martes, 28 de julio de 2015

¿Qué se pierde al dejar a la pareja?

"Estamos cultivando la sociedad del mínimo esfuerzo. En la era del consumo rápido, del lo-quiero-para-ayer, del si-no-es-sencillo-no-es-bueno, del no-tengo-tiempo-para-nada, buscamos atajos a nuestros objetivos que no nos cuesten esfuerzo ni tiempo.
(Tomado del blog www.esencialblog.es)


Según dicen, Aguascalientes presenta una tendencia de 900 a 1,000 divorcios por año, antes de que entre en vigor la nueva modalidad anunciada de "divorcio exprés". Ante esto, me atrevo a compartir algunas opiniones con base en mi experiencia personal y profesional:

Una de las principales causas de divorcio es que muchas parejas realizan el "matrimonio exprés": Dos personas deciden casarse o unir sus vidas sin pensarlo mucho ni dimensionar el paso que están dando, para escapar de una situación familiar que les parece insoportable, convencidos de que encontraron al amor de su vida aunque solamente tengan 15 años, porque están esperando un hijo y deciden casarse para darle una familia o algo que se le parezca. 

Por la razón que sea, cuando una pareja decide unirse sin prepararse para ser responsables de sus vidas con todo lo que ello implica, lo hacen considerando únicamente que van a estar con otra persona, idealmente la que aman, y sin tener en cuenta nada más. El "matrimonio exprés" provoca muchos y duros choques con la realidad inmediatamente después de la luna de miel, o desde antes que ésta termine. Obviamente la contraparte son los matrimonios preparados con suficiente tiempo y los noviazgos que permiten a la pareja conocerse un poco más... Aunque en ningún caso hay garantías...

Hay quien dice que el matrimonio es una relación esclavizante y violadora de los derechos humanos, una institución ancestral, caduca y ya no aplicable en nuestros tiempos (La Jornada Aguascalientes, 30 de agosto de 2014). Tal vez tenga razón. Sin embargo el hecho de facilitar la disolución del matrimonio no ayudará a disminuir la violencia de género ni los problemas que implican las relaciones humanas. No se ofrece una opción, solamente un vía de escape. 

Si dos personas se casan sin reflexionar acerca de lo que querían en sus vidas y también se separan sin pensar seriamente en lo que quieren para su futuro, no creo que haya mucha mejoría. ¿Por qué no hacer lo posible por rescatar la relación, cuando se den las circunstancias que así lo permitan?

En una separación las personas están tan lastimadas que solamente hacen caso a su necesidad de ser queridas y valoradas, esperando que sea su pareja quien les dé ese cariño y ese valor. Llega un momento en que cualquier cosa que la pareja diga o haga solamente ayudará a confirmar que la relación no funciona (así nos programamos), entendemos que la relación debe terminarse y ¡final feliz! Se toma la decisión reaccionando con rencor, con ira, con coraje o tristeza, con muchas vísceras y poca reflexión. 

Pero la situación no es así de sencilla, sobre todo cuando hay hijos u otros compromisos de por medio. Por eso vale la pena preguntarnos: ¿Qué se pierde al dejar a la pareja?

La gente ya no quiere ni siquiera consejos. La gente busca trucos. Y ¿qué es un truco? Algo rápido, fácil e indoloro que nos tiene que ayudar a llegar a donde queremos. Puede ser triunfar en nuestra carrera, conseguir la felicidad, encontrar el amor, conseguir más visitas a nuestra web, aprender a utilizar una herramienta informática, puede ser cualquier cosa. Pero lo que la gente no quiere es esforzarse, la gente quiere atajos."
(Tomado del blog www.esencialblog.es)

Se pierde la oportunidad de enfrentar un problema, lo cual hace que las personas crezcan y dominen más habilidades sociales, emocionales y hasta financieras. El amor es una decisión, al igual que el desamor, solo que el amor requiere más constancia y el desamor es un atajo hacia la satisfacción inmediata de los deseos. Egocentrismo, sin más.

Se pierde un proyecto de vida que en la mayoría de las parejas involucra planes, inversiones, relaciones y una serie de construcciones que tienen sus cimientos en la imaginación de ambos. Muchas veces, superar el dolor de perder el proyecto de vida cuesta mucho más que superar el dolor de perder a la pareja.

Se pierde la confianza en el amor, en las relaciones sentimentales y en la capacidad de entregarse a otra persona incondicionalmente. La relación frustrada se puede convertir en un fantasma que aparece cada vez que un nuevo prospecto de pareja se acerca al límite de tus necesidades emocionales, y aunque pocas cosas son tan tontas como dejar una necesidad sin satisfacer, una persona lastimada puede dejar pasar la oportunidad de ir acompañada por la vida, por el miedo a repetir la historia que le lastimó en el pasado. Si no se cubre la necesidad de saberse aceptados y valiosos, es muy probable que se acepte la idea contraria.

Se pierde la asertividad cuando la separación ocurre de manera brusca, sorpresiva o impulsiva. Al reaccionar y tratar de entender lo que ocurrió, muchas veces resulta que esa no era la situación esperada y que las cosas están peor ahora que antes de separarse, ¡vaya! la pareja no era el demonio y en realidad tenía muchas cosas disfrutables, pero el orgullo y el rencor esconden a la memoria y al amor. Es necesario dejarlos que se asomen de vez en cuando.

Se pierde la autoestima. Como se vea, terminar un relación deja una huella en la valía personal y esto no significa que la autoestima dependa de tener una pareja, ¡claro que no! La autoestima resulta mellada por no haber sabido resolver los problemas que presenta la relación de pareja y por ende, no se pudo continuar con el proyecto de vida formulado originalmente.

