jueves, 17 de marzo de 2016

¿Hay un número mayor que 100 mil?


Hace pocos días este blog alcanzó la fabulosa cifra de 100,000 visitantes, pequeño gran logro que me hizo sentir satisfecho por saber que los textos acumulados en este espacio han logrado despertar el interés de algunos lectores, ¡muchas gracias por detenerse a leer! 

Esta satisfacción me presenta el reto de seguir escribiendo y compartiendo reflexiones y conocimientos, algunas veces míos y en varias ocasiones de otras muchas personas que, por suerte, también comparten lo que son y permiten que cualquiera pueda amplificar sus mensajes tal como lo he hecho yo en esta humilde página. 

¿Hay un número mayor que 100 mil? Afortunadamente sí. Las matemáticas en su infinita exactitud permiten que siempre haya un número mayor y en este momento yo interpreto eso como la verdad inminente de que siempre podré seguir avanzando, a menos que en algún momento decida que ya no quiero contar más y prefiera quedarme en el 101 mil... o en el número que me encuentre en ese momento. Todas las decisiones son válidas y no descarto ninguna opción, pero justo en este momento me motiva la certeza de que hay más números después de 100 mil, y quiero seguir contando.


En este recorrido es importante mantener vivo el gusto y el interés por las relaciones humanas, llevarse bien con los demás y con uno mismo es el objetivo principal de este blog, por eso no se trata simplemente de agregar textos y contar visitas. Si me descubro haciendo esto por costumbre, mecánicamente y no por gusto y deseos de seguir aprendiendo y devolviendo por Internet lo que la vida me va enseñando, entonces tendré que reconocer que ya entré al círculo del 99 que menciona Jorge Bucay en su libro "Recuentos para Demian", ¿lo han leído? Me imagino que sí, pero como es una historia que me gusta mucho aquí la reproduzco para volverla a saborear:

El círculo del 99
(Jorge Bucay)
Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz.
Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertar al rey contando y tarareando alegres canciones de juglares. Una gran sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.
Un día, el rey lo mandó a llamar.
—Paje –le dijo— ¿cuál es el secreto?
—¿Qué secreto, Majestad?
—¿Cuál es el secreto de tu alegría?
—No hay ningún secreto, Alteza.
—No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
—No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
—¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?
—Majestad, no tengo razones para estar triste. Su alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
—Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar – dijo el rey—. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
—Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...
—Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.


El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
—¿Por qué él es feliz?
—Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
—¿Fuera del círculo?
—Así es.
—¿Y eso es lo que lo hace feliz?
—No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
—A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
—Así es.
—Y él no está.
—Así es.
—¿Y cómo salió?
—¡Nunca entró!
-¿Qué círculo es ese?
—El círculo del 99.
—Verdaderamente, no te entiendo nada.
—La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.
—¿Cómo?
—Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
—Eso, obliguémoslo a entrar.
—No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
—Entonces habrá que engañarlo.
—No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito.
—¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
—Sí, se dará cuenta.
—Entonces no entrará.
—No lo podrá evitar.
—¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
—Tal cual, Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?



—Sí.
—Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
—¿Qué más? ¿Llevo guardias por si acaso?
—Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
—Hasta la noche.
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía:


ESTE TESORO ES TUYO.
ES EL PREMIO
POR SER UN BUEN HOMBRE.
DISFRÚTALO Y NO CUENTES
A NADIE
CÓMO LO ENCONTRASTE


Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados y entró en su casa… Desde afuera escucharon la tranca de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena.




El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido en la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían.
¡Era una montaña de monedas de oro!
Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas:
Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis... y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60... hasta que formó la última pila: ¡9 monedas!
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. “No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.
—Me robaron –gritó— ¡me robaron, malditos!
Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99”.
“99 monedas. Es mucho dinero”, pensó. “Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo” –pensaba—. “Cien es un número completo pero noventa y nueve, no”.
El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes… El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.
¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta.
Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla.
Después quizás no necesitara trabajar más.
Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar.
Con cien monedas un hombre es rico.
Con cien monedas se puede vivir tranquilo.
Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.
“Doce años es mucho tiempo”, pensó.
Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.
Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero.
¡Era demasiado tiempo!
Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comida todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender...
Vender...
Vender...
Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno?
¿Para qué más de un par de zapatos?
Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.
El rey y el sabio, volvieron al palacio.
El paje había entrado en el círculo del 99...
...Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche.
Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.
—¿Qué te pasa? –preguntó el rey de buen modo.
—Nada me pasa, nada me pasa.
—Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
—Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente.
No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.
—Y hoy cuando hablamos, me acordaba de ese cuento del rey y el sirviente.
Tú y yo y todos nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología: Siempre nos falta algo para estar completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene.
Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta...
Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida...
Pero qué pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe que nuestras 99 monedas son el cien por cien del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve, que esta es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que seamos estúpidos, para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados.
Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual...
...¡eternamente igual!....Cuántas cosas cambiarían si pudiésemos disfrutar de nuestros tesoros tal como están.

