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miércoles, 27 de julio de 2016

El reto de la tolerancia y las redes sociales

"Si eres de los que se encabrona fácilmente y desembocas tu estrés en violencia vial, te propongo algo... no seas hijo de puta y deja el chingado carro, no mames."
(Ese Mi Baner - músico hidrocálido)

1. ¿Cómo es eso de ser intolerante?

Si tu personalidad es de esas que quieren dominar y ser líderes todo el tiempo a costa de lo que sea (controladoras, pues), revisa tu reacción cuando la gente opina diferente a ti ¿te enojas? ¿te desespera que no vean con claridad que tu tienes la razón? y después de darles varias explicaciones ¿te llegan a dar ganas de insultar o de golpear a esas personas que no entienden razones? Tal vez habría que revisar, antes que tu tolerancia, tu disposición a escuchar y tu paciencia. Una buena tarea personal en estos casos es prepararte desde antes de hacer cualquier pregunta o crítica para dejar pasar un tiempo antes de reaccionar: No toda la gente entiende ta rápido como tú, y en ocasiones tienen algo que decir pero te lo puedes perder por rechazar de inmediato y no escuchar lo que es distinto a tu forma de pensar.



En cambio si tu personalidad es de esas que no quieren conflictos con los demás y prefieren ceder ante cualquier opinión para ser conciliadores, tal vez ya te hayas dado cuenta que este tipo de reacciones generalmente provoca más conflictos de los que resuelve, pero por navegar con bandera blanca de neutralidad a lo mejor no alcanzas a percibir esto. Te des cuenta o no, no podrás estar de acuerdo con todos y podrías terminar traicionándote o dudando de tus creencias, eso hacen las personas "tibias" que no se animan a decir abiertamente estoy a favor o estoy en contra.

También puedes tener una de esas personalidades extrovertidas que no se conflictúan y mejor convierten en broma todo aquello que no va de acuerdo con su sistema de creencias (¡si no fuera por eso, no habría memes ni chistes!) y en el mejor de los casos con una línea de pensamiento muy definida hacia la crítica constructiva.

Sea cual sea tu forma de manifestar tu intolerancia, hay una sugerencia que te puede servir y también a mí y a todos: No te tomes como personal todo lo que la gente dice o hace, la gente que opina distinto a ti no lo hace por llevarte la contraria ni por avergonzarte o porque le caigas mal. La mayoría de las veces la gente opina diferente porque de verdad expresa lo que piensa, no lo hace por maldad. Tal vez no te guste esta idea, pero mucha gente no te toma como referencia para opinar o decir algo, así que tú tampoco deberías tomar como referencia a otras personas y, sobre todo, esperar que siempre aprueben lo que dices, piensas y haces: No es algo personal, casi todas las personas prefieren hacer caso de sí mismas antes que de la opinión de alguien más... ¿o no?


"El gato y el ratón nunca tienen la misma opinión"
(Refrán popular)

Imagínate que con un poco más de tolerancia hasta somos capaces de cambiar nuestra opinión ante un buen argumento, en vez de exigir que los demás cambien la suya para que no nos molestemos. 



2. ¿Todos deseamos tolerancia?

La tolerancia siempre es algo que deseamos, sobre todo en los demás, porque en uno mismo damos por hecho que la tenemos y en ocasiones hasta la presumimos o la ensalzamos como si de verdad fuéramos muy abiertos, aceptadores u "open minds". Sin embargo hay una prueba sencilla que cualquiera de nosotros puede hacer para descubrir qué tan tolerantes somos, sin afectar a nadie (más que a uno mismo, claro), lo único que necesitas es acceder a las redes sociales y revisar todos aquellos comentarios, post, enlaces, memes, noticias, videos, chismes y demás contenidos que pululan por ahí entre tus conocidos.

¿Te cuesta trabajo estar de acuerdo con todos? ¿Hay algunos que preferirías que mejor no comentaran y nada más dieran "me gusta"? ¿Algunas opiniones definitivamente van en contra de lo que tú crees? ¡Felicidades! Así nos ocurre a la gran mayoría de personas: Somos diferentes y únicos, demostramos esto en cada actitud, en cada cosa que hacemos, en cada palabra que sale de nuestra boca, y también en las palabras que no salen y en las cosas que no hacemos.


La tolerancia es una valor humano precisamente por nuestras diferencias, no tiene ningún mérito ser tolerantes con quienes piensan igual que uno y por ende siempre están de acuerdo con nosotros. Está claro pues que nos relacionamos con seres humanos diferentes, tan diferentes como nosotros mismos. 


