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viernes, 20 de junio de 2014

¿De qué está hecho el amor?

“Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor."
Mario Benedetti 


Muchas veces he querido saber de qué está hecho el amor y confieso sin mucha pena que aún no lo sé, aunque conozco sus efectos porque he tenido la fortuna de vivirlo en carne propia muchas, varias veces: El amor de mamá y papá, el de hermanos, el de las amistades, el de pareja, el de mis hijos... En todos los casos tiene un efecto regenerador: No hay una experiencia mejor que estar con la persona que amas. Por eso, cuando encontramos una persona con la que sentimos que el amor se da naturalmente y sin detenerse, somos capaces de dejar nuestra vida actual para iniciar un nuevo proyecto de vida compartida con quien produce y nos hace producir tanto amor.

Pero sigo sin saber qué es el amor o de qué está hecho y tal vez eso nos pasa a muchos: El amor es tan abstracto, tan intangible y tan idealizado que al final nos sentimos satisfechos con sentirlo y dejamos de indagar más. Así debe ser, y lo digo honestamente: el amor es para vivirlo y sentirlo, no para pensarlo o entenderlo.

Sin embargo, sobre todo cuando se presentan conflictos en las relaciones de pareja, es necesario identificar y medir el amor y sus efectos, ¿cómo hacer esto?

Hay quienes dicen que el amor es ciego, no creo que sea cierto, pero sí sé que mucha gente se pierde en su pareja olvidándose de sí misma para no ver su propia realidad, para ser feliz y sentir el amor aunque sea un ratito, aunque la mayor parte del tiempo todo sea pleitos, discusiones o humillaciones.



“No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar”
Albert Camus

Me he encontrado con bastante frecuencia este tipo de situaciones. Para ayudar a definir de qué diablos está hecho el amor, me atrevo a sugerir 5 ingredientes básicos que deben estar presentes en una relación sana, cuando decimos que hay amor. Y además es recomendable que aparezcan en el orden en que los pongo aquí, para facilitar que el amor eche raíces más profundas, ya que cada uno se convierte en la base que sostiene al siguiente elemento. Si nuestra relación cuenta con estos elementos hay que usarlos mucho, lo más que se pueda, y de esa manera la relación durará más tiempo, tal vez toda la vida:



1. Comunicación. Habla, expresa lo que sientes, lo que quieres y lo que no quieres, lo que te gusta y lo que detestas, dejarte conocer. Escucha, pon atención a lo que expresa la gente que quieres. Recibe lo que escuchas aunque no estés de acuerdo en todo (después vendrá de nuevo tu turno de hablar) y responde de acuerdo a tu propio tiempo: si te cuesta trabajo asimilar las palabras que escuchas, puedes pedir una pausa y no responder hasta que esos nuevos conceptos recién llegados se acomoden en tu interior.

2. Confianza. Si no confías en esa persona que dices querer, no va a germinar el amor. Igual pasa si es la otra persona la que no confía en ti. La confianza no se exige, es algo que debemos ganar con hechos, con acciones, si es solamente de palabra, la confianza durará muy poco. A veces ocurre que ya sabes que confías en esa otra persona y que también ella confía en ti pero aún así sientes falta de confianza, en ese caso búscala dentro de ti. Es indispensable que confíes en ti para que puedas compartir ese sentimiento con quien tú decidas. Además, confiar en ti te ayudará a confiar en la vida y por ende, fluirás mejor en tus relaciones.

3. Respeto. Cuando la confianza habita en la relación, el siguiente paso es el respeto, la aceptación de uno mismo y de las demás personas tal como son. Cuando te descubras poniéndote peros a ti o a tu pareja, estarás en riesgo de alejar el respeto de tu relación. Claro que habrá errores, defectos y otras cosas que pueda corregir tu pareja y también tú; eso ocurrirá en cualquier momento de la relación y siempre habrá que utilizar el paso 1 (comunicación) para compartir opiniones y propuestas. Respetar es aceptar que no podremos cambiar a la otra persona a nuestro gusto, únicamente podemos hacer cambios en nosotros mismos si nos enfocamos lo suficiente en ello, y si la relación funciona, esto provocará una modificación también en la pareja.



4. Contacto. Acariciar. Besar. Apapachar. Tener relaciones sexuales. Acompañarse. Sentirse cerca físicamente. Recargarse y apoyarse... El contacto es la parte que más se disfruta en las relaciones cuando la atracción es recíproca, genera un nivel más profundo de comunicación, confianza y respeto y crea lazos sentimentales y emocionales más allá de lo que podemos expresar con palabras, por esa razón los bebés y los niños pequeños despiertan tanta ternura en sus familias: están creando vínculos con su gente. Y así hacemos a cualquier edad, pues sentirnos cerca de la persona que amamos siempre es motivante. Es muy fácil pensar que éste es el amor verdadero y por ello nos entregamos de lleno a las caricias y al goce del placer corporal. ¡Atención!: Si la relación solamente está basada en el contacto no estamos hablando de amor, de pasión sí, pero no es lo mismo. De hecho la pasión es un elemento del amor y por sí sola puede producir muy buenas relaciones, pero de corta duración. En un extremo malsano, una relación basada en el mero contacto físico se basa en la obsesión, y ésta no tiene nada que ver con el amor.

5. Compromiso. La voluntad de estar con otra persona por gusto, sin sentir que es un sacrificio o un reto, sino una decisión personal. El compromiso es la actitud permanente de estar dispuesto a acompañar a tu pareja y de permitirle acompañarte, sin perder tu individualidad.

