jueves, 7 de junio de 2012

Matrimonio: Pasado, presente y futuro según Asimov

Isaac Asimov, el visionario escritor de ciencia ficción, publicó un libro en 3 volúmenes llamado "La receta del tiranosaurio", donde expone sus reflexiones sobre varios temas muy distintos unos de otros y para añadirle más sabor, lo escribe suponiendo que ya pasaron 50 años, es decir, que ya estamos en el futuro.

En el primer volumen me llamó la atención su capítulo 7, "El hombre y el matrimonio", de hecho comparto muchas de las opiniones que expone ahí, así que lo reproduzco enseguida aunque debo advertir que se trata de un rollo algo extenso, por si gustan acercarse unas botanitas y una cerveza o una limonada para acompañar la lectura, que de por sí es interesante:


“El matrimonio se basa en el hecho de que existen dos sexos humanos que tienen marcadas diferencias biológicas, tanto hoy en día como en el pasado.
En primer lugar, la mujer da a luz a los hijos, mientras que el hombre no. Esto significa que, cuando la humanidad vivía enteramente de la tierra, la mujer periódicamente vivía nueve meses de embarazo, y durante los últimos tres era menos ágil y más vulnerable. El embarazo y la lactancia consumían tanta energía que la mujer, cuando se le comparaba al hombre, tenía más posibilidades de requerir que se le protegiera del mundo externo.
Otra diferencia biológica, tan verdadera hoy en día como siempre, es que el hombre —en promedio, aunque no en cada caso específico— es más grande y fuerte que la mujer. Esto, aunado a que no se ve atado al embarazo ni la lactancia, hizo posible que un hombre extendiera su protección a una mujer y que asumiera la labor de ver que ella pudiera tener sus hijos en una paz y comodidad relativas.
¡Esta protección no se daba sin obtener recompensa! A cambio, el hombre razonablemente podía esperar tener un sujeto conveniente para el contacto sexual, así como un abastecimiento de hijos que lo ayudarían en el campo y lo cuidarían en su vejez.
Todo esto reforzó la división del trabajo. La mujer, atada por hijos o los que, gracias al embarazo, trabajo y lactancia, se sentía más atada emocionalmente que el hombre, naturalmente tendía a confinar su actividad a la casa. El hombre que debía abastecer alimento y protección, tendería a aventurarse al exterior, a cazar o cultivar.
Este último aspecto constituye una diferencia social alentada por una diferencia biológica. La división del trabajo no necesita estar muy marcada. No había nada que evitara que una mujer compartiese el trabajo en el cultivo, ni que un hombre compartiera el trabajo doméstico, y así pudo haberse hecho perfectamente. Pero hasta hoy en día, el sistema tradicional de la familia pone a la mujer en casa y al hombre en el mundo exterior. Y por supuesto que la tradición tiende a ser venerada más allá de sus propios merecimientos.
Al conformar una asociación, una mujer ponía en venta su fertilidad y atractivo sexual, y un hombre su fuerza y potencia. Sin embargo, se trataba más de un mercado en el que abundaban mujeres, ya que un hombre podía —después de todo, y si quería obtener sexo por la fuerza sin dar nada a cambio.
Por lo tanto, a la mujer le quedaba la responsabilidad de hacerse toda la publicidad que le fuera posible.
Hasta hoy en día, es la mujer la que tiende a ponerse ropa diseñada para revelar y dar énfasis a características sexuales deseables, así como a colorearse artificialmente el rostro.
Todavía existe otra diferencia biológica que no se puede torrar. La mujer puede tener bebés tan sólo mientras es relativamente joven. Después de los cuarenta años, primero es difícil y después imposible tenerlos. Sin embargo, el hombre puede engendrar hijos aún en edad avanzada.
Esto significa que una mujer tenía que poner tanto énfasis en su juventud como le fuera posible, de tal forma que, hasta hoy en día, posiblemente es una mujer quien tiñe su cabello, trabaja para conservar su piel tirante, etcétera. Y por tradición, se espera que mienta respecto a su edad.
Todavía otra diferencia biológica es que una mujer sabe que un bebé es de ella, ya que emerge de su vientre. Un hombre no tiene la misma certidumbre, Si un hombre deseaba tener una seguridad razonable respecto a que el hijo de una mujer también era de él, probablemente querría asegurarse de que su esposa no estaba disponible para otros hombres. Por este motivo era probable que se tuvieran recluidas a las esposas, bajo una celosa vigilancia.
La consecuencia natural es un doble criterio. El hombre podía galantear libremente, porque, como resultado, a ninguna mujer se le impone un hijo que no sea de ella. Sin embargo, a la mujer no le era permitida la infidelidad porque le podría dar al marido un hijo que no fuera de él. Por este motivo no es rara la poligamia (un hombre con varias esposas) en las sociedades pequeñas, en tanto que la poliandria (una mujer con muchos maridos) es bastante rara.
Y, ¿cómo han cambiado las cosas hoy en día? Se conservan las diferencias biológicas. Se conservan las viejas tradiciones basadas en dichas diferencias. Pero, con toda seguridad, han cambiado muchos factores de la sociedad.
Por ejemplo, los bebés ya no tienen la misma importancia que antes. En los primeros tiempos, la mortalidad infantil era tan elevada que las mujeres se veían forzadas a tener muchos hijos para garantizar que algunos vivieran lo suficiente para ayudar a sus padres. Hoy en día, en algunas porciones del globo la mortalidad infantil es bastante baja, y dos o tres hijos son suficientes para asegurar una familia intacta que se continúe bajo condiciones normales.
También en épocas primitivas una mujer deseaba tener bebés porque, de hecho, era la única contribución que se le permitía hacer a la sociedad. Si no tenía hijos era inútil, tanto para su marido como para su comunidad. Es más, la mujer cargaba plenamente con la culpa por la falta de hijos. El marido proporcionaba la semilla y la mujer era la tierra. Si la semilla no crecía se debía a que la tierra era estéril, y así se llamaba a las mujeres que no tenían hijos a pesar de tener relaciones sexuales: "estériles".
Fácilmente se llegaba a la suposición de que las mujeres estériles estaban malditas debido a que habían pecado, lo que las ponía en lugar todavía peor.
En la Biblia, Sara y Raquel no tuvieron hijos durante mucho tiempo, por lo que se sentían inmensamente desdichadas, temiendo el repudio. La madre de Sansón, al igual que la madre de Samuel, fueron estériles durante algún tiempo y vivían en la más profunda desdicha. Y cuando Micol, primera esposa del rey David, tuvo una conducta impúdica frente a su esposo, recibió el castigo de quedarse estéril el resto de su vida.
Hoy en día se reconoce que hombre y mujer contribuyen por igual para tener un hijo, y que el no tenerlos se puede deber a alguna deficiencia tanto en el hombre como en la mujer. Es más, se trata de una falla biológica, no moral.
De hecho, como ahora habemos cinco mil millones en la Tierra, con lo que la sobrepoblación representa un gran peligro para todos nosotros, en muchas partes del mundo se alienta a las familias para que tengan menos hijos.
Todos estos cambios significan que ahora es completamente aceptable que una mujer tenga menos hijos, o que no tenga ninguno si así lo desea o si las cosas así quedan dispuestas (por supuesto que la familia tradicional sigue teniendo muchos hijos, pero la tradición nunca se nivela con el cambio). A su vez, esto significa que la mujer tiene poco tiempo para desempeñar otros papeles en la sociedad, Es más, usted puede presentar esta situación desde el extremo opuesto: la mujer no tan sólo debería poder desempeñar otros papeles en la sociedad, diferentes al de la "madre", sino que se les debería alentar a hacerlo. De otra manera, se podrían ver forzadas a apoyarse tan sólo en la procreación como una forma de obtener prestigio, y ya no podemos darnos el lujo de tener un alto índice de natalidad.