Para cerrar, reproduzco enseguida un texto que subió mi amigo Enrique Vázquez a su página del facebook y debo confesar que al leerlo me costó un poco de trabajo aceptar ¡y encima pensar algo positivo de todas las frases que dice! Pero ése es precisamente el reto: Aceptar de verdad la diferencia entre tú y yo. Entre yo y cada uno de los tú.

"1. A las personas que constantemente suben "selfies", ¡gracias por demostrar que está bien amarse y sentirse lindos!
2. A la gente amante del ejercicio, que sube fotos de sus entrenamientos, metas y logros, ¡bien por ustedes! Me hace feliz ver a gente feliz por cosas que han logrado hacer con su cuerpo, es algo digno de admirarse y compartir.
3. A las mujeres embarazadas posteando fotos en las redes sociales de sus pancitas: ¡Me encanta ver lo emocionadas que están de ser mamás!

4. A los papás subiendo un millón de fotos de sus hijos (de 2 ó 4 patas) hacen a mi corazón súper feliz de ver a papás tan orgullosos y amorosos.
5. A las parejas que constantemente postean fotos "cursis", románticas y amorosas, gracias por ser el perfecto recordatorio de que el amor existe y también las parejas felices.
6. A los que disfrutan el placer de comer (saludable y no tan saludable) y cocinar, y comparten sus comidas, ya sea porque está muy rico o se ve muy lindo... Sigan disfrutando de esos pequeños grandes placeres. ¿A quién no le gusta comer?
7. A los emprendedores y gente que ama su trabajo, que constantemente postean sobre sus negocios o días laborales... ¡Sigan adelante! Su fuerza y pasión por lo que hacen son grandiosas. Aún en situaciones difíciles, dan la cara y siguen demostrando su compromiso.
8. A los viajeros, gracias por hacernos volar a lugares tan mágicos y hermosos de nuestra Tierra. Lo que comparten inspira.
9. A los amantes de las letras, gracias por compartir sus reflexiones que muchas veces llegan en el momento preciso y con mucha sabiduría. Eso es abrir el corazón y aprender de la experiencia de la vida. Gracias por su valentía.
Y por último,
10. A todos y cada uno de aquellos que postean a diario, a veces, y no tan frecuentemente: Posteen lo que quieran porque es hermoso saber que existen, que nos recuerden que están ahí y sobretodo, que son felices o tratan de serlo. 
Dejemos de molestarnos por todo y démonos un empujoncito unos a otros... Si algo le hace feliz a alguien, ¡celebrémoslo! ¿Por qué molestarnos por todo? Al fin y al cabo para eso existen estos medios." 

(Tomado del muro de Enrique Vázquez, quien lo tomó del muro de Paty y a su vez lo adaptó del muro de Julie, quien lo tomó de otro)

¿Llevamos el reto un poco más allá? Bueno: Trata de ser más tolerante con todas las personas que conoces, incluso contigo.

Hasta luego.

domingo, 26 de julio de 2015

Un cuento visionario de Augusto Monterroso

"Escribo para que mis amigos me quieran"
(Gabriel García Márquez)



Como bien dice el maestro Monterroso, autor del siempre citado cuento del dinosaurio que todavía estaba ahí cuando despertó, todos los seres humanos tenemos una indiscutible necesidad de comunicarnos, de saber que alguien está interesado en lo que nos ocurre o en lo que pensamos y hacemos. 

Con el surgimiento de las nuevas y cada vez más accesibles tecnologías de información, las manifestaciones de esta necesidad de comunicarse han llegado a alcanzar proporciones increíbles y en algunas personas han rebasado la condición de necesidad para convertirse en una obsesión. Una diferencia radical entre la obsesión y la necesidad es que la primera nos priva de la libertad al condicionar nuestros actos a un solo fin sin poder encontrar satisfacción, mientras que la segunda sí se puede satisfacer y con eso nos dejan libres para hacer otras cosas: comer es una necesidad, al igual que dormir, respirar o hablar. Desear acaparar la atención de los demás por cualquier medio y a costa de lo que sea es una obsesión.


En este cuento, escrito hace más de 50 años, Monterroso explora esa obsesión por ser escuchado (sin escuchar, valga la aclaración) que muchas personas tienen... "Uno de cada tres", como dice el título del cuento. No había facebook, whatsapp, twitter, teléfonos celulares ni computadoras. La televisión estaba lejos de formar parte de la vida diaria en los hogares y el costo del teléfono fijo todavía era alto para la mayoría de la población. Sin embargo la necesidad de ser escuchado y entendido por los demás ya se percibía entonces como ahora, solo que no era tan bien vista como ocurre en estos días en que podemos abusar de las facilidades y comunicar hasta los detalles más insignificantes de nuestra vida o de nuestras ocurrencias ¡por ejemplo con un blog como éste!

