lunes, 11 de enero de 2016
domingo, 10 de enero de 2016
Cuento: Desde arriba
"El miedo era libre como un pájaro esa mañana clara e iluminada. Y ser libre era peligroso."
Breve cuento que escribí pensando en el centenario de la Revolución y los tiempos violentos que vivimos en estos días, espero les guste:
Antes la cosa
era diferente, pero la gente siempre ha sido la gente, en eso nada ha cambiado. Cuando llegaba el
montón de pelados gritando, disparando y mentando madres, todo el pueblo se escondía, los que
estaban en sus casas ya no salían y los que andaban en la calle o en la plaza tenían que perderse antes de que los vieran para encontrar un lugar donde ponerse a salvo, de
repente era mejor quedarse allá afuera del pueblo entre los árboles, pero a
veces hasta allá te encontraban y pues te amolabas. La gente vivía con miedo,
a la defensiva o a la ofensiva, según lo que te hubiera tocado.
Todos decían que eran
los buenos, siempre llegaba cualquier pandilla de carniceros igual de bravos para
gritar, disparar y sentirse dueños de todo y siempre decían que ellos eran los
buenos y que debíamos apoyarlos, porque si no luego iban a ganar los malos y
nos iban a fregar. Ya casi se habían acabado las cosechas,
teníamos maíz, frijol, milo, garbanzo, calabazas, rastrojo y otras cosas para
alimentar a los animales y a las familias, porque casi no se podía vender, pero casi todo se lo habían ido
llevando, a veces de a poquito, a veces de un jalón, según como fueran los que pasaban por el pueblo, porque sí había unos más jijos que otros, pero al final todos se iban cargando lo que no era suyo. También teníamos vacas, caballos,
unos puerquitos y una que otra oveja y cabra, pero ya casi no nos quedaban.
Lo que más teníamos
era hambre y miedo, de eso había por todos lados. Y lo mejor es que nunca dejamos
de creer en nosotros, los que vivíamos ahí, y nunca nos fallamos. Uno que
otro pensó que le convenía irse con la bola y se fue nomás, sabe a esos cómo les
habrá ido porque ya nunca los vimos. Yo creo que si les fue bien ya nunca
pensaron en regresar, y si les fue mal los han de haber matado y entonces menos
regresaban, el caso es que los que nos quedamos nos conocíamos bien y nos
ayudábamos, estábamos listos para echarnos la mano cuando fuera necesario y
cuando podíamos nos reuníamos en algún lugar a platicar de cómo iba la cosa. En el pueblo casi no se sabía nada de la refriega que había en todas partes, ni acabábamos
de entender por qué pues tanta matanza de gentes. Nomás sabíamos que había mucha hambre
y miedo.
Con luna y sin luna nos juntábamos en el patio de doña Inés porque era de los más grandes, estaba
rodeado de árboles, al fondo daba con el arroyo y de ahí seguía el cerro, o sea que era
muy fácil pelarse en caso necesario. Esas reuniones me gustaban mucho, eran
días difíciles y de andar con cuidado, pero ahora pienso que a todos nos gustaba
ese momento, empezábamos todavía con la luz del sol, casi siempre había uno o
dos cantaritos de agua fresca por ahí y nos la íbamos tomando mientras se moría
la tarde, luego empezábamos a tomar cafecito con piquete para estar bien
despiertos, decían, y el aire se iba llenando de destellos luminosos conforme
salían las luciérnagas y se acercaban al grupo. Casi siempre podía verse el
cielo despejado y las estrellas destacaban con su claridad brillante sobre el fondo negro,
muy negro. En ocasiones la plática nos llevaba muy lejos de ahí, nos íbamos a
otro lugar y a otro año, como si eso de la guerra fuera una historia
gastada que ya nos sabíamos, en esas ocasiones podíamos hablar de los sueños y
planes de los parientes y vecinos, de lo que se había hecho y lo que se pensaba
hacer, de lo que nos gustaba y lo que no, podíamos hasta acabar hablando de
sustos y fantasmas, que siempre se meten a la plática en las noches oscuras.
Pero otras noches no podíamos despegarnos del tema de las balas, la rapiña y el
abuso de esa guerra absurda y sangrienta como cualquier otra guerra… nomás que
esta nos estaba matando a todos nosotros.
Unos juraban que nos defendían de los
delincuentes y otros juraban que eran delincuentes justicieros. Al final,
los que trabajábamos les dábamos de comer a todos esos, daba lo mismo si se
decían buenos o malos.
El patio de doña Inés
era un buen lugar para estar y yo me pasaba mucho tiempo en él con cualquier pretexto y hasta sin tener excusa, ahí veía todas las salidas de emergencia que se podía uno
imaginar, pero me gustaba especialmente el riachuelo que corría al fondo. En
varias noches esa agüita corriendo fue el sonido que más se escuchó cuando no había mucho qué decir, o no valía la pena hablar.
Nos acordábamos de
muchas muchachas perdidas que se llevaron los de pistola, con uniforme y sin
él. Recordábamos también a los niños entrados a adolescentes, esos que sienten
que pueden comerse el mundo de una mordida y que fueron arreados como vacas por
esos tipos para usarlos como carne de cañón en las siguientes batallas por la
gloria de este país o nomás para sentirse más chingones que los demás, decían. Esos recuerdos desangraban el arroyo y aunque su
canto seguía oyéndose, llevaba un murmullo distinto, de voces que ya no íbamos
a escuchar.