Hasta luego.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Frases para discriminar a la mujer

"Seguido decía mi abuelita: "¡No llore! ¡Parece vieja!"
(Vox populi)


En nuestro hablar cotidiano se refleja la discriminación hacia las mujeres, muchas veces en bromas que todos festejamos (hasta las mismas mujeres) y otras veces con profunda seriedad o hasta con coraje. 

La discriminación es el acto consciente o inconsciente de despreciar a otra persona por sus características físicas, por sus creencias, por su color de piel, por su sexo, por sus preferencias o por cualquier otra cosa que no nos guste aunque no sepamos bien el por qué. 

Generalmente la razón por la que discriminamos es porque alguien es "diferente" de alguna manera... O queremos pensar que es diferente para no reconocer que nos parecemos más de lo que quisiéramos aceptar. Viendo el video que reproduzco enseguida se puede entender mejor esta idea, y aunque en este experimento participan solamente niños, los adultos reaccionamos igual que ellos, ¿o de quién aprendieron?:


Así pues, el lenguaje cotidiano ha servido como conservador para algunos prejuicios que aún hoy siguen vivos entre nosotros, y específicamente en el caso de las mujeres hay varias frases que deberían erradicarse de nuestras pláticas, pero en lugar de eso se han vuelto "normales" y de uso común.

Algunas de esas frases fueron ilustradas por el monero tapatío Trino hace 4 o 5 años en una serie de cartones que formó parte de la exposición temporal "Alas y raíces", con el título "No es lo mismo degenero la equidad a la equidad de género". Con sus monos, frases populares y escenas de la vida diaria, va evidenciando la desigualdad que pesa sobre las niñas y mujeres.

Esas frases discriminadoras, pero bien vistas por todos, nos han acompañado durante muchas generaciones y por lo mismo ya ni reflexionamos sobre su origen ni sobre el impacto que tienen: son "nuestras". La exposición de Trino constó de 11 caricaturas, de las cuales conseguí 9 escarbando en Google y las comparto aquí para que sigan cumpliendo su misión: 

"A través de los monos de Trino, es posible ver que la desigualdad está fundada en un absurdo que, a su vez, nos caricaturiza a hombres y mujeres por igual"
(amigoslarevista.com)









Todas las vidas son igual de valiosas. Por redundancia, todas las personas valemos lo mismo: mujeres, hombres, niños, niñas, adultos, ancianos, morenos, rubios, calvos, gordos, flacos, altos, bajitos... El poder de nuestro lenguaje es tan fuerte que puede influenciar a generaciones enteras, así que vale la pena identificar cuáles frases discriminadoras usamos o escuchamos en los ambientes donde nos desenvolvemos cotidianamente, y comenzar a utilizar frases más incluyentes.

Claro que la idea no es irnos hasta el otro extremo y brincar del machismo al feminismo para suponer que la mujer vale más que el hombre y por lo tanto tiene derecho a humillarlo, como se observa en este otro cartón ¡la idea es tratarnos con equidad!:


Hasta luego.

viernes, 4 de marzo de 2016

Padres ausentes, hijos que quieren estar presentes

"Lo que se graba en la ausencia:

Siempre ocupados
Siempre de prisa
Siempre de malas
Siempre al pendiente
de alguien o algo más
Siempre con algo
más importante que hacer
Sin detenerse a responder
las dudas e inquietudes
de ese pequeño ser
Hijo o hija ¡qué infantil!
Siempre ocupados
Siempre de prisa
Siempre de malas
Siempre al pendiente
de alguien o algo más
Siempre con algo
más importante que hacer."
(hemebe)


Si los padres sobreprotectores son aquellos que todo el tiempo quieren estar sobre sus hijos, el lado opuesto son los padres ausentes, ya sea física o emocionalmente... o de ambas formas. El papá o la mamá pueden no estar presentes para el hijo o la hija (aún viviendo en la misma casa), y esta situación provoca reacciones como rebeldía, conflictos con la autoridad, inseguridad personal y una fuerte necesidad de afirmarse y hacerse valer ante los demás.

