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martes, 28 de agosto de 2018

La edad, la salud y las apariencias


Nos dicen "Baby boomers" o "Generación X". Los primeros nacieron entre 1945 y 1965, aproximadamente; los segundos llegaron a este mundo entre los finales de los 60 y mediados de los 80. Somos dos generaciones que crecimos viviendo muchos cambios, tal vez los dos más relevantes sean estos: 

En el ámbito social nos tocó vivir la época en que las madres de familia comenzaron a salir de sus casas para incorporarse al trabajo (una revolución que todavía hoy es difícil de asimilar, sobre todo por las propias mujeres, pero ése es un tema que debe tratarse aparte), y en el ámbito tecnológico hemos sido testigos de cómo un receptor de radio fue en una época la principal o la única fuente de entretenimiento e información para muchas familias, después la televisión le quitó ese lugar tan especial y reinó durante varias décadas hasta que fue vencida por el Internet, la interactividad, y hoy vivimos bajo el dominio del celular, la conexión inalámbrica, la nube, las redes sociales...

Sí, somos dos generaciones que crecimos adaptándonos a muchos cambios, a mundos nuevos que se rompen fácilmente y son sustituidos por otros casi de inmediato. En política (ascenso y descenso del comunismo, expansión del neoliberalismo salvaje), en educación (tendencias cada vez más decididas a inducir el confort como meta en la vida de los niños), en relaciones (menos compromiso con la gente que queremos para obtener mayor placer personal y por ende, mayor número de divorcios y separaciones), en vida laboral (ambiente de incertidumbre en los trabajos), valores más materiales (la publicidad decide los estereotipos aceptables y los que se deben rechazar, creando una competencia de vanidad e imagen), en espiritualidad (proliferación de sectas y creencias), culturales (la música, el cine, la literatura y las artes en general vivieron un momento de máxima rebeldía y expresión popular, antes de caer presas de la comercialización -pero éste también es un tema que amerita tratarse aparte-), etc...

Después de crecer en una época en que se rompieron tantos paradigmas, se volvió normal que el mundo cambie tan rápido y poco a poco fuimos perdiendo nuestro sentido crítico, tan distintivo de nuestros días de juventud. En lugar de un sentido crítico predomina un principio hedonista: divertirse y pasarla bien como principal meta en la vida. He aquí el punto que da sentido a la frase con la que inicia este texto:

Somos también la primera generación prácticamente completa de personas mayores de edad que se aferran a vivir como si aún no lo fueran. Los "Baby boomers" rebasan los 55 años de edad, y la generación "X" está formada por personas de cuarentaytantos. Es decir: adultos. Adultos que reciben un bombardeo de comerciales y estereotipos muchas veces disfrazados de consejos de salud y sugerencias o tips para estar bien. Para los mercadólogos es un triunfo total, tienen un nicho de mercado dispuesto a consumir suplementos alimenticios, a viajar, a dedicar mucho tiempo en los gimnasios, spas y a pagar por tratamientos saludables o por operaciones que les hagan verse jóvenes y atractivos o atractivas. Están dispuestas a beber con desesperación cualquier fórmula mágica que les ofrezca un poco más de apariencia juvenil.

Bienvenida la tecnología, el ejercicio saludable, los alimentos nutritivos, la convivencia, la cultura y el esparcimiento que expanden la mente.

Como "Baby boomer" procuro contar con algo de eso en mi día a día y estoy agradecido con los cambios que aún me toca vivir. Sin embargo, nada es bueno en exceso y no es posible prolongar la juventud artificialmente, aunque sí es posible crear la ilusión de juventud a precios muy elevados no solo en dinero, sino también en salud física y mental, en calidad de relaciones con las personas cercanas, en paz mental. Todo esfuerzo que le exigimos a nuestro cuerpo para que luzca 10, 20 o 30 años más joven a costa de cirugías agresivas y tratamientos extremos tendrá su consecuencia y su costo a futuro. Pero claro: se trata de tu cuerpo y solo tú decides cómo lo tratas.