Una
noche, estando un montón de gentes en el patio de doña Inés, el arroyo empezó a
gritarnos que corriéramos y de inmediato le hicimos caso, ni siquiera volteamos a ver de qué se trataba,
corrimos tanto como pudimos y después trepamos hasta lo más alto de la arboleda que cubría el poniente del pueblo. Estando entre los árboles me detuve tantito a ver
qué había pasado y a ver dónde estaban los demás. Doña Inés cayó como
dormida en su patio, bajo sus árboles, junto a su arroyo, y su sangre se fue
jugando con el agua que siempre habíamos visto pasar por ahí, algunas botas
pisoteaban el riachuelo y un tipo que se decía soldado quiso patear a la señora,
pero el arroyo le movió unas piedras y lo hizo caer, no iba a dejar que la avergonzaran
en ese último momento. Había otros cuerpos tirados en distintos lugares, también en la calle. Se me revolvió el estómago y me dieron ganas de llorar.
Esta vez eran más,
muchos hombres llegaron con sus uniformes de soldados y policías gritando que buscaban delincuentes escondidos en el pueblo, tenían que encontrar a alguien, a quien fuera, para
justificarse con su jefe y seguir viviendo de las armas. Los jefes de la patria
eran fáciles de contentar: les llevaban uno o dos culpables, lo anunciaban a todo el mundo y se quedaban
contentos un rato, pero esta vez no habían mandado nada más por uno o dos. Algo
había pasado. En mi pueblo todos los empistolados llegaban siempre por la calle
principal, comían, de repente también dormían ahí y luego se iban, mi pueblo
era chico. Esta vez llegaron por el cerro, se metieron al patio de doña Inés y
a los patios de todas las casas que daban al arroyo, rompieron puertas y
ventanas, esculcaron las sábanas, la ropa y las cazuelas, entraron a los
corrales y revisaron hasta el lodo de los marranos. Hubo mártires
entre los parientes, amigos, conocidos y mascotas, y yo me quedé escondido,
temblando entre los árboles que fui trepando como pude.
La noche siguió
avanzando, se fueron yendo los gritos y los disparos, también se fueron las
blasfemias y mentadas pero se quedaron los soldados, dueños del tiempo y de las
cosas que tomaban aquí y allá. Se creyeron dueños del pueblo, pero no era cierto,
no lo sentían suyo y no sabían el por qué de cada casa, cada lugar y cada cosa. No sabían porqué existía este pueblo y no tenían la más remota
idea de cuántas vidas habían pasado por ahí, con qué sacrificio se construyó.
No era de ellos, solamente poseían la nada, pues hace falta tener
la mente y el corazón conscientes para que una persona pueda ser dueña de su
vida. Murió la noche. Murió el pueblo tal como lo habíamos conocido hasta entonces.
Después volvió el día,
el frío de la madrugada calaba más que el de toda la noche y no había para
dónde hacerse, estuve callado entre las ramas del árbol y pensaba seguir así,
no me preocupaba el hambre ni las necesidades de orinar y defecar, esas eran
minucias que se podían aguantar mucho rato cuando estaba de por medio la vida,
y al escuchar a los soldados carcajeándose después de medio destruir mi pueblo
no era el hambre lo que más me movía, pero el frío me hacía temblar y me daba
miedo que el castañeteo de mis dientes se escuchara hasta la plaza. El miedo
podía cruzar los árboles, el patio de doña Inés que seguía allí tendida, su
casa y su calle. El miedo era libre como un pájaro esa mañana clara e iluminada.
Y ser libre era peligroso. Entonces comenzaron los estragos por el frío.
-
¡Achú!
-
¡Salud! – Respondí
automáticamente, aunque en voz muy baja para no atraer a los soldados que
preparaban un sabroso desayuno con un puerquito sacrificado por su causa, hacía
escasos minutos. Volteé mi cara a la izquierda y hasta entonces vi sentada en otra
rama como a 2 metros, a Rosa la hija del “enano”, el dueño de la mejor tienda
del pueblo, estaba agazapada como gato y sus ojos verdes también me hacían
seguir pensando en un gato. Si no hubiera sido por la situación, me hubiera
botado de risa en ese rato, su cara de susto y el ligero temblor de sus brazos
y su cara me alegraron un poco.
-
¡Qué chistoso te ves! – Me
dijo. Dicen que la zorra no se ve su cola, y ahí estaba dándome cuenta de mi
situación, idéntica a la de ella.
La vi con ganas de
reírse, pero el murmullo de los asaltantes nos alcanzó otra vez y su
cara se congeló, se puso amarilla y los ojos se le saltaron, se le heló la
sonrisa que apenas iba a salir y se me quedó viendo mientras apretaba las ramas
del árbol con sus manos, como queriendo fundirse con él. Un híbrido de Rosa
asustada y sauce llorón…
A los cobardes les da
por presumir de valientes cuando los ve la demás gente, se vuelven fanfarrones
para que piensen que no tienen miedo de nada: Más miedo les da que los
descubran, más alto gritan, y ahí estaban echando tamaños alaridos dizque de
gusto porque ya habían ganado la guerra. Gritaron y echaron mentadas hasta que
las doñas que quedaban en el pueblo les dieron el desayuno para que ocuparan
sus bocas en algo más útil.