Varias conductas violentas, destructivas y hasta autodestructivas en los jóvenes y adultos tienen su origen en un padre o madre ausente. Los niños que vivieron esta situación serán adultos que prefieren borrar varias escenas de su infancia y literalmente pueden olvidar episodios completos de su historia, al grado de ver como ajenas algunas vivencias de sus primeros años de vida.



Este mecanismo de defensa puede producir la tendencia a escapar de las experiencias desagradables en otros momentos de su vida, incluyendo la vida en pareja o la vida laboral, y precisamente por seguir evadiendo las situaciones dolorosas preferirá marcharse en vez de enfrentar los conflictos, repitiendo con sus hijos la misma historia que vivió en su infancia. El miedo al compromiso nace de la sensación de poder perderlo todo en cualquier momento... y como la mayoría de los miedos, los convertimos en realidad si enfocamos en ellos nuestra atención.


El miedo más grande que tenemos cuando somos niños es al abandono, al rechazo, a no contar con alguien que nos cuide y nos haga sentir queridos y valiosos: es el miedo a perder a quien más nos quiere. Cuando los padres no están porque fallecieron o se fueron de casa este temor se vuelve realidad. Y también se vuelve realidad cuando los padres tienen una adición y por esa razón no atienden a sus hijos, o cuando se dedican toda la atención entre ellos sin hacer caso de los hijos, ya sea para pelearse constantemente o para halagarse. 



Los padres con la permanente actitud de crítica destructiva y anuladora al estilo de "Madre Gothel" también están ausentes. Parece que están ahí apoyando, pero son incapaces de reconocer y valorar objetivamente los logros de sus hijos por estar demasiado sumidos en sus propios intereses, y en este mundito egoísta los hijos solamente caben si los pueden usar a su favor. En este contexto los hijos crecerán tratando de hacer cualquier cosa para ser reconocidos.

Las adicciones nacen como un sustituto ante la ausencia del padre o de la madre, produciendo sensaciones placenteras y la ilusión de ser más de lo que en realidad somos. Papá y mamá pueden ser muy egoístas y justificarse pensando en la gran cantidad de problemas que tienen que enfrentar, sin embargo esto no justifica olvidar el compromiso que se tiene hacia los hijos, e ignorar que al ausentarse los están lastimando de por vida. Es como decirles "mis problemas personales son más importantes que tú". 

"Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cría a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres."

(Proverbio oriental)


¿Durante tu infancia viviste alguna situación donde sentiste que no podías contar con tu padre o tu madre? ¿Has olvidado momentos de tu niñez, como si tuvieras lagunas mentales? Y si tienes hijos, ¿Les regalas cosas o dinero para "matar" la culpa de no estar con ellos?, ¿Los conoces?, ¿Sabes qué les gusta y qué les desagrada? ¿Cuentan contigo?


Si creciste con padres ausentes, es posible reconciliarte con la vida y contigo. Si estás actuando como padre o madre ausente, también es posible cambiar y volverte un padre o madre con conductas más constructivas. Para ello necesitarás trabajar en tu propia persona con constancia y sin esperar que alguien "arregle" a tus hijos, pues ellos son un espejo de lo que tú eres y haces. El primer paso para recibir ayuda es aceptar que la necesitamos.

¿Y cómo se le habla a los hijos cuando uno de sus padres está ausente, por la razón que sea? En la página "guiainfantil" encontré un artículo breve y muy interesante, donde proponen algunas frases que pueden ayudar bastante a manejar esta situación manteniendo la buena autoestima de los hijos.

Aunque este mensaje lleva implícita una amenaza o un chantaje, tiene mucho de realista:

Hasta luego.

domingo, 28 de febrero de 2016

Sobreproteger

"A lo largo de los años los padres se sienten aterrados de pensar o considerar su vida sin sus hijos en casa."
(Margarita Guerra P.)