 "He experimentado de todo, y puedo asegurar que no hay nada mejor que estar en los brazos de la persona que amas”
John Lennon

Nadie da lo que no tiene. Si te juran que te aman pero falta uno de estos ingredientes lo vas a notar (o lo van a notar en ti). Si esto está ocurriendo, te sugiero revisar con ojos más fríos tu relación y, si te parece, empezar a desarrollar la comunicación, que siempre es el primer paso. Cuando disfrutes estos 5 ingredientes el amor ya no será algo tan abstracto o volátil, será una experiencia más rica y consciente y además se podrá enriquecer con otros ingredientes que inevitablemente florecerán en ese campo propicio que han creado entre los dos: honestidad, lealtad, alegría, seguridad, libertad y sabrá Dios cuántos más, eso depende de cada pareja, de cada relación.



¿Y si no se puede avanzar? ¿Si nos esforzamos pero no pasamos del primer ingrediente o nada más le entramos al cuarto? Si tenemos problemas para afianzar nuestra relación, es preciso buscar ayuda y en ese caso los terapeutas somos una buena opción.

Otra recomendación muy oportuna en estos casos es que antes de aplicar estos 5 ingredientes con la gente que amas, trates de aplicarlos en ti: Verás que es una experiencia muy energética hablarte en serio, confiar en ti, respetarte, estar en contacto contigo y estar comprometido con tu propia persona.

Y, nada más por no dejar, incluyo aquí algunas definiciones de amor que encontré en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, definiciones que siguen sin convencerme y dejan viva la incógnita original: ¿qué es el amor?:


amor.
(Del lat. amor, -ōris).
1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
4. m. Tendencia a la unión sexual.
5. m. Blandura, suavidad. Cuidar el jardín con amor
6. m. Persona amada. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing. Para llevarle un don a sus amores
7. m. Esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella.
8. m. p. us. Apetito sexual de los animales.
9. m. ant. Voluntad, consentimiento.
10. m. ant. Convenio o ajuste.
11. m. pl. Relaciones amorosas.
12. m. pl. Objeto de cariño especial para alguien.


Hasta luego.

sábado, 21 de agosto de 2021

Cuento: La nueva Tierra. Parte 7

 

  Ver Parte 1

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Ver parte 6


Sin escrúpulos.


 La nueva Tierra. Parte 7

“Todas las noches busco a Orión en el cielo con la esperanza de encontrar tus ojos en él…”

Otro estribillo que se escucha en la radio todo el tiempo hasta volverse un sonsonete cansón, por lo menos esta canción ya no es un lamento que nos pide vivir cada quien aislado en su propio mundo, aunque dice que la felicidad está muy lejos, allá en las estrellas. Pero hoy me siento feliz porque escucho una canción en la radio y porque me parece que es un buen martes, las calles siguen casi vacías debido al miedo de la gente, pero me hace feliz recibir el calor del sol y el viento juguetón que llega a tocar mi rostro… bueno, la verdad me siento feliz y veo todo con mejores ojos porque en un rato más, voy a ver a Jade en el parque del Carmen, cerca del centro.

Al terminar la canción, la radio vuelve a transmitir las noticias abrumadoras y mi mente recrea las imágenes de gente que sigue huyendo de un estado a otro, de un país a otro formando grandes caravanas que se amontonan en las fronteras, algunos llevan meses viviendo en campos de refugiados que más bien parecen campos de concentración al más puro estilo nazi, personas desterradas de cualquier hogar que no pueden cruzar una frontera, pero tampoco pueden regresar a su país de origen. A ningún noticiero le interesa explicar lo que está pasando, tienen la consigna de repetir las mismas historias en distintas versiones para que nos las grabemos bien en los oídos, en la conciencia y hasta en las frases que decimos para que tengamos ese horror siempre presente como amenaza o advertencia… Me parece muy raro que en ningún país haya estabilidad, y que los noticieros e influencers siembren tanto odio y miedo en la gente, la discriminación y la intolerancia han crecido bastante. 

En los países más desarrollados como Estados Unidos, Canadá o en Europa, la gente que está bien instalada y trabaja, mira con odio a los migrantes que llegan de todas partes, les cierran las puertas y les niegan el trabajo que piden casi suplicando. Y es que es un círculo vicioso: también esos países que son grandes potencias económicas padecen la escasez de trabajo y alimento. Las empresas modernizan sus procesos, utilizan más tecnologías o hacen alianzas entre ellas para requerir menos personal y despiden alegremente a miles de trabajadores cada mes, con frialdad y sin consideración hacia ellos o hacia sus familias. El mundo de los negocios puede ser muy insensible, tal como era Nico con Jade: si un tipo ya no les sirve o no les gusta lo corren, ¡total! siempre hay miles de desempleados desesperados, dispuestos a ocupar cualquier puesto aunque les paguen poco.