El sol ya estaba
arriba, sus rayos colgaban impasibles soltando el calor del medio día. Aromas
de frijoles y carnitas con salsas y tortillas treparon lentamente por los
troncos de los árboles y nos encontraron con facilidad, pero nosotros
mantuvimos nuestra resistencia y no caímos frente a esta terrible arma, que la
verdad casi me hizo salir de mi escondite. También me alcanzaron de nuevo los
ojotes de Rosa, que luchaba igual que yo por callar el rugido de sus tripas y
soportaba heroicamente esta tortura.
Mi cara debe haberse
visto peor, porque ahora sí le salió la sonrisa y me invitó a acercarme. Me
recorrí algunos centímetros, me daba miedo que me vieran allá abajo, pero fue
suficiente para escucharla con más claridad:
-
¿Quién sería el traidor?
¿quién se animó a vender el pueblo? – Me quedé callado, sorprendido
viendo su boca todavía abierta… Yo preocupado por el olor de la comida y no
había reparado en que, ciertamente, alguien tenía que haberle dicho a los
soldados y policías que este pueblo tenía escondites, guaridas y misterios.
-
No sé… Ni me había puesto a
pensar en eso. Pero ahorita lo que me preocupa es saber dónde está toda la
gente…
-
Pues voltea a los otros
árboles, pero abre bien los ojos, ¿eh?
Ya había visto las
copas de los otros árboles, pero no había visto más que algunos pájaros
que se entretenían yendo de una rama a otra. Mirando con atención empecé a
distinguir algunos bultos pegados en las ramas, donde había más follaje. Estos
árboles tenían más gente que frutos, gente con caras serias, hoscas, que mostraban
rápidamente una sonrisa cuando descubrían que otros ojos los miraban. Cada par
de ojos se llevaba el espejo de otros rostros, nos decíamos mucho y nos
entendíamos así, sin más.
Entre las ramas, como fantasmas cazadores, también había varios gatos acróbatas desplazándose, saltando o echados al sol nada más, valientes en las alturas dominadas por las aves. También había ardillas de rama en rama, casi volando e ignorando a los gatos y a las personas, hoy las copas de los árboles estaban bastante cargadas. Un nuevo ruido llegó
de abajo y volví a asustarme, miré a Rosa y ella estaba más agazapada que
antes. Los soldados ya habían comido y estaban tomando... ¡es más peligroso un
borracho armado que el batallón mejor entrenado! Poco a poco fueron regresando
los gritos y las alabanzas para ellos mismos, hablaban de nosotros como si fuéramos
delincuentes, como si de verdad hubieran ido a una guerra y se hubieran
enfrentado a un ejército rabioso.
Un soldado joven,
gordito, tomó su rifle y disparó al cielo con gesto triunfal, y los demás
buscaron sus armas para apretar el gatillo una, dos, tres veces y más… se
acababa el parque y volvían a cargar para escupir más balas, el poder se les
iba de las manos como a los niños se les va el dinero en una dulcería. Pero no
parecían niños, sino animales rugiendo para demostrar quién es el más fuerte.
¡Nomás eso nos
faltaba! Nos libramos del asalto, sobrevivimos toda la noche y el día aquí
arriba, ¡y ahora nos pueden matar con un plomazo tirado a lo menso! Me
arrepentí de pensar esto, aunque mis pensamientos no se escuchaban pero vi a Rosa
temblando, acurrucada para no hacer bulto y cada vez más agazapada entre las
ramas del árbol y supe que pensar de esa forma no ayudaba en nada.
Los árboles nos
conocían bien y como podían trataban de cubrirnos a todos los que habíamos
subido a escondernos, meneando sus ramas y sus hojas se esforzaban para que
fuera más difícil vernos, pero algunas balas entraban a las partes más espesas
de las copas y su zumbido nos erizaba la piel. Me arrastré por la rama hasta
llegar con Rosa y nos abrazamos… Estaba calientita y temblaba mucho, me dijo
que yo estaba temblando, me abrazó más fuerte y en ese momento nos sentimos más
vivos que nunca.
Una rama tronó más
abajo, en algún árbol cercano y nos asustamos, yo pensé que uno de nosotros iba
a caer herido hasta el piso, pero no cayó nada, ni una rama, en ningún árbol.
Sin embargo el ruido también alertó a los soldados y luego luego se inventaron
otro jueguito: “¡Hay que tirarle a los pájaros!” Lo bueno fue que los pájaros
también nos querían vivos, apenas vieron que los balazos eran para ellos se
echaron a volar para todas partes, con una alharaca que silenció al griterío de
los soldados.
Cayó la tarde otra
vez. El hambre es canija y aunque yo estaba muy a gusto con Rosa, el estómago
ya gritaba pidiendo ayuda, abajo se durmieron los salvajes, casi muertos de tan
briagos, pero nadie se animaba a bajar.