La mayoría de los papás y mamás no lo sabemos, y si lo sabemos preferimos hacer como que no nos damos cuenta, pero al sobreproteger a nuestros hijos en realidad estamos tratando de protegernos a nosotros mismos para no hacer caso de nuestros miedos y sobre todo para no quedarnos solos al final de nuestros días. Hay quien dice que quiere tener un hijo solamente para tener a alguien que le cuide cuando llegue a la vejez... ¿Ésa es suficiente razón para traer una nueva vida a este mundo?

Algunas muestras de sobreprotección:

Así que detrás de la preocupación exagerada por los hijos, está el terror a la soledad. Y como nadie da lo que no tiene, al final ese terror se traslada a los mismos hijos que decimos proteger y cuidar, y para acabarla de completar. haciéndoles creer que son ellos los que están mal por medio de dobles mensajes, donde al final parece que los papás les dan toda la libertad y confianza y no entienden por qué los hijos no se animan a hacer lo que quieren (claro: el mensaje es doble porque también se le está diciendo lo contrario: no podemos confiar en ustedes, por lo tanto no pueden ser libres).

Causas de la sobreprotección en los papás y mamás:


Cuando se da un doble mensaje en este entorno sobreprotector, la idea directa que se manda es que el bienestar del niño o la niña es primero. Pero el mensaje de fondo, cargado de emoción y de un tono lastimero, es "no puedes irte y dejarme sin apoyo". De ahí que se vuelva frecuente encontrar familias con "adolescentes tardíos", de esos hijos que a los 30 años o más aún están pensando qué quieren estudiar o qué van a ser "de grandes", porque en realidad les da miedo enfrentar un mundo que no han podido explorar por estar pegados a las necesidades de mamá, de papá, o de ambos. Son los herederos del miedo y la comodidad de los padres.

Consecuencias de la sobreprotección en los hijos:


Papás y mamás: Si su hijo o hija se pasa de bien portado y prefiere estar en casa aún siendo adulto, habría que revisar fríamente cómo está llevando sus relaciones hacia el exterior, con sus iguales de edad, de escuela o hasta de trabajo, pues no es raro que los niños que fueron sobreprotegidos sean jóvenes y adultos acostumbrados a mandar y esperar ser obedecidos o por lo menos tomados en cuenta siempre que hablan (el doble mensaje de los papás sobreprotectores hace que ellos crezcan creyendo que son los que mandan en ese mini imperio que es el hogar). Al no encontrar la misma respuesta en otros ambientes, prefieren aislarse en casa antes que enfrentar la frustración... Y claro ¡en casa siempre encontrarán la idea de que no hay nadie que los quiera tanto como mamá o papá, y que ahí "sí mandan"!

Un hijo sobreprotegido cree que él siempre manda:

A cualquier edad es posible confiar realmente en los hijos, soltarlos (que no significa abandonarlos ni dejarlos de querer) y dejarles ver que los padres también están bien sin ellos. ¿Difícil? SI piensas esto, tal vez sea el momento de buscar ayuda para cambiar tu estilo de relación con tus hijos y enfrentar tus propios miedos como padre o madre.

El papá y la mamá sobreprotectores no confían en sus hijos:

¿Y cómo saber si eres una madre o un padre sobreprotector? Bueno, en este video puedes ver a una jovencita que dice haber sido hija sobreprotegida y que gracias a esa experiencia nos puede ayudar a identificar las frases que dicen los padres sobreprotectores, así que vale la pena arriesgar un ojo o hasta los dos viendo su video:

(Para verlo en YouTube da clic aquí)


Hasta luego.

jueves, 25 de febrero de 2016

El poder de los gritos y los dobles mensajes



Esculcando en Facebook encontré un texto que mi amiga Brenda Ramos compartió y me gustó mucho por lo bien que se ilustra la idea. Parece que el texto original lo tomó de la página de Gaby Alcázar, a quien no tengo el gusto de conocer, y espero no se moleste por divulgarlo aquí:




"Según informes, en las Islas Salomón del Pacífico los isleños practican una forma especial de “la magia de la maldición”. Si un árbol se debe de cortar y es demasiado grande para ser cortado, es derribado por los esfuerzos combinados de los isleños.