¿Y todo esto qué tiene que ver con la psicología? Bueno, atrás de estas conductas, totalmente respetables, hay dos actitudes que te pueden enfermar y que irán creciendo en la medida en que cada "Baby boomer" o "X" dependa más de todo ese apoyo externo: Si tienes una fobia obsesiva a perder la juventud, estás alimentando un creciente miedo al rechazo de los demás porque crees que las personas de "edad madura" son mal vistas en nuestra sociedad, es decir, tienes un problema de autoconcepto y autoaceptación; eso va de la mano con una baja autoestima que continuará reduciéndose si vives en una comparación constante con los demás y por la falta de aceptación del YO, tal como es. 

Si formas parte de estas generaciones, o si te acercas a esa edad adulta en que los medios de comunicación dicen que ya te debes preocupar por ocultar tus años, te invito a ponerte a favor de tu salud sin necesidad de volverte obsesivamente preocupado por lucir una apariencia juvenil, la vida avanza siempre hacia adelante con la belleza que corresponde a cada etapa. Podemos dejar ir la juventud y seguir siendo sanos.

Lo ideal es crecer con dignidad y aceptación; cuando llegue el momento, también podremos envejecer de la misma forma.

Hasta luego.

sábado, 1 de marzo de 2014

Adultos independientes y autosuficientes

"En el hogar, el padre es la cabeza y la madre es el corazón."
hemebe

Les comparto una historia que llegó a mi cuenta de correo por cortesía de una amiga del trabajo (¡Gracias, Magos!). Desafortunadamente no tengo datos del autor ni sé de dónde tomaron este texto, pero me animo a compartirla porque ilustra algunas situaciones que he comentado antes en este blog: 


"Mi tía tenía muchos problemas.  Había estado ganando peso y perdiendo pelo.  No dormía, se mordía las uñas y rechinaba los dientes. Era irritable, gruñona y amargada. Hasta que un día, de pronto, ella cambió.  La situación estaba igual, pero ella era distinta:

"Vieja-dijo su marido- llevo tres meses buscando trabajo y no he encontrado nada, voy a echarme unas cheves con los amigos."
-Ah, okey.-Contestaba mi tía. -Ya encontrarás.

"Mamá -dijo mi primo- troné todas las materias en la facultad."
-Ah, okey. -Respondió mi tía. -Ya te recuperarás y si no pues repites el semestre. Pero te lo pagas tú.

"Mamá- dijo mi prima- Choqué el carro."
-Ah, okey. -Suspiró mi tía. -llévalo al taller, busca como pagar y por lo pronto muévete en camión.

"Nuera- llegó diciendo su suegra, que siempre la fustigaba, con veliz en mano, -vengo a pasar unos meses con ustedes."
-Ah, okey. -dijo mi tía. -Acomódese en el sillón y agarre unas cobijas del clóset de blancos.

Todos se reunieron preocupados al ver estas "no reacciones" de mi tía. Sospechaban que hubiera ido al médico para que le recetara unas pastillas de Valemadrina de 1000 mgs.  Seguramente también estaría ingiriendo una sobredosis.


Propusieron hacer una "intervención" a mi tía para alejarla de cualquier posible adicción que tuviera hacia algún medicamento anti-encabritamiento.

Pero cuál fue su sorpresa, que cuando se reunieron en torno a ella, mi tía explicó: 


"Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que cada quien es responsable de su vida, me tomó años descubrir que mi angustia, mi mortificación, mi depresión, mi coraje, mi insomnio y mi estrés, no solo no resolvían sus problemas sino que agravaban los míos.  


Yo no soy responsable de las acciones de los demás, pero sí soy responsable de las reacciones que yo exprese ante eso. Por lo tanto, llegué a la conclusión de que mi deber para conmigo misma es mantener la calma y dejar que cada quien resuelva lo que le corresponde.  He tomado cursos de yoga, de meditación, de Milagros, de Desarrollo Humano, de Higiene Mental y de Programación Neurolingüística...y hay un común denominador, finalmente todos conducen al mismo punto...eso es que yo solo puedo tener injerencia sobre mi misma, ustedes tienen todos los recursos necesarios para resolver su propia vida. 