La descripción que hace el autor de su solución al problema de comunicación coincide fielmente con la de una red social, en la actualidad Facebook nos permite hacer lo que en el cuento se le ofrece al protagonista desconocido. Y quienes tengan el tiempo y la disposición para hacerlo, pueden recurrir a la red social durante las 24 horas del día si lo desean.


Estas facilidades parecen mejorar nuestra experiencia de comunicación entre humanos, y en muchos casos funciona. Pero en otros casos ocurre que se ha perdido de vista la función básica de la comunicación como acto que satisface la necesidad de estar en contacto con los demás, de permitirnos conocer a nuestro interlocutor y a nosotros mismos por medio del diálogo, de lograr acuerdos o discutir diferencias, de compartir experiencias, opiniones y sentimientos. La comunicación asertiva parte de uno mismo: inicia con una persona que se habla claro a sí misma, que está consciente de sus pensamientos, sentimientos, deseos y limitaciones. La mala comunicación toma como referencia a los demás, busca cumplir las expectativas de otra u otras personas antes que las propias y si bien puede alcanzar buenos niveles de rating y popularidad, pocas veces resulta tan honesta como la asertiva, además de que no permite al emisor conocerse a sí mismo tampoco.


La dificultad de las redes sociales radica en que es muy fácil romper la barrera de la asertividad. Es fácil caer en el estereotipo o el lugar común queriendo seguir la "originalidad" que esté de moda o los hábitos de comunicación que se estén usando por los demás para "estar al día", para encajar con "todos". Y esto resulta en un círculo vicioso: Al ocultar la comunicación real expresando lo que creemos que la gente quiere escuchar, perdemos libertad y nos aislamos en lugar de hacer contacto con los demás.


No nos engañemos: Llegar a mucha gente con nuestros mensajes no garantiza una comunicación efectiva, ni ser entendidos ni hacer contacto con "los demás".


La necesidad de comunicarnos cubre uno de los miedos básicos de la humanidad: estar solos, ser rechazados o abandonados. Las redes sociales convertidas en desahogo obsesivo pueden ofrecer una alternativa de comunicación con la seguridad de no tener que confrontar a nuestro propio ser con otra personalidad, esta es la impunidad que da el mundo virtual, pero no sustituye a una compañía real y, por lo tanto, puede acrecentar el miedo a la soledad en lugar de reducirlo.

¿Suena exagerado? Lean este cuento que a mi modo de ver ilustra generosamente el origen y las cualidades de las redes sociales con un sabroso toque de sarcasmo:

Uno de cada tres
Augusto Monterroso


"Más querría encontrar quién oyera las
mías que a quien me narre las suyas."
(Plauto)


"Está dentro de mis cálculos que usted se sorprenda al recibir esta carta. Es probable, también, que al principio la tome como una broma sangrienta, y casi seguro que su primer impulso sea el de destruirla y arrojarla lejos de sí. Y, no obstante, difícilmente caería en un error más grave. Vaya en su descargo que no sería el primero en cometerlo, ni el último, desde luego, en arrepentirse.

Se lo diré con toda franqueza: Me da usted lástima. Pero este sentimiento no solo resulta natural, sino que está de acuerdo a sus deseos. Pertenece usted a esa taciturna porción de seres humanos que encuentran en la conmiseración ajena un lenitivo a su dolor. Le ruego que se consuele: su caso nada tiene de extraño. Uno, de cada tres, no busca otra cosa, en las más disimuladas formas. Quien se queja de una enfermedad tan cruel como imaginaria, la que se anuncia abrumada por el pesado fardo de los deberes domésticos, aquel que publica versos quejumbrosos (no importa si buenos o malos), todos están implorando, en el interés de los demás, un poco de la compasión que no se atreven a prodigarse a sí mismos. Usted es más honrado: desdeña versificar su amargura, encubre con elegante decoro el derroche de energía que le exige el pan cotidiano., no se finge enfermo. Simplemente, cuenta su historia, y, como haciendo un gracioso favor a sus amigos, les pide consejos con el obscuro ánimo de no seguirlos.

A usted le intrigará cómo me he enterado de su problema. Nada más sencillo: es mi oficio. Pronto le revelaré qué oficio sea ése.

Continúo. Hace tres días, bajo un sol matinal poco común, abordó usted un autobús en la esquina de Reforma y Sevilla. Con frecuencia las personas que afrontan esos vehículos lo hacen con expresión desconcertada y se sorprenden cuando encuentran en ellos un rostro familiar. ¡Qué diferencia en usted! Me bastó ver el fulgor con que brillaron sus ojos al descubrir una cara conocida entre los sudorosos pasajeros, para tener la seguridad de haberme topado con uno de mi favorecedores.