Se supone que la gente de estas islas se levanta temprano en la mañana a esas horas entre las 4 y 5, (Antes del amanecer) para efectuar el proyecto. Aparentemente los nativos rodean el árbol luego proceden a maldecir y gritar a él. Esta energía negativa empieza a dañar la energía de la vida del árbol. Y el resultado es que después de 30 días, mueren las raíces y cae al suelo el árbol. EN SOLO 30 DÍAS.

¡¡¡Wow!!! Si tienen que recurrir a regaños y gritos para matar a un árbol tan grande que ni un serrucho lo puede tumbar, ¡¿imagínate lo que hacen los gritos y los comentarios negativos a un pequeño niño o niña?! Y no por 30 días; sino por toda su infancia y adolescencia.


Si los gritos tienen el poder de matar a un árbol, tus gritos hacia tus hijos matan su creatividad, sus sueños, su inspiración, su confianza, y tristemente en algunos casos, hasta puede matar el amor que le tiene a sus propios padres. Amigos dejen de utilizar los gritos para corregir a sus hijos, NO FUNCIONAN; los resultados y repercusiones de esta acción son desastrosos.


Y yo agregaría que no solo los gritos, sino todas esas palabras aparentemente amables o cariñosas que reconocen únicamente los errores, lo que está mal hecho o lo que no te gusta de tu hijo o de tu hija, pero ignoran sus virtudes, logros y cualidades... Esas palabras, como las que dice Madre Gothel a Rapunzel en la conocida película de Disney, son dobles mensajes y también van dejando una huella que mata el alma infantil poco a poco pero en silencio, a diferencia de lo que ocurre con los gritos. 





Los gritos y los dobles mensajes "amorosos" son expresiones de desamor mal disfrazadas de cariño que dejan en los hijos una extraña confusión que podría durar toda la vida: "¿me quieren?", "¿me odian?", "¿me tratan así por mi bien o por el suyo?", "¿soy una persona tan mala?", "¿no sirvo?"...



Hasta luego.

martes, 23 de febrero de 2016

Personas o culpables

"Éste es el castigo más importante del culpable: nunca ser absuelto en el tribunal de su propia conciencia".
(Juvenal)

A veces hacemos daño sin querer. Lastimamos a la gente que amamos y el daño puede dejar una huella profunda, incluso permanente. Hay ocasiones en que dañamos con toda la intención de perjudicar a alguien, pero ese no es el punto, ahorita se trata de esas ocasiones en que no nos damos cuenta y de pronto una palabra o una acción afectan a una persona cercana e importante. El hecho de no darse cuenta no elimina el daño causado ni justifica lo que haya ocurrido, pero sí puede ser una razón para no castigar de por vida a quien ocasionó un daño involuntariamente.

Si el daño se puede reparar, lo más justo es exigir y comprobar que el responsable se haga cargo de esa reparación. Si no se puede reparar también será justo hacerlo notar y buscar alguna forma de compensar el daño causado.


Lo que no es justo es que siendo obvio que no hubo dolo, alevosía, ventaja y ni siquiera intención al causar ese daño, se convierta en culpable sin más a una persona, porque a partir de ese momento se lo creerá, se vivirá como culpable que merece un castigo y que es capaz de hacer daño a su gente, a quien sea.

No importa de qué tamaño sea el daño, si un niño rompió el juguete de su hermano al caerse accidentalmente sobre él, si un hijo manchó la pared que recién acababa de pintar su padre, si otro muchacho empujó accidentalmente a un amigo o amiga provocando que se lesionara, si al traer el auto prestado le dieron un golpe y ahora debe pasar unos días en el taller, o cualquier otra cosa que hay ocurrido, siempre tendremos dos opciones para reaccionar: Considerar primero a la persona o considerar primero “lo que debe ser”.


Al considerar primero a la persona nos podemos enterar de cómo ocurrieron las cosas, de cómo se sienten tanto el afectado como el que ocasionó la situación de riesgo y sobre todo, de cómo actuar para resolver o compensar el daño ocasionado sin querer. Y al centrarnos en los daños materiales o en lo que “debe ser”, es casi seguro que no nos interesará saber cómo se sienten ni el afectado ni el descuidado que provocó el daño, sino que trataremos de encontrar un culpable que merece un escarmiento.