Por lo tanto, también se han diluido partes del doble criterio. Siempre ha sido posible que un joven soltero sea sexualmente activo porque no puede quedar embarazado y, si además carece de escrúpulos, no necesita preocuparse por el embarazo de la mujer. Sin embargo, una joven soltera tenía que arriesgarse al embarazo con cada contacto sexual llevado a cabo sin contraceptivo y, si se quedaba embarazada, tenía que cargar con toda la culpa y descrédito (después de todo, se esperaba que un joven "hiciera sus travesuras").
Sin embargo, hoy en día tenemos "la píldora", así como otros métodos con los cuales la mujer puede protegerse del embarazo. Resultado: puede ser sexualmente activa con cierta impunidad. De hecho así es, y la desaprobación ha disminuido considerablemente. Ha llegado a1 punto en que una joven soltera puede tener un hijo sin sufrir el aislamiento (sin embargo, nuestra sociedad está ordenada de tal manera que una mujer soltera con un hijo recibe poca ayuda económica, por lo que casi siempre está condenada a la pobreza... al igual que su bebé).
Por lo tanto, debido al cambio social, es más fácil que una mujer obtenga trabajo, y con una mayor oportunidad de elecciones. Ya se han ido los días en que la única alternativa para que una mujer evitara el hambre eran los trabajos de dama de compañía, institutriz, costurera y sirvienta, trabajos que pagaban sueldos bajísimos y en los que se le trataba como una inmundicia. Hoy en día, si puede sobrevivir al odio de sus compañeros masculinos, una mujer puede ser abogado, bombero o cualquier otra cosa.
Es más, puede ser sexualmente activa al mismo tiempo que evita hijos. El resultado es que no hay tanta presión para que se case. En los viejos días, una mujer sin marido tan sólo podía enfrentarse a la pobreza y la desgracia de convertirse en una solterona. Por lo tanto, la mujer tenía un enorme deseo de casarse con alguien, quien fuera, nada más por desesperación. Pero hoy en día la mujer puede ser más exigente y casarse con alguien con quien ella quiera vivir, y mientras se casa puede permanecer soltera sin caer en la ignominia, Por lo tanto —naturalmente— el matrimonio tradicional de "hasta que la muerte nos separe" se ha convertido en una especie de peligro. Después de todo hasta hace ciento cincuenta años el ciclo de vida, aún en las sociedades avanzadas, era de unos treinta y cinco años, de tal forma que el matrimonio promedio terminaba con la muerte de uno de los dos integrantes después de diez o quince años, No es demasiado difícil que un matrimonio sobreviva este periodo.
En estos días la gente alcanza un promedio de vida de hasta setenta y cinco años, y los matrimonios tienen la posibilidad de durar medio siglo, si es que no interviene un divorcio. Como es difícil enfrentarse al pensamiento de cincuenta años con una persona cuyos defectos se vuelven absolutamente visibles después de cinco, el divorcio se ha generalizado y se llega a aceptar sin demasiada desaprobación social.
Se trata de algo difícil para los niños que deben vivir en un "hogar roto", pero en tiempos pasados los hogares rotos eran igual de comunes, aunque los rompía la muerte y no el divorcio. Se entiende bien que los niños sufren tanto, o quizá más, cuando forman parte de una familia en la que el padre y la madre viven juntos compartiendo un odio mutuo porque, por motivos religiosos o económicos, no pueden divorciarse.
Respecto al matrimonio, ¿dónde queda el hombre? Mi propio sentimiento es que la liberación de la mujer también libera al hombre.
En los viejos días, la rutina era que la mujer no tuviera ninguna instrucción (¿para que querían una educación formal?). También se suponía, generalmente, que el cerebro de la mujer era biológicamente inferior al del hombre. Como resultado, un hombre daba por seguro que tenía que ser más brillante que su esposa, y que sería insoportablemente humillante que ella llegara a mostrar señales de ser más brillante que él. Ahí se originó el pensamiento (todavía generalizado, gracias a la tradición) de que una mujer joven debe ocultar su inteligencia y pretender que es tonta, y hasta imbécil, o "ningún hombre la buscará". Normalmente, en una mujer la tontería es considerada "encantadora". Y, por supuesto, si una mujer — por prudencia— nunca utiliza su cerebro, finalmente pierde la posibilidad de ponerlo en acción.
Estas cosas significaron que se suponía que un hombre viviera con una mujer estúpida. El deseo por el sexo se diluye rápidamente cuando se vuelve una actividad consuetudinaria, y una compañía tonta no es ningún placer. Entonces, y no a largo plazo, marido y mujer se cansaban uno del otro y vivían vidas de lo que Thoreau llamó "desesperación silenciosa", o se divorciaban.
Hoy en día la mujer recibe instrucción, y el hombre puede esperar que su esposa sea tan inteligente como él y, en algunos aspectos, todavía más inteligente.
Si puede desprenderse de la reverencia tradicional hacia la tontería femenina, tendrá una mejor compañía y la apreciará durante más tiempo (la compatibilidad mental dura más que la física y, a la larga, es más grata).
A su vez, una mujer vivirá más satisfecha con un marido que no desconfíe de su inteligencia.
En pocas palabras, el matrimonio puede convertirse en una verdadera sociedad, que revela delicias ocultas para la mayoría que vive tradicionalmente. Es más, tal "nuevo" matrimonio podría hacer más para estabilizar a la familia que lo que alguna vez podría llegar a realizar el matrimonio tradicional.
Si una mujer acepta más responsabilidad fuera de casa, b que sigue es que un hombre bajo presión tenga más responsabilidad dentro del hogar. Naturalmente ¡se presenta cierta resistencia! Las labores domésticas tienden a ser aburridas y tediosas (motivo por el cual, precisamente, los hombres insistían en que las realizaran las mujeres); pero con frecuencia un hombre puede disfrutar —por ejemplo— al cocinar, si no lo considera una infamia. Hasta tiene la oportunidad de preparar algo que a él le guste, en lugar de estar condenado para siempre a comerse lo que su esposa prepara para delicia de ella misma.
Otras labores son más fáciles si se comparten, lo que además tiene la virtud adicional de intensificar el lazo que une a marido y mujer (me apresuro a decir que yo no ofrezco un buen ejemplo). Mi esposa, una psiquiatra jubilada y ahora escritora de tiempo completo por sus propios méritos, hace casi la mayor parte — aunque no todo— del trabajo doméstico. Pero, como escritor "prolífico" conservo una semana de setenta horas, y ella lo comprende. El día que me sorprenda con una cerveza en la mano viendo un juego de fútbol será el día que me pase la aspiradora.
Entonces, también, la mayor actividad de la mujer fuera de casa hace que para un padre sea necesario comenzar a compartir la tarea de cuidar a los niños. ¿Por qué no? Mejor. Establece un lazo más estrecho y deja ir el papel tradicional de un ogro remoto ("espera a que regrese tu padre. —él te castigará").
Un hombre podría contemplar todo esto bajo una luz de egoísmo. ¿Por qué no podría tener el placer de convivir estrechamente con sus hijos? ¿Por qué es la esposa la que debe tener todos los momentos felices? Es más, si la familia llega a desintegrarse, tendría una mejor base para derechos de visita y quizá una misma oportunidad de obtener la custodia.
Para expresarlo tan brevemente como sea posible, un matrimonio entre iguales es más valioso que uno entre dos personas desiguales y que no se entienden. Tenemos la suerte suficiente para vivir en una época en la que, en una sociedad donde, ahora es posible. Debemos considerar nuestras bendiciones e intentar que esta posibilidad siga abierta en el futuro.”


