, por eso debe estar siempre oscilando y reduciendo la distancia entre las necesidades y los deseos caprichosos, por no decir necedades, jeje. Y claro, tengamos en cuenta que entre ambos extremos está toda una variedad de posibilidades para no vivir solamente en la responsabilidad o en la necedad.


No hay mucho margen para la confusión, por ejemplo, si vemos esta imagen se entiende de inmediato que este señor no está actuando de acuerdo a sus prioridades (lo curioso es que algunos gobiernos sí actúan de esta manera):


Digo, si a cualquiera le preguntan dirá que es más importante pagar la deuda que ya se tiene en lugar de adquirir una o dos deudas más (aunque el dinero alcance). También dirán que ante todo hay que asegurar la vivienda, el alimento, el vestido, el trabajo y la educación de los hijos y de uno mismo. ¿Habrá gente capaz de gastar el dinero, los recursos de la familia en darse un gusto que durará poco? Unas vacaciones, una tele grandota de plasma o leds con Internet, un celular nuevo cada 3 meses,  un auto del año, una inscripción al club donde va "toda la gente", una cirugía estética... ¿Habrá alguien capaz de invertir su dinero en deudas que le darán una sensación de poder y placer inmenso durante unos meses, pero que tardará años en pagar? ¡Claro que sí!

Y miren que no estoy en contra de darse estos gustos y otros más, aquí el punto es que en ocasiones nos damos los gustos sin prevenir antes que habrá otros gastos necesarios e inevitables, y que además de esos gastos del día a día, con situaciones tan incómodas y anticuadas como comer, usar ropa, trasladarse al trabajo o a la escuela, surtir la despensa, asegurar el vestido, los útiles y la escuela de los hijos, pagar los servicios básicos (luz, agua,  y otras cuestiones igual de obvias), hay también de manera inevitable otro montón de gastos imprevistos, sobre todo si algún familiar enferma sorpresivamente, o sufrimos un accidente o un robo... 

"El necio tiene una gran ventaja sobre el hombre de espíritu: está siempre contento de sí mismo."
Napoleón

Algunas personas, no sé si muchas o pocas, llevan este ritmo de vida, desconocen o ignoran sus propias necesidades y cuando se dan cuenta ya no tienen recursos, pues los han repartido alegremente aún desde antes de ganarlos.


La necedad es, según los que dicen saber, ese acto que resulta de la ignorancia por no saber algo que sí deberíamos saber. Tal vez el término correcto sería el que decía mi mamá: No saber lo que uno no quiere saber. Así podemos entender por qué mi necedad le hace más caso al qué dirán que a mis necesidades reales. A la publicidad que a la lógica. Al antojo que al hambre. Si le hacemos caso a la necedad siempre vamos a actuar como si no supiéramos... pero sí sabemos.

Y como este blog se ocupa sobre todo -aunque no de manera exclusiva- de asuntos psicológicos, quiero recordar que todo lo que hacemos en cualquier terreno de nuestra vida se refleja en las demás áreas que conforman nuestra personalidad o nuestro ser. Así, quien vive sin hacer caso de sus necesidades y desperdicia sus recursos materiales, también puede llegar a vivir esos extremos en la esfera emocional y convertirse en un auténtico alienado (de "alien": extraño, fuereño, lejano, diferente y desconocido) que no sabe o no quiere saber lo que siente y prefiere que sean los demás quienes le digan qué debe sentir y cómo reaccionar


Entonces tenemos personas que también desperdician sus sentimientos, exagerándolos ante una novela o una situación donde nos dicen que se debe "sentir mucho" y escondiéndolos en las situaciones cotidianas, en las que es realmente necesario demostrar amor, interés, cercanía, confianza, respeto y otro montón de sentimientos que, cuando surgen espontáneos y con las personas indicadas, crean lazos y vínculos profundos y dejan huellas imborrables en la historia personal de quien se atreve a expresar las emociones que necesita, y también crean esas uniones y vínculos permanentes en las personas que le acompañan en su sentir.

"Corrige al sabio y lo harás más sabio. Corrige al necio y lo harás tu enemigo"
Emmanuel Kant

Mi sugerencia es que no seamos derrochadores ni de dinero, ni de recursos ni de emociones, sino que utilicemos generosamente y con plena conciencia todo lo que tengamos a la mano sin ir más allá. Sin empezar a gastar o a consumir lo que aún no tenemos.


Y ya escucho las quejas: ¿Y cómo le hago, si todo está tan caro? ¿Y cómo hago caso a mis necesidades emocionales, si no puedo dejar de enojarme con tanta carestía y problemas? O también otra más patética: ¿Cómo dejar de hacer esto, si se lo prometí a ... ? (ponga usted el nombre de quien le gustaría complacer).

Bueno, ante estas preguntas y otras parecidas no queda más que volver a lo básico y revisar cada quien en su estilo de vida: ¿De verdad le estamos dando prioridad a nuestras necesidades?, ¿no estaremos sufriendo por necedades?


Hasta luego.




sábado, 27 de abril de 2013

Soñar, desear y vivir



“El infierno está lleno de buenos deseos, y el cielo de buenas obras”
Refrán popular.