Es más fácil castigar que dialogar. Es más sencillo y rápido satanizar y elegir un culpable que tratar de conciliar y hacer ver que todos nos equivocamos y que nuestras acciones tienen consecuencias, de las que nos podemos hacer cargo en la medida de nuestras posibilidades. Es más fácil etiquetar a alguien de “bueno” y a otro alguien de “malo” para evitarnos el esfuerzo de pensar.

En el caso de los niños y los adolescentes, con frecuencia provocan daños leves, por ejemplo romper un vaso, empujar a un compañero o caer sobre él, perder alguna prenda de vestir o provocar algún accidente más o menos grave. Cuando esto ocurra y sea obvio que no hubo la intención de dañar, centrémonos en la persona para ayudarle a responder por sus actos en lugar de colgarle la etiqueta de “culpable” y castigarlo por el resto de sus días, haciéndole creer que es más malo que el peor malhechor de los que salen en las películas.

Y hablando de películas, mientras escribo esto me acordé de “Frozen”, una producción de Disney que casi me atrevo a asegurar que todos hemos visto. A mis hijos les gusta mucho y a mí me gusta ver cómo disfrutan cantando las canciones que acompañan la historia de las 2 hermanitas que protagonizan esa trama. Bueno, me acordé de esa película porque Elsa, una chica alegre y creativa, en un arranque de emoción congela a su hermana Ana sin querer. Al enterarse los papás deciden "sabiamente" encerrarla como delincuente dentro de su recámara sin dejarla salir para nada, afectando con ello también a su hija menor que se quedó sin cómplice y sin compañera de juegos y que para acabarla, ni siquiera se quejó de lo que hizo Elsa porque para ella fue obvio que su hermana no la quiso lastimar. Los papás se centraron en el riesgo, en sus miedos y en la sobreprotección. Se olvidaron de las personas que participaron en el hecho.


Hay niños, adolescentes y adultos con cualidades especiales, habilidades distintas de los demás miembros de su grupo (amigos, familia, trabajo, escuela o donde sea). Lo diferente nos da desconfianza y hasta nos asusta. Eso ocurrió con los papás de Elsa y Ana y le puede ocurrir a cualquier otro padre y madre.

Siguiendo el ejemplo de la película, al centrarse en las personas (o sea en sus hijas) los papás hubieran distinguido fácilmente que el accidente no fue intencional, que la hermana mayor tenía habilidades diferentes y entonces podrían decidir que, para reducir el riesgo de volver a lastimar a su hermana, a sí misma o a alguien más, sería conveniente educar y entrenar a Elsa hasta que dominara sus habilidades y cualidades personales: Ayudarle a ser una mejor persona.

Así de fuerte es el efecto de lo que queremos ver: culpables o personas. La tolerancia no se ve pero se nota cuando está presente, y es una pieza indispensable para decidirse a favor de las personas.

Hasta luego.

Post Data:

Aunque es otro nivel, también con los animales aplica nuestra decisión de quererlos ver como culpables que deben ser castigados o como compañeros de vida:


Ahora sí: Hasta luego.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Recomendaciones para interpretar tus sueños

"Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía."
(Vladimir Lenin)






A lo largo de la historia ha habido diferentes formas de abordar los sueños, pues prácticamente todas las culturas antiguas reconocieron la importancia de descubrir el significado de los sueños. En la actualidad Freud y Jung son los más reconocidos por sus trabajos, el primero consideraba que los sueños descubren la realidad a partir de revelar impulsos reprimidos; el segundo fue más allá y descubrió algo que llama “inconsciente colectivo”, como si todos los seres humanos estuviéramos unidos por un hilo invisible que se manifiesta en nuestros sueños. Dedicó gran parte de sus estudios a la simbología y a entender la base de las premoniciones. Y como todos soñamos, se dio cuenta que sí hay una reserva de significados arquetípicos disponibles para toda la humanidad.




Recomendaciones para interpretar tus sueños:

Acostarte con la intención de soñar, esta predisposición facilita el acceso de la memoria a los sueños que hayas tenido.

Platicar acerca de tus sueños con personas de tu confianza, la comunicación ayuda a tenerlos presentes, permite encontrar similitudes y diferencias con otros sueños y los vuelve parte “normal” de la vida diaria.