Para quienes estén interesados en leer las demás reflexiones de Asimov, aquí están las ligas a los 3 volúmenes de esta receta:




Hasta luego.


martes, 29 de mayo de 2012

Tiempo tras de ti

Éste es un pequeño apunte de oficina, un poco apresurado y rayoneado, fiel a su título:

"El tiempo atrás de ti"

Creo que nada más salió de la pluma para ilustrar la idea de ayer.

Hasta luego.

lunes, 28 de mayo de 2012

Un poco de tiempo

El tiempo es uno de los engaños más fabulosos que hemos inventado como humanidad, normalmente creemos que cada uno de nosotros llega a este mundo sin nada más que un costal lleno de tiempo, repleto y listo para que empecemos a usarlo, gastarlo, despilfarrarlo o invertirlo... éso ya dependen de las decisiones de cada quién...

También creemos -o sabemos, más bien- que ese costal de tiempo es único, irremediablemente pasajero e imposible de volverse a llenar: Cada pequeño momento, cada instante que sale de él, se va y nunca lo volvemos a ver; aunque sé de varias personas que han dedicado muchos años de su vida a encontrar la forma de detener el tiempo, de cerrar ese costal lleno de momentos para ver si dura una eternidad, invariablemente han descubierto una sola cosa cierta y segura: Su tiempo se les fue, lo invirtieron en investigar y cuando se dieron cuenta ya lo habían gastado.

Y ocuparse en tratar de descubrir algo útil para la humanidad es una bonita forma de invertir el tiempo... También conozco gente que gasta su reserva de tiempo haciendo planes, soñando despierto, ganando mucho dinero (algunos a costa de lo que sea), convenciendo a los demás de ser la mejor persona, acompañando a la gente que ama, viendo la tele y el Internet, estudiando... Hay tantas formas de invertir o desperdiciar el tiempo, como formas de ser en el mundo. Igual seguimos sabiendo que el tiempo de nuestro costal particular no tiene "V" de vuelta.

En el breve lapso que dura el contenido de nuestro costal nos damos cuenta de otra gran verdad, dura y cruel para algunos, motivante para otros, pero nuevamente es una certeza definitiva: Nadie conoce el tamaño de su costal; es decir, nadie sabe exactamente de cuánto tiempo dispone, cuánto puede invertir, gastar o tirar, y esto le agrega más sabor y emoción a nuestro paso por la vida.

He descubierto algunas estrategias para gastar el tiempo sin que sea una inversión redituable, simplemente gastarlo y verlo pasar, situación que a la larga se vuelve muy complicada, porque llegará un momento en que tengamos una reserva muy reducida de momentos (nos demos cuenta o no) y entonces vamos a desear con toda el alma volver a tener ese montón de ratos, instantes, momentos y demás, y como dicen por ahí: "Lo caido, caido"... Lo gastado, gastado está.

¿Ejemplos de buenas formas de dejar ir el tiempo sin invertirlo? Se me ocurren estos:

Vivir con culpa.
Amarrarse al pasado.
Vivir envidiando otras vidas (cualquier otra vida ya tiene su dueño).
Vivir sin valorarse a sí mismo.
Vivir para darle gusto a los demás, o a una sola persona.
Vivir esperando estar listos para hacer lo que se quiere (¡nunca vamos a estar listos, se aprende a vivir viviendo!).
Vivir posponiendo lo que en realidad queremos (también se le dice miedo al éxito).
Vivir ignorando a la gente que amamos.
Vivir en competencia constante (¡lo único que vale la pena es ser el mejor!)

Y en general, retomando la expresión de una amiguita que quiero mucho: Sufrir la vida en lugar de disfrutarla.

Y así como hay formas excelentes de perder el tiempo (incluso algunas son socialmente aceptadas, recomendadas y promovidas), también las hay para invertirlo y sentir que ganamos algo al gastarlo (claro que esto solamente lo notamos al usar el tiempo, nunca antes, pero tal vez sí después).

Antes de entrar a esta parte me hace falta cerrar la idea con la que inicié este rollo: Normalmente creemos que cada uno llega a este mundo con un costal de tiempo nuevecito y sin usar, listo para que lo estrenemos... Pero no es así. El tiempo ya estaba aquí antes de que naciéramos y seguirá aquí después de que nos despidamos de este mundo, no somos sus dueños y por ende, tampoco somos dueños de este mundo (aunque hay algunas gentes que sí se sienten amos y señores de este planeta y sus alrededores). En mi modesta opinión, venimos a este universo para sumergirnos en su corriente eterna de tiempo, para sentir nuestro paso por los instantes que fluyen constantemente y para ver qué podemos hacer con los momentos que alcanzamos a atrapar mientras estamos aquí.

Desde este ángulo, la mejor estrategia que se me ocurre para invertir el tiempo que tenemos a la mano es:

Vivir el presente.
Soltar el pasado, quedándonos con lo que hemos aprendido de él.
Soltar el futuro, actuando hoy para tratar de encaminarnos hacia él
Soltar los juicios de otra gente, y reducir mis juicios hacia la vida de los demás, yo tengo la mía.
Y en general, vivir la vida en lugar de pensarla.

Básicamente es esto, cuando llegue el momento en que debamos salir de la corriente solamente podremos revisarnos y evaluar si quedamos desgastados por el uso y la actividad o, por el contrario, si quedamos oxidados por no actuar como queríamos.

En todo caso, la decisión es muy personal y se puede cambiar a lo largo de la vida, por corta o larga que ésta sea, solamente hay una regla básica, que dijo Confucio cuando le tocó nadar en esta corriente de tiempo:

"No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti,
y tampoco dejes que te hagan lo que tú no les harías".

Hasta luego.

domingo, 20 de mayo de 2012

¡Felicidades en el día del psicólogo!



Ante todo, muchas felicidades a todos los colegas y a los futuros colegas que hoy se preparan en la universidad... Resulta que a mi querida Maytecilla le enviaron un mensaje muy padre acerca de lo que es estudiar psicología y cuando lo leí me vi y quedé convencido de que quien hizo esta reflexión, la hizo con todo el conocimiento de lo que es esta carrera ¡hasta se me removieron las telarañas de la memoria y volví a vivir algunos pasajes de mi paso por la facultad, je!