Obedeciendo a un hábito profesional agucé furtivamente el oído. Y en efecto, no bien había usted cumplido, de prisa, con los saludos de rigor, se produjo el inevitable relato de sus desgracias.Ya no me cupo duda. Expuso los hechos en tal forma que era fácil ver que su amigo había recibido las mismas confidencias no más allá de 24 horas antes. Seguirlo durante todo el día hasta descubrir su domicilio fe como de costumbre la parte de mis disciplinas que, me gustaría saber la razón, cumplo con más placer.

Ignoro si esto le servirá de enojo o de alegría; pero me veo en la urgencia de repetirle que su caso no es singular. Voy a exponerle en dos palabras el proceso de su situación presente. Y si, aunque lo dudo, me equivoco, tal error no será otra cosa que la confirmación de la infalible regla.


Padece usted una de las dolencias más normales en el género humano: la necesidad de comunicarse con sus semejantes. Desde que comenzó a hablar, el hombre no ha encontrado nada más grato que una amistad capaz de escucharlo con interés, ya sea para el dolor como para la dicha. Ni aun el amor se iguala a este sentimiento. Hay quienes se conforman con un amigo. Existen aquellos a quienes no les bastan mil. Usted corresponde a los últimos, y en esa simple correspondencia se originan su desgracia y mi oficio.

Me atrevería a jurar que se inició usted refiriendo su conflicto amoroso a un amigo íntimo, y que éste lo escuchó atento hasta el fin y le ofreció las soluciones que creyó oportunas. Pero usted, y de aquí arranca el interminable encadenamiento, no consideró acertadas esas fórmulas. Si le propuso con firmeza cortar, como se dice, por lo sano, usted encontró más de un motivo para no dar por perdida la batalla; si, por el contrario, su consejo fue seguir el asedio hasta la conquista de la plaza, usted se inundó de pesimismo y lo vio todo negro y perdido. De ahí a buscar el remedio en otra persona apenas si hay algo más que un paso. ¿Cuántos dio usted?

Emprendió un esperanzado peregrinaje, hasta agotar su concurrida libreta de direcciones. Incluso trató (con éxito creciente) de entablar nuevas relaciones para apurar el tema. No es extraño que de pronto reparara en que el día tiene tan sólo veinticuatro horas, y en que esa desconsideración astronómica constituía un monstruoso factor en su contra. Fue preciso multiplicar los medios de locomoción y planear un horario de sutil exactitud. El uso metódico del teléfono vino en su auxilio y ensanchó, es cierto, sus posibilidades; pero este anticuado sistema todavía es un lujo, y el setenta por ciento de aquellos a quienes usted quiere mantener enterados carecen de esa dudosa ventaja.

No contento con los desvelos y el insomnio, principió usted a madrugar para ganar un tiempo cada vez más fugitivo e irreparable. El descuido de su aseo personal se hizo notorio: la barba le creció montaraz; sus pantalones, antes impecables, se vieron invadidos por las rodilleras, y un terco polvo gris cubrió de pesadumbre sus zapatos. Le pareció injusto, pero tuvo que aceptar el hecho de que, si bien usted madrugaba lleno de entusiasmo, escaseaban los amigos dispuestos a compartir esa vehemencia matinal. Así, ¿hay que decirlo?, ha llegado el momento ineludible en que usted es físicamente incapaz de conservar bien informado al amplio círculo de sus relaciones sociales.

Ese momento es también mi momento. Por una modesta suma mensual yo le ofrezco la solución más apropiada. Si usted la acepta—y puedo asegurar que lo hará porque no le queda otro remedio—relegará al olvido el incesante deambular, las rodilleras, el polvo, la barba, los fatigosos telefonemas.

En pocas palabras: estoy en condiciones de poner a su disposición una excelente radiodifusora especializada. Dispongo en la actualidad (por el sensible fallecimiento de un antiguo cliente afectado por la Reforma Agraria) de un cuarto de hora que si tomamos en cuenta lo avanzado de sus confidencias, sería más que suficiente para sostener a sus amistades ya no digamos al día, pero al minuto, de su apasionante caso.

Creo de más enumerar a usted las ventajas de mi método. Sin embargo, le insinuaré algunas.

1.a El efecto sedante sobre el sistema nervioso está garantizado desde el primer día.