Yo solo podré darles mi consejo si acaso me lo pidieran y de ustedes depende seguirlo o no.  Así que de hoy en adelante, yo dejo de ser el almacén de sus responsabilidades, el costal de sus culpas, la lavandera de sus remordimientos, la abogada de sus faltas, la depositaria de sus deberes o su llanta de refacción para cumplir sus responsabilidades.  Los declaro a todos adultos independientes y autosuficientes."

Todos se quedaron mudos. Ese día la familia comenzó a funcionar mejor...Porque cuando mamá está bien, todos en la casa sabrán lo que les toca hacer."



En la historia se habla de "mi tía", quiero aclarar que igual podría tratarse de la hermana, el hermano, el papá, la hija, el hijo, o la persona que asuma el rol de "cuidador" en la familia, sin importar su sexo... Es decir, cualquier persona puede cambiar para hacerse cargo de su vida en vez de vivir pensando que puede o debe cargar con las vidas de los demás: Igual yo, o tú que ahora estás leyendo, también podemos darnos cuenta que nadie da lo que no tiene, y si queremos compartir bienestar, primero debemos sentirlo en nuestro interior.


Hasta luego.

domingo, 21 de julio de 2013

Los órdenes de la ayuda (3 de 5)

"Cuando yo tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que mi padre había aprendido en siete años."
Mark Twain


Y es muy frecuente descubrir gente buscando alianzas para hablar de otras personas o hacer berrinche porque los demás no hicieron lo que uno quería. También se repite la historia de jugar al desvalido para echarle la culpa de nuestros errores a otros y, no como cosa rara, encontramos niños heridos de 40 o 50 años de edad que todavía lloran y hacen berrinche desconsolados porque no recibieron de sus padres todo lo que esperaban recibir.


Si en verdad queremos ayudar a estas personas, lo primero que debemos evitar es hacer esas alianzas de crítica destructiva y los apapachos exagerados o demasiado frecuentes, para encontrar detrás de las quejas y los berrinches al adulto responsable y preguntarle directamente si desea cambiar su forma de afrontar a la autoridad y si necesita mayor contacto físico. Romper el esquema de comunicación por berrinche o de la víctima permanente cuesta mucho cuando no se asume desde la postura de adulto a adulto.

Aquí está el tercer orden de la ayuda, tomado íntegramente en palabras de Bert Hellinger:
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Muchas personas que ayudan, por ejemplo psicoterapeutas y trabajadores sociales, piensan que deben ayudar como padres a sus hijos pequeños. También aquellos que solicitan ayuda, esperan recibir la ayuda como de padres a sus hijos, y asimismo recibir posteriormente de sus terapeutas lo que aún esperan y exigen de sus padres.

¿Pero qué sucede cuando los “ayudadores“ responden a estos deseos?

Ellos comienzan una larga relación con sus clientes, y se encontrarán en la misma situación que los padres: paso a paso le tienen que poner límites al cliente.

Muchos “ayudadores“ quedan atrapados en la transferencia y contra transferencia del hijo a los padres y de esta manera obstaculizan la despedida de los padres, así como la de ellos mismos. Solamente en situaciones donde el “ayudador“ lleva a cabo un movimiento interrumpido puede ponerse en el lugar de uno de los padres.

El tercer orden de la ayuda sería entonces que un “ayudador“ se enfrente a una persona adulta, que busca ayuda de manera adulta, y que rechace ubicarse en la posición de sus padres.


El desorden aquí sería permitirle a un adulto pedir ayuda como un niño, tratarlo como un niño y decidir algo por lo que él mismo debe tomar la responsabilidad y encarar las consecuencias.
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Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista. Michael Levine

Mucha atención a la etapa que está viviendo cada persona, no vayamos a cometer el error de querer que un adolescente o un infante nos responda de la misma manera que el adulto. El lenguaje y el esquema de pensamiento en los menores de edad es distinto y a los adultos nos corresponde buscar la adaptación.

Hasta luego.