Así que en honor a esta fecha y a todos los que han pasado o están pasando por la carrera de psicología, yo también comparto aquí esta sesuda remembranza, esperando que los deje como a mi, de muy buen humor:



¿Qué es ser un estudiante de psicología?
-Eres de sexo femenino
- Si eres un hombre…eres una especie en peligro de extinción y te felicito por ponerte en contacto con tu lado femenino.
-Te preguntaste una y mil veces para que servía la lógica y todavía te lo sigues preguntando
- Te diste cuenta que estás más loco/a de lo que pensabas.
-Tienes la sensación de que sabes de dónde vienen los problemas de todo el mundo y que todos tienen el potencial para terminar locos.
-Te diste cuenta que no era sólo escuchar a la gente y cobrar por ello.
-Sufriste en evaluación, y todos los semestres tuviste la horrible sensación de que la podías reprobar.
-Hiciste el ridículo en algunos talleres y te sentiste bien por ello.
- No dormiste una semana completa preparando la exposición de dinámica que por casualidades de la vida siempre te coincidía con los exámenes y trabajos de todas las demás materias.
-Llegaste a las 3 de la mañana para inscribirte e igualito te cerraron las prácticas, las materias o todo lo demás que se pueda cerrar.
-Te asustaste la primera vez que fuiste al psiquiátrico pero te pareció lo máximo.
-A pesar de no ser tan popular, te conoces a medio mundo.
-Te diste cuenta que el Roscharsh no es tan fácil de pasar como sale en las películas ¿cuándo viste que alguna vez sacaban un cronómetro??
-Nunca más has visto un simple dibujo con los mismos ojos.
-Más de una vez te preguntaste por qué carajos estás estudiando psicología y qué diablos vas a hacer cuando te gradúes.
-Compraste un DSM IV TR y te diste cuenta que no es para leerlo, es para defenderte físicamente contra posibles agresores.
- Todo es relativo…¡hasta la nota profesor!
-Te leíste todos los temas de clínica y te tocó el interrogatorio del profe justo el día que no pudiste leer ni un párrafo.
-El redbull y el café aunque sea en un corto período de tiempo fueron tus mejores aliados.
-Hiciste un instrumento en psicometría y el resultado fue: te peleaste con todo el mundo, instalaste un millón de programas en la compu, y pasaste largas horas llenando datos. También hubo una que otra silla o mesa rota.
-Siempre tienes un (a) amigo (a) que te presiona.
-Siempre hay un (a) ñoñ(a) en la clase que pregunta todo y siempre quiere contar sus experiencias personales.
-Rebajaste haciendo las prácticas de evolutiva, tú niño: corre, salta, ataja, lanza…. es difícil seguirle el paso.
-Sabes que la no-soportitis existe y debería ser una categoría diagnóstica.
-Más de una vez te han comparado con Harry Potter…
-Piensas que todos los problemas humanos se resuelven asistiendo a consulta, pero tú nunca te atreves a ir.
-Conociste a personas muy especiales que te han hecho estos años divertidísimos.
Por todo esto y más, ser estudiante de Psicología es fabuloso, ahora ya sabes que todo eso raro que antes sólo notabas en tí, ¡tiene nombre!

Y como siempre hay mucho que aprender, esto de ser estudiante de psicología puede durar más allá de la titulación, aunque el ambiente nunca será el mismo que en la escuela.

Y para cerrar este día, comparto una especie de historieta surrealista que encontré en un blog llamado "Midas", cuya dirección es http://susanamari.blogspot.mx/, aquí está la que me gustó más y que tiene que ver con el tema de hoy:





Hasta luego.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Recomendación: Un pediatra curtido

Hace algunas semanas encontré el blog del Dr. Santi, "un pediatra curtido", y desde el principio me dejó una buena impresión. Ahora que ha pasado este tiempo me doy cuenta que el nombre del blog es de lo más acertado: Este señor de verdad ama su trabajo como pediatra, pero además le encanta compartir lo que sabe y reparte tips y anécdotas con una constancia que le envidiaría cualquier profesor.

Les recomiendo leerlo aunque no tengan hijos pequeños, sus comentarios nos llevan a todos los campos de la salud y la pevención, y también se muestra como el ser humano que es, interesado en otras áreas del conocimiento, el entretenimiento y la vida misma. Chéquenlo:


Hasta luego

martes, 15 de mayo de 2012

Individualismo y vacío existencial


Todos estamos expuestos a un bombardeo constante de mensajes que se van volviendo parte de nuestra nube cotidiana de pensamientos, ideas y creencias, chicos y grandes absorbemos como esponjas los anuncios que, como si fueran juglares, exhiben los mercadólogos, publicistas, comentadores, reporteros... hasta los maestros y sacerdotes le dedican un tiempo a su papel de merolicos, apoyando tal o cual producto o persona.

  • Nosotros somos el recipiente del mensaje principal, ése que promete ser el secreto de la felicidad y que invariablemente apunta a algunos conceptos como estos:
  • Individualismo: Sé libre, sé tú mismo.
  • Juventud, ¡ojalá toda mi vida fuera joven!
  • Miedo (y desprecio) por los adultos mayores, y ni pensar en que uno mismo pueda llegar a tener arrugas, canas y otras señales de envejecimiento.
  • Éxito instantáneo... ¿Para qué esforzarse? ¿Qué sentido tiene estudiar muchos años, o durar años en un proyecto o trabajo?
  • Más individualismo: Egoísmo, egocentrismo, todo se enfoca a la autosatisfacción, ¡y que ruede el mundo!
  • Exceso de información, por una variedad también excesiva de medios de comunicación, sin garantizar que toda la que recibimos sea confiable.
  • Necesidad de tener, y si es posible, que sea lo mejor para poder sentir que valgo, aunque sea un poquito.
  • Necesidad de ganar, vivir la vida como si fuera una competencia, sin disfrutar a las personas que están alrededor, sino desconfiando de ellas
  • Discriminar, solamente pueden ser buenos los que son como tú.
  • Ignorancia, se rechazan hábitos como la lectura y la disciplina, pues es más fácil y rápido consultar en Internet que estudiar y razonar.


¿Qué otros mensajes nos llegan? Muchos, la lista completa sería muy, muy larga, y no tengo la intención de hacer un recuento de todas las formas y técnicas de bombardeo ideológico, el punto central es que sí funcionan estas estrategias y sí llegamos a compartir este ideal consumista, por eso nos hemos vuelto parte de la sociedad individualista que busca la satisfacción de uno mismo al precio que sea y desconoce la cultura, la autodependencia y el desarrollo intelectual y espiritual.

Quien se alimenta únicamente con los ingredientes de las campañas publicitarias y las promesas de los políticos, se aleja de los valores universales para hundirse en una aparente autorrealización, que no es más que el sometimiento a los moldes establecidos por las grandes compañías de comunicación y entretenimiento. Finge escaparse de la realidad para creer en la verdad que otros le platican, con esto únicamente se está creando un vacío enorme en su interior.

