sábado, 24 de abril de 2021

Cuento: La nueva Tierra, parte 4

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Jade


La nueva Tierra, parte 4


“...y sé que nadie en este mundo está solo, pero puedo sentir la desesperanza de la soledad…

Escucho ese estribillo noche y día, parece que las estaciones de radio no tienen otra canción para poner y no me gusta nada, me deprime pensar que la gente se tiene que convencer a sí misma de que no está sola, aunque así se sienta. Yo en verdad no creo que la gente pueda estar sola, me parece una idea imposible porque siempre podemos estar en contacto con alguien y también porque la soledad no significa estar alejado de los demás, de hecho a veces paso algunos días sin ninguna compañía, solo moviéndome entre desconocidos y me siento bien, de vez en cuando me hace falta ese espacio. “Lo más triste no debe ser estar solo, sino estar aislado de los demás, porque aislarse es una decisión y estar solo es una condición temporal, no pasa nada”, pienso mientras intento sacar de mi cerebro ese estribillo que revolotea y amenaza con anidar en mi cabeza. ¿Por qué a la gente le gusta tanto esa canción? ¿Será simplemente porque la escuchan sin parar?

“...y sé que nadie en este mundo está solo, pero puedo sentir la desesperanza de la soledad…

Las noticias hablan de una epidemia imparable, como si una rara enfermedad muy contagiosa estuviera afectando a muchas personas y obligándolas a permanecer aisladas, es una tendencia inusual porque ya lleva varios meses circulando en las redes y en Internet y no baja su popularidad, sigue siendo noticia de titulares porque hay mucha gente famosa entre los afectados: empresarios, estrellas del deporte y de la música, políticos, y en general personas emprendedoras que han sido reconocidas por las mayorías, han tenido tanto éxito que eso les convirtió en personas millonarias y en un ejemplo a seguir, pero ahora muchos de ellos ya no se ven más que en videos, algunos de hace mucho tiempo y otros recientes donde se les puede escuchar tratando de explicar lo difícil que es vivir sin energías y lejos de la gente que aman, tal vez refiriéndose a sus fans y seguidores. O tal vez eso quieren creer sus fans y seguidores. En fin. Las caras tristes, la voz inexpresiva, la mirada fija en algún punto o en la nada, todo su aspecto deja ver un gran sufrimiento y cuando terminan de transmitir, uno se queda con una tristeza interminable, una inmensa sensación de vacío y desesperanza en el interior, aun cuando la mayor parte de las personas que se dejan ver en esos mensajes videograbados se ven tristes, sí, pero a la vez tranquilos y reflejan una gran fortaleza espiritual.

Hace 2 o 3 años nadie se imaginaba que podría existir una enfermedad como esta, que sin ninguna explicación está dejando al mundo vacío de ídolos, de líderes, de confianza y amor, parece una maldición, ¿cómo es posible que las mejores personas del planeta hayan sido alcanzadas por este mal? Cierto que por cada uno de estos enfermos famosos debe haber miles de contagiados anónimos entre las personas normales, los que trabajamos, los “de a pie”, pero eso no es raro ni es noticia, al fin y al cabo, como dicen unos comentaristas ingeniosos pero no muy listos en su noticiero nocturno: “los que siempre han estado mal ya están acostumbrados”. Lo realmente sorprendente es que aquellos que tienen los recursos para aislarse de los problemas del mundo, no lo han podido hacer. Y nadie sabe explicar de manera creíble qué enfermedad es esta que quita la fuerza, las ganas, las defensas del organismo, y obliga a la soledad. Mientras tanto, la epidemia continúa propagándose.

El presidente de Estados Unidos ha comenzado a dirigir a su país encerrado en el salón oval de la Casa Blanca, y se lamenta por estar condenado a no poder salir de ella pero al mismo tiempo se compromete a continuar trabajando por el bien de todo el planeta; es un Presidente con mucha autoestima, creo yo, al considerar que las decisiones que tome por su país beneficiarán a todo el mundo. Muchos otros países están haciendo lo mismo y mantienen encerrados a sus dirigentes para que hagan su labor con todos los cuidados posibles, siempre frente a las cámaras de unos resignados y bien pagados reporteros que también comparten ese encierro, como si se tratara de un reality show. Todo se hace con esas medidas de higiene que ya todos conocemos y que se van volviendo cotidianas, parte del paisaje y la leyenda urbanos. Cubrebocas. Sana distancia. Aislamiento. Desconfianza. Paranoia. Miedo.

Los más famosos cantantes están dejando de aparecer en público, solamente los más arriesgados aparecen de vez en vez, y cada vez más esporádicamente en algún programa de TV, pero la mayoría está optando por hacer todas sus presentaciones vía streaming, a veces en directo y a veces con versiones editadas, y al despedirse todos cierran sus videos diciendo que aman a su público y que desean volver a estar cerca, en persona muy pronto, pero la verdad es que están asustados y se encierran, estén o no contagiados, porque tienen miedo de tener que vivir encerrados si se enferman ¡qué cosa!

Lo mismo está ocurriendo con empresarios, líderes religiosos, deportistas y finalmente hasta con la gente común que antes nos reuníamos en restaurantes, teatros, cines, estadios, parques, bares y salones para divertirnos y convivir, pero ahora que los jugadores no se atreven a jugar en público ya no hay partidos en los estadios, las canchas están vacías, no hay artistas dando funciones y mucho menos hay quien se atreva a encerrarse en una sala de cine con un montón de desconocidos: tal vez uno de ellos esté infectado ¡y uno solo podría contagiar a todos! El aire, esa sustancia invisible que nos da vida cada vez que respiramos, lo único que todos compartimos porque ha entrado y salido de los pulmones de toda la humanidad y de todos los animales, ahora es el vehículo por el que viaja el mal. Y el aire, el oxígeno, tiene que seguir entrando a nuestros organismos, a nuestros cuerpos... ¡qué buen sistema para alcanzar a todos!