Apenas empezaba a oscurecer cuando llegó otro puño de gente, serían unos 20 o 25, estos sí
entraron por la calle principal y sin más, fueron a buscar al teniente que
dirigía esa división. Nomás lo despertaron para que supiera quién lo mató, no
vaya a ser que se fuera con la duda. Con ese primer balazo despertaron los
demás soldados poniendo cara de espanto sin darse cuenta de lo que pasaba. No es cierto que
con un susto se baja la borrachera, a lo mejor se le quita un poquito lo menso
a la gente, pero el cuerpo tarda un buen rato en reaccionar, los recién llegados iban pasando a los soldados y policías medio crudos en grupitos de 4 al tejabán, a un lado
del templo, y ahí se quedaban. Otros 4 hombres, disparos y ahí venían otra vez
los fachosos por otros 4 más. Los últimos sí estaban sobrios, pelaban
unos ojotes sin creer lo que les iba a pasar y encima preguntaban que
“¿por qué?”. Los fachosos les agarraban la cabeza y los hacían voltear para
todos lados, y en todos lados estaban sus huellas. Era lo más parecido a la justicia: Tú matas, yo te mato.
Cuando acabaron ya
estaba oscuro. El arroyo se escuchaba de nuevo, un canto a la ausencia de
doña Inés, todos los perdidos en la enramada de los árboles estábamos cansados,
hambrientos y entumidos, muchos se habían dormido como pericos, agazapados entre el follaje, Rosa también. Se quedó dormida recargada en mi pecho y por eso yo no había podido pegar los ojos, me daba miedo que se cayera y la estuve
deteniendo todo el tiempo. ¡Condenada Rosa! Estaba re bonita, no sé por qué
nunca me había fijado en ella. Aparte de bonita era muy lista, porque cada vez que
abría la boca era para algo bueno: o me decía algo cierto o me daba un beso.
-
Esos de allá arriba,
¡bájense a tragar! – Gritó el fachoso que parecía el jefe. Nadie se movió.
-
¿Bajan o quieren que yo los
baje, méndigos? – Dijo mientras sacaba su revólver y lo acariciaba con ternura
mientras lo iba apuntando para arriba, hacia la copa de los árboles.
-
¡No dispare, no dispare!
¡Ahí vamos pa’bajo! – Y ahora sí se nos quitó hasta lo entumido, nadie se
acordó que llevábamos todo el día sin movernos, colgados como changos en las
alturas más discretas de la arboleda. Yo sí me esperé, nunca había tenido
cuidados con nadie, pero ahora que conocí mejor a Rosa ya sabía de sus 17 años,
de las cosas que le gustaban y las que le caían gordas, de cómo ayudaba a su
papá en la tienda y conocí además su sabor y su olor. No necesitaba más para
dedicarme a ella. Por eso me tardé todo el tiempo que pude ayudándole a bajar,
no quería que ese instante tan vivo se fuera.
Bajamos tomados de
la mano, buscando con los ojos a los nuestros, ella a los suyos y yo a los míos:
¡Ahí estaban! Ese fue el segundo mejor momento de ese día, lo malo vino
después, cuando el jefe se acercó a mi y me dio un coscorrón con su manota,
¡Jijos, sí me dolió!
-
¡Ah, canijo mocoso! Este
chamaco sí se puso vivo, no como ustedes que nomás se la pasaron temblando allá
arriba. – Y mientras él hablaba todos se echaron a reír, como si dijera un
chiste. Yo me estaba enojando y ya le iba a responder que no era un mocoso, que
ya tenía 12 años y no era ningún escuincle, pero la mano de Rosa apretó la mía
y con eso me calmé. Ella siempre sabía qué hacer.
"La felicidad es una pistola caliente."
(John Lennon)
Los fachosos juraban que ya habían ganado la guerra, nomás los oímos porque eso fue lo mismo que habían dicho los solados y los polis, se quedaron en el pueblo hasta el
otro día y nos prepararon una buena comida para festejar la liberación del
pueblo, decían. De todos modos entre ellos y los soldados ya nos habían matado 2
vacas y creo que 5 puerquitos… pues nos los comimos. Todo el tiempo decían que
cuando su general fuera presidente iban a regresar al pueblo y lo iban a dejar
bien arreglado, que hasta luz le iban a poner, decían, y se fueron. Después nos quedamos
enterrando a los muertos propios y ajenos, levantando las bardas caídas y
armando otra vez los corrales, ellos estaban muy contentos porque habían
ganado, pero el tiempo pasó y yo nunca supe que su general hubiera sido presidente,
y no ha de haber sido, porque nunca fue nadie a arreglar el pueblo.
Tardamos más de 10
años en volverlo a ver bien. Y algunos tardaron todavía más para poderlo ver
sin que la tristeza les nublara la vista, o sin que el coraje les apretara la
garganta casi hasta ahorcarlos, porque ningún pueblo es bonito si no está en él
la gente que amas. Hubo conocidos que nunca se compusieron, se les notaba
cuando hablabas con ellos y no te veían ni veían nada, sus ojos se quedaron
allá arriba en el árbol, mirando el pueblo derruido abajo y a los salvajes
carcajeándose encima de sus muertos. Esa gente se quedó a vivir en el
pasado, nomás sus cuerpos andaban entre nosotros ahí, en aquel presente.