 El reto a vencer es el individualismo y la autocomplacencia, para sustituirlos por empatía y asertividad, así que requerimos por lo menos 3 cosas para superar el bombardeo que nos quiere instalar en un ideal que no coincide con los valores humanos:

  • Una compañia real, que hable, escuche y se interese en lo que digamos y hagamos (y que espere lo mismo de nosotros, obviamente). La amistad salva vidas.
  • Confianza y autoestima, de manera que uno pueda vivir su vida sin envidiar la de otro (sea real o imaginario).
  • Cultura, esta solamente se logra con educación (escolar y personal), trabajo y respeto por lo que hacen y dicen los demás.
 
Claro que hay otros ingredientes que facilitan la aparición y la permanencia de los que acabo de describir, no hay soluciones simples ni recetas contra el vacío existencial, pero si tenemos esas 3 herramientas con nosotros, podremos contar con apoyo para ir agregando otras más, que nacen de la práctica constante del diálogo, la valoración de uno mismo y los demás, y del disfrute de la cultura.

Espero saber qué les parecen estos comentarios.

Hasta luego.

jueves, 10 de mayo de 2012

¿Su sociedad está deprimida?

Antier comentaba que lo que ocurre en el mundo de la política afecta directamente a lo que ocurre en el mundo psicológico de cada individuo (e individua, diría un político inculto que cambió la gramática del español en México), ya que todos estos mundos coexisten y se ven influidos unos con otros permanente e inevitablemente (aunque suene un poco dramático).

Lo que van a leer es un extracto del artículo "¿Una sociedad deprimida?", escrito por Tony Anatrella, psicoanalista y experto en psiquiatría social, este rollo fue publicado en el año 2004 dentro del libro "La depresión", del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud. Los monitos son de mi cosecha, porque se me ocurrieron al ir leyendo el texto.


"1. ¿Es posible que una sociedad entera se deprima? ¿Podrá una sociedad enfermar de depresión, tal como le ocurre a una persona cuando duda de sí misma, está desvinculada de la realidad, es asténica y melancólica? Podemos hipotizar una respuesta: en realidad, son las personas las que se deprimen y no las sociedades; estas son la imagen de las personas que forman parte de ella. Por tanto, la sociedad es menos deprimida que los hombres, muchos de los cuales están afligidos por descompensaciones cuando no logran afrontar la realidad.

2. Como compensación, sabemos que en el ámbito de la psiquiatría social la sociedad produce patologías sociales que tienen repercusiones en las personas según situaciones particulares. El individualismo, la desocupación, el divorcio, la inseguridad, la ausencia de una real educación, la falta de transmisión del saber, de la cultura, de la moral y de la vida religiosa y la negligencia de las normas objetivas debido al relativismo ético, no puede sino debilitar o hacer más frágil la personalidad por falta de solidez y de estabilidad en la existencia. En efecto, la sociedad puede ampliar los desórdenes depresivos."


Debido a lo compleja que es la naturaleza del ser humano, sería ilógico creer que la personalidad se moldea o se deforma simplemente por esta interacción entre nuestro mundo interior y la realidad exterior. Nuestra complejidad hace que muchas de las situaciones que vivimos sean el resultado no de una, sino de muchas causas combinadas, y saco este tema a colación para dar continuidad al tema del futuro cambio de gobierno en nuestro país, y al tema de la depresión, vista ahora desde una perspectiva más enfocada en la sociedad y no en el individuo. Ahora, la teoría sobre la democracia (que es lo único que conocemos de ella) dice que nuestra participación individual es importante para cambiar a la sociedad. Si esto es cierto, se deberían de tomar en cuenta desde ya las propuestas distintas a las del partido que por el momento tiene el poder.

Hasta luego.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Este blog cumple un año

Hoy, 2 de mayo, cumplo un año de estar compartiendo reflexiones y ocurrencias en este blog, y por si fuera poco, también en este día publiqué mi escrito número 100.

Gracias a quienes han tenido la paciencia de leer este espacio, me da mucho gusto celebrar el primer aniversario de este rincón que es como el "pensadero de Pooh", donde puedo darme tiempo para odenar mis ideas, tratar de entenderme mejor y dejar salir algunos temas que me interesan y que pueden ser puntos de partida para ir conociendo algunos aspectos de la psiqué y del mundo de las relaciones humanas... Claro que también hay otros temas que tienen más que ver con la cultura y la política, pero los eventos que ocurren en estas áreas también repercuten en nuestra percepción de la vida. 

Espero seguir alimentando este blog para que siga creciendo y que estos textos te sirvan también a ti que los lees.

Y bueno: ¡Empieza otro año!

Hasta luego.

La depresión

La depresión no es lo mismo que el sentimiento de tristeza, desánimo o soledad que a veces uno puede sentir frente a alguna circunstancia específica en la vida. Normalmente estos sentimientos llegan cuando sufrimos la pérdida de un ser querido o de algo que es muy importante para nosotros. O cuando nos damos cuenta de esa pérdida, aunque ya haya pasado mucho tiempo. O cuando se va la ilusión de algo que queríamos incluir en nuestra vida y de pronto aceptamos que irremediablemente quedará fuera... Pero la depresión va más allá, es una enfermedad que puede quitarle todo el sentido a la existencia propia y llevarse con ella cualquier motivación, incluso cualquier sentimiento de valía o autoestima.

Es importante saber reconocer la verdadera depresión y no tratarla igual que los episodios de tristeza que son normales en las etapas de duelo, como las mencionadas arriba, por eso reproduzco enseguida los principales síntomas de depresión, a saber:
  • Estado de ánimo irritable o bajo la mayoría de las veces.
  • Pérdida de placer en las actividades habituales.
  • Pérdida de interés en el placer sexual.
  • Dificultad para conciliar el sueño, o exceso de sueño.
  • Cambios grandes en el apetito, a menudo con aumento o pérdida de peso.
  • Cansancio y falta de energía.
  • Sentimientos de inutilidad, odio a sí mismo y culpa.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Movimientos lentos o rápidos.
  • Inactividad y retraimiento de las actividades usuales.
  • Sentimientos de desesperanza y abandono.
  • Pensamientos repetitivos de muerte o suicidio.
Como decía al principio, la baja autoestima es común cuando aparece la depresión, al igual que los arrebatos repentinos de ira y la falta de placer en actividades que normalmente hacen feliz a una persona, entre ellas, la actividad sexual.

Se debe tener mucho cuidado con los niños, pues si sospecha que están deprimidos debe tener presente que no presentarán todos los síntomas clásicos de la depresión en los adultos. Para diagnosticar una depresión infantil, hay que vigilar especialmente los cambios en el rendimiento escolar, el sueño y la conducta, y si crees que tu hijo podría estar deprimido, vale la pena consultarlo con el médico y, obviamente, con un terapeuta.

Un caricaturista satiriza lo anterior imaginándose a un psiquiatra actual que se acomide a atender al recién nacido Jesús, quien llora inconsolable: "Obviamente el pobre chico está deprimido... Sin juguetes para Navidad... Solamente incienso y mirra... Además el estigma social de haber nacido en un pesebre... ¡Le pondré un antidepresivo!".

La depresión también es un conjunto de actitudes que puede transmitirse de padres a hijos; algunos especulan que esto puede deberse a los genes (en este caso la depre sería hereditaria), a comportamientos aprendidos en el hogar o a ambas causas.