Escribir los sueños, conviene tener a la mano una libretita y una pluma para hacer una especie de “diario de sueños” donde puedes tomar nota de lo que más te haya llamado la atención inmediatamente al despertar, antes de que las imágenes, sensaciones, palabras y la impresión general de tu sueño se haya ido.

Tener una guía para la interpretación, cualquier diccionario de símbolos puede ser útil como apoyo, puedes encontrarlos en cualquier librería y también hay varias versiones gratuitas disponibles en Internet. La interpretación más importante es la que se relaciona directamente con tu experiencia personal…



Algunos símbolos frecuentes en los sueños:

Generalmente, el lugar donde transcurre el sueño representa el “yo” de quien sueña, así, las palabras que usas para describir el escenario donde se desarrolló tu sueño pueden ser aplicadas a tu propia persona.

Si el sueño transcurre a nivel del piso, el mensaje de tu sueño está en el presente. Si el sueño sucede en las profundidades, en un sótano, en una caverna, bajo tierra, entre las raíces de un árbol o cualquier otro lugar al que tienes que descender en un nivel más bajo que el piso, el mensaje se refiere a tu pasado. Y si el mensaje implica subir, elevarse, estar en lo alto de una montaña o en los pisos superiores de un edificio, el mensaje se refiere a tu futuro.

Los sueños donde la gente vuela hablan de seguridad, confianza y libertad interior.

Los sueños de caídas sorpresivas hablan de un exceso de confianza (zona de confort) que puede orillarte a hacerte trampa a ti mismo.

Soñar con bichos pequeños y desagradables como cucarachas, ratones o arañas, implica que hay chismes o rumores en el ambiente en que te desenvuelves… ¿Qué tanto caso les haces?

Si los bichos que sueñas son agradables (abejas, mariposas u otros), el sueño tiene un mensaje constructivo para tu vida, centrándote en algún proyecto o decisión del que tal vez tienes dudas para llevarlo a cabo.

Si en el sueño mueres, o muere alguien importante para ti, es un aviso de que va a ocurrir un cambio trascendente en tu vida.

Un bebé o un recién nacido en tus sueños representan una vida vida para ti, y en ocasiones es, literalmente, una nueva vida profesional, académica, matrimonial... 

En tu sueño vas manejando un vehículo y: El camino por donde avanzas es cada vez más agradable y placentero: Quiere decir que la manera como te estás conduciendo por la vida te dirige a una mejor posición en un área de tu vida (familia, trabajo, relaciones, etc.), habrá que estar atentos a los demás símbolos del sueño... Pero si el camino se vuelve cada vez más difícil y desagradable, tal vez hasta te dé miedo estar en un lugar así: Es lo contrario del significado anterior. Hora de revisar a dónde te llevan las decisiones que estás tomando en una situación específica... Y si en tu sueño como conductor avanzas en reversa: Hay algo que rescatar del pasado. Lo mejor es darse un tiempo para identificarlo rápido y poder seguir hacia adelante, para no atorarse en algo que ya sucedió. Por el contrario, si en el sueño no puedes manejar en reversa: Hay un conflicto en alguna parte de tu historia personal, y eso produce miedo, vergüenza, rencor o algún otro sentimiento tanto en el sueño como en la vida real. Hora de enfrentar el pasado para actualizarse y estar en el presente.

Los personajes que aparecen en tu sueño también son símbolos y representan una tendencia particular tuya, no del personaje en cuestión. Por ejemplo: si tu novia aparece haciendo el amor con otra persona en tu sueño, debes revisar cómo estás actuando en tu relación en lugar de ir a reclamarle a tu novia. Todos los personajes de tu sueño representan algo tuyo, de tu personalidad, porque tú eres el guionista de lo que sueñas.

La excepción a lo anterior son los sueños que transcurren en un escenario donde todo lo que percibes corresponde al 100% con ese mismo escenario en la realidad: colores, texturas, olores, sonidos, sensaciones, pensamientos… Cuando en tu sueño ocurra algo impresionante que aún no ha ocurrido en tu vida de vigilia y te des cuenta que todo lo que formaba parte de tu sueño aparecía tal como es en la realidad (no con un “casi igualito”, sino con un “exactamente igual”), es muy probable que tengas un sueño premonitorio, así que habrá que anotarlo muy bien en tu cuaderno para que estés prevenido cuando se comiencen a dar las situaciones que “viviste” en tu sueño.