2.a Discreción asegurada. Aun cuando su voz podrá ser recibida por cualquier sujeto poseedor de un aparato de radio, juzgo improbable que personas ajenas a su amistad quieran seguir una confidencia cuyos antecedentes desconocen. Así, se descarta toda posibilidad de curiosidad malsana.

3.a Muchos de sus amigos (que hoy escuchan con desgano la versión directa) se interesarán vivamente por la audición radiofónica con sólo que usted mencione en ella sus nombres en forma abierta o alusiva.

4.a Todos sus conocidos estarán informados al mismo tiempo de los mismos hechos. Circunstancia que evita celos y reclamaciones posteriores, pues solamente un descuido, o un azaroso desperfecto en el aparato propio, colocaría a alguno en desventaja respecto de los demás. Para eliminar esa contingencia deprimente cada programa se inicia con una breve sinopsis de lo narrado con anterioridad.

5.a El relato cobra mayor interés y variedad, y puede amenizarse, cuando así se considere oportuno, con ilustrativas selecciones de arias de ópera (no insistiré sobre la riqueza sentimental de las italianas) y trozos de los grandes maestros. Un fondo musical adecuado es obligatorio por reglamento. Además, una amplia discoteca, en la que se recogen hasta los más increíbles ruidos que el hombre y la naturaleza producen, está al servicio del suscriptor.

6.a El relator no ve la cara de los oyentes, lo que evita toda suerte de inhibiciones, tanto para él como para los que lo escuchan.

7.a Siendo la audición una vez al día y por un cuarto de hora, el confidente dispone de veintitrés horas y tres cuartos de hora adicionales para preparar sus textos, impidiendo así, en absoluto, contradicciones molestas y olvidos involuntarios:

8.a Si el relato alcanza éxito y al número de amigos y conocidos se suma una considerable cantidad de oyentes espontáneos, no es difícil encontrar casa patrocinadora, lo que une a las ventajas ya registradas cierta factible ganancia monetaria que, de ir creciendo, abriría las posibilidades de absorber las veinticuatro horas del día y convertir, así, una simple audición de quince minutos en un programa ininterrumpido de duración perpetua. Mi honestidad me obliga a confesar que hasta ahora no se ha producido este caso, pero ¿por qué no esperarlo de su talento?

Este es un mensaje de esperanza. Tenga fe. Por lo pronto, piense con fuerza en esto: el mundo está poblado de seres como usted. Sintonice su aparato receptor exactamente en los 1373 kilociclos, en la banda de 720 metros. A cualquier hora del día o de la noche, en invierno o en verano, con lluvia o con sol, podrá escuchar las voces más diversas e inesperadas, pero también más llenas de melancólica serenidad: la de un capitán que refiere, desde hace más de catorce años, cómo se hundió su barco bajo la aciaga tormenta sin que él se decidiera a compartir su suerte; la de una mujer minuciosa que extravió a su único hijo en la poblada noche de un 15 de septiembre; la de un delator atormentado por el remordimiento; la de un ex dictador centroamericano, la de un ventrílocuo. Todos contando interminablemente su historia, todos pidiendo compasión."



Hasta luego.

miércoles, 25 de febrero de 2015

¡Pero cómo! ¿Facebook psicólogo?


Somos transparentes: No podemos evitar que los demás nos conozcan cuando actuamos, hablamos, callamos, nos movemos o no reaccionamos. En cada cosa que hacemos o dejamos de hacer está la esencia de nuestra personalidad y un observador atento rápidamente se da cuenta de ello. También lo nota toda la gente que, por tratarnos a diario, nos llega a conocer mucho más de lo que uno mismo se da cuenta. Eso es normal y siempre ha sido así, pero ahora hay otras posibilidades de convivencia y nuevas formas de actuar que han abierto novedosas ventanas por las que se asoma nuestra personalidad, y según dicen algunos, con más precisión de la que podrían tener familiares o amigos cercanos:




Ya he comentado antes algunos riesgos que entraña el uso del facebook y otras redes sociales, aún cuando tomamos todas las precauciones posibles al usarlas, hoy retomo ese tema porque me enteré que existe una aplicación capaz de elaborar un perfil de personalidad de los usuarios del facebook sin hacerles una sola pregunta, simplemente registrando cada uno de los "likes" o "me gusta" que uno deja en esa red social. Es como si cada "me gusta" fuera una huella que permite a ese programa seguirnos y al final del camino puede describir varios rasgos de nuestra personalidad, desde el sexo, la edad, las preferencias sexuales, ideológicas, gastronómicas, lúdicas, de entretenimiento, de ropa o de lugares. 