Yo no supe si la guerra se acabó, y si se acabó no supe quién ganó. Todavía hay pleito a
balazos entre los que dicen que son buenos y los otros, que también dicen que
son buenos. Pero igual todos roban y matan y presumen, porque les gusta presumir. Y luego ve uno que los mismos que salen peleados un día en una noticia, otro día aparecen diciendo que se llevan re bien y que siempre han sido amigos. Y los que se mueren por culpa de ellos no salen en ningún noticiero, o al menos no salen cuando todavía están vivos.
Pero bueno, después pasaron muchas cosas y mientras tanto yo crecí.
Cuando ya estaba grande, como de 16 o 17, me casé con Rosa, nos quedamos con la
tiendita y tuvimos muchos hijos, los vimos crecer y con el tiempo ahí estuvimos los
dos recibiendo a los nietos. Desde hace años vemos a los bisnietos que ya andan
trabajando y algunos hasta están estudiando, porque ahora se estudia. Tuvimos de todo, desde sirvientas hasta licenciados, pero hace un buen
rato que no estamos con ellos: en su mundo vivimos juntos y juntos nos venimos a este
otro mundo acá en lo alto, desde aquí seguimos al pendiente de nuestra gente
como cuando estuvimos escondidos en el árbol, igual que aquel día sangriento, pero
mucho más arriba y sin miedo, porque acá no hay hambre ni miedo, nomás estamos Rosa y yo esperando a nuestra gente.
Hasta luego.
jueves, 7 de enero de 2016
Perdonarse o justificarse
"La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas".
(William Somerset Maugham)
Acabamos
de cerrar un ciclo más de vida, se acabó el año 2015 y estamos estrenando
todavía el 2016 con todos los buenos propósitos e intenciones que resultan al
hacer un repaso del año recién ido.
Sinceramente, espero que al hacer tu
recuento personal encuentres más cosas agradables que desafortunadas y que el
camino recorrido haya estado sembrado de buenas sorpresas y retos; sin embargo algunas
cosas tal vez no salieron como lo habías planeado y tuviste que rescatar
pequeños éxitos y grandes aprendizajes de esas malas experiencias, o tal vez
tus logros laborales, escolares y personales se vieron ensombrecidos por
dificultades en las relaciones con la gente que tratas.
Generalmente
ocurre que las demás personas no reaccionan como tú quisieras porque les
parece mejor actuar de acuerdo a lo que ellas quieren o necesitan, y esa es la causa de muchos problemas
en cualquier tipo de relación: de pareja, de trabajo, de amistad, entre
vecinos, entre familiares y prácticamente en cualquier situación que implique
contacto e interacción de dos o más personas. Lo que nos decepciona de la gente no es lo que hace, sino lo que
esperamos que haga.
Si
al hacer tu recorrido por tus vivencias del año 2015 descubres que tuviste
diferencias con tres o más personas importantes para ti, y si además esas
diferencias te han llevado a aislarte o a reducir la calidad de tu contacto con
las personas que regularmente frecuentas, puede ser el momento de preguntarte
cómo le has estado haciendo para enojarte o molestarte con la gente cercana a
ti.
Mucha atención en esto: Cuando descubras qué y cómo le has hecho a la gente
cercana a ti para que se moleste contigo, también vas a encontrar muchas
razones para explicarte por qué cometiste cada uno de esos actos, pero lo que
debe motivarte no es simplemente entender por qué dejaste salir palabras
hirientes, insultos, gestos, indirectas o maltratos, sino tratar de
sustituir esos hechos con otras acciones más incluyentes.
Si te das cuenta que lastimas a otra persona con tus actos e inmediatamente
encuentras razones para explicar esos actos, creerás que ya entendiste lo que
pasó y que con eso se soluciona todo. Si justificas esas acciones las
continuarás realizando hasta convencerte de que estás en lo correcto. Nos perdonamos cualquier acto con demasiada
facilidad, así podemos seguir dañando a otros sin darnos la oportunidad de
aprender nuevas formas de llevarnos con los demás y con uno mismo.
A
lo largo de este año todavía nuevo, seguirás relacionándote con la gente que
conoces y lo más probable es que además agregues nuevas caras y nombres a tus
listas de contactos, ¡somos seres
sociales y nunca estaremos solos! por eso te quiero compartir unos propósitos
de año nuevo, sencillos, que tal vez te podrán ayudar a mejorar tu
relación contigo y con los demás:
1.
Si
te quedas con la sensación de que no te toman en cuenta o que sales perdiendo
en tus relaciones, anímate a expresar lo
que piensas, lo que crees y lo que sientes. Déjate conocer para que no
tengan qué adivinarte.
2.
Está
bien tener claro lo que quieres y pedir ayuda para lograrlo. También se vale interesarse por lo que quiere conseguir la
gente que quieres y preguntar si puedes ayudar en algo. Escucha a la otra
parte antes de justificarte.
3.
Quererte mucho. Es el mejor regalo
que te puedes dar y también es un regalo para la gente que te rodea, porque
solamente cuando te quieres puedes compartir amor con los demás.
4. Con Dios (cualquiera que sea tu idea de él) hacemos lo mismo que con las personas: esperamos que haga lo que nosotros queremos y nos decepciona que haga lo que él considera mejor, así que el propósito es preguntarle cada mañana a Dios: "¿Qué puedo hacer por ti?"