Esta vez comparto un extracto del libro de Osho “Mi camino. El camino de la nube blanca”. Debo aclarar que no conozco mucho de Osho, me parece que es un gurú que ha ganado muchos adeptos a su filosofía de vida y es comparable, a mi modo de ver, con Krishnamurti, pues ambos son dueños de la sencillez y profundidad que da la sabiduría oriental. Sus mensajes son poéticos y certeros, me gustan porque aún cuando no los entiendo del todo (cada vez que leo a estas gentes descubro algo nuevo en la misma lectura) disfruto mucho con las imágenes que van creando y con la lógica descriptiva que manejan en su lenguaje, su semántica, a veces surrealista, a veces onírica, a veces como la voz de un anciano paciente que regala la experiencia vivida.

En la parte que reproduzco enseguida, le preguntaron a Osho “¿es verdad que, para abrirse paso verdaderamente, para estar totalmente presente, para volverse una nube blanca, debemos sobrevivir a todos nuestros sueños, a todas nuestras fantasías?” Osho responde de manera directa y clara:

“La cuestión no es si uno ha sobrevivido a todos sus sueños y a sus fantasías, o no. Estás viviendo en ellos. Ya estás en ellos. No es una cuestión de alternativas. No puedes elegir. ¿Puedes elegir? ¿Puedes abandonar tus sueños? ¿Puedes abandonar tus fantasías? Si tratas de dejar tus sueños, tendrás que sustituirlos por otros sueños. Si intentas cambiar tus fantasías, se transformarán en otra clase de fantasías. Pero seguirán siendo sueños y fantasías.

Entonces, ¿qué hacer? Aceptarlos. ¿Por qué ponerse en contra de ellos? Este árbol tiene flores rojas, aquel árbol tiene flores amarillas. Entonces, está bien. Tienes ciertos sueños: sueños amarillos.

Otra persona tiene otros sueños: sueños azules, sueños rojos. Así que está bien. ¿Por qué luchar contra los sueños? ¿Por qué intentar modificarlos? Cuando tratas de cambiarlos, crees demasiado en ellos. No piensas que son sueños, sino que los consideras reales y crees que modificarlos sería importante. Si los sueños, sueños son, ¿por qué no aceptarlos?

En el momento en que los aceptas, desaparecen: éste es el secreto. Cuando los aceptas, desaparecen.

Porque la mente onírica cobra existencia a través de la represión. El fenómeno mismo de la mente onírica implica represión.

Has reprimido muchas cosas; por eso, inesperadamente, aparecen en tus sueños. Estás caminando por la calle; miras a un hombre o a una mujer hermosa. Surge el deseo. De repente, lo dejas de lado. ¡Esto está mal!

La tradición, la cultura, la sociedad, la moralidad dicen: ¡Esto no está bien!
Puedes mirar una flor hermosa, no hay nada malo en ello. Pero, cuando miras un rostro hermoso, algo inmediatamente está mal: lo reprimes. Ahora, este rostro se transformará en un sueño. Lo reprimido se convierte en sueños. Ahora, este rostro te perseguirá. Ahora, de noche, este rostro dará vueltas a tu alrededor.

Ahora, este cuerpo te estará revoloteando. Los deseos que has reprimido se transformarán en sueños. Los deseos que has reprimido se convertirán en sueños y fantasías.

Entonces, ¿cómo crear un sueño? El secreto es reprimir. Cuanto más reprimas, más sueños habrá. Quienes se van a la montaña, quienes rechazan la vida, están repletos de demasiados sueños. Sus sueños se tornan tan reales, al modo de las alucinaciones, que no pueden discriminar si se trata de un sueño o de la realidad.

No reprimas; si lo haces, crearás más sueños. Acepta. Sea lo que sea lo que te sucede, acéptalo como parte de tu ser. No lo condenes. Cuando te vuelves más tolerante, los sueños se disuelven. Una persona que acepta completamente la vida deja de soñar, porque se ha cortado la raíz de los sueños. Ésa es una cuestión.”

Como dije al principio, soy de cabeza dura y me cuesta trabajo entender estos textos. Por eso, para tratar de entender mejor la visión del maestro Osho desde mi perspectiva de que los sueños siempre tienen un mensaje valioso para nuestra existencia, decidí cambiar en toda su respuesta la palabra “sueños” y “soñar” por “deseo” y “desear”. Si no reprimo mis deseos, acepto abiertamente lo que quiero y me puedo plantear en términos realistas a cuáles de esos deseos voy a encaminar mis esfuerzos. Eso es, según mi interpretación, vivir los sueños.

La ensoñación que tenemos mientras estamos dormidos, que proviene de nuestra más honesta vida interior, aparece para darnos un mensaje relacionado con nuestro YO y con lo que queremos en nuestra vida, también nos indican con frecuencia esas partes de nosotros que estamos reprimiendo y nos limitan la existencia. En los términos que maneja Osho, el sueño está más bien dirigido a los deseos y la ambición de poseer algo o alguien, o de querer llegar a ser “más” que nuestros semejantes.

Sea como sea, los sueños nos dicen algo y si aceptamos su mensaje podemos actuar en consecuencia, no para superarlos sino para vivirlos, asimilarlos como parte de nuestro propio ser.

Hasta luego.