¿Quieres conocer esta aplicación? Entra aquí (está en inglés):



Yo aún no la he probado, a pesar de que me interesa saber cómo funciona y qué tanto me puede llegar a "conocer", no me da plena confianza autorizar a que me esculquen y procesen todos mis "me gusta"... Podría poner como excusa el hecho de que tengo muy poca actividad en las redes sociales, pero eso no es obstáculo, ya que aún dejando pocas huellas en el camino, son suficientes para dejar ver algunos rasgos de quién soy en realidad.




Tal vez resulte que no estoy totalmente evolucionado para estos tiempos modernos y estos adelantos tecnológicos. A mi modo de ver, usar una aplicación como esta especie de espejo mágico que te dirá tus verdades sin tratar de complacerte, podría ser como ir al psicólogo nada más por el diagnóstico, y eso me recuerda que en varias ocasiones me han pedido brindar psicoterapia en línea o por teléfono y no he aceptado, pero sí he brindado asesoría psicológica por esos medios de comunicación a distancia. Y aunque la asesoría psicológica funciona adecuadamente con estas técnicas a distancia, la psicoterapia requiere del contacto personal para aplicar técnicas vivenciales y percibir las señales analógicas y digitales que se dan en la comunicación, cosa que no es posible a distancia.



Pero en fin, eso es otro tema, si va a ser posible obtener diagnósticos de personalidad en línea con esta especie de psicólogo virtual, hay que hacerse a la idea y verlo como una ventaja, tal vez como una especie de test permanente que con el tiempo también permitirá conocer cuánto ha cambiado nuestra personalidad "máscara" (la esencia nunca deja de ser la misma). Y claro, sin quitar todas las herramientas de diagnóstico que existen actualmente.




De cualquier manera me quedo con muchas dudas, espero que se irán despejando conforme se utilice más esta herramienta y otras similares que sin duda se irán desarrollando y poniendo en uso. Una de mis dudas es hasta dónde podrán otros conocer mi perfil de personalidad pues, como ocurre en la vida real, podría ser que un tercero llegue a conocer aspectos de mi persona que yo aún no he descubierto, o que conozca más de mi vida interior de lo que yo me imagino (hay muchos casos de este tipo documentados no solo en facebook, los riesgos de que una persona abuse cuando conoce mucho de otra existen). Otra duda tiene que ver con la privacidad de mis contactos o amigos: Hay algunas personas que más o menos conocemos simplemente con ver los comentarios, fotos y "likes" que comparten con amigos que tenemos en común. Si yo en algún momento estoy de acuerdo con que esta aplicación elabore mi diagnóstico de personalidad, tal vez mi decisión alcance también a mis amigos simplemente por estar relacionados en el facebook conmigo, eso permitiría obtener "de rebote" un perfil de personalidad de muchos de ellos.



Bueno, es un campo nuevo y hay mucho que aprender, aunque en lo personal me da bastante desconfianza pensar en qué harán con todos esos perfiles de personalidad los dueños o administradores de esa aplicación...


Aquí dejo el artículo original, para quien desee leerlo:





Hasta luego.

jueves, 7 de marzo de 2013

El YO en las redes sociales

"Facebook es el diablo"
Vox Populi

 ¿Buscas algo? Googlealo. ¿Buscas a alguien? Facebookealo. ¿Quieres pensar? Twittealo.
Anónimo

Cometerás errores, pero si eres sincero acerca de ayudar a la comunidad, la autenticidad se mostrará y los errores se perdonarán.
Zia Yusuf, vicepresidente de SAP


Yo tenía miedo de entrar a una red social, compartir mis datos y ser parte de esa cadena de personas conocidas y desconocidas que se dicen todo lo que les ocurre y suben fotos, videos, chismes y chistes todo el tiempo. Ahora tengo menos miedo aunque no le tengo suficiente confianza a esta mothernidad, hace dos años y pico me di de alta en el facebook, y antes ya me había dado de alta por error en un sitio llamado "Sonico", del que no me he podido dar de baja a pesar de que no le veo ningún interés a ese portal de anuncios. Total que ya formo parte de este mundo de reencuentros y también he puesto algunos chistes, ocurrencias y algunos gustos musicales en ese aparador, encontrándome con frecuencia con la grata sorpresa de que hay un mundo de conocidos pululando en esa red.

Éste es un fenómeno que no termina de superarse a sí mismo, y que se ha abordado desde distintos enfoques para entender su finalidad, su origen y su posible evolución, pero sobre todo es un fenómeno masivo, una experiencia multitudinaria que no puede tener una explicación o causa única, pues igual aborda aspectos de comunicación, de tecnología, de relaciones, de mercadotecnia o de sociología, por mencionar los que se me vienen a la mente ahorita. Por si fuera poco, ahorita trato de abordar este asunto brevemente desde un enfoque psicológico, cruzado con sistémico y comunicacional... A mi favor digo que no tengo grandes pretensiones de llegar a explicar hasta dónde llegará la humanidad con las posibilidades que brindan estas redes, solamente trato de exponer una breve reflexión y mi particular opinión sobre el tema.