¡Feliz
Año Nuevo!
lunes, 14 de diciembre de 2015
Para actuar
"Si tu signo es jugar, juégalo todo:
tu camisa, tu patio, tu salud.
Si tu debes jugar de cualquier modo
juega bien, con virtud,
pero ay amor, ay amor,
no te juegues el corazón..."
(Silvio Rodríguez)
Es muy importante saber lo que necesitas en tu vida y hacerle caso a esa necesidad. Es el mejor camino para estar en contacto contigo y para tomar decisiones asertivas que atiendan a lo que necesitas y no a lo que deseas, que generalmente es algo distinto.
Si tienes hambre, come.
Si tienes sueño, duerme.
Si tienes tarea, hazla.
Si estás cansado, descansa.
Si vives con rencor, perdona.
Si extrañas tu pasado, aprende de él.
Si esperas mucho del futuro, comienza a construirlo.
Si tienes deudas, paga.
Si alguien te daña, aléjate.
Si tienes amigos, búscalos y déjate encontrar.
Si alguien te gusta, haz que lo sepa.
Si no te gusta tu vida, cámbiala.
No es excusa vivir aguantando tu vida y a las gentes que habitan en ella, en vez de tomar la decisión de aceptar o de cambiar lo que hay.
Tampoco es excusa rechazar a la gente por sus actos, en lugar de asumir la responsabilidad de lo que uno mismo hace o no hace.
Y tampoco es una solución culpar a otra persona para no asumir el camino, a veces muy difícil, de reconstruir tu propia vida y cubrir tus necesidades.
"Si tu signo es arder, arde con todo:
tu camisa, tu patio, tu salud.
Si tu debes arder de cualquier modo
arde bien, con virtud,
pero ay amor, ay amor,
no te quemes el corazón..."
(Silvio Rodríguez)
Si te aman, ama.
Si te desprecian, ve a donde te valoren.
Si estás confundido, decide.
La decisión que tomes enfocará tu vida hacia el camino que tú deseas: a tu integración o tu desintegración.
Y si la decisión que tomaste no resulta como esperabas, entonces será el momento de tomar otra decisión sin castigarte ni tener que resignarte a vivir aguantando... A veces se gana, a veces se pierde, una decisión puede llenar tu vida de luz u oscurecerla, y siempre será posible decidir de nuevo para mantener la llama encendida o para alejar la sombra cuando esta comienza a empañar la visión de tu propia vida.
Aquí he hablado de decisiones personales, tal vez también de pareja o familiares y aún en estos niveles llega a parecer difícil cambiar una decisión cuando la tomamos alejada de la realidad. Pero cuando una sociedad entera toma decisiones ajenas a sus necesidades, las consecuencias también requerirán del interés y la participación de mucha gente para volver a tomar una decisión que vaya de cuerdo con lo que sus vidas requieren. En distinta escala, estoy hablando de lo mismo, tal vez convenga ser más coherentes al actuar para no terminar cumpliendo caprichos momentáneos que después generarán mayores necesidades:
Hasta luego.
domingo, 13 de diciembre de 2015
Aceptar la realidad con humildad
"Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable."
(Eduardo Galeano)
Aceptar la realidad
es básico para poder modificarla o simplemente para moverse en ella, pero en
ocasiones preferimos escaparnos a un mundo ideal y hacer como si ese fuera
el real: Una pareja ideal, una familia ideal, un trabajo ideal, una situación
económica ideal, un auto ideal, una casa ideal, una relación ideal… Pero si
todo es ideal significa que solo está en el mundo de las ideas y que nadie más
puede verlo, únicamente quien se lo imagina.
Si quitamos el mundo
ideal y nos quedamos solamente con el real es probable que nos haga falta
creatividad e imaginación para poder transformarlo, y si no podemos transformar
nuestra realidad, terminaremos frustrados y le
transmitiremos ese sentimiento a nuestros seres cercanos.
Así que necesitamos tener
los pies bien puestos sobre la tierra y al mismo tiempo tener muy claro cuál es
el ideal que perseguimos para enfocar hacia allá todas nuestras acciones y
decisiones. Esto es muy distinto a escaparse a uno de estos mundos. Si la
realidad que debes aceptar es que tu relación de pareja se está hundiendo y
únicamente eres capaz de ver esto (lo que no quieres), entonces será muy útil
visualizar cómo es tu relación ideal (lo que sí quieres) para encaminar tus
palabras, tus actos y tus decisiones hacia esa meta.
Con mucha frecuencia
ocurre, siguiendo el ejemplo anterior, que realmente la relación está muy
dañada, a tu pareja le molesta cualquier cosa que tú propongas y no le interesa
ni tantito saber cuál es tu ideal en cuanto a su relación. Lógico: Si la relación
está dañada ambos están lastimados (eso es parte de la realidad que hay que
aceptar) y antes que escuchar al otro, a ambos les importa más ser escuchados: Las dos
partes de esta relación tienen su propio ideal de “lo que debería ser” y es
importante que ambos sean escuchados con atención.