Se pierde la tranquilidad, sobre todo cuando hay hijos de por medio y ambos padres comparten el tiempo para convivir con ellos. En lugar de tranquilidad puede haber culpa, disgusto, decepción o coraje. 

Se pierden los sueños de crecer juntos, que también forman parte del proyecto de vida.

Se pierde también la estabilidad económica. Esta es una de las huellas más presentes de una separación... ¿y qué indica esta huella cuando la repetimos dos, tres o más veces?

Se pierden varias cosas cuando la relación se termina rápidamente, con la sensación de que se pudo haber intentado algo más.

Por eso cuando la relación no funciona hay que actuar, hablar, abordar los temas incómodos y tratar de buscarles solución. Los problemas no desaparecen cuando hacemos como que no los vemos: al contrario, se hacen más grandes al resguardo de las sombras y cuando por fin salen a la luz, han alcanzado un tamaño tan descomunal que ya es muy difícil manejarlos. Y todavía en ese momento es posible pedir ayuda profesional y tratar de rescatar lo que se pueda.

Amor no es sacrificio, es decir que no se trata de aferrarse al matrimonio nada más porque sí, sino de resolver y crecer como pareja. Amor no es tampoco lo único que se necesita para que una relación de pareja permanezca unida, ya hemos visto que el amor no es suficiente y también hace falta valor, aceptación y los 5 ingredientes básicos de las relaciones humanas. Aceptar la vida en pareja no quiere decir que debas resignarte a la vida en pareja, al contrario: Aceptar es un paso indispensable para poder hacer cambios de una forma más objetiva. 

Y también hay que decirlo: para algunas parejas y familias la opción más sana es la separación. Aún en este caso, es posible que cada uno de los involucrados rescate lo mejor que pueda terminando bien la relación.

Es posible rescatar o reconstruir el proyecto de vida personal, y éste se puede seguir de manera individual o en pareja. Vale la pena reflexionar un poco acerca de cómo quieres ir por la vida. Mi consejo es resolver lo que puedas para llevar menos lastre: seguir la vida sin culpa, rencor ni vergüenza, sino con autoestima y asertividad.

Hasta luego.

domingo, 26 de julio de 2015

Un cuento visionario de Augusto Monterroso

"Escribo para que mis amigos me quieran"
(Gabriel García Márquez)



Como bien dice el maestro Monterroso, autor del siempre citado cuento del dinosaurio que todavía estaba ahí cuando despertó, todos los seres humanos tenemos una indiscutible necesidad de comunicarnos, de saber que alguien está interesado en lo que nos ocurre o en lo que pensamos y hacemos. 

Con el surgimiento de las nuevas y cada vez más accesibles tecnologías de información, las manifestaciones de esta necesidad de comunicarse han llegado a alcanzar proporciones increíbles y en algunas personas han rebasado la condición de necesidad para convertirse en una obsesión. Una diferencia radical entre la obsesión y la necesidad es que la primera nos priva de la libertad al condicionar nuestros actos a un solo fin sin poder encontrar satisfacción, mientras que la segunda sí se puede satisfacer y con eso nos dejan libres para hacer otras cosas: comer es una necesidad, al igual que dormir, respirar o hablar. Desear acaparar la atención de los demás por cualquier medio y a costa de lo que sea es una obsesión.


En este cuento, escrito hace más de 50 años, Monterroso explora esa obsesión por ser escuchado (sin escuchar, valga la aclaración) que muchas personas tienen... "Uno de cada tres", como dice el título del cuento. No había facebook, whatsapp, twitter, teléfonos celulares ni computadoras. La televisión estaba lejos de formar parte de la vida diaria en los hogares y el costo del teléfono fijo todavía era alto para la mayoría de la población. Sin embargo la necesidad de ser escuchado y entendido por los demás ya se percibía entonces como ahora, solo que no era tan bien vista como ocurre en estos días en que podemos abusar de las facilidades y comunicar hasta los detalles más insignificantes de nuestra vida o de nuestras ocurrencias ¡por ejemplo con un blog como éste!

La descripción que hace el autor de su solución al problema de comunicación coincide fielmente con la de una red social, en la actualidad Facebook nos permite hacer lo que en el cuento se le ofrece al protagonista desconocido. Y quienes tengan el tiempo y la disposición para hacerlo, pueden recurrir a la red social durante las 24 horas del día si lo desean.


Estas facilidades parecen mejorar nuestra experiencia de comunicación entre humanos, y en muchos casos funciona. Pero en otros casos ocurre que se ha perdido de vista la función básica de la comunicación como acto que satisface la necesidad de estar en contacto con los demás, de permitirnos conocer a nuestro interlocutor y a nosotros mismos por medio del diálogo, de lograr acuerdos o discutir diferencias, de compartir experiencias, opiniones y sentimientos. La comunicación asertiva parte de uno mismo: inicia con una persona que se habla claro a sí misma, que está consciente de sus pensamientos, sentimientos, deseos y limitaciones. La mala comunicación toma como referencia a los demás, busca cumplir las expectativas de otra u otras personas antes que las propias y si bien puede alcanzar buenos niveles de rating y popularidad, pocas veces resulta tan honesta como la asertiva, además de que no permite al emisor conocerse a sí mismo tampoco.


La dificultad de las redes sociales radica en que es muy fácil romper la barrera de la asertividad. Es fácil caer en el estereotipo o el lugar común queriendo seguir la "originalidad" que esté de moda o los hábitos de comunicación que se estén usando por los demás para "estar al día", para encajar con "todos". Y esto resulta en un círculo vicioso: Al ocultar la comunicación real expresando lo que creemos que la gente quiere escuchar, perdemos libertad y nos aislamos en lugar de hacer contacto con los demás.