Independientemente de si los genes hacen que usted sea o no más propenso a presentar depresión, un hecho estresante o infeliz en la vida generalmente desencadena esta afección. Entre los factores que pueden causar la depresión se cuentan:
  • Alcoholismo, drogadicción o cualquier dependencia de satisfactores externos
  • Algunas afecciones y tratamientos médicos, como:
    • ciertos tipos de cáncer
    • dolor prolongado
    • problemas para dormir (causa y síntoma)
    • medicamentos esteroides
    • baja actividad de la tiroides (hipotiroidismo)
  • Situaciones o hechos estresantes en la vida, como:
    • maltrato o rechazo
    • ruptura de relaciones con el novio o la novia
    • ciertos tipos de cáncer
    • muerte de un amigo o familiar
    • divorcio, incluso el divorcio de los padres
    • reprobar una asignatura
    • enfermedad en la familia
    • pérdida del trabajo
    • aislamiento social (causa común de depresión en los ancianos)


Si usted presenta síntomas de depresión durante dos semanas o más, busque ayuda del médico y del terapeuta antes de que los síntomas empeoren. En todos los casos, las siguientes medidas de cuidados personales pueden ayudar: 
  • Dormir bien.
  • Consumir una alimentación nutritiva y saludable.
  • Hacer ejercicio regularmente.
  • Evitar el consumo de alcohol, marihuana y otras drogas psicoactivas.
  • Involucrarse en actividades que lo hagan feliz.
  • Pasar el tiempo con familiares y amigos.
  • Si usted es una persona religiosa o espiritual, hable con clérigos o consejeros espirituales.
  • Practicar la meditación, el tai chi y otros métodos de relajación.
  • Agregar ácidos grasos omega-3 a la dieta, los cuales se pueden obtener en suplementos de venta libre o consumiendo pescado como el atún, el salmón o la caballa.
La persona con depresión tenderá a retraerse de los demás, con cualquier pretexto irá dejando las actividades y distracciones que regularmente le atraían y encontrará las mejores excusas para estar en soledad o con el mínimo de compañía posible. Estos son síntomas importantes a considerar, y junto con ellos será notoria la falta de iniciativa, aunque tal vez se presente disfrazada de reproches, de planes a futuro, de comparaciones con lo que hacía en el pasado y otras formas de "hacer como que hace algo", y que en realidad son estrategias muy útiles para justificar la falta de voluntad e iniciativa. También será común empezar a escucharle diciéndose a sí mismo frases despectivas, como si se estuviera regañando o castigando por ser incapaz de lograr esos planes que la misma persona deprimida se va boicoteando de manera muy disimulada.


Visto el cuadro general de una depresión, sin entrar en detalles técnicos de distimias, depresiones reactivas, trastornos bipolares y todos esos nombres extraños que acompañan a cada manifestación específica de la depre, es recomendable que las personas cercanas a un deprimido tengan en cuenta lo siguiente:

Empujar a la presona deprimida para que realice alguna actividad: No le pida que la haga, ya que no tiene la iniciativa necesaria, así que tendrá que acompañarla en algún deporte, juego o lo que les interese hacer.
Si pertenece o pertenecía a algún grupo, club o asociación, animarle a seguir formando parte de él, y si ya lo abandonó, acompañarle para que se reinscriba. La soledad es la peor consejera para la persona deprimida.
Visitar a la persona deprimida en su casa e invitarla a salir. Al parque, a caminar, a la calle, a ver otros conocidos, al cine... Donde sea, se trata de evitar el encierro y recordar que el mundo es más amplio, en todos los sentidos. Si una persona es importante para ti, hay que invertir tiempo en ella.
Evitar los dramas: Telenovelas, canciones de "rompe y rasga" (nefastas las canciones de corazones rotos y esas que alaban la soledad como virtud), colores oscuros, y todo lo que huela a "este mundo es pura porquería". No queremos que vea el mundo color de rosa, pero tampoco que se vaya al extremo opuesto, se trata de buscar el equilibrio de manera creativa, no destructiva.
Animarle a hacer algo para sí misma. Incluso el simple hecho de escribir al final de cada día "qué me gustó y qué no me gustó" (por decir algo) es una actividad que amerita esforzar las neuronas, concentrar el pensamiento y situarse en el presente.
Si es necesario, hay que buscar ayuda profesional.

Hasta luego.

En este texto se utilizaron datos de la página "medlineplus.com"

martes, 24 de abril de 2012

El hambre según Fritz Perls

Hoy rescato una frase de Fritz Perls que mi amiguita Manguis colocó en su página del facebook y yo, tranquilamente, me la fusilo aquí porque me gustó, porque tiene que ver con lo que alguna vez puse en este blog sobre la obesidad mental (el 13 de enero de 2012) y porque nos ayuda a reflexionar sobre nuestra conducta:

"El hambre de alimento mental y emocional, se comporta como el hambre física..."


Cada quien saque sus conclusiones...

Hasta luego.

lunes, 23 de abril de 2012

El librito de Feng Shui de Pooh

Sigo con la idea de difundir el Feng Shui, y esta vez les comparto un pequeño librito que contiene los conceptos más básicos y se acompaña con ilustraciones y ejemplos de la caricatura de Winnie Pooh.


El libro es claro y sencillo, muy recomendable para toda la gente que apenas empieza a conocer el Feng Shui y quiere un acercamiento con sus ideas centrales, y además tiene otro mérito: Está escrito, igual que los textos chinos, con muchos simbolismos, aunque para quienes hemos visto las caricaturas originales de Winnie Pooh (las que pasaban en la tele allá por los 70's, con unas voces padrísimas), esos símbolos serán más fáciles de reconocer.

Como ya se ha dicho en otros escritos sobre el Feng Shui, en esta disciplina no hay recetas, así que tomen estos símbolos como la puerta de entrada para despertar la intuición, el libro se los dejo en versión pdf aquí:

Y en versión libro electrónico en esta otra ruta:


Por último, les comento que este libro lo encontré en inglés, y me decidí a hacer esta adaptación al español porque me pareció interesante su planteamiento tan sencillo. Espero que les guste y les sirva.

Hasta luego.

sábado, 21 de abril de 2012

Nos robaron

Nos robaron. Este martes por la tarde dejamos nuestra poderosa Tsubame '94 en el estacionamiento del gimnasio olímpico del IDEA (Instituto del Deporte del Estado de Aguascalientes), como todos los días que nos toca  llevar a nuestra pequeña a su clase, pero esta vez ya no encontramos el carrito cuando salimos, y nos costó trabajo asimilar el hecho de que nos habían robado.

Mi primer impulso fue irme por las calles a ver si me encontraba una patrulla, con unas ganas casi enfermizas de pedirle al patrullero que recorriera todas las calles de los alrededores para ver si encontrábamos nuestro carro. Pero no hubo patrulla, solamente caminé y caminé hasta que decidí tomar un taxi e irme a mi casa, donde ya estaba mi señora y mis niños, que gracias a su bendita inocencia no dimensionaban la pérdida sufrida, hasta que a mi niña le cayó el veinte de que se había quedado sin su muñeca recién comprada. Y sin útiles escolares, Y sin mochila, y sin uniformes, y poco a poco fuimos haciendo el inventario de esa gran cantidad de cosas de poco valor monetario pero de mucha utilidad que nos acompañaban día a día y que dejamos ilusamente dentro de la Tsubame, igual que diario, sintiendo que en esa pretendida extensión del hogar todo estaría seguro.