Aclarado lo anterior (espero), voy a dar mi punto de vista apoyado en algunas premisas del Dr. Ronald D. Laing, autor de los libros "El yo dividido" y "El yo y los otros", según mi corto entender. Ahí voy:

Uno de los motores de la humanidad es la comunicación, no puede haber relaciones si no nos interesa expresar algo o enterarnos de algo. En todas las relaciones humanas las personas buscamos la afirmación o la confirmación de nuestra propia persona, es decir del YO, y como mi YO no se puede reafirmar a sí mismo (salvo en algunos casos de delirio enfermizo), es indispensable hacerlo ante "los otros". Por eso somos seres sociales. Cada vez que nos comunicamos con alguien más, y en la medida en que encuentramos respuesta a nuestras acciones y palabras, nos vamos conociendo a nosotros mismos, vamos descubriendo cómo nos percibe el mundo y como lo percibe cada uno de nosotros, cada YO. Incluso en las relaciones deshonestas, basadas en la hipocresía y la mentira, el YO se reafirma a sí mismo, aunque en estos casos también crea una barrera ante los demás.

Bueno, mientras uno se reconoce a sí mismo en su relación con los demás, dándose cuenta de cómo es percibido, también va construyendo su propia imagen o autoconcepto, que depende totalmente de las respuestas que recibe del contacto con los demás.


Hasta ahí vamos bien, la vida nos da la oportunidad de vernos en el espejo de nuestras relaciones. Ahora hay que agregar otro elemento: En muchas ocasiones, nuestra necesidad de reconocimiento y de ser escuchados es tanta, que dejamos de prestar atención a lo que nos dice nuestro interlocutor. Es lo que comúnmente se llama "diálogo de sordos", porque a ambas partes les interesa expresarse sin escuchar. Nos podemos dedicar tanto a reafirmarnos como personas, que podemos terminar buscando desesperadamente llamar la atención de la manera que sea, y olvidamos que también la otra persona espera retroalimentarse y por lo tanto, confirmarse a sí misma mediante el diálogo y la comunicación. ¿Para qué nos buscamos, si no es para hacer contacto con otra persona? Y el mejor contacto es el recíproco.

Sabemos que en la comunicación personal hay un riesgo permanente de ser exhibidos, juzgados y confrontados. Si tenemos nuestro niño interior saludable y nuestra valía personal en buena forma, tal vez pasar un poco de vergüenza no sea nada grave y hasta se pueda convertir en una experiencia divertida y nutritiva en términos de enseñanza. En caso contrario, la vergüenza crece y adopta otras formas: culpa, miedo, aburrimiento, enojo o cualquier otro sentimiento de esos que dejamos salir para bloquear nuestra comunicación y contacto con los demás. Correr ese riesgo es el camino para conocernos realmente.

Sin ánimo de generalizarlo a todos, creo que muchos de los excelentes ocupadores de tiempos, cámaras y teclas en las redes sociales basan su popularidad en la comunicación virtual, porque el riesgo de tener una experiencia vergonzosa se reduce bastante. Y es verdad. Sin embargo, cuando nuestra principal comunicación se vive a distancia, aumenta la posibilidad de confundir la verdad con las bromas, las imágenes y las palabras cortadas, como el riesgo de vergüenza social disminuye muchísmo, nos queda la sensación de estar trascendiendo, que es a fin de cuentas una meta del ser humano.

Como dice mi amiga Mayté: Es muy raro que alguien hable igual de bien que como escribe. Cuando le escuché decir eso aún no había redes sociales (somos unos pollitos, pues) y aún así era notoria la verdad de su sentencia. Ahora que vivimos este fenómeno esa frase toma un nuevo valor: No solamente es muy raro que alguien hable igual de bien que como escribe, ahora también es raro que alguien escriba igual que como piensa. La rapidez y facilidad con que aplicamos la técnica del "cut-paste" cada vez que vemos una frase, imagen o texto ingenioso nos envuelve en un nuevo reto: Poner a trabajar las neuronas en sintetizar nuestras propias conclusiones, pues de lo contrario estamos dejando que otra persona procese las experiencias y decida qué opinar acerca de ellas, para que nosotros únicamente entremos como en el súper, a escoger aquellas frases que más nos acomoden según el humor que tengamos en ese momento.