No nos engañemos: Llegar a mucha gente con nuestros mensajes no garantiza una comunicación efectiva, ni ser entendidos ni hacer contacto con "los demás".


La necesidad de comunicarnos cubre uno de los miedos básicos de la humanidad: estar solos, ser rechazados o abandonados. Las redes sociales convertidas en desahogo obsesivo pueden ofrecer una alternativa de comunicación con la seguridad de no tener que confrontar a nuestro propio ser con otra personalidad, esta es la impunidad que da el mundo virtual, pero no sustituye a una compañía real y, por lo tanto, puede acrecentar el miedo a la soledad en lugar de reducirlo.

¿Suena exagerado? Lean este cuento que a mi modo de ver ilustra generosamente el origen y las cualidades de las redes sociales con un sabroso toque de sarcasmo:

Uno de cada tres
Augusto Monterroso


"Más querría encontrar quién oyera las
mías que a quien me narre las suyas."
(Plauto)


"Está dentro de mis cálculos que usted se sorprenda al recibir esta carta. Es probable, también, que al principio la tome como una broma sangrienta, y casi seguro que su primer impulso sea el de destruirla y arrojarla lejos de sí. Y, no obstante, difícilmente caería en un error más grave. Vaya en su descargo que no sería el primero en cometerlo, ni el último, desde luego, en arrepentirse.

Se lo diré con toda franqueza: Me da usted lástima. Pero este sentimiento no solo resulta natural, sino que está de acuerdo a sus deseos. Pertenece usted a esa taciturna porción de seres humanos que encuentran en la conmiseración ajena un lenitivo a su dolor. Le ruego que se consuele: su caso nada tiene de extraño. Uno, de cada tres, no busca otra cosa, en las más disimuladas formas. Quien se queja de una enfermedad tan cruel como imaginaria, la que se anuncia abrumada por el pesado fardo de los deberes domésticos, aquel que publica versos quejumbrosos (no importa si buenos o malos), todos están implorando, en el interés de los demás, un poco de la compasión que no se atreven a prodigarse a sí mismos. Usted es más honrado: desdeña versificar su amargura, encubre con elegante decoro el derroche de energía que le exige el pan cotidiano., no se finge enfermo. Simplemente, cuenta su historia, y, como haciendo un gracioso favor a sus amigos, les pide consejos con el obscuro ánimo de no seguirlos.

A usted le intrigará cómo me he enterado de su problema. Nada más sencillo: es mi oficio. Pronto le revelaré qué oficio sea ése.

Continúo. Hace tres días, bajo un sol matinal poco común, abordó usted un autobús en la esquina de Reforma y Sevilla. Con frecuencia las personas que afrontan esos vehículos lo hacen con expresión desconcertada y se sorprenden cuando encuentran en ellos un rostro familiar. ¡Qué diferencia en usted! Me bastó ver el fulgor con que brillaron sus ojos al descubrir una cara conocida entre los sudorosos pasajeros, para tener la seguridad de haberme topado con uno de mi favorecedores.

Obedeciendo a un hábito profesional agucé furtivamente el oído. Y en efecto, no bien había usted cumplido, de prisa, con los saludos de rigor, se produjo el inevitable relato de sus desgracias.Ya no me cupo duda. Expuso los hechos en tal forma que era fácil ver que su amigo había recibido las mismas confidencias no más allá de 24 horas antes. Seguirlo durante todo el día hasta descubrir su domicilio fe como de costumbre la parte de mis disciplinas que, me gustaría saber la razón, cumplo con más placer.

Ignoro si esto le servirá de enojo o de alegría; pero me veo en la urgencia de repetirle que su caso no es singular. Voy a exponerle en dos palabras el proceso de su situación presente. Y si, aunque lo dudo, me equivoco, tal error no será otra cosa que la confirmación de la infalible regla.


Padece usted una de las dolencias más normales en el género humano: la necesidad de comunicarse con sus semejantes. Desde que comenzó a hablar, el hombre no ha encontrado nada más grato que una amistad capaz de escucharlo con interés, ya sea para el dolor como para la dicha. Ni aun el amor se iguala a este sentimiento. Hay quienes se conforman con un amigo. Existen aquellos a quienes no les bastan mil. Usted corresponde a los últimos, y en esa simple correspondencia se originan su desgracia y mi oficio.

Me atrevería a jurar que se inició usted refiriendo su conflicto amoroso a un amigo íntimo, y que éste lo escuchó atento hasta el fin y le ofreció las soluciones que creyó oportunas. Pero usted, y de aquí arranca el interminable encadenamiento, no consideró acertadas esas fórmulas. Si le propuso con firmeza cortar, como se dice, por lo sano, usted encontró más de un motivo para no dar por perdida la batalla; si, por el contrario, su consejo fue seguir el asedio hasta la conquista de la plaza, usted se inundó de pesimismo y lo vio todo negro y perdido. De ahí a buscar el remedio en otra persona apenas si hay algo más que un paso. ¿Cuántos dio usted?

Emprendió un esperanzado peregrinaje, hasta agotar su concurrida libreta de direcciones. Incluso trató (con éxito creciente) de entablar nuevas relaciones para apurar el tema. No es extraño que de pronto reparara en que el día tiene tan sólo veinticuatro horas, y en que esa desconsideración astronómica constituía un monstruoso factor en su contra. Fue preciso multiplicar los medios de locomoción y planear un horario de sutil exactitud. El uso metódico del teléfono vino en su auxilio y ensanchó, es cierto, sus posibilidades; pero este anticuado sistema todavía es un lujo, y el setenta por ciento de aquellos a quienes usted quiere mantener enterados carecen de esa dudosa ventaja.