Fue un ladrón, un bato joven, según nos dijo alguien que vio cuando arrancó dificultosamente el carro y se lo llevó.

Debo reconocer que la policía se portó muy amable, cuando hice el reporte del robo al C-4 me atendieron bien y con paciencia. También llamamos a amigos, estaciones de radio y a mucha otra gente, esperanzados en que alguien viera nuestro vehículo, modesto pero con un valor de uso incalculable. Después fui a la Procuraduría del Estado, donde apareció la burocracia y se acabó la agilidad de las acciones anteriores, llegué poco después de las 20:00 y salí 3 horas y pico más tarde, pero ya estaba interpuesta la denuncia.

Al salir de la PGJE me entretuve un buen  rato vagando por las calles que rodean al IDEA: El Cerrito, la colonia del Trabajo, el barrio del Estadio Victoria... En algunos lugares me llamó la atención que había mucha actividad, casi como si fuera de día, incluso en un parque había niños jugando en los columpios y señoras platicando en las calles aledañas, como si apenas fueran al mercado para comprar las cosas de la comida del día. Pero eran las 12:00 de la noche y mi sensación era de mucha preocupación, tal vez mi carro ya estaría desmantelado a estas horas.

En eso estaba cuando llamó mi esposa, después de un rato le entendí que ya habían encontrado la Tsubame y después de hablar con ella y con otro patrullero (también muy amable) me fui de regreso a la PGJE, con tan buena puntería que llegué cuando una grúa acababa de arribar llevando mi Tsubame.

Ahí estaba, parecía enterita y sana, pero al hablar con el policía de la grúa y convencerlo de que me dejara revisarla (nada más verla, porque hay cámaras y todo se sabe), me di cuenta que ya no tenía batería, ni catalizador, ni mochilas, ni loncheras... Entre otras cosas vi que quedó el estéreo (claro: yo me llevé la carátula), los asientos, el tablero completo, el motor, las llantas incluyendo la refacción, una blusita del uniforme de mi niña, un cuaderno y un folder de mi señora, por allá en el piso distinguí mi cedencial del trabajo y también vi que la alfombra estaba despegada en parte, ¡como si escondiéramos un tesoro en nuestro carrito! Ah, y también estaba tirado en el asiento del pasajero un candado pra el volante, doblado en clara señal de que ese artefacto no hizo invencible a mi carrito.

Me quedé hasta que los agentes del Ministerio Público levantaron su informe de inspección visual, según yo para estar muy listo, pero esos tipos no me dejaron ver ni por error lo que anotaron en su informe, y no tenían mucho interés en revisar exhaustivamente mi vehículo, pues ni siquiera se asomaron a la parte de abajo, aunque les dije que ahí estaba la llanta de refacción y que faltaba el catalizador. En fin, casi me daban ganas de quedarme a dormir junto a mi arañita, pero al final me regresé a mi casa a dormir.

Antes de irme me prometieron que al día siguiente podría sacar mi carro, yendo a la Agencia No. 1 del Ministerio Público, y en eso estaba cuando llegó otra grúa con un Tsuru, que también lo acababan de recuperar y que, como el dueño de ese carro no había interpuesto su denuncia ante la PGJE, en unos momentos más se iba a llevar su vehículo. "Suertudo", pensé en ese momento, y lo he seguido pensando hasta ahorita.

Al día siguiente me presenté puntual a las 8:30 en la Agencia No. 1, siguiendo las indicaciones de los policías nocturnos, y la burocracia me regresó a mi trabajo, avisándome que tenía que presentarme con ellos hasta las 13:30 horas. Ahí estuve a esa hora, corrí con suerte y me atendieron muy rápido, hice mi declaración comprobando que soy el dueño del carro recuperado, se asentó en mi expediente y me dijo la Lic. Ana, muy amable también, que mi Tsubame estaba lista para serme devuelta, pero solamente falta que los peritos hagan el avalúo del vehículo para saber el monto del daño, "es un trámite rápido y sencillo, pero lo van a hacer hasta que ellos tengan tiempo. Yo le hablo cuando pueda pasar a recoger su auto". Y aquí estoy, en la noche del sábado, platicando que mi carrito sigue acumulando tiempo en el corralón y yo también sigo esperando el día que los peritos tengan tiempo de ir y hacer el avalúo para que puedan liberarlo.

Justamente, hablando de la percepción de ciudades que crecen siguiendo el culto al carro, ahora agrego a mi percepción de esta ciudad la de que es un paraíso para los robacarros y ladrones de autopartes: En una tarde se llevaron mi auto, se pasearon, lo desvalijaron y lo dejaron tirado, se fueron y nadie les hace nada. Y yo, que quiero recuperar mi auto, ya llevo 5 días perdidos... Y los cobran, claro, por resguardar mi Tsubame en el corralón.

En fin, ya me desahogué, hasta luego.

martes, 17 de abril de 2012

El culto a San Carro

A veces, cuando voy por las calles de esta ciudad que ha cambiado tanto en el último cuarto de siglo, y que he visto como se transforma en los últimos 12 años, me doy cuenta que mi sensación al desplazarme por sus barrios, colonias y fraccionamientos también ha cambiado mucho.

En un principio, como es lógico, toda la ciudad era un misterio y el ir conociendo sus rincones era una mezcla de aventura y grabación, para retener en mi mente los lugares de interés y para irlos asociando con otras cosas. Poco a poco las calles, parques, plazas, tiendas y demás se fueron llenando de nombres y rostros familiares, con experiencias significativas, a veces agradables y otras no tanto, pero el hecho es que la ciudad me dejó volverme parte de ella.

Después de esa primera etapa vinieron mis recorridos solo o con algún amigo o amiga, y en esos días me invadía una confianza infinita, como si esta ciudad no tuviera fronteras y cualquiera pudiera desplazarse por sus calles sin temor a perderse, ni a nada. Un amigo me decía que la ciudad cambia tan rápido que la gente mayor no acababa de asimilar su transformación.

Ahora me parece que la capacidad de adaptación debe ser mayor. En una ciudad pequeña el desarrollo urbano se basa en la gente, sin embargo, cuando en la mente de quienes planean entran expectativas de llegar a ser una metrópoli en el corto plazo, el interés central puede cambiar.

Ahora, cuando recorro las calles de esta ciudad me parece dividida, incluso percibo una especie de marginación entre zonas muy cercanas, sobre todo con el auge de las vías rápidas, la reducción de espacios peatonales y el casi nulo interés por mejorar el transporte público.

En el inconsciente colectivo se están grabando algunas creencias erróneas (aunque el Reglamento de tránsito diga lo contrario), y con esta mentalidad van a crecer las nuevas generaciones, los niños que ya viven en Aguas. Esto es lo que percibo actualmente en mi ciudad adoptiva:

Cómo puede pensar el conductor inconsciente:

  • Los autos son más importantes que las personas.
  • Las colonias y barrios “desaparecen” cuando voy por las vías rápidas, pues la velocidad no me deja verlos. Ésta es una forma de marginación, todas las casas y construcciones que antes eran parte del paisaje ahora están lejos, si uno se pasa del lugar al que debería salir, ya no tiene que regresar una cuadra, sino varias.
  • Los autos tienen preferencia sobre los peatones, ¡claro! por eso solo hay avenidas y en ellas no hay forma de que pueda cruzar la gente.
  • Puedo conducir rápido aunque esté manejando en la ciudad, para eso hicieron estas vías. 