La humildad es el factor básico para que la relación vuelva a funcionar, para conocer el
ideal y las metas de esa otra persona importante en tu vida. Si has llegado a esta etapa es muy importante que evites descalificar y acusar utilizando frases como “estás mal”, “es que tú
no entiendes”, “a ti no te importa”, “grábate bien esto…”, "¿por qué siempre haces tal o cuál cosa?"... La humildad implica
tener presente que estoy aceptando lo que hay en la relación, así que serán más
útiles las frases incluyentes como “te escucho”, “no lo había visto así”,
“déjame asimilar lo que dices", "esto no lo había pensado”.
Una relación dañada,
o cualquier otro mundo real que estemos afrontando, tomará algo de tiempo para
irse alineando con el mundo ideal que tienes visualizado. Y necesitas ser
constante en la retroalimentación con tu pareja o con la persona con la que tengas un conflicto.
Cada relación dañada
tiene su propia historia donde tal vez hubo groserías, insultos, malos entendidos, maltratos, enojos y tristezas. Mucho ojo: Al estar hablando puedes despertar en tu memoria
alguno de esos momentos y si eso ocurre, tu cuerpo vuelve a tener exactamente
la misma sensación que tenía cuando enfrentó un conflicto (miedo, enojo, tristeza,
ganas de golpear o gritar…).
Uno de los mayores retos al aplicar la aceptación, la humildad y la constancia, es el de responder a lo que está sucediendo aquí y ahora, y no a emociones y sensaciones del pasado que están guardadas en tu memoria personal. Este reto únicamente se puede vencer desde tu interior, recordando que estás aceptando tu realidad y lo que hay en tu vida porque es una decisión tuya, porque quieres y no porque “tienes que”.
Uno de los mayores retos al aplicar la aceptación, la humildad y la constancia, es el de responder a lo que está sucediendo aquí y ahora, y no a emociones y sensaciones del pasado que están guardadas en tu memoria personal. Este reto únicamente se puede vencer desde tu interior, recordando que estás aceptando tu realidad y lo que hay en tu vida porque es una decisión tuya, porque quieres y no porque “tienes que”.
"Todos los edificios, todos esos carros, una vez fueron solo un sueño en la cabeza de alguien"
(Peter Gabriel)
Hasta luego.
jueves, 10 de diciembre de 2015
Mateo despierta empatía
"Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque poca de ellas lo recuerdan"
(Antoine de Saint-Exupery)
Mateo es un niño de 2 años de edad, vive en Aguascalientes y convive prácticamente todo el tiempo con adultos que lo aman y lo valoran. Él ha pasado su corta vida rodeado de amor y de apoyo y en los últimos días ha comenzado a hablar. Habla poco, aunque todos saben que sí entiende mucho de lo que escucha y lo que espera su familia es que ahora que dice sus primeras frases se podrán comunicar más fácilmente.
Pero Mateo comienza a adoptar nuevas conductas: De repente y sin causa aparente comienza a golpear a las personas que le están hablando sin importar quiénes sean, y así dura un rato dando golpes hasta que se calma de nuevo.
Preocupados ante este cambio, y sobre todo decididos a no declarar a su hijo como un problema solamente por esos golpes ocasionales, sus papás deciden indagar un poco más y con un poco de ayuda notan que el pequeño solamente muestra esa conducta agresiva cuando está con adultos, pues al interactuar con otros niños no hay ningún problema.
Reconstruyendo los hechos, los papás de Mateo descubren que Mateo quiere hablar como adulto pero su lenguaje y su vocabulario aún están muy limitados y no puede expresar todo lo que quisiera. Una vez entendido esto, deciden hacer algunos cambios en su relación con Mateo, empezando por hablarle más despacio y también por darse el tiempo de escucharlo y atenderlo en las ocasiones que el niño quiere "platicar", así tanto ellos como él sabrán que los niños y los adultos pueden llegar a hablar igual si se apoyan mutuamente, ¡pero un bebé de 2 años no puede pensar como adulto! También están recibiendo apoyo para apoyar a su hijo en el desarrollo del lenguaje con ejercicios apropiados a su edad.
El otro cambio importante es que ahora Mateo asiste a una guardería a convivir con otros niños como él, y de esa manera deja de percibirse a sí mismo como una especie de "adulto chiquito" para sentirse tal como es: un niño.
"La única patria que tiene el hombre es su infancia"
(Rainer María Rilke)
Sus papás y otros adultos que quieren a Mateo decidieron ponerse en sus zapatitos y desde ahí se dieron cuenta de cómo ve el mundo. Esto es empatía, y gracias a eso se salvó de vivir con la etiqueta de ser grosero, peleonero, macriado y tantas otras que se le pueden colgar a un niño inquieto cuando no alcanzamos a conocer la razón de su inquietud.
Los niños que viven con esas etiquetas y otras peores crecen convencidos de que son todo eso que les dicen, todo menos un niño.
Hasta luego.
martes, 8 de diciembre de 2015
Indispensable
"Con un poco de amor, trabajando por un poco más..."
(Silvio Rodríguez)
El amor por sí solo nunca es suficiente para mantener viva una relación... Pero sí es indispensable.
Si tienes pareja y además te amas sinceramente, dale de tu amor, todo el que puedas. Esa es la semilla donde pueden crecer los demás ingredientes que necesita la relación.
Si te perdonas y te justificas demasiado rápido cada vez que lastimas a tu pareja... Hace falta amor.
Si pones más atención en lo que no te gusta que en lo que te agrada de tu pareja... Hace falta amor.