No contento con los desvelos y el insomnio, principió usted a madrugar para ganar un tiempo cada vez más fugitivo e irreparable. El descuido de su aseo personal se hizo notorio: la barba le creció montaraz; sus pantalones, antes impecables, se vieron invadidos por las rodilleras, y un terco polvo gris cubrió de pesadumbre sus zapatos. Le pareció injusto, pero tuvo que aceptar el hecho de que, si bien usted madrugaba lleno de entusiasmo, escaseaban los amigos dispuestos a compartir esa vehemencia matinal. Así, ¿hay que decirlo?, ha llegado el momento ineludible en que usted es físicamente incapaz de conservar bien informado al amplio círculo de sus relaciones sociales.

Ese momento es también mi momento. Por una modesta suma mensual yo le ofrezco la solución más apropiada. Si usted la acepta—y puedo asegurar que lo hará porque no le queda otro remedio—relegará al olvido el incesante deambular, las rodilleras, el polvo, la barba, los fatigosos telefonemas.

En pocas palabras: estoy en condiciones de poner a su disposición una excelente radiodifusora especializada. Dispongo en la actualidad (por el sensible fallecimiento de un antiguo cliente afectado por la Reforma Agraria) de un cuarto de hora que si tomamos en cuenta lo avanzado de sus confidencias, sería más que suficiente para sostener a sus amistades ya no digamos al día, pero al minuto, de su apasionante caso.

Creo de más enumerar a usted las ventajas de mi método. Sin embargo, le insinuaré algunas.

1.a El efecto sedante sobre el sistema nervioso está garantizado desde el primer día.

2.a Discreción asegurada. Aun cuando su voz podrá ser recibida por cualquier sujeto poseedor de un aparato de radio, juzgo improbable que personas ajenas a su amistad quieran seguir una confidencia cuyos antecedentes desconocen. Así, se descarta toda posibilidad de curiosidad malsana.

3.a Muchos de sus amigos (que hoy escuchan con desgano la versión directa) se interesarán vivamente por la audición radiofónica con sólo que usted mencione en ella sus nombres en forma abierta o alusiva.

4.a Todos sus conocidos estarán informados al mismo tiempo de los mismos hechos. Circunstancia que evita celos y reclamaciones posteriores, pues solamente un descuido, o un azaroso desperfecto en el aparato propio, colocaría a alguno en desventaja respecto de los demás. Para eliminar esa contingencia deprimente cada programa se inicia con una breve sinopsis de lo narrado con anterioridad.

5.a El relato cobra mayor interés y variedad, y puede amenizarse, cuando así se considere oportuno, con ilustrativas selecciones de arias de ópera (no insistiré sobre la riqueza sentimental de las italianas) y trozos de los grandes maestros. Un fondo musical adecuado es obligatorio por reglamento. Además, una amplia discoteca, en la que se recogen hasta los más increíbles ruidos que el hombre y la naturaleza producen, está al servicio del suscriptor.

6.a El relator no ve la cara de los oyentes, lo que evita toda suerte de inhibiciones, tanto para él como para los que lo escuchan.

7.a Siendo la audición una vez al día y por un cuarto de hora, el confidente dispone de veintitrés horas y tres cuartos de hora adicionales para preparar sus textos, impidiendo así, en absoluto, contradicciones molestas y olvidos involuntarios:

8.a Si el relato alcanza éxito y al número de amigos y conocidos se suma una considerable cantidad de oyentes espontáneos, no es difícil encontrar casa patrocinadora, lo que une a las ventajas ya registradas cierta factible ganancia monetaria que, de ir creciendo, abriría las posibilidades de absorber las veinticuatro horas del día y convertir, así, una simple audición de quince minutos en un programa ininterrumpido de duración perpetua. Mi honestidad me obliga a confesar que hasta ahora no se ha producido este caso, pero ¿por qué no esperarlo de su talento?

Este es un mensaje de esperanza. Tenga fe. Por lo pronto, piense con fuerza en esto: el mundo está poblado de seres como usted. Sintonice su aparato receptor exactamente en los 1373 kilociclos, en la banda de 720 metros. A cualquier hora del día o de la noche, en invierno o en verano, con lluvia o con sol, podrá escuchar las voces más diversas e inesperadas, pero también más llenas de melancólica serenidad: la de un capitán que refiere, desde hace más de catorce años, cómo se hundió su barco bajo la aciaga tormenta sin que él se decidiera a compartir su suerte; la de una mujer minuciosa que extravió a su único hijo en la poblada noche de un 15 de septiembre; la de un delator atormentado por el remordimiento; la de un ex dictador centroamericano, la de un ventrílocuo. Todos contando interminablemente su historia, todos pidiendo compasión."



Hasta luego.

sábado, 25 de julio de 2015

Recordatorio - Terapia Guestalt

"Una rosa es una rosa, es una rosa, es una rosa..."
(Fritz Perls)

¿Qué buscamos al acudir a psicoterapia? Quererse uno mismo y valorarse más. Ser más leal a uno mismo. Respetarse más. Llegar a ser un buen amigo de uno mismo y tratarse como tal. Tomar en serio a uno mismo. Confiar en uno mismo, en la vida y en Dios (con el nombre que sea).

Este video ofrece un excelente repaso de las vivencias y metas que seguimos durante un proceso de crecimiento y desarrollo personal como el que se puede vivir en psicoterapia. Me gustó mucho porque me recuerda el avance que he apreciado en mucha gente que decide llegar a ser una mejor persona, y también lo que he visto al seguir mi propio camino en ese mismo sentido. Espero les guste también:


Es un mensaje fuerte y para considerarlo con todo lo que implica a nivel muy personal, como dice mi buen amigo y colega Enrique Vázquez, que fue quien lo compartió. Y es precisamente en la profundidad de su mensaje donde radica la belleza y el atractivo de este video.