Todas estas interpretaciones son generalizadas y corresponden al inconsciente colectivo que mencionó Carl Jung. Sin embargo, además de este significado general habrá que tener en cuenta los significados personales, estos dependen en buena medida de los sentimientos y emociones que cada elemento del sueño fue provocando en ti mientras se desarrollaba la trama, así como de las reacciones que tengas ante hechos o situaciones específicas de tu sueño. Esta interpretación es la que ayuda a rescatar el mensaje profundo y personal que cada sueño tiene para ti.

Recuerda:

Soñar es el primer paso, creer en lo que sueñas es el siguiente y el tercero y definitivo es actuar para seguir el camino hacia la persona que quieres llegar a ser. Si tienes interés en descubrir el mensaje de tus sueños o de un sueño en particular, date un tiempo para trabajarlo y si requieres apoyo, cuenta conmigo.



Hasta luego. 

lunes, 15 de febrero de 2016

7 pretextos para disfrazar el abuso sexual

"Debería ser sencillo: el NO significa NO. El SÍ o el NO están condicionados a lo que piensas o sientes en ese momento. Las personas pueden cambiar su inicial SÍ por un NO. Y no pasa nada."
(Tomado de la página friendlylife.com)


Las siguientes tiras tipo historieta aparecieron en inglés inicialmente y son un intento por hacernos ver que nuestra sociedad (o sea nosotros) comparte algunas ideas acerca de la sexualidad que no siempre favorecen una relación sana, ésa es una de las razones por las que hay una alta incidencia de abusos sexuales y de conductas ofensivas en parejas de todo tipo... y de verdad de todo tipo: desde las casuales o recientes del tipo "es que apenas nos estamos conociendo", hasta las ya establecidas con familia y años de experiencia. 

Esta incidencia parece indicar que hay algunos patrones de conducta invasiva (en tanto que invade la intimidad de otra persona) que parecen inofensivos y normales pero constituyen una falta de respeto a otra persona, y no nos queremos dar cuenta porque "se justifica", "se lo buscó", "si le gusta, que no se haga" y tantas otras frases que escuchamos y decimos para hacernos creer que está bien invadir la intimidad de otra persona sin darle oportunidad de decidir.

Las siguientes tiras las tomé de la página friendlylife.com, donde aparecieron con el título "Las 7grandes mentiras sobre el consentimiento sexual explicadas en sencillas viñetasde cómic". Son 7 ejemplos que ilustran igual número de pretextos utilizados para justificar un abuso o una invasión a la intimidad. En estas escenas se aprecian situaciones cotidianas que no parecen tener relación directa con la sexualidad de las personas. Sin embargo lo que ocurre en estos escenarios es exactamente lo mismo que ocurre en las relaciones sexuales: Basta ver las frases arriba de cada tira para remontarnos de inmediato a situaciones de sexualidad. 

La riqueza de ver estas frases en otros contextos es que nos puede ayudar a entender y prevenir las conductas de hostigamiento y abuso cuando se presenten y no hasta que ocurran en el terreno sexual. ¿Te suenan conocidas? Puede ser buen momento para hacer cambios y dejar de aceptar condiciones que no deseas en tu vida, aquí están las tiras:

Pretexto 1:
Tu forma de vestir te obliga a comportarte de cierta forma:

Pretexto 2:
Si una vez me diste permiso, lo tendré siempre:

Pretexto 3:
Si te gustó algo una vez, te gustará siempre:

Pretexto 4:
Te gustará incluso si estás drogada, borracha o inconsciente:

Pretexto 5:
Es tu deber como pareja o esposa:

Pretexto 6:
Si dices que lo vas a hacer, tienes la obligación de hacerlo:

Pretexto 7:
Debes acabar lo que empezaste:

Recuerda:

Tu cuerpo es tuyo. Tus emociones y pensamientos también, así que tu único compromiso en cualquier momento de tu vida y ante cualquier persona es hacer lo que te haga estar bien contigo, con tu yo. La persona que te ama ni es tu dueña ni te pertenece, así que puedes cuidar de ti y decidir sobre tu cuerpo, tus emociones y tus gustos sin culpa ni vergüenza.

Hasta luego.

En el presente

  Si buscamos la felicidad en el pasado el presente pierde sentido y el futuro asusta, la vida está en el presente. Es gratificante haber ...