Obvio es decir que este estilo de comunicación, contrario a lo que se espera, ayuda a negar el YO en lugar de favorecerlo.

Hay otra característica que le da un toque mágico a las redes y que provoca la ilusión de fama y realización como grandes comunicadores: La ilusión del auditorio colectivo. Un poco más: la ilusión del auditorio permanente. Le da un toque mágico porque da esa sensación egocéntrica tan común en la adolescencia de que siempre hay alguien viendo con interés lo que hacemos (al crecer nos damos cuenta de que somos únicos, pero no los únicos). Las redes nos dejan jugar nuevamente con ese rol adolescente, ser excéntricos, misteriosos, sarcásticos, divertidos, cultos, broncudos, críticos o como queramos ser, cada quien elige la máscara que va a mostrar, sin embargo el rol queda inconcluso, en parte por el anonimato parcial y en parte por la falta de retroalimentación directa para quien externa sus ideas. Esta ilusión del auditorio colectivo, bien utilizada, puede ser un mecanismo reforzador de potenciales en YO, y utilizada como el principal mecanismo de comunicación conduce, nuevamente, a la desintegración del YO, a dividirlo en una imagen pública y una secreta que pueden vivir tan separadas como el día y la noche.

La comunicación colectiva deja poco espacio para la intimidad. Una persona puede ser muy pudorosa en sus relaciones reales y al mismo tiempo comentar situaciones muy íntimas, casi confidenciales, en las redes sociales: Es la cara opuesta del "auditorio colectivo", algo así como la ilusión de complicidad inquebrantable con una persona en la red. Después puede haber otro cómplice. Y después otro. Con el tiempo muchos secretos dejan de serlo y el límite entre lo personal y lo público se rompe, con todos los posibles daños a la integridad del YO.

Además de esto, lo que decimos en la red queda escrito para la posteridad y podrá ser visto e indagado dentro de muchos años. Tal vez dentro de 5 o 10 años las cosas escritas ahí no tengan mucha importancia para quien las escribió, pero la reacción de quienes las vean puede hacer que vuelvan a interesarle sus antiguas opiniones y acciones: Las personas crecemos, lo que escribimos en la red nos amarra a nuestro pasado, a nuestras anteriores edades. A mi no me molesta comparar mi pensamiento de ahce años con el actual y darme cuenta si ha habido crecimiento o no. Sin embargo no me gustaría tener encima la maldición de seguirme encontrando mis ocurrencias y disparates de hace muchos años, sin desearlo. Son parte de mi esfera privada y me gusta decidir con quien los comparto y con quien no. Es una forma de seguir controlando los límites de mi comunicación y, por lo mismo, de confirmar mi persona.

Como dije antes, mucho más arriba, no generalizo para toda la gente lo que digo aquí, sé que hay muchísimas personas que utilizan la red de una manera sana para ellas mismas y para los demás, y que no hay un parámetro de lo que es "bueno" y "malo" en estas redes. Aún así, me parece que el entorno de las redes sociales facilita la creación de máscaras y barreras en la comunicación. No fueron hechas para igualar o sustituir a la comunicación directa, sino como una herramienta complementaria que reduce las distancias y los tiempos, permitiendo compartir ideas, opiniones, sentimientos, archivos, música, ligas y muchas otras cosas, sin llegar a ser una comunicación real, en el sentido de contacto humano y afirmación del YO.


Me gustan las redes sociales. Me han ayudado mucho a no estar aislado de tantos amigos, familiares y conocidos que están lejos, físicamente, de mi. Me han permitido publicitarme y dar a conocer mi quehacer y un poco de mis intereses personales. También me han ayudado a enriquecer estos textos, pues casi todas las imágenes (y muchas ideas) que coloco en este blog surgen de las redes o de otros sitios ciberespaciales. 

Y sin embargo sé que no soy YO el que se comunica en estas redes, sino una imagen de mi YO que no se puede percibir totalmente por los demás ni por mí mismo. Me gustaría que las redes evolucionaran tecnológicamente (y nosotros culturalmente) hasta llegar a ser una vía de comunicación más real. Otro espejo donde podamos cer nuestro YO. Por cierto, aquí abajo están los botones para compartir este rollo en las redes sociales y también la oportunidad de opinar sobre él.

¿No podemos estar un rato sin comunicar? No. Mientras estemos con alguien más no podemos. Lo que sí podemos hacer es escoger distintas opciones de comunicación para no limitar nuestra expresión, y para tener diferentes formas de retroalimentación. El contacto con los demás nos permite conocernos, reafirmarnos y crecer. La invitación es buscar que ese contacto (verbal, físico, visual o como sea) se dé de la manera más honesta posible.

Hasta luego.