Hasta luego.

martes, 23 de junio de 2015

Parejas: Dueños o compañeros


"Si la felicidad de tu pareja implica tu infelicidad, ¿qué estás haciendo ahí?
(Walter Rizo)


¿Qué es un apego? Voy a tratar de describirlo brevemente en unas cuantas líneas:

El apego es un vínculo, un lazo de afecto o cariño que te une con unas cuantas personas y resulta de vital importancia para que puedas reconocer tu lugar en el mundo y entre las demás personas, pero sobre todo te da la seguridad de formar parte de algo más grande que tú mismo. El vínculo es necesario para desarrollar el sentido de pertenencia y con él, serás capaz de adquirir compromisos y afrontar retos personales. El apego proporciona esa sensación de "querer estar aquí". porque "aquí" es donde te identificas y puedes crecer.

Eso que acabo de describir es un apego sano, que aparece desde la más lejana infancia y te acompaña toda la vida. Ahora voy a tratar de explicar también de una forma breve lo que es el apego malsano:

El apego malsano aparece cuando te sientes dueño o dueña de la persona que quieres. Si el apego sano crea un vinculo de afecto que te une a los demás, el apego malsano crea un lazo de inseguridad que te hace exigir a la persona que amas que te haga caso, que te valore. La pérdida o la amenaza de perder a la persona provoca angustia y miedo.

¿Cómo es eso de vivir sin apegos? Para responder esta pregunta, debo comentar que algunos psicólogos, sobre todo psicoanalistas y en menor medida los conductistas, consideran que el apego solamente se da en la infancia, y que si llega a aparecer en otra etapa de la vida, forzosamente se tratará de un apego malsano o enfermizo. Por mi parte, yo creo que existen vínculos sanos y malsanos a lo largo de nuestra vida y no solamente en una de sus etapas: Ni modo: los apegos malsanos no se curan simplemente con la edad. Así pues, ¿cómo es eso de vivir sin apegos malsanos?


Es vivir libre.

Amar a quien amas y dedicarte a esa persona sin miedo a que te rechace. 

Aceptarte tal como eres y aceptar a quien amas tal como es.

Vivir sin tener que sacrificar a tu propia persona para que otra sea feliz.

Construir momentos de felicidad en compañía, para que ambos la disfruten.

Dejar de pensar que solo puedes ser feliz si haces feliz a la persona que amas.

Confiar en que la persona que amas es capaz de tomar sus propias decisiones y aprovechar sus recursos de la mejor manera.

Hablar sin temor ni vergüenza de los que sientes, quieres, temes, deseas, haces, planeas, etc.

Saber que la persona que amas también es libre y está contigo por su voluntad.

Entender que no eres dueño de tu pareja, ni tampoco eres de su propiedad.


Donde hay apegos malsanos las relaciones se van llenando de abusos y de codependencia, porque el apego se siente igual que cuando éramos niños y dependíamos de mamá o de alguien que nos cuidara y nos quisiera. Donde hay un apego sano solamente está el vínculo de afecto que nos ayuda a estar junto a la persona que amamos, sin perder de vista nuestra dignidad y nuestro valor como personas.

Vivir sin apegos malsanos es vivir sin sentir culpa de quererte más que a otras personas, eso te permite reconocer y desarrollar todo el potencial que hay en ti y compartir tu bienestar y tus capacidades con quien tú decidas.

Revisa tu relación, solamente hay 3 posibilidades:


1. ¿Tu pareja abusa de ti? ¿Te dejas manipular por miedo a quedarte sin pareja?

2. ¿Tú abusas de tu pareja? ¿Piensas que la mejor defensa es el ataque, y decides que mejor tú vas a manipular y a controlar la relación para que tu pareja no abuse de ti?

3. ¿Vas por la vida en compañía? ¿Te valoras, te conoces y te quieres lo suficiente como para no tener que controlar la vida de otra ni dejar que otra persona te domine a ti?

Hasta luego.

viernes, 19 de junio de 2015

Hábitos deliciosos - Recomendación

"Toda-toda mi actividad cuenta"
(habitolicious)




Si estás leyendo este blog, lo más probable es que tú también busques llevar un estilo de vida que te permita estar en paz contigo y compartir eso con la gente que quieres. ¿Es esa una meta difícil? Habría que revisar tus hábitos personales y, si es necesario, comenzar a adoptar unos más sanos. Recuerda que todos logramos más mejoras personales haciendo cambios pequeños y constantes en lugar de cambios grandes y espectaculares que solo duran unos pocos días. 

Principalmente por esta razón es que recomiendo visitar un blog que ya tiene tiempo en el ciberespacio pero que yo descubrí hace unos cuantos días: "habitolicious". Se trata de un espacio dedicado a las cosas sencillas y eficaces, hecho con constancia y ganas de rescatar un estilo de vida basado en afirmaciones positivas llevadas a la practica de una manera cotidiana (por eso se convierten en hábitos). 

Un hábito es muy diferente de una rutina, un régimen, una dieta o cualquier otro programa que uno se proponga cumplir para conseguir una meta: cuando la consigues todo el esfuerzo se va a la basura porque "ya se acabó la dieta, o el propósito de año nuevo, o ya pasó el día que quería lucir bien". Esto ocurre porque el propósito de semejante esfuerzo era "hacia afuera", para los demás y no para ti mismo. 

Los hábitos se diferencian de las dietas, programas o tratamientos porque los asimilamos como algo natural, así que no aspiras a dejar un buen hábito después de conseguir tu peso ideal, o dormir bien, o llevarte bien con alguien: No los haces para quedar bien con nadie más que contigo mismo. Los hábitos se vuelven parte de ti.