Si exhibes los secretos de tu pareja en las pláticas con otras personas "de toda tu confianza"... Hace falta amor.
Si pides que te quiera pero tú ignoras a tu pareja... Hace falta amor.
Si tienes amor compártelo porque así es como funciona, si no lo compartes lo vas a desperdiciar y hasta puedes llegar a creer que no lo tienes.
Hasta luego.
Hasta luego.
martes, 27 de octubre de 2015
Parejas controladoras
"Hay hombres que pueden vivir con una mujer controladora, aunque vivir así es estresante. Puede ser por meses o años, pero al final, por mucho que el hombre ame a su mujer, acabará rebelándose, pues donde no hay confianza real y efectiva, no se vive en paz".
(Tomado de la página www.todamujeresbella.com)
"Mejor yo lo hago, tú siempre lo haces mal".
Las
parejas llegan a desarrollar estrategias muy extrañas en la lucha por el poder,
una que resulta muy curiosa y dañina para la relación de pareja y para las
demás personas a su alrededor (por ejemplo los hijos), es cuando una persona
juega a victimizarse cargando con las obligaciones y responsabilidades de los
dos, quejándose de tener que hacerlo todo y al mismo tiempo impidiendo que su
pareja haga cosas. Si las hace, entonces la reacción será quejarse de lo mal
que están hechas y de que tendrá que hacerlas de nuevo.
Es
una forma dolorosa de controlar la relación, está basada en el autosacrificio y
la denigración de cualquier intento que haga la pareja por actuar dentro de la
relación. El resultado cuando los miembros de la pareja adoptan estos roles es
como si uno de ellos aceptara cargar con la cruz de tener que controlar todo lo
que se haga o diga y el otro acepta su condición de dependiente e incapaz de
valerse por sí mismo. Curiosamente, ambos se sienten manipulados por el otro
pero no sueltan su rol, pues al mismo tiempo encuentran una zona de confort
desempeñando su papel.
"Aunque me canse más pero que quede bien, porque tú
eres muy mal hecho".
La
persona que agarra el rol de "Yo sí hago bien las cosas" se entrampa
asumiendo cada vez más y más responsabilidades, trabajos domésticos, decisiones
financieras, horarios y permisos, hasta sentir que de verdad no le queda tiempo
para nada porque no tiene apoyo. No se da cuenta que si su pareja le ofrece
apoyo, sistemáticamente lo rechaza o lo denigra. Se siente sola.
Y
quien adopta el rol de sumisión, de creerse menos hábil que su pareja, corre el
riesgo de en verdad convertirse en una persona sin decisión propia, con miedo a
comprometerse con la vida y con otras gentes. Es una persona que se siente
sola, pero mantiene su rol que le da cierta ilusión de seguridad porque es más
cómodo seguir órdenes que asumir responsabilidades.
"Me desespera que no hagas las cosas como yo
digo".
¿Recuerdan
la película "Intensa mente"? Me acordé porque en ella aparecen 2
personajes que representan perfectamente lo que estoy comentando aquí: Alegría
es una chica optimista y dinámica que siempre está dispuesta a verle lo bueno a
la vida y además es tan motivadora que todos le hacen caso, así que se siente
con el derecho de organizar a todos los demás. En algún momento entra en
conflicto con Tristeza, que es más lenta y contemplativa, no es muy buena para
eso de las relaciones interpersonales y por si fuera poco, siempre le encuentra
algún aspecto negativo hasta a los mejores proyectos.
Obviamente
Alegría está segura de que la actitud de Tristeza está mal y que lo que ella
haga estará equivocado y causará problemas, así que se encarga de tratar de limitarla
e impedir que actúe. En algún punto de la película, Alegría está tan convencida
de que solo ella puede hacer lo correcto, que termina cargando a una Tristeza
que decidió dejarla hacer lo que sea, incluso llevarla arrastrando por los
caminos de la vida, ¿quién manipula a quién?
"Me enoja que sea tan negativo: siempre le encuentra
"peros" a todo lo que le digo".
En
la película, Alegría entiende a Tristeza y se da cuenta que esa forma de ver
las cosas considerando también los riesgos posibles también resulta útil, por
lo que termina aceptando a esa persona con todas sus diferencias. También
tristeza acepta las diferencias de Alegría y hasta aparece más activa hacia la
parte final de la película, y eso no va en contra de su naturaleza: Si nos
peleamos con nuestra tristeza la hacemos crecer hasta convertirse en depresión,
pero si la aceptamos nos permite actuar y no solamente contemplar la vida.
En
la relación de pareja ocurre que al estar peleando y tratando de controlar o de
mantener el estilo sumiso para "no molestar" a quien controla, ambas
partes se estancan en su desarrollo personal. Quien se dedica a controlar a
otros no los deja crecer: ¡si crecen se vuelven responsables de su propia vida!
Y una persona responsable puede irse y construir su propia historia, pero la
persona controladora se sentiría muy sola, así que no puede permitir eso. Con
esta mentalidad, prefiere seguir atada a la quejumbrosa "necesidad"
de hacerse cargo de su pareja, aunque el precio sea que tampoco podrá crecer,
ya que no se puede atender para no descuidar a esa otra persona.
"Tú no decidas, para eso estoy yo".
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