Cómo puede pensar el peatón promedio:

  • Los autos son más importantes que las personas.
  • Las colonias y barrios están divididos y aislados: cada vía rápida  se convierte en una frontera entre las gentes que viven de uno y otro lado de ella. Antes éramos vecinos, ahora somos dos colonias lejanas, porque ya no es fácil cruzar (otra forma de marginación).
  • Transitar en la calle es más lento, los puentes peatonales están lejos unos de otros y además de cruzar la vía rápida debo recorrer otras cuadras de ida y vuelta para subir el puente y regresar al punto al que quiero ir.
  • Transitar en las calles es peligroso, los autos no nos ven (o hacen como que no nos ven) cuando queremos cruzar.
  • Las calles no son para niños ni para personas mayores, se requiere agilidad para cruzar una vía rápida.
  • Los autos tienen derecho a correr tan rápido como quieran, para eso hicieron estas vías.

Quienes están planeando esta ciudad -y muchas otras- no piensan en que todavía habemos personas caminando. Con un transporte público caro, mal atendido y poco confiable, se está dando el tiro de gracia al peatón: Arréglatelas como puedas, o cómprate un carro, aunque los discursos ecologistas digan que debemos manejar menos.

No estoy en contra del progreso, sino del concepto de "progreso" como se está manejando actualmente. ¿Será posible equilibrar en el desarrollo urbano la comodidad de ir en auto con la necesidad de caminar?

Todos somos en algún momento gente de a pie y gente de carro, no estaría mal ver las cosas desde un ángulo más humano, sin tanta presión de tiempo y sin tener que pensar en función del auto, aunque sigue habiendo libertad de cultos y por lo tanto corremos el riesgo de que nuestras autoridades sigan adorando a San Carro.

Si se invirtiera una cuarta parte de lo que se gasta en desarrollo automotriz y sus alrededores (accesorios, vías rápidas, gasolineras) en desarrollar un medio de transporte más económico y eficaz (aunque no fuera velocísimo y apantallante), la percepción de nuestras ciudades sería menos estresante que como las conocemos hoy, pero eso ya es parte del reino de Utopía.

Hasta luego.

miércoles, 11 de abril de 2012

Consideraciones para hacer el perfil de un culpable

El culpable siempre merece ser castigado. Antes de eso, merece también un juicio y en ese acto, exponiendo todos los hechos y pruebas, se llega a la conclusión de que la persona juzgada es realmente culpable, o por el contrario, se demuestra su inocencia y se le exonera de toda culpa.

En la vida diaria, una persona orientada hacia la generosidad, la vocación de servicio, la creatividad o la lealtad, frecuentemente se salta ese trámite burocrático del juicio y se declara a sí misma "culpable" sin más rodeos, y sin importar que haya pruebas y hechos a su favor. ¿Se escucha raro? Hay más gente castigándose a sí misma de la que nos podemos imaginar, el truco aquí es que una persona que se echa a la espalda todas las culpas que puede, no lo hace conscientemente... al menos al principio.

Es fácil reconocer a estos culpables porque constantemente están diciendo cosas como "perdón", "disculpe", "no fue mi intención", o "¿le parece bien?", y otras por el estilo, pues generalmente son gentes muy bien educadas y corteses, aunque por dentro tengan toda clase de reclamos, mentadas y maldiciones... para sí mismos.

Como ocurre la mayoría de las veces, las dos caras de la moneda están presentes también en los culpables: Sumisión y obediencia hacia el exterior, reclamos y berrinches hacia el interior, además de esa sensación constante de "¿por qué yo?", debida a que efectivamente creen cargar con la culpa de muchas cosas que ocurren a su alrededor, en su círculo social.

Tal como ocurre en la vida social, donde se atrapa a un culpable y se le castiga para que todos los "no culpables" (no me atreví a decir "inocentes") se sientan bien, también en los sistemas familiares, laborales o amistosos es muy útil tener un culpable a la mano para que el grupo pueda desempeñarse de manera "normal".

Por todas estas razones, debemos ser muy cuidadosos al detectar en nuestras filas, o en nuestro círculo social y familiar, a una persona que actúa como culpable y trata de autocastigarse: Usualmente, la reacción normal de quienes rodean al culpable es empezar a apapacharlo y tratar de convencerlo de que no tiene la culpa de nada, casi casi hasta solicitar su canonización (en México es muy común la frase "Pepe el Toro es inocente", en honor a un súper héroe de las películas rancheras), pero si hacemos esto automáticamente estamos confirmando su teoría y convirtiéndolo en un mártir que sufre y sufre y por lo tanto, necesita consuelo para soportar su castigo.

Lo que se sugiere es dar al "autoculpable" el mismo trato que a los demás miembros del grupo o familia, es decir, demostrarle con hechos que es tan culpable como todos los demás cuando una situación no resulta como todos lo habían planeado; hay 2 cosas difíciles en estos casos: la primera es resistirse a la tentación de dejar que cargue con la culpa (al cabo ya está acostumbrado), y la segunda es ser naturales al dejar de tratar como mártir o culpable a quien adopta ese papel, es decir, este esfuerzo por hacer que una persona suelte todas las culpas que cree estar cargando no funcionará si hacemos burla, escarnio o bromeamos acerca de su situación. Seriedad, por favor.

Así que la tarea es ver en qué situaciones me descubro jugando el rol de culpable y ver para qué lo hago (sí, si adopto ese papel es porque obtengo algún beneficio, por mínimo que sea), también queda como tarea descubrir a nuestro alrededor a esos culpables voluntarios y, si nuestra intención es buena, podremos aportar nuestro granito de arena para hacerle ver esta diferencia simple, pero importante:

Si te sientes culpable pasarás la vida esperando tu castigo (y provocándolo), pero si te reconoces responsable, podrás afrontar los errores cometidos (por ti o por tu grupo) y buscarles solución: caminarás sin carga sobre tus hombros.

Hasta luego.

(Todas las imágenes las tomé del blog http://miladoozcuro.blogspot.mx/)

martes, 10 de abril de 2012

"Cuando me amé de verdad"

A Charles Chaplin le echan la culpa de haber escrito esto, al menos eso decía cuando este texto me llegó por correo y la verdad me gustó mucho:

"Cuando me amé de verdad"
Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier
circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el
momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que
eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y
mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy
contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es…
autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera
diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece
contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama…
madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es
ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona,
solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no
es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está
preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo
que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y
cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio,
mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se
llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener
tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné
los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro
correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio
ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre
la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así
descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el
pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo
en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo
un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede
atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al
servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es…
saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los
planetas chocan y del caos... nacen las estrellas.
                                                           

Charles Chaplin

En el presente

  Si buscamos la felicidad en el pasado el presente pierde sentido y el futuro asusta, la vida está en el presente. Es gratificante haber ...