Los hábitos forman tu estilo de vida, eso quiere decir que en este momento ya tienes varios hábitos que te hacen vivir, reaccionar y pensar tal como lo haces ahora, y que si adoptas nuevos y buenos hábitos podrás alcanzar ese estado que te permite sentirte satisfecho de ser quien eres... la verdadera madurez emocional surge del interior de cada persona como resultado de sus actos diarios. Digamos que esa madurez es la suma de muchos hábitos benéficos para tu cuerpo, tu mente y tus relaciones.

Y de eso se trata este blog que recomiendo porque me ha gustado tanto: de ir sumando muchos cambios pequeños, detalles sencillos, gustos fáciles de cumplir, autoafirmaciones y demás hábitos para lograr una gran mejora personal dando pasos pequeños, pero constantes, eso sí.

Además tiene otra ventaja: Es una página muy breve y concisa, así que leer cada entrada se vuelve una práctica ligera y ágil, aunque lo que leas puede quedarse y anidar en tu mente durante mucho tiempo. Aquí está la ruta para que la conozcas, espero te guste y te sirva como a mi:


Otro encanto de esta página es que está escrita para ser entendida, o sea sin abusar de términos psicológicos o médicos. Por cierto, las imágenes que adornan este texto las tomé directamente de "habitolicious" y eso también me agrada: es una página muy gráfica, muy visual.

Hasta luego.

miércoles, 17 de junio de 2015

¿Cuántos años tienes?

"Cada cual tiene la edad de sus emociones."
(Anatole France)


Una simple razón para estar en el presente sin preocuparnos de cómo hacerlo: Es lo único que tenemos. 

Dejo aquí esta anécdota, sin poder asegurar que sea cierta, pero ilustra muy bien la idea de estar en el aquí y ahora:


En cierta ocasión alguien preguntó a Galileo Galilei: "¿Cuántos años tiene, señor?"

"8 o 10", contestó Galileo, en evidente contradicción con su barba blanca. Todos los que ahí se encontraban se miraron como asombrados al escuchar cuántos años les dijo que tenía, pero él al darse cuenta les explicó:

"Tengo en efecto, queridos amigos, los años que me quedan de vida. Los vividos ya no los tengo, como no se tienen las monedas que se han gastado".

Obviamente, esta anécdota me lleva a hacerme la misma pregunta: ¿Cuántos años tengo? ¿Qué voy a hacer con ellos? Si la vida es lo único que tenemos, vale la pena pensar bien cómo queremos aprovecharla, así que te dejo las preguntas para ti, esperando que te contestes honestamente:

¿Cuántos años tienes?

¿Qué vas a hacer con ellos?

"¿Qué edad tiene el mundo? Camino entre dos eternidades."
(Denis Diderot)

Hasta luego.

jueves, 11 de junio de 2015

Caminar, avanzar

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
(Eduardo Galeano)


La vida es hacia adelante, sin reversa aunque a veces quisiéramos volver a ser esos músculos fuertes, aquella mirada traviesa, la piel firme y lisa de hace 10, 20, 30, 40 o más años. Es hacia adelante y lo más recomendable es vivir cada etapa de nuestra existencia con la misma dignidad y disfrute que cuando teníamos 5, 10, 20, 30, 40, 50, 60 o 70 años. De lo contrario solamente nos estaremos deteniendo a sufrir un tiempo que podríamos aprovechar en vivir.

“Cuando no puedas correr trota, cuando no puedas trotar camina, cuando no puedas caminar usa el bastón pero nunca te detengas.”
(Madre Teresa de Calcuta)

Esto es cuestión de enfoques, y en este momento mi enfoque se centra en 3 cuestiones básicas para seguir avanzando:


Confía en ti. Confía en tu vida, haz lo que te toca hacer, hazlo como crees que es correcto y si dudas, entonces busca compañía para tener con quien intercambiar ideas. La confianza libera el miedo, le impide paralizarte y lo vuelve tu amigo.

Sigue tu luz. En tu interior tienes la claridad que necesitas para ver lo que te conviene dentro y fuera de ti. Con tu claridad puedes iluminar tu vida y la de otras gentes que están cerca de ti (aunque hay personas que aún se aferran a sus sombras, cada quien a su tiempo). La claridad es hermana de la confianza, ayuda a vencer las dudas y a entender tus alcances y tus límites. También ayuda mucho la compañía y las conversaciones amenas para desarrollar bien tu claridad.

Camina. Muévete. Haz lo que sepas hacer. El miedo y la duda paralizan y te hacen dar vueltas sobre el mismo lugar. Tu confianza y tu claridad te ayudan a encontrar el rumbo y la decisión correctas. Con ellas puedes mirar las señales que la vida pone en tu camino. Adelante.


“Hay algunas cosas buenas que decir acerca de caminar..., por ejemplo, requiere más tiempo que cualquier otra forma de locomoción excepto reptar. En consecuencia, dilata el tiempo y prolonga la vida, que ya es de por sí demasiado corta para desperdiciarla con la velocidad... Caminar hace que el mundo sea mucho más grande y, por ello, más interesante. Uno tiene tiempo para observar los detalles.”
(Edward Paul Abbey)

“En estos libros no está el conocimiento, lo que hay en ellos son índices. Tú tienes que ser capaz de poner en práctica lo que sugieren para conocer lo que los índices indican. Tienes que caminar con tus propios pies, en la dirección que señalan, para corroborar por ti mismo y vivir el conocimiento al que se refieren.”
(Carlos Castaneda)

“Ojalá que mi sombra se levantara para caminar a mi lado.”
(Jandy Nelson)

“Está amaneciendo. Me ha sido dado un nuevo día. Otro día para oír, y leer, y oler, y caminar un nuevo día para el amor, para la gloria. Estoy vivo un nuevo día.”
(Hugh Prather)

No hay reversa, paso a paso, sigue tu camino y disfruta a los demás caminantes que coincidan en tu ruta.

"Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Al andar se hace camino y al volver la vista atrás
Se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar."
(Antonio Machado)

Hasta luego.

martes, 9 de junio de 2015

Dudar

"La duda es uno de los nombres de la inteligencia"
(Jorge Luis Borges)

Todos dudamos y llegamos a sentirnos confundidos en algún momento, justo ante alguna decisión importante, y cada uno puede tener una reacción diferente ante esa misma situación. Ser honesto contigo mismo para resolver una duda es la mejor manera de aprender a seguir a tu propia naturaleza.


lunes, 8 de junio de 2015

Conocerte más para amarte más (Cuestionario para padres)

Es difícil amar a alguien que no conoces, en el mejor de los casos puedes idealizar a una persona de la que has escuchado muchas cosas y admirarla, pero seguramente esa persona será muy diferente en la vida real de como la ves en tu imaginación y el riesgo de una decepción también será muy alto. Puedes conocer un poco a algunas personas, suficiente para formarte un juicio acerca de ellas y decir "estas gentes de aquí me caen bien y las de allá me caen mal". Ya es algo, aunque todavía falta que te involucres más para poder vivir una relación que vaya más allá del aprecio o el afecto. Puedes conocer gente e interesarte por ella, mirar su expresión cuando platican y saber más de su vida, eso tal vez te haga sentir un compromiso hacia esa persona, y no hay problema: puedes seguir siendo tú y mostrarte tal como eres ante esas gentes que se van ganando un lugar distinto entre todas las demás.


Entre la indiferencia total y la entrega amorosa hay miles de matices y variaciones para relacionarnos con los demás.

¿Y qué pasa si a la gente que no conoces es a la que tienes más cerca, con la que convives a diario? ¿Será posible que esto ocurra, o simplemente por el hecho de vivir bajo un mismo techo ya se conocen todos los que ahí habitan?

Te invito a hacer un pequeño test para revisar si en verdad conoces a la gente que quieres. Este test está enfocado a los padres para hacer conciencia de la necesidad de estar en contacto con sus hijos, pero también puede adaptarse y aplicarse a cualquier otra persona importante para ti. Aquí va:


1. ¿Cuál es la fecha del cumpleaños de tu hijo(a)?

2. ¿Cómo se llama el mejor amigo o la mejor amiga de tu hijo(a)?

3. En la escuela, ¿cuál es la materia que más le interesa a tu hijo(a)?

4. ¿Cómo se llama la maestra o el maestro de tu hijo(a)?

5. ¿Cuál es la actividad favorita de tu hijo(a)?

6. ¿Cuál es la mayor habilidad de tu hijo(a)?

7. ¿En qué situaciones sientes más seguro a tu hijo(a)?

8. ¿En qué situaciones sientes más inseguro a tu hijo(a)?

9. ¿Qué es lo que más le desagrada a tu hijo(a) de sí mismo?

10. ¿Qué es lo que tu hijo(a) más admira de ti?

11. Dentro de la familia, ¿cuál es la persona favorita de tu hijo(a)?

12. ¿Qué clase de lecturas prefiere tu hijo(a)?

13. ¿Cuál ha sido el momento más feliz en la vida de tu hijo(a)?

14. ¿Cuál ha sido el momento más triste en la vida de tu hijo(a)?

15. A tu hijo(a), ¿Qué actividades le gusta compartir contigo?

16. ¿A qué le tiene miedo tu hijo(a)?

17. Tu hijo(a), en este momento, ¿qué es lo que más necesita de ti?

18. ¿Qué piensa tu hijo(a) acerca del amor?

19. Para tu hijo(a), ¿quién es Dios?

20. ¿Qué planes y proyectos futuros tiene tu hijo(a)?



Espero te des un tiempo para responder sinceramente, y de corroborar tus respuestas. Si te das cuenta que no supiste responder 4 o más preguntas es hora de revisar cómo está tu relación y de hacerte una pregunta muy personal: ¿Cómo le haces para no conocer a la gente que quieres? Ten presente que en las relaciones aplica lo que podríamos llamar el "principio del péndulo": Lo que ocurre de un lado tarde o temprano ocurrirá también del otro lado, con la otra persona, así que yo te preguntaría: ¿Qué ganas al no dejarte conocer?

Dejo estas 20 preguntas y la invitación a poner más atención a la gente con la que convives, sea hijo, padre, madre, amigos, pareja o cualquier otra persona importante en tu vida. Al final el ganador serás tú por conocer más de ti mismo a través del contacto con los demás.

Hasta luego.

miércoles, 3 de junio de 2015

Amarrar y soltar

"Si los amarras se van,
si los sueltan se quedan.
¿qué son?"


¿Ya diste con la respuesta? Pues sí, son los zapatos: si los desamarras te los quitas y se quedan. Si los amarras van contigo a donde vayas. Pero hoy mi amiga Magui me dio una respuesta mucho mejor para esta adivinanza: Son los maridos, porque si los amarras se van y si los sueltas se quedan. Y llevando esto un poco más allá, la respuesta se amplía a la pareja en general.


Hay personas que en verdad creen ser dueñas de su pareja y casi traen literalmente una cuerda en la mano para no dejarla ir más allá de "donde le den permiso". Y se justifican diciendo que no son tan malos (como si ser "malo" sin el "tan" fuera lo normal), que quieren mucho a su pareja y por eso la "cuidan" tanto. Esa es una parte de la relación (a veces se queda sola si "amarra" con demasiada fuerza) y en la otra parte de la relación hay otra persona; tenemos un verdadero problema si esta otra persona de verdad cree que está amarrada a su pareja, que le tiene que pedir permiso hasta para decidir cómo debe portarse, a quién ver y a quién no ver, con quién hablar y con quién no. Tal vez llegue a quejarse y a darse cuenta de que esa relación es dañina para su persona, pero no se puede retirar, ni pensar en dejar a quien en nombre del amor le maltrata y le limita la existencia. Pero eso no es amor.