Este mundo sigue cambiando muy rápido, hoy ni siquiera podemos ir a misa o al servicio religioso porque la gente vive aterrorizada de la gente. Algunos padres y pastores valientes y llenos de fe siguen abriendo las puertas de su iglesia para todo aquel que busca paz y consuelo, pero muy pocas personas se atreven a ir. En las empresas se dan facilidades para que la gente trabaje desde su casa, y lo mismo ocurre en las escuelas. Si no fuera porque a todos nos parece normal, sería asombroso ver la cantidad de edificios fantasmales que parecen ir a la deriva como barcos vacíos en estos mares de concreto.

¡Caray! Me quedo parado frente al gran ventanal de una tienda grande, debe ser una Elektra o Coppel, y observo el noticiero detrás del cristal, desde la calle prácticamente desierta. No tengo prisa. Nunca me había detenido a pensar en lo importante que es reunirnos y tener espacios para estar junto a la gente que queremos y también junto a la que toleramos, convivir para compartir nuestros gustos y pasiones apoyando cada quien a su equipo favorito, orando, bailando, emocionándonos con una historia, estudiando, trabajando, o también discutiendo y defendiendo nuestras ideas cuando son distintas a la de alguien más, al fin y al cabo eso también es convivir… ¿Cuánto tiempo resistiremos aislados y desconfiando de los demás? Estas noticias me confunden y aunque no deseo cambiar mi punto de vista, ahora dudo: tal vez sí sea posible estar solo. 

- - - - - -

- Como van las cosas, al rato hasta nos va a dar miedo tener pareja y hacer el amor, ¿verdad? –Volteo a la izquierda y me encuentro con una joven sonriente mordiendo una manzana con aire de despreocupación mientras ve el mismo noticiero ahí, de pie junto a mí. No la había visto antes y solo atino a sonreír también, sin embargo es obvio que estoy sorprendido y en vez de sonrisa me apareció un gesto medio bobo en la cara. Ella rió más. 

- ¿Te fijas que solo estamos tú y yo en esta calle? -comenta ella- Quiero ir al sur, pero necesito tomar el 37 y con ese maldito miedo que tiene toda la gente, ni pasan los camiones, ¡tengo más de una hora aquí parada esperando!

Me gusta la frescura y desfachatez de la muchacha, y mientras escucho su voz alegre que quiere parecer seria y molesta, me inmovilizo mirando sus ojos negros como el espacio pero sin soles, lunas ni estrellas, enmarcados por una cabellera juguetona y esponjada de tantos rizos moviéndose como serpientes con el aire del atardecer; su piel blanca contrasta perfectamente con la brillante negrura de su pelo y de sus ojos. Viste una blusa verde con algún adorno rojo que no alcanzo a distinguir bien porque me da pena fijar mi vista en su torso, también usa unos jeans blancos holgados. Sé que no soy un tipo galán ni conquistador, pero algo tiene esta mujer que me tiene hipnotizado. Bella, despreocupada, con su manzana y ese pelo... No sé, tal vez así se sintió Adán.

- ¿...no crees? ¡Oye, te estoy hablando!

- Oh, disculpa, me distraje.

- Sí, ya lo noté. Te decía que con el miedo que tienen ahorita todos de todos, fácilmente podemos entrar a esta tienda, tomar lo que queramos y salir sin que nadie nos moleste, ¿verdad? Mira a las pobres chavas que atienden aquí, están agazapadas atrás del mostrador, casi te juro que están rezando para que no vayamos a entrar nosotros ni nadie.- Volvió a reir y esta vez mi risa también salió natural y espontánea. Pegadas a la pared del fondo, más allá del mostrador, las 3 chicas que atienden esta tienda están tratando de ser invisibles, como si fueran un adorno o un aparato más de los que se venden aquí.

- Me voy a ir caminando, quién sabe cuánto tiempo más tendré que estar aquí esperando el camión.

- ¿Dices que vas para el sur? Yo también voy para allá, ¿te parece si caminamos juntos?

- ¡Claro! ¡Diciendo y haciendo, órale! A mover los pies porque mi casa está lejos. Dijo ella mientras se iba encaminando por la banqueta.

- ¡Oye! No te gusta perder el tiempo, ¿verdad? ¡Espérame! Yo quiero caminar contigo, no atrás de ti.

- Pues acelera el paso, mi chavo. –su risa es un imán que me atrae con fuerza, aunque no quiero estar consciente de eso todavía. -Es cierto, no me gusta perder el tiempo, pero eso no significa que deba vivir siempre de prisa, de hecho si pasas tus días apresurado, rápido y tratando de hacer todo en un solo momento, pierdes más el tiempo, porque al final te quedas con la sensación de que no disfrutaste al 100% lo que hiciste y que no te alcanzó el día, ¿ves? ¡Perdiste el tiempo!

- Eso me ha pasado muchas veces, pero siempre creí que estaba aprovechando mi tiempo, porque de esa manera alcanzo a hacer más cosas que cuando me lo tomo con calma.

La chica camina jugueteando con sus manos, hace gestos y muecas con su cara de por sí expresiva y de cuando en cuando se detiene frente a los amplios escaparates donde se refleja su imagen para hacer distintas poses con graciosa coquetería, mirando su figura en distintas posiciones, a veces sensuales, a veces divertidas, a veces grotescas, pero siempre espontáneas y frescas. ¡Carajo! ¡Me gusta! Y lo peor es que ella lo sabe. Mientras pienso esto, ella sigue hablando conmigo. Parece que no sabe estar callada.

- Hacer mucho sin descansar no es garantía de aprovechar más el tiempo. Pero depende lo que te interese. Por ejemplo, yo acabo de estar parada más de una hora en la parada del camión, y mientras tanto aproveché para organizar mis pendientes, divertirme con las caras asustadas de los dependientes en todas las tiendas, revisar mis mensajes en el Telegram y el Whats, ver las noticias en la tele, y además te conocí. Por cierto, me llamo Jade.

Diciendo esto, extiende su mano ágil hacia mí, que la saludo automáticamente y al sentirla me parece más fuerte de lo que aparenta… tardo un poco en reaccionar y solo atino a responder:

Soy Jacobo. ¡Qué bonito nombre tienes!

- ¡Tranquilo, tranquilo! Pareces un buen compañero de viaje, pero ahora eres tú el que no quiere perder el tiempo.

- No, de veras me gusta tu nombre, es bonito y no es muy común. Y también me gusta tu forma de no perder el tiempo, creo que yo me hubiera aburrido si hubiera estado ahí parado más de una hora, sin hacer nada.

- Pero igual hubieras estado ahí durante esa hora, ¿verdad? Y no estuve sin hacer nada, estaba atenta a mi alrededor y a mi propia persona, eso me ayudó a tener paciencia mientras esperaba.

- Cierto, creo que esa actitud debe ser la paciencia.

- ¿Quién sabe? Yo sólo trato de enfocarme en lo que hay en vez de en lo que no hay, y cuando no puedo hacerlo, por lo menos me mantengo ocupada.

Continuamos caminando, nos alejamos de los locales comerciales y de las fachadas atractivas de las grandes tiendas y negocios del centro para adentrarnos en la zona de calles más angostas, con casas habitadas en lugar de establecimientos. Por el camino nos cruzamos con muy poca gente, la mayoría va en sus autos con la mitad de la cara oculta por su cubrebocas y las ventanas arriba, o si va a pie camina una o dos cuadras mirándonos nerviosamente, después toca o abre una puerta y se encierra. 

Los parques invitan a caminar, correr y jugar, pero nadie les hace caso. Allá en el cine de la Plaza hay gente, unas cuantas personas que no resisten el encierro en su casa y prefieren encerrarse en este otro lugar que, según dice, garantiza la sana distancia indicada por las reglas de higiene y la etiqueta antisocial, me imagino que al entrar se acomodan lo más lejos que pueden unos de otros y ven la película para olvidar el miedo, abrazando a sus hijos o a su pareja como si eso evitara que se vayan a contagiar de este mal moderno de la humanidad. Jade y yo caminamos sintiendo la calle nuestra y esta vez pienso con gusto, por primera vez en bastante tiempo, que las cosas cambian muy rápido.

Es tanto el silencio en las calles que escuchamos perfectamente todo lo que ocurre al interior de cada vivienda, en la mayoría se oyen canciones pegajosas, y esa tonadita enfadosa “...y sé que nadie en este mundo está solo, pero puedo sentir la desesperanza de la soledad…”, en otras casas se escuchan las noticias que continúan reportando cualquier cosa acerca de esa rara pandemia de debilidad y soledad, en este momento el Papa transmite sus mensajes llamando a todos los hombres y mujeres “hermanos” y desde la cómoda seguridad de su encierro nos invita a permanecer unidos y cercanos moralmente, aunque estemos alejados físicamente. Los demás líderes religiosos y políticos hacen el mismo exhorto, utilizando cada uno las palabras que les dan estilo propio. ¡Qué rara enfermedad! ¡Como si hiciera falta otra razón para que los humanos nos tuviéramos más miedo!

Jade se queda en su casa, pero antes tomo nota de su domicilio y su número de celular, me grabo bien sus ojos y me guardo junto a mi colección de momentos sus labios sonriendo, porque así los imagino escondidos tras ese cubrebocas censurador y censurable, después continúo mi camino más al sur y el tramo que me falta para llegar a la casa de mis tíos se me hace muy corto, hasta me parece que estoy en otra ciudad. Por primera vez desde que llegué a vivir aquí no me siento adoptado, no: siento que soy parte de todo esto, que ya no soy un migrante y que me acabo de “nacionalizar” tapatío…

En el principio, y sobre todo con la zozobra de las condiciones en que llegué, todas las calles, caminos y avenidas eran iguales, laberintos que no llevaban a ninguna parte porque no había un lugar a donde ir, misterios sin relación con nada conocido, todo era nuevo e indiferente para mí, recién llegado de otro mundo. Con el tiempo conocí a una persona, luego a otra y a otras más y poco a poco las calles y las casas fueron teniendo nombre, cara y anécdotas de conocidos, de gente que se va ganando un lugar en mi vida y me hace un lugarcito en la suya, así le he dado sentido a los lugares de esta ciudad. Cuando una calle te lleva a alguien que quieres, la ciudad ya es tuya aunque no lo sepa. Con el tiempo, sobre todo con el buen tiempo bien vivido, los males se van curando; hoy supe cuál calle me lleva a Jade y me siento afortunado, vivo. La acabo de conocer y me encontré una rara enfermedad llamada futuro en sus ojos, de esa sí quiero contagiarme.


Ver parte 5

jueves, 22 de abril de 2021

Estómago

Estómago


Bolsa lisa, húmeda y caliente, con una puerta para entrar y otra para salir, el estómago es como una madre que sale de la cocina llevando comida caliente a su familia y debe comer a su hora, puntual como reloj, pero a veces no tiene comida, la memoria de su dueño o dueña debe estar presente antes que su hambre para cumplir su noble trabajo de distribuir generosamente el alimento y los nutrientes que cada parte del cuerpo necesita.

 

El estómago es el equilibrio se siempre recibir y dar. Cuando entrega lo que comimos y bebimos ya está descompuesto y de nuevo listo para ser usado en otros órganos, hasta que los últimos restos llegan a la salida, donde se debe expulsar lo que ya no sirve.

 

El estómago recibe, y si recibe mucho se estira y se acostumbra a estar lleno de lo que sea, a cambio de vivir trabajando la digestión sin parar. Si recibe muy poco se comienza a comer a sí mismo llenándose de úlceras y dolores ácidos. Y si recibe la porción justa trabaja el tiempo necesario, descansa lo suficiente y sus jugos gástricos no lo atacan.

 

A veces recibe corajes, tristezas, decepciones, miedos o vergüenzas, chatarra que no se deshace ni con todos sus ácidos, el dueño o dueña de ese estómago puede y debe quitarle todo eso que hace daño, para que no termine comiéndose a sí mismo otra vez. Quien dijo que “las penas con pan son buenas” fue un sabio: un bocado de alimento puede salvar al estómago de consumirse cuando solamente recibe emociones indigestas. 


Hasta luego.

martes, 20 de abril de 2021

Cuello

 Cuello


Paso obligado en el largo camino

desde el sentimiento hacia la razón

y también de regreso

o desde la boca hacia tu centro.

Guardián atareado de un túnel vital

que nunca descansa

y no sé cómo hace para hacer tanto:


Sostiene tu cabeza que a veces pesa

porque sin parar piensa y piensa

cuando se llena de historias densas.

Deja entrar la vida cada vez que comes o respiras

Deja salir tu voz para que hables, cantes

grites, llores y le pongas palabras a lo que piensas,

a lo que no piensas y a lo que sientes.

Gracias al cuello gira la alta torre

donde moran tus accesorios que perciben

las imágenes, los sonidos y los olores del mundo

y también por él suben todas

las emociones que tu mente consume

para crear tus sueños e ilusiones

o tus pesadillas y decepciones.

Eso tú lo decides.

Por tu cuello transita igual el oxígeno

limpio que inhalas, el quemado que exhalas

y la sangre que alimenta a tu cerebro,

los impulsos sensoriales también viajan por aquí

igual que las instrucciones

de cómo mover o qué hacer con el cuerpo.


Este canal infatigable es demasiado frágil

para su gran responsabilidad,

el mínimo daño y hasta un simple resfriado

afectan el tráfico normal de tu sangre,

nervios, oxígeno, nutrientes, impulsos…

¡qué gran caos para tus habilidades,

tus capacidades y tus creencias!


Hasta luego.


miércoles, 14 de abril de 2021

Los niveles en el juego del amor

 


La atracción es una cosa espontánea, simplemente se da cuando una persona te gusta y si a esa persona le pasa lo mismo contigo “hacen clic” y se conectan, por lo menos físicamente. Así empiezan muchas relaciones, con el típico "flechazo" porque “de la vista nace el amor”, dicen. Y si la cosa llega hasta ahí tal vez haya un final feliz y dos personas se retiren satisfechas por haber ligado y encontrado al amor de su vida por un instante efímero, ¡bendita ilusión! ¡Amar sin complicaciones! Obviamente la atracción no es amor, aunque puede ser pasión o romanticismo o qué se yo, alguna otra emoción de esas que nos dejan satisfechos y con el ego bien alimentado.

Si después del “flechazo” la relación sigue, tal vez pienses que encontraste el amor y ojalá que sí, todo es posible. Sin embargo, es muy común encontrar gente decepcionada de su pareja y de sí misma porque después de convivir bastante tiempo (eso de “bastante” es una cantidad que puede variar mucho entre una persona y otra) resulta que esa persona en la que invirtió tanto tiempo no era lo que esperaba y “no valora” todo el amor que se le dio.

Sí. Nos ha pasado a muchos, y si no lo hemos vivido en carne propia seguramente conocemos al primo, a la novia, al amigo o a quien sea que le haya ocurrido. Los seres humanos nos confundimos fácilmente y muy rápido, queremos creer que lo que sentimos por la persona que nos gusta es amor y creemos con toda seguridad que esa persona siente lo mismo hacia uno, o sea hacia mí.

Las relaciones tienen varios niveles, como en los videojuegos, y aunque sí hay atajos para llegar al máximo nivel, también hay trampas que te pueden engañar y hacerte detener en un nivel intermedio creyendo que ahí es el nivel final, el amor.

Los niveles tienen nombre, y no tienes que pasar necesariamente por todos, pero es muy sano reconocerlos porque el compromiso emocional cambia en cada uno de ellos, la interrelación es cada vez más profunda a medida que se sube de nivel, por ejemplo:

1.       Conocido

2.       Compañero

3.       Amistad

4.       Afecto

5.       Aprecio

6.       Cariño

7.       Amor

Piensa en alguna persona que corresponda a cada nivel… cambia mucho la sensación en cada uno, ¿verdad? Cada nivel que avanzas se vuelve más exclusivo, cabe menos gente en él, porque a medida que profundizas más en una relación, también vas conociendo más a la persona con quien te relacionas, y dejándote conocer, hasta llegar al punto del amor, en el que exageras la diferencia que hay entre una persona y todas las demás, respetando su individualidad.

La pasión de un “flechazo” también nos hace exagerar la diferencia entre nuestro estímulo sexual y todas las demás personas, pero es una situación diferente, que exige satisfacción inmediata y por eso se le llama deseo.

Y aquí está una de las razones más comunes por las que existen los problemas de pareja: Es muy fácil sentir “algo” (uno de los 7 niveles) y pensar que ese sentimiento es amor. Y si lo crees, tal vez des tu amor a cambio de compañía, o de amistad, o de aprecio, o de cariño, o de… lo que sea, pero no es amor y obviamente el nivel de compromiso no será el mismo en las dos personas que llevan esa relación.

O tal vez ocurra lo contrario y tú sientas un gran afecto o cariño por alguien que se enamoró de ti y por más que quieras nunca podrás darle de regreso lo que te brinda en la relación, porque el amor que te dan es más grande que lo que tú sientes. No están en el mismo nivel.

Como sea, uno de los principales problemas de las parejas es que las dos personas están seguras de que lo que sienten es amor y por ende lo que siente su pareja también debe ser amor, sin darse la oportunidad de saber en cuál nivel del juego están. En esa trampa de pensamiento mágico hasta se llega a creer que los dos quieren o aman igual y parece hasta ofensivo revisar qué sentimientos están en juego dentro de la relación, aunque la convivencia esté basada en puras discusiones, pleitos y maltratos.

Vale la pena darse un tiempo para revisar primero en uno mismo (porque luego somos muy buenos para revisar a la pareja y decirle todo lo que debe cambiar, para que me quiera como yo quiero) qué es lo que siento y si estoy dispuesto (o dispuesta) a aportar más a nuestra relación.

El nivel en el que te encuentres se puede volver una zona de confort, de modo que en lugar de cuestionarte, vas a asegurar que estás bien y obviamente das amor. Te sugiero que revises los 5 ingredientes del amor para ver si tú los estás aportando (recuerda que primero en uno mismo) y si no es así, puedes empezar a hacerlo.

Si la relación está dañada o estancada, tal vez sea necesario buscar ayuda profesional. Si vienes de una relación que ya terminó y sigues pensando que la forma en que se trataban tu pareja y tú es el verdadero nivel del amor, también puede ayudarte un profesional. En ambos casos, lo más importante es descubrir en uno mismo todos los niveles y saber que puedes ser desde un conocido hasta un amor. Si identificas esto en tu propia persona, podrás identificarlo en otras, y podrás alimentar tu autoestima y la relación para avanzar los niveles que quieras en este juego de la vida, del amor. Y si deseas quedarte en el nivel del “flechazo” está bien, todo se vale si lo haces de forma consciente, bien ubicado en el nivel de relación donde quieres moverte, con respeto a ti mismo y a la otra persona.

Hasta luego.


martes, 6 de abril de 2021

Corazón

 Corazón


El corazón es el reloj de tu vida,

aún si duermes, él camina.

 

Tic-toc, tic-toc.

 

Le das cuerda cada día, cuidas y alimentas

bien al guardián de tu valor

de tu confianza y de tus momentos.

 

Tic-toc, tic-toc.

 

Cuatro espacios tiene el corazón

en cada uno nace el tiempo

y el sentimiento en cada latido

se reparte por todo tu cuerpo.

 

Tic-toc, tic-toc.

 

Cada espacio es una estación

donde puede parar o avanzar el amor

solo deja que fluya todo

lo que sabe hacer el corazón.

 

Tic-toc, tic-toc.


domingo, 14 de marzo de 2021

Cintura

 Cintura


Pasadizo a mitad del cuerpo,

túnel que une tu parte

más primitiva

con la más racional,

por ella circula

el alimento

para convertirlo

en nutrientes o

desecharlo si no es

útil para la vida.

 

La cintura es el túnel

Indispensable

para el paso de la vida:

mantenla ligera,

no la hagas pesada.

 

En su estado sano

la cintura es ágil,

esbelta y fuerte,

en uno descuidado

la cintura crece tanto

que ya no es un túnel

sino una montaña

con una gran caverna

y su agilidad y fuerza

se transforman

en pesadez y debilidad.


viernes, 12 de marzo de 2021

Cerebro

 Cerebro


Una masa gelatinosa.

No, una nube encerrada en el hueco óseo de las alturas, y cuelgan de ella los nervios y relampaguean ocurrencias intermitentes como rayos que iluminan la noche mental, saltando de pensamiento en pensamiento, de fantasía en fantasía, de idea en idea y con frecuencia chocan y se revuelven en tormenta eléctrica con cruce de corrientes en busca de claridad y dirección para todo el organismo del que se siente responsable porque entre tantos pensamientos el cerebro también piensa que es el jefe de todo este cuerpo físico, emocional y espiritual.

El cuerpo lo deja ser, lo alimenta, lo sostiene, lo mueve y lo protege y a veces hace como que le hace caso para que esté tranquilo y siga pensando que piensa lo mejor para él y para todos, aunque a veces piensa sobre todo que el corazón, las manos, los ojos, la boca, los pulmones, el estómago, la boca, el esqueleto y en una palabra, todo su ser, están ahí para que él esté bien, error del mal jefe que olvida su deuda de gratitud con quienes trabajan no para él sino con él. 

El cerebro también cree en las corazonadas, la intuición y otras señales que le ayudan a elegir lo mejor en cada situación, como buena herramienta aprende y registra todo lo que los sentidos le pueden informar.

Piensa, piensa, piensa.

El cerebro es el trabajador de una persona que a veces lo obliga a interpretar la realidad en vez de aceptarla tal como es. Tampoco es el dueño de la inteligencia como mucha gente y él mismo piensa: esa solo la tiene el cuerpo completo, en sus 3 niveles.

El cerebro, la nube vive y mientras vive seguirá relampagueando y dejando caer su lluvia de ideas que después regresan como el agua cuando se evapora y también le enseñan a aprender y reaprender para que llueva nuevo alimento, para que florezca la inspiración, el pensamiento, la fantasía y las ideas sin fronteras ni límites entre ellas. 

Su lluvia riega los campos fértiles de la palabra y las acciones encaminadas por cada pensamiento, idea o decisión.


martes, 9 de marzo de 2021

Cuento: La nueva tierra, parte 3

 Ver Parte 1

Ver parte 2


Noticias lejanas 

La nueva Tierra, parte 3


Desde que me acuerdo, la gente que huye de la pobreza trata de emigrar hacia el norte, no importa si es en América, en Europa, en África o en Asia, la gente de abajo trata de ir hacia arriba; sin embargo, esta es la primera vez hay fenómenos migratorios cruzados: unos migrantes van hacia el norte mientras otros recorren el camino a la inversa, desplazándose hacia el sur como aves escapando del invierno. ¿Qué está pasando?

Todos venimos de otro lugar. Los noticieros reportan situaciones absurdas en las fronteras de algunos países, entre ellos México y Estados Unidos, donde se observan campamentos y refugios de migrantes detenidos a ambos lados de la frontera porque todos quieren cruzar al otro lado en busca de la tierra prometida, y a todos les niegan el paso porque en ambos países somos muchos, hay demasiados enfermos y no hay trabajo suficiente.

Esas notas me preocupan, pero también tengo buenas noticias: hoy me llegó carta de Lily, mi migrante querida. Cuando volví de la universidad mis tíos me la dieron y me fui rápido a mi cuarto para leerla (ya no duermo en el sofá). Me emociono bastante porque hace más de un año que no recibía carta suya y leerla es casi como hablar con ella:

…Estoy con mis dos hijos y estoy muy contenta viéndolos crecer, Tomás salió enfermizo, pero es muy acomedido y de carácter alegre, y Liz es igual de creativa y ocurrente que mi mamá, cuando conozcas a mis cuatitos te van a caer muy bien. Te cuento que ya tengo un trabajo ayudando a vender comida en una fonda, es algo sencillo y no gano mucho pero ya puedo ayudar con algo a doña Chayo, la mamá de Toño, ya ves que siempre se ha portado muy bien conmigo y cuando no trabajaba me sentía inútil y me daba vergüenza con ella, además ahí en la fonda como y le traigo su itacate a los niños, así que estoy a gusto. Toño le está echando muchas ganas para poder poner un negocio propio, todavía no sabe si va a ser un taller, porque le sabe a la mecánica, o si se va a dedicar también a vender comida, ya veremos. Dos hermanos de Toño pudieron pasar al otro lado hace como medio año y están trabajando a escondidas en un rancho cerca de San Antonio, les está yendo bien y cuando pueden envían dinero para su familia ¡pobres! Dicen que casi no descansan, todo el día trabajan, comen bien poquito y ni modo que vayan a quejarse a algún lado, porque los deportan. Pero están ganando bien, eso sí, y no se les olvida su gente, porque además de enviarles dinerito están hablando con los capataces del rancho para que le den trabajo a todos sus hermanos y parece que sí se va a poder. Si lo consiguen, se van a ir yendo de a poquito.

Toño se quiere ir también, no es nada de atenido y ya no quiere que ellos le estén mandando dinero, dice que mejor lo pongan donde hay, pero yo ya le dije que si él se va yo lo acompaño, me da miedo quedarme aquí sola sin él, nada más pidiéndole a Dios que lo cuide y preocupándome por saber si le estará yendo bien. Prefiero estar con él, si podemos pasarnos al norte y empezamos a trabajar los dos, en pocos años juntaremos suficiente dinero y nos podremos regresar para que ponga su negocio, no importa que nos llevemos buenas friegas trabajando todo ese tiempo. Tendría que dejar a mis niños encargados con doña Chayo, pero bueno, ya veremos qué pasa, ahorita ni me preocupo de eso porque ni siquiera sé si se va a hacer o no.

Bueno, hay muchas otras cosas que quisiera platicarte, pero ahorita esto es lo que se me hizo más importante que supieras. Diario les enseño a mis niños unas fotos que me traje donde te ves tú y les platico de ti para que te conozcan, pero ya ni te has de parecer al de esos retratos, son de cuando estabas chico y ya pasó el tiempo, si puedes me mandas unas fotos más recientes, sirve que yo también me entero de qué tan feo o guapo te pusiste. Mis hijos sí están bien bonitos, ¿a poco no?

Salúdame a mis tíos, diles que estoy muy agradecida con ellos por lo bien que te han cuidado, no como yo, que nunca pude traerte conmigo como te dije que lo haría. También salúdame a mi papá, le he mandado muchas cartas pero no me contesta, me imagino que sigue tomando mucho, ¿verdad? No importa, si un día está bien va a poder leer todo lo que le he dicho en mis hojitas que le mando de vez en cuando. Cuídate mucho, escríbeme. Te quiere tu hermana Lily.

Leo y releo la carta completa como 4 o 5 veces, después me entretengo mirando unas fotografías que venían en el mismo sobre. Ahí están ella, sus hijos ¡mis sobrinos!, Toño que ahora parece un señor y se dejó crecer unos bigotes que en vez de hacerlo lucir mayor lo hacen verse chistoso, y por ahí se ven más personas de su familia y amigos, todos humildes pero contentos… yo estoy sonriendo desde que vi la primera imagen. Guardo en mi colección de momentos, con todo cuidado, las sensaciones que me producen la carta y las fotos y poco a poco me duermo, pensando en lo que le escribiré para responderle. Definitivamente no le voy a platicar que mi papá está desaparecido… o muerto. No quiero mandarle una preocupación más.

Lily está bien, eso me da una tranquilidad indescriptible, pero no he sabido nada de mis otros hermanos. ¿Estarán bien? ¿Seguirán vivos? ¿Y si han enviado cartas a la casa de mi papá, igual que Lily? Si es así, nunca les van a contestar, pero sería una buena señal de que siguen en este mundo. A veces me dan ganas de darme una vuelta por el pueblo, a ver si me entero de algo o si puedo recuperar las cartas de Lily por lo menos, pero no puedo engañarme, ya casi no hay conocidos ahí, todos se fueron a distintos lugares, aquí cerca viven los hijos de don Jacinto y nos saludamos bien, sobre todo me llevo bien con Zac, es de esos amigos que me levantan la moral cuando me lo encuentro y sabe mucho de informática, o al menos sabe más que yo, él platica siempre cosas como esta:

- ¡Hola Jacobo! ¿Ya tienes tu cuenta de correo electrónico?

- ¿Qué onda, Zac? Sí, te la paso, tú también pásame la tuya, ¿va?

- Órale, ahí te va… ¡No es cierto! Ya me acordé que ya tengo tu cuenta y que a cada rato mandas presentaciones, textos, dibujos y hasta canciones. Nada más que me da flojera contestarte, pero sí he visto tus correos. ¿Sabes qué? cuando puedas métete a hacer un blog, eso es lo más chido ahorita, puedes dejar tus mensajes en la red y los ve mucha más gente… Ahí puedes recibir comentarios de todos los que te lean, eso hace más interesante intercambiar ideas y cosas en la red mundial. Vas a ver que con el tiempo los blogs van a reemplazar a las revistas, podrás poner fotos, dibujos y enlaces a otras páginas…

- Eso se oye bien, después te busco para que me digas cómo se hace, ¿va? Porque tú le hallas muy bien a todo eso de las computadoras, pero yo soy un simple mortal.

- No te subestimes, mi buen, la neta eres un mortal muy complicado.

Ése es Zac, y siempre está dispuesto escuchar y darle un buen consejo a cualquiera que se le acerca. De hecho, a mí siempre me aconseja lo mismo:

- Jacobo, no vayas a regresar a tu pueblo, yo también extraño mucho mi lugar, pero la última vez que fui me puse muy mal, yo creo que si vas, por lo menos te va a dar mucha tristeza cuando lo veas… y tu casa. Nada más me lo imagino y me da mucho coraje.

No tengo palabras para responderle, a veces le agradezco la advertencia y otras veces me enojo y por el mismo coraje no puedo hablar. El destierro duele, aunque la tierra que me adoptó me trata tan bien, no sustituye a la familia que tenía.

Los noticieros traen de aquí para allá imágenes y relatos impactantes, tantos y tan terroríficos que al final nos estamos acostumbrando a vivir entre historias de miedo, todavía hay gente que piensa que todo eso ocurre muy lejos, y si no pasa aquí, pues no hay problema. Pero yo sí me preocupo, antes pensaba así y fue muy duro darme cuenta de la realidad y peor aún enfrentarla, cada noticia que me llega, cada video o testimonio me recuerda a mi gente, al pueblo que se está escondiendo en mis memorias. Las noticias vienen de todas partes, como si en todos los países faltara trabajo y comida:

Caravanas de gentes desesperadas abandonan su hogar y todo lo que tienen, se desplazan de un lugar a otro pidiendo ayuda, por el camino algunos se quedan en las ciudades por donde van pasando pero no todos consiguen trabajo, a los que no tienen suerte se les puede ver mendigando una moneda o cualquier ayuda en las esquinas más transitadas, y poco a poco se van convirtiendo en parte del paisaje urbano, porque cualquier lugar es bueno para vivir cuando el hogar está afuera, debajo de los puentes, en los parques públicos, en terrenos baldíos, en autos abandonados, cualquier lugar es bueno para dormir y descansar, aunque ellos no descansan porque siempre se preguntan si toda su historia habrá sido un sueño y nada más. Los que han conseguido trabajo se esfuerzan por establecerse, los residentes también se han acostumbrado a convivir en el trabajo y en la escuela con personas que llegaron de los lugares menos imaginados, pero hay gente que no los quiere.

Los que ya vivían en las ciudades y tienen ahí su empleo, ven con malos ojos que vengan personas de otras partes a buscar trabajo con tanta desesperación, tienen miedo de que se vayan a quedar con los puestos que, según ellos, únicamente deberían ocupar las personas que nacieron aquí y los hijos de los que nacieron aquí. Con este razonamiento y además con el pretexto de que los que vienen de fuera son “gente mala y sucia”, la mayoría de los habitantes de cada ciudad se unen en una grotesca campaña de rechazo sin necesidad de decirse nada ni ponerse de acuerdo. La discriminación se muestra en su fobia más cruel y despiadada entre la gente de estos pueblos que todavía se dicen hermanos. Se llama xenofobia.

En el fondo todos piensan igual que yo: todo está cambiando muy rápido, tan rápido que no alcanzamos a entender lo que pasa, y atrás de todo el odio de los residentes hay mucho miedo a lo desconocido y un gran deseo de que nada cambie, que las cosas sigan como eran antes. Si nos asusta lo nuevo nos refugiamos en el pasado, porque es el lugar más conocido y familiar… el único inconveniente es que ese lugar ya no existe.

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Sigo investigando todo lo que puedo para encontrar a mi papá y ahora es más difícil porque el pueblo ya es un lugar extraño y el tiempo sigue adelante, incansable. Yo sí me canso, pero no me atrevo a detenerme, me siento culpable si descanso, aunque sé que no puedo hacer nada más. Es por eso que los fines de semana cuando regreso de mis búsquedas me entretengo lavando ropa, barriendo, haciendo quehaceres para ocuparme y sentir que hago algo útil, hasta que dan las 12:00 de la noche. Todos los sábados a las 12:00 me pego al teléfono y Pepe me da su informe semanal, que siempre termina más o menos así:

… y nadie sabe nada de tu papá, pero voy a seguir indagando. No vengas, ya casi no hay nadie conocido por acá.

- Gracias Pepe. Entre semana fui a la Procuraduría para seguir insistiendo con la investigación, pero no noto avance, se me hace que ni me hacen caso.

- Tú sigue insistiendo, y ve a otras procuradurías, junta algo de dinero y ve a México, allá está todo, te van a poder ayudar.

Más o menos sobre esas ideas se va la mitad de nuestra plática, después hablamos de nosotros, Pepe me regaña por pasarme el sábado y el domingo como amo de casa, enfocado en estar ocupado en lugar de hacer algo productivo y terminamos hablando del tema inagotable entre dos amigos: las chicas, aunque debo reconocer que ni Pepe ni yo somos lo que se dice unos galanes con las mujeres, generalmente nos gana la timidez, pero ambos tenemos mucha imaginación. Tristemente, la incipiente tradición de nuestras charlas telefónicas termina de manera prematura, un sábado a las 12:00 suena el teléfono como siempre, pero Pepe no llama desde su casa, está en Hermosillo y me platica que al amanecer se irá a la frontera, a Tijuana, y que después me vuelve a llamar cuando ya esté del otro lado.

- Cuídate, Pepe. Hay muchas chicas esperando conocerte, no las vayas a dejar plantadas.

- ¡Claro que no! Por eso voy al otro lado, esas chicas son gringas y hay que ir a buscarlas… Te voy a llamar o a escribir en cuanto me instale allá. No te preocupes, dice mi papá que un compadre suyo le va a ayudar a pasar y a encontrar trabajo, ¡hasta nos va a dejar quedarnos en su casa!

- Te va a ir bien. Ponte bien listo.

- Ya estás.

Se va mi amigo y su partida me duele, pero ya no tanto. Me he hecho a la idea de que no debo apegarme mucho a la gente que quiero y además me da gusto saber que se va por su voluntad y hacia un destino más o menos planeado. El tiempo sigue fiel a su hábito y no descansa jamás, es un vehículo que nunca se detiene, en él viajan las transformaciones de todo tipo.

Hoy es sábado y ya dejé de salir a buscar a mi papá. Es difícil, pasé varios meses visitando los pueblos vecinos, las comisarías, los refugios para indigentes y nada, de repente nada más algunas risotadas y burlas de los narcos que están en mi casa y que a veces se me emparejaban en la calle, arriba de su camioneta.

- ¿Qué, morro?, ¿no has visto a tu jefe?

- Ve a la policía, carnal, ponlos a trabajar, ¡que te ayuden a buscarlo!- y se alejan por las calles del pueblo riéndose ruidosamente.

Dejé de ir, ahora todo es por teléfono, llegaron fines de semana de puro sufrimiento y no quiero ni salir de la casa. Solamente salgo cuando alguien me hace llegar alguna noticia que de verdad me dé esperanzas, pero cada vez son más escasas, o yo más escéptico. O más cruel conmigo.

Aún no puedo perdonarme por no haberlo cuidado, por estar vivo y sano mientras él… No sé cómo está él, pero aun sin perdonarme ya quiero vivir. No sé si lo merezco, pero estoy vivo. Hoy, después de muchos meses de aislarme, me decido a pasar un rato en la noche fuera de casa, empecé a salir con 2 amigos que conocí en el trabajo y hasta mis tíos pusieron cara alegre cuando les dije que iba a darme la oportunidad de conocer gente y lugares fuera del trabajo.

La vista del atardecer sobre la ciudad desde el Cerro de la Reina, allá por donde nacen los días, es impresionante, el sol cae en cámara lenta mientras se va envolviendo en nubes de fuego color naranja, rosa, violeta, amarillo y rojo, todo enmarcado en un blanco brillante que se vuelve dorado lentamente, opacando al azul natural del día y cuando nuestra estrella está a punto de hundirse, los colores de las nubes se apagan y se convierten en morados y rojos oscuros, casi negros, con sus filos contrastando en un delgadísimo brillo blanco aún más claro, hasta que todo queda en tinieblas, entonces las estrellas se atreven a asomarse tímidamente allá muy arriba, donde no alcanza a cegarlas el reflejo de las luces citadinas. Yo miro absorto el espectáculo, como si estuviera viendo una buena película, a mi lado están recargadas unas cervezas y una pequeña bocina bluetooth me canta con fuerza… ¡Cómo quisiera tener a alguien con quien compartir este momento! Se supone que estoy acompañado, pero mis amigos vienen con sus novias y están ocupados en cosas más interesantes que ver la puesta del sol. En fin, por el momento prefiero estar aquí junto a estas parejas que quedarme solo, la soledad nada más me ha servido para darle vueltas a los mismos pensamientos… ¿A quién se le ocurre salir con dos parejas de enamorados y pensar que le van a hacer caso? Pero bueno, disfruto estar aquí, salir los sábados, aprender a vivir sin culpa por vivir. Eso es lo más importante hoy y siempre.


Hasta luego.

Ver parte 4


lunes, 8 de marzo de 2021

Cabeza

 Cabeza


La cabeza dirige

de acuerdo a lo que sabe,

y filtra todo

lo que no entiende

en pensamientos,

sensaciones

y emociones,

la cabeza no es sabia

a veces no filtra

lo que daña a su ser,

siempre está en riesgo

de escoger lo que le gusta

o no requiere esfuerzo

pero siempre busca

lo que cree

que le hace bien.

 

Torre de control,

centro que percibe

la luz y las formas,

el sonido y los olores,

lugar donde llegan

todas las sensaciones

y del que salen