Sin embargo, las empresas siguen trabajando y produciendo, los productos y alimentos se venden cada vez más caros, las instituciones de gobierno también están activas, la gente que puede hacerlo viaja y compra cosas… se está generando dinero, pero no sé de dónde o cómo… ¿Quién lo tiene? ¿Dónde está esa riqueza? En las grandes ciudades del mundo hay manifestaciones, marchas o mítines de multitudes que le reclaman a sus gobiernos porque quieren vivir mejor, en los países más afectados la gente está llena de desesperación y realizan actos más violentos, pues en lugar de manifestaciones hay ataques terroristas para presionar al gobierno, pero esos terroristas terminan dañando más a su propia gente… o a la de otros países, pero no resuelven problemas. El caso es que el dinero no fluye, las empresas producen bienes, ofrecen servicios, transportan mercancías y personas, anuncian, promocionan, pero cada vez parece haber más personas desempleadas y menos recibiendo algún beneficio económico.

En las manifestaciones, las multitudes casi siempre son disueltas sin necesidad de usar la violencia. No irrumpe la policía ni el ejército, nadie reprime ni golpea a los manifestantes, solamente aparecen grandes ambulancias con sus escandalosas sirenas aullando a todo volumen, escoltadas por una o dos patrullas y se estacionan alrededor de los grupos de inconformes, de ellas bajan personas uniformadas (dicen que son doctores y enfermeras) envueltas en trajes aislantes esterilizados que los cubren de la cabeza a los pies y con grandes mangueras comienzan a rociar un polvo finísimo y muy ligero que forma una densa nube de antibióticos, germicidas y otros químicos que envuelven a la gente como si fuera neblina, dentro de esa nube es casi imposible ver más allá de un metro de distancia y mientras, se escuchan indicaciones en un volumen altísimo por unos altoparlantes, recordando la gran epidemia que está viviendo el mundo y el fuertísimo riesgo de contagio que hay en las multitudes. También se escucha un sermón sobre el gran esfuerzo que se está haciendo a nivel mundial por recuperar la salud de la humanidad y de la economía. La gente termina huyendo, dispersándose por miedo a contagiarse o a asfixiarse en esa nube de polvo sanitizante, y todavía al dispersarse, cuando pasan junto a las ambulancias, los tipos de los uniformes esterilizados les entregan unas bolsitas con un kit sanitario “que les puede ayudar a prevenir el contagio, pero que aún está en fase experimental”. 

Ha habido unas pocas ocasiones en que las multitudes agreden a las ambulancias y sus ocupantes con piedras, a las personas que han atrapado haciendo eso, las detienen y las encierran, acusadas de cometer un crimen contra la humanidad.

¡Esto está de dar miedo! Ni siquiera se puede reunir la gente a exigir sus derechos, porque si pierden la salud también pierden el trabajo o la escuela: el que se contagia desaparece de todas sus actividades y si corre con suerte, recibe atención en un hospital, pero esta suerte es muy rara, las camas de los hospitales están llenas día y noche, solamente hay lugar cuando algún contagiado fallece y tras una rápida limpieza y desinfección, el lugar es ocupado nuevamente. ¡Se parecen tanto la desesperación de encontrar un trabajo y la de encontrar una cama de hospital!

En las grandes plazas públicas y en casi todos los espacios abiertos hay enormes pantallas que exhiben a los gobernantes locales y también a las figuras más famosas del mundo transmitiendo sus mensajes de paz, esperanza y apoyo para toda la humanidad y, sobre todo, para sus compatriotas. En sus mensajes, que también se transmiten continuamente por canales de televisión y de Internet, tratan de dar respuesta o por lo menos consuelo a las quejas de todos los manifestantes que se arriesgan a salir y contagiarse de esa rara enfermedad que aísla a todos, y explican que la lucha contra la epidemia está consumiendo más recursos de los que se tenían contemplados, y por eso no se ven las ganancias y beneficios que deberían tener los países: en vez de reinvertir el dinero para generar más empleos y ofrecer más servicios a la población, lo están utilizando para combatir la epidemia, encontrar su causa y erradicarla. Claro que también hay encarecimiento de productos y abundancia de especuladores, pero esto no lo dicen.

A pesar de este panorama sombrío, hoy me siento feliz caminando por estas calles sin gente pero llenas de sol. Es esa hora del año en que a los remolinos les gusta juntarse en las plazas y lugares abiertos para ponerse a bailar, y entre el polvo que levantan se deja ver a ratitos el brillo del sol jugando a saltar de un carro a otro, y a los cristales y a veces hasta en las hojas de los árboles.

Jade me espera en la plaza principal, debajo de una de esas pantallas, me la imagino haciendo intentos por hablar con la poca gente que pasa por ahí, entreteniéndose con algún gato o perro despistado, porque ellos salen a la calle igual que antes, sin miedo a ninguna enfermedad moderna, también pudo haber estado jugando sola entre los árboles del parque o mirándose en los escaparates de las tiendas. Cuando llego, esa sonrisa enmarcada en los rizos de su pelo hace que mis ojos también sonrían, esta vez trae puesto un vestido amarillo de una tela que parece muy fresca y deja adivinar la firme belleza de su cuerpo juvenil, un cinturón blanco igual que sus tenis abraza su cintura y ahí está, parada de perfil frente al enorme cristal de una tienda, parándose de puntitas para ver si así lucen mejor sus piernas y su trasero, me pide mi opinión acerca de esta importante cuestión y después de observar detenidamente el motivo de sus dudas, le respondo con naturalidad que ella siempre se ve bien.

-       ¿No quieres meterte en problemas, verdad, tipo listo? Bueno, después te voy a obligar a que me contestes cómo luzco mejor, ¡pero tengo una novedad increíble! ¿Estás listo?

Asiento con la cabeza y me dispongo a escucharla. El brillo en los ojos de Jade y la ansiedad que se nota en su respiración no dejan dudas de que el tema es muy importante, pero ella no empieza a hablar, me toma de la mano, camina entre los árboles y escoge una banca desde la que podemos dominar de un solo vistazo casi toda la plaza, excepto la Iglesia que queda a espaldas de nosotros. “Aquí está bien”, dice Jade, y con un entusiasmo que no puede ni quiere disimular, comienza a hablar:

-       Éste es su plan: ¡Ellos ya viven en Marte!, ya se instalaron, allá tienen colonias muy lujosas, una ciudad completa con todo lo que desean y viven como si estuvieran en un crucero permanente, del que nunca van a regresar porque ya no necesitan volver... Jacobo, ¡ellos no trabajan! ¡no hacen nada! ¡lo único que hacen es divertirse! Y mientras se dan la gran vida, nos dejaron a todos los demás acá en este planeta que se está pudriendo para que les sigamos enviando todo lo que ellos desean y más. Acá dejaron las fábricas, las máquinas, las tierras para que trabajemos y les sigamos entregando lo mejor de lo que hacemos. También nos dejaron a los criminales, los que en vez de trabajar se aprovechan de los que hacemos algo y aquí nos tienen como esclavos: saben que vamos a trabajar, saben que vamos a tratar de cuidar este planeta sin que les cueste ni un peso a ellos y saben que con los delincuentes y esa enfermedad que nos inventaron es suficiente para que no nos podamos reunir con nuestros semejantes, no podemos pensar libremente en nuestra situación ni mucho menos organizarnos para cambiar algo...

Jade habla de prisa, sus palabras salen tan rápido de su boca que me cuesta trabajo asimilar todo lo que dice, pero además, no puedo creer lo que sí entiendo.

-       ¿Ellos? ¿Quiénes son ellos? ¿Y por qué dices que inventaron la enfermedad?
Jade suelta una alegre carcajada que me confunde todavía más, pero que también me tranquiliza un poco. De verdad me está costando mucho procesar lo que acabo de escuchar.

-       “Ellos” son todos los que aparecen en las pantallas como esa de ahí enfrente (Jade señala la gigantesca pantalla de la esquina donde me estuvo esperando), los presidentes, los artistas y jugadores famosos, los políticos y millonarios que ya no pueden salir ni andar entre la gente y dicen que tienen que estar encerrados porque “se contagiaron” de esa enfermedad. ¿No te parece raro que todos los líderes, presidentes, monarcas, primeros ministros y etcéteras estén contagiados? Míranos: tú y yo somos de los pocos que salimos todos los días igual que antes, saludamos a toda la gente que encontramos, aún vamos a trabajar y no nos hemos contagiado ni de gripe. Ellos desde allá nos están administrando, desde Marte reciben nuestras ganancias para seguir viviendo como reyes.

-       ¡Ah, no manches! ¿En serio serán capaces de hacer eso? ¿Nos van a robar todos los recursos? ¿Se van a chupar todo lo que puedan de la Tierra como si fueran vampiros? ¡No lo puedo creer! ¿No les importa dejarnos trabajando en un planeta que se va a acabar si no le invierten para cuidarlo?

-       Ya lo están haciendo… Ellos viven allá y nosotros seguimos aquí trabajando y compadeciéndonos de ellos porque pensamos que están enfermos, ¿hace cuánto empezó esta famosa “epidemia”? ¿2 años? ¿3? ¡Míralos! Siempre aparecen con cara de tristeza en esas pantallas, pero siguen en pie, se ven fuertes y eso que llevan mucho tiempo quejándose de que están muy enfermos.

-       No, esto es una aberración, Jade… No puedo creer que nos dejen abandonados y condenados a morir… porque este planeta también se está muriendo…

-       Para ellos es mejor, así no tienen que gastar nada en cuidar este planeta: si nosotros queremos sobrevivir, nosotros tendremos que cuidarlo y además tenemos que seguir trabajando para tener qué comer, porque si nos rebelamos perderemos el trabajo, pondrán a alguien más en nuestro lugar y estaremos moviéndonos a otra ciudad o país buscando que nos vuelvan a contratar en alguna empresa.

-       ¡Nos dejaron preparados para pelear y competir entre nosotros! ¡Qué poca madre, de veras! No lo puedo creer, ¿cómo alguien puede hacer algo así en contra de tanta gente?

-       Su secreto es muy simple, Jacobo: No tienen escrúpulos. Yo lo he visto con Nico. Cuando viví a su lado, él podía matar gente, podía surtir de droga a toda una ciudad, podía secuestrar, extorsionar o hacer muchas cosas horribles que tú ni te imaginas y cuando regresaba a casa se lavaba las manos, hacía meditación, escuchaba sus canciones de música suave o se daba un baño para relajarse… cuando salía estaba de buenas, me decía tranquilamente que ya se había perdonado y se volvía un hombre muy amoroso. Mira qué fácil: ¡él solito se perdonaba y ya estaba purificado!

Estoy en shock. No me parece difícil creer que hay muchas personas viviendo en Marte, lo que me cuesta trabajo aceptar es que esas personas se creen ajenas a la raza humana, a todos los que quedamos aquí en la Tierra. Se sienten tan superiores que ya decidieron el destino de todos nosotros con una regla muy simple: “Tanto tienes, tanto vales”, o sea, el que no puede pagar para salir de aquí, no es de los suyos.

-       Entonces ése es el truco, ¿por eso no tienen escrúpulos?

-       ¡Claro! Si ellos solos se perdonan, ¿para qué necesitan escrúpulos? ¿Y qué les puede preocupar? Esas gentes no creen en nada, si acaso creen en un Dios, debe ser en el dinero.

-       ¡Estamos jodidos!

Los dos guardamos silencio un momento, si lo que dice Jade es verdad, la humanidad entera ha sido engañada con un truco muy sucio. Ellos, los de Marte, nos tienen a todos compitiendo con nosotros mismos, con la ilusión de que encontraremos un lugar mejor en el trabajo o emigrando, por eso hay ríos de gente que van de una ciudad a un pueblo o a otro lugar donde alguien dijo que ahí habrá mejores oportunidades, siempre con la esperanza de encontrar el remedio a una vida llena de carencias. Pero no vamos a encontrar ese lugar, este mundo se está pudriendo, nos lo estamos acabando, casi todo el dinero que se genera se va a Marte y aquí nada más se queda lo mínimo, se reinvierte lo estrictamente necesario para que podamos seguir trabajando y funcionando.

Nos han creado condiciones de vida cada vez más difíciles para que no tengamos un sentido de pertenencia hacia ningún lugar o grupo, tarde o temprano todos tendremos que emigrar con la creencia de que encontraremos otro lugar donde vamos a estar bien, pero son ellos los que emigraron, son ellos los que se fueron lejos, crearon nuevas ciudades a su gusto y se instalaron fuera de este mundo que ahora es su fábrica, su mercado, su granja y todo lo que quieran para surtirse y obtener lo que necesiten, este mundo que explotaron tanto y donde ya no les gusta vivir.

Hordas de gentes siguen transitando por la Tierra, sufren, mueren, se pelean, son víctimas de delincuentes, pierden seres queridos porque las familias se separan en ese continuo ir y venir y a veces no se vuelven a reunir, es común ver niños que viajan solos buscando trabajo sin esperanza de volver a encontrar a su familia, porque la inercia de la multitud nómada y la burocracia insensible de las fronteras los arrastra cada vez más lejos. Todos tratamos de vivir mejor.

-       ¿Tú crees en Dios, Jacobo?

-       Sí creo en Dios, pero… no sé decirte en cuál Dios. Antes yo creía que era cristiano, pero me di cuenta de que a veces confundía a Dios con Jesús ¡se parecen tanto! Después leí cosas y me han gustado algunas opiniones, vi por ahí que Dios no tiene nombre, ni forma, ni se puede mencionar un concepto acerca de él, pero a través de él podemos canalizar todo el amor y la creatividad que tenemos… y la verdad me gusta esa forma de verlo. Sí creo en ese Dios que nos motiva a ser mejores para nosotros mismos y para el mundo en general, nada más que no sé cómo explicarlo, solo sé que si existe debe estar dentro de mí y de ti y de cada persona que se esfuerza por ser mejor. ¿Y tú, Jade?

-       Yo también creo en Dios. Y yo tampoco sé en cuál Dios, ni cómo explicártelo. Pero sé que existe el amor, que es parte de mi vida y por eso tengo claro que debe haber un Dios. Aun así, el amor permite que haya problemas tan grandes como el que tiene ahorita la Tierra, pero sé que nos va a permitir encontrar una solución. También es por ese Dios de amor que existimos, Jacobo, y por eso estamos los dos aquí juntos en este momento.

Diciendo esto, Jade se recarga en mi hombro con suavidad y su contacto es tan agradable que me brota un fuerte impulso de besarla, pero ella mira hacia la esquina, observa la gran pantalla en la que siguen apareciendo sin interrupción los famosos con sus discursos de paz y esperanza, lamentándose de que no pueden hacer nada por nosotros.

¿Están en Marte? Miro las expresiones tan tristes y desoladas de sus rostros, observo las muecas que hacen porque supuestamente sufren mucho con esa rara enfermedad que los ha atacado. ¡Qué farsa! Me da mucho coraje pensar que todo es un engaño, que en realidad nos están estafando y no les importa que se acabe todo este planeta, con tal de que ellos puedan estar bien. Entiendo por qué Jade no despega la vista de ahí y con ternura la cubro con mis brazos, como si fuera una niña indefensa. Nos quedamos inmóviles mucho tiempo, estáticos, con la vista fija en la pantalla sin ponerle atención, solo dejando que los sonidos del atardecer llenen nuestros sentidos en este pequeño parque rebosante de palomas.

Es la hora en que los pájaros vuelven a sus nidos haciendo un gran alboroto mientras los gatos pasean escurridizos entre los troncos de los árboles, con la esperanza de que algún polluelo resbale para asegurarse su cena. Las flores cierran sus pétalos, las mariposas desaparecen mágicamente y otros insectos ocupan su lugar. Poco después comienza el canto de los grillos y una lechuza deja salir su ulular, tal vez desde una torre de la iglesia. El viento se vuelve cada vez más fresco y corre alegremente por el parque y más allá, recorriendo la calle.

¡Este planeta está vivo! No es justo dejar morir todas estas maravillas solo por la indiferencia y el egoísmo de unas cuantas personas.

Esta hora también tiene otro encanto, el calor de Jade junto a mí en este momento hechizante hace despertar mi propio calor y mi energía, me siento bien y guardo este instante en mi colección de momentos para no perderlo, para que el tiempo no se lo vaya a llevar. El tiempo se ha llevado muchas cosas y personas de mi vida, las roba y las trata de esconder en el olvido, de donde uno nunca las puede recuperar. Lo peor de esto es que a la mayoría de las personas que conozco les ha pasado lo mismo, todos tenemos el vacío de algún ser querido. Me da miedo la muerte, sé que el tiempo nos va acercando a ella sin remedio, cuando pienso en estas cosas creo que he vivido muy poco y se lo digo a Jade.

-       ¿Vamos a morir, Jade?

-       ¡Claro que sí, Jacobo, todos vamos a morir! ¿Qué te puedo decir que tú no sepas? –Jade ríe, me abraza y después intenta ponerse seria, hablando bajito en mi oído- Pero yo no quiero morir en un mundo desolado, desconfiando de todos los que estén a mi alrededor. En mi último día me gustaría estar en paz, rodeada de las personas que quiero y satisfecha por haber hecho lo mejor que pude con mi vida, aunque me haya equivocado varias veces.

-       También yo. ¡Defendamos nuestro derecho a morir dignamente! ¿Qué te parece?

-       Me parece, tipo listo, que hoy estás más vivo que nunca, y eso me gusta.

-       A mí también… No me había dado cuenta que me siento tan vivo junto a ti… pero tengo miedo, Jade.

-       Está bien. Yo estoy asustada también. El mal existe y ya ves que no tiene escrúpulos, pero te quiero pedir un favor, ¿va?

-       Va, tú dime rana y yo brinco.

-       Rana, ¡ja, ja, ja!

Doy 3 saltos frente a ella y después intento ponerme serio, cosa difícil pero casi lo logro.

-       No, ya en serio, lo que necesites nada más dímelo, Jade.

-       Quiero que recuerdes que el amor existe. Cualquier cosa que vayamos a enfrentar hay que encararla con amor, no con miedo. El favor que te quiero pedir es que tengas esto presente y que me lo recuerdes cuando me veas asustada o derrotada, ¿sí?

-       Sí. -Sus palabras tienen un efecto tranquilizante en mí, casi mágico. El amor existe y ella también.

Nuestro abrazo nos mantiene unidos y como ya no encuentro palabras, dejo de buscarlas y me pierdo en el espejo de sus ojos, es cierto, me siento vivo y también siento sus labios en los míos, sellando un largo beso mientras mantengo mis ojos bien abiertos buscando su mirada que ya se escondió bajo sus párpados, sigo su ejemplo cerrando mis ojos y nos abandonamos, dejando que esa dulce sensación nos llene una, dos, muchas veces, muchos besos. ¡Estamos juntos! Esta es la mejor forma de comprobar que existe el amor, compartiendo mi vida.

Esa noche me fui con un mundo de sensaciones que creía extintas en mí desde hacía muchos años. Escuchar a Jade, hablarle, sentirla, estar con ella, todo eso me había llenado tanto y me hizo sentir tan pleno que casi me olvidé del importante mensaje que me compartió esta tarde, que cambió mi forma de ver el mundo y que ahora me hace preguntarme... ¿Qué vamos a hacer con eso? ¿Qué se puede hacer para detener a esas personas sin escrúpulos que tienen tanto poder? ¿Qué hace a Jade tan atractiva? ¡Qué difícil será poder dormir hoy!

jueves, 7 de mayo de 2015

La olla de la autoestima de Virginia Satir

"Los sentimientos de valía sólo pueden florecer en un ambiente en el que puedan apreciarse las diferencias individuales, donde el amor se manifieste abiertamente, los errores sirvan de aprendizaje, la comunicación sea abierta, las normas flexibles, la responsabilidad (compaginar las promesas con el cumplimiento) sea modelada, y practicada la sinceridad: la clase de ambiente que observamos en una
familia nutricia."
(Virginia Satir)

Virginia Satir es uno de los grandes pilares de la psicoterapia. Los psicólogos gestaltistas, sistémicos, familiares, humanistas y muchos más le debemos bastante a su honestidad. Por ejemplo, en el texto que reproduzco hoy (tomado también de su obra maestra "Nuevas relaciones humanas en el núcleo familiar") explica con un lenguaje sencillo y muy claro qué es la autoestima, cómo funciona y qué pasa cuando no funciona bien o, dicho con sus palabras, cuando la olla está medio vacía. 

Por si fuera poco, sus conceptos también me ayudaron a concebir mi propia versión de esa olla en el cuento "La cajita de la autoestima", que queda como humilde homenaje a esta maestra y su obra. Me gusta mucho cómo comparte sus ideas y creencias Virginia Satir, espero que también a ustedes les guste leerla y les sirva de ayuda:


"La autoestima, la olla que nadie vigila

La autoestima es un concepto, una actitud, un sentimiento, una imagen, y está representada por la conducta.

De niña viví en una granja en Winsconsin; en el patio trasero había una enorme olla de hierro negro, con los costados redondeados y tres patas. Mi madre hacía su propio jabón, así que, durante una parte del año, la olla estaba llena de jabón. Cuando llegaban los grupos de trilladores en verano, llenábamos la olla de cocido; en otras ocasiones, mi padre almacenaba en ella estiércol para los lechos de flores de mamá. Con el tiempo llegamos a llamarla la olla de "tres usos" y cualquiera que quisiera utilizarla debía enfrentar dos interrogantes: ¿De qué estaba llena la olla en ese momento? Y ¿qué tan llena estaba?

Mucho después, cuando la gente me hablaba de sí —diciendo que se sentían llenos, vacíos, sucios o incluso "agrietados"— Recordaba esa vieja olla. Un día, hace muchos años, había una familia sentada en mi consultorio tratando de encontrar palabras para comunicarse lo que sentían unos por otros; muy pronto los miembros de la familia comenzaron a hablar de sus “ollas" individuales, las cuales podían contener sentimientos de ira o culpa, de vergüenza o inutilidad. Después me dijeron que esta metáfora les resultó muy provechosa.


En poco tiempo, este término sirvió a muchas familias a expresar los sentimientos que no podían manifestar. Un padre decía: "Mi olla está llena hoy," y el resto de la familia sabía que ese día se sentía superior a cualquier cosa, pleno de energía y bucn humor, seguro de su importancia. O tal vez un hijo decía: "Me siento con la olla vacía," y esto comunicaba a los demás que tenía la sensación de ser insignificante, que estaba fatigado, aburrido o lastimado, que no era digno de ser amado; que tenía que aceptar lo que recibía sin quejarse.

Olla es una palabra muy simple en este sentido, un término casi ridículo. Muchas de las palabras profesionales que la gente utiliza para hablar de su autoestima tienen un sonido estéril y carecen de imágenes vivas. A menudo las familias pueden expresarse con mayor facilidad en términos de olla, y comprender a los miembros que desean comunicarse de esta manera; de repente se sienten más a gusto, liberados de nuestro tabú cultural que nos impide hablar de los sentimientos. Una esposa que vacila ante la posibilidad de decirle a su marido que se siente inadecuada, deprimida o indigna, puede manifestar con franqueza: "No me molestes ahora; ¡mi olla está por los suelos!"

En este libro, al hablar de "olla," me refiero a la valía personal o autoestima; puedo utilizar los términos de manera alterna (si prefieren otra palabra graciosa que tenga más sentido para ustedes, utilícenla). Como dije antes, todo individuo tiene un sentimiento de valía, positivo o negativo. Como sucedía en el caso de mi olla familiar, las interrogantes son: ¿mi autoestima es negativa o positiva en este momento? y ¿cuánta tengo?


La autoestima es la capacidad de valorar el yo y tratarnos con dignidad, amor y realidad. Cualquier persona que reciba amor, estará abierta al cambio. Nuestros cuerpos no son distintos en este sentido; a lo largo de muchos años de enseñanza con niños, de tratar familias de todos los niveles sociales y económicos, de conocer personas de toda extracción, a partir de las experiencias cotidianas de mi vida profesional e íntima, he llegado a convencerme de que el factor fundamental implícito en lo que sucede dentro y entre los individuos es la autoestima, la olla personal.

La integridad, sinceridad, responsabilidad, compasión, el amor y la competencia, todo surge con facilidad en aquellos que tienen una elevada autoestima. Tenemos la sensación de ser importantes, de que el mundo es un mejor lugar porque nos encontramos en él. Tenemos fe en nuestra competencia; podemos pedir ayuda a los demás, a la vez que conservamos la confianza de que podemos tomar nuestras propias decisiones y, a la larga, contamos sólo con nuestras capacidades. Si respetamos nuestra valía, podremos percibir y respetar el valor de los demás; irradiamos confianza y esperanza. No tenemos reglas que limiten nuestras sensaciones y sabemos que no tenemos que actuar basados en lo que sentimos.

Podemos elegir; nuestra inteligencia es lo que dirige los actos. Nos aceptamos por completo como seres humanos. La gente vital siente que tiene la olla llena todo el tiempo.

Por supuesto, todos tenemos momentos en que desearíamos alejarnos de todo, cuando la fatiga nos domina y el mundo nos ha dado muchas desilusiones en un mismo día, cuando los problemas de la vida de pronto parecen superiores a nuestras fuerzas. Empero, la gente vital trata estas sensaciones temporales de olla vacía como lo que son: una crisis momentánea. Es posible que esta crisis sea los dolores de parto de una nueva posibilidad personal; nos sentimos incómodos en el momento, pero no tenemos que ocultarnos, pues sabemos que saldremos intactos de la crisis.


Cuando la gente siente que vale poco, espera el engaño, el maltrato y el desprecio de los demás; esto la abre a la posibilidad de convertirse en víctima. Cuando alguien espera lo peor, baja la guardia y permite que lo peor suceda. Para defenderse, tendrá que ocultarse detrás de un muro de desconfianza y hundirse en la terrible sensación de soledad y aislamiento. De esta forma, al verse separado de los demás, se vuelve apático, indiferente hacia sí mismo y quienes le rodean. Para estas personas es útil ver, escuchar o pensar con claridad y, por tanto, tienden a sufrir el maltrato y el desprecio de otros. La gente queriente se erige una monstruosa muralla psicológica detrás de la cual se oculta, y luego se defiende negando que lo ha hecho.

El temor es la consecuencia natural de esta desconfianza y aislamiento. El temor nos limita y ciega; impide que probemos nuevos medios para solucionar los problemas. Por el contrario, adoptamos una conducta aún más derrotista (por cierto, el miedo representa siempre un temor de algo futuro. He observado que tan pronto como un individuo enfrenta o desafía aquello que le causa temor en el momento presente, el temor se desvanece).

Cuando las personas que tienen sentimientos constantes de olla vacía experimentan una derrota, suelen calificarse cono fracasados. La respuesta interna es: "Debo ser un inútil, pues de lo contrario estas cosas no me ocurrirían." Después de sentir con suficiente frecuencia estas respuestas, el yo se vuelve vulnerable a las drogas, el alcohol u otras formas de fuga de la realidad.

La depresión no es equivalente a una olla vacía. La sensación de vacío significa, en esencia, que cuando uno tiene sentimientos indeseables, trata de conducirse como si dichas emociones no existieran. Se requiere de una gran autoestima para reconocer los sentimientos de depresión.


También es importante recordar que las personas que poseen una alta autoestima pueden sentirse deprimidas. La diferencia radica en que quienes se sienten deprimidos no se califican de inútiles ni fingen que esos sentimientos de depresión no existen. Tampoco proyectan sus sensaciones en los demás. La depresión es algo normal que sucede a veces; existe una gran diferencia entre la persona que condena a su yo y quien considera que el momento depresivo es una condición humana que necesita resolver. Con frecuencia llamaré su atención hacia este proceso de resolución.

Un sentimiento de depresión y su negación, es una forma de engaño ante uno mismo y los demás. Al devaluar así los sentimientos, estamos devaluándonos también y, en consecuencia, acentuamos el estado de olla vacía. Mucho de lo que nos sucede es resultado de nuestra actitud. Y como se trata de un problema de actitud, podemos cambiarlo.

Relájate un momento. Cierra los ojos y percibe tu condición actual.

¿Qué sientes hacia ti? ¿Qué ha ocurrido o está sucediendo en este momento? ¿Cómo respondes a este suceso? ¿Qué sientes por tu manera de responder a los acontecimientos? Si te encuentras tenso, comunícate un mensaje de amor, relaja tu cuerpo y entra en contacto con tu respiración.

Ahora, abre los ojos. Te sentirás más fuerte.

Este sencillo remedio te ayudará a incrementar tu sentimiento de valía: puedes cambiar tu estado de ánimo en cuestión de momentos. Después, enfrentarás los acontecimientos con una mente clara y un fundamento personal más firme.

Invita a tu familia a realizar el siguiente experimento. Toma a un compañero, luego expresen sus sentimientos ("En este momento siento miedo/tensión/vergüenza/alegría/etcétera.") Después, cada uno dará las gracias al otro sin emitir juicios o hacer comentarios.

De esta forma, han escuchado los sentimientos de la otra persona y ambos conocen al otro un poco mejor. Necesitamos practicar mucho para romper el tabú que nos impide compartir las emociones.

Practica tanto como puedas con las personas en quienes confíes.

Ahora, digan qué es lo que les deprime, o estimula. Es posible que descubran nuevas dimensiones en la persona con la que han vivido todos estos años y, en consecuencia, se sentirán más unidos o reales en su presencia Cuando hayan terminado con el ejercicio, trata de compartir tu impresión de lo que ha ocurrido.


El niño que llega al mundo no tiene pasado, no sabe cómo conducirse, no cuenta con una escala para juzgar su valor. El bebé depende por completo de las experiencias de otras personas, así como de sus mensajes sobre el valor que tiene como individuo.

Durante los primeros cinco o seis años, la autoestima del niño quedará conformada casi exclusivamente por su familia. Después que inicie sus estudios escolares, recibirá otras influencias; empero, la familia conserva su importancia. las fuerzas externas tienden a reforzar los sentimientos de valía o inutilidad que el niño aprendió en el hogar: el pequeño valorado podrá superar muchos fracasos, tanto en la escuela como con sus compañeros; el niño de baja autoestima experimentará muchos éxitos, pero siempre le asaltará la duda de su verdadero valor. Una experiencia negativa única podría producir respuestas desproporcionadas al acontecimiento.

Cada palabra, expresión facial, ademán o acto de un progenitor, envía al niño un mensaje de autoestima. Es deprimente comprobar que muchos padres no se percatan de los mensajes que envían. Una madre puede aceptar un ramo de flores de manos de su hija de tres años y decir: "¿De dónde las sacaste?" —a la vez que su voz y una sonrisa expresan: "¡Qué maravilloso regalo! ¿En dónde crecen estas flores tan hermosas?" Este mensaje fortalecerá el sentimiento de valía de la pequeña. O tal vez podría decir: "¡Qué lindas!," pero concluir con tono de reproche: "¿Las tomaste del jardín de la vecina?," implicando que la niña actuó mal al robarlas. Este mensaje hará que la pequeña de tres años se sienta mala e indigna.


¿Qué clase de autoestima fomenta tu familia en los niños, y refuerza en los adultos?"


Todos los días, a todas horas, estamos llenando o vaciando nuestra olla (o nuestra cajita), y además estamos contribuyendo a que la gente cercana a nosotros tenga más alta o más baja su autoestima, aunque muchas veces no nos queremos dar cuenta que tenemos algo que ver con las ollas de otras personas. Usemos la autoestima a nuestro favor para crecer como personas y superar los problemas que inevitablemente nos seguirá poniendo la vida en el camino que vamos recorriendo, en las relaciones con la demás gente y en las decisiones que debemos de tomar. Funcionará mejor entre más nos aceptemos y nos amemos a nosotros mismos.

Hasta luego.

En el presente

  Si buscamos la felicidad en el pasado el presente pierde sentido y el futuro asusta, la vida está en el presente. Es gratificante haber ...