¿Con qué se amarran las parejas? Con chantajes, manipulaciones, amenazas, promesas, órdenes, menosprecios y todo lo que hay en la docena sucia. Pero la cadena más fuerte que mantiene unida a una pareja así de tóxica y codependiente es la esperanza de que esa persona (la amarrada o la que amarra) va a hacer feliz a la otra. Que va a cambiar. Que cuando haga lo que la otra quiere todo va a ser felicidad. Obviamente es una cadena imaginaria, pero al final sirve igual para amarrar y por ende terminará haciendo lo mismo que en la adivinanza: "si los amarras se van...". 

“He aprendido dos formas de atarme los zapatos. Una de ellas sólo sirve para caerse. La otra sirve para caminar.”

(Robert Heinlein)

¿Quién amarra y quien se deja amarrar? ¿el hombre o la mujer? Aunque culturalmente somos un país machista, el rol de "amarrador" o de "amarrado" lo puede asumir cualquier miembro de la pareja sin importar su sexo o género.


¿Te animas a soltar a tu pareja? ¿A la gente que quieres? Soltar significa cambiar las cuerdas que mencioné en el punto anterior por lazos de confianza, respeto, comunicación y contacto. Conviene primero tender estos lazos hacia tu propia persona, es decir, llevarte bien contigo y después extender eso hacia la gente que quieres. "Si los sueltas se quedan...".

Hasta luego.

martes, 2 de junio de 2015

Barreras en la comunicación (la docena sucia)

"Es imposible no comunicar"
(Paul Watzlawick)


Te encuentras frente a tu padre, tu madre, un hermano o hermana... o frente a tu pareja. Si estás en la escuela o el trabajo, te ves de nuevo ante esos compañeros que te hacen sentir mal. Y te alcanza de nuevo esa sensación de ya haber pasado por esta situación, de volver a enfrentar el mismo problema... Y de tener miedo de salir dañada o dañado después de enfrentarse a lo mismo. Aquí nace la violencia.

La violencia doméstica o familiar puede definirse como aquellos actos u omisiones que se realizan de manera intencional para causar un daño a otra persona. 

En el juego diario de las relaciones humanas tú, yo y todos intercambiamos muchas actitudes, gestos, palabras y significados que dicen más cosas de las que nos damos cuenta... aparentemente. Más bien dicen esas cosas que a veces no queremos reconocer y por eso, cuando alguien nos hace ver lo que hicimos o dijimos simplemente comentamos algo como "¿de verdad? ¡Ay, perdón, no me dí cuenta!". 


Algunas de esas actitudes son agresiones demasiado directas hacia una o varias personas y para reconocerlas, un señor llamado Thomas Gordon las agrupó en un conjunto de "barreras a la comunicación" llamado la docena sucia, y aquí las reproduzco:

Parte 1 - Mensajes para deslindarse de la responsabilidad y tratar de que otra persona solucione las cosas:

1. Ordenar, dirigir, mandar, imponer (Tú debes de... Tú tienes que...).

2. Amenazar, amonestar (Si no lo haces, entonces... Más te vale que hagas lo que te digo...).

3. Sermonear, moralizar (Tú deberías... Esa es tu obligación... Esa es tu responsabilidad...).

4. Aconsejar, dar soluciones (¿Por qué tú no... Yo te aseguro que... Sería mejor para ti que...).

5. Persuadir con lógica, dar cátedra (¿No te das cuenta..? Creo que estás en un error... Mira, lo más lógico es que... Debes entender que...).


Parte 2 - Mensajes que hacen menos a la persona y le quitan valor:

6. Juzgar, censurar, criticar (Eres malo... ¡Como eres flojo..! Te estás portando como loquito).

7. Alabar, aprobar, halagar (Eres tan bueno... Haces todo muy bien... Así es como todos deberían actuar...).

8. Ridiculizar, avergonzar (Eres un niño todavía... Lo que usted diga, señor...). 

9. Interpretar, analizar, diagnosticar (Lo que tú necesitas es... Tú realmente quieres decir que... Tu problema es...).

10. Consolar, amparar, minimizar (Eso no es tan malo... No te preocupes, te sentirás mejor... Déjaselo al tiempo... Tu problema se va a resolver...)

11. Preguntar, interrogar (¿Por qué hiciste..? ¿Por qué no hiciste..? ¿Quién hizo...? ¿Cómo ocurrió..?)

Parte 3 - Mensaje para evadir el tema principal:

12. Distraer, bromear (No se habla de eso en la mesa... Eso me recuerda que... Te levantaste con el pie izquierdo...).

Tal vez descubriste alguna actitud que usas con frecuencia, o cuando te diriges a alguna persona en particular... yo tengo bien ubicadas las mías, y son una parte importante de mis retos a vencer.


Es inevitable mostrar alguna de estas actitudes en ocasiones, pero abusar de ellas o de algunas de ellas es lo que las convierte en barreras que impiden la comunicación asertiva, pues impiden escuchar lo que realmente te quieren decir, y al comunicarte bloquean la empatía para poner por delante un escudo de prejuicios e ideologías que no dejan ver a la otra persona tal como es...

Y bueno, regresando al punto 4 de esta lista, te aconsejo revisar tus reacciones ante distintas personas para identificar cuáles conductas de esta docena sucia utilizas y con quiénes. Aceptarlas es el primer paso para manejarlas y cambiarlas.

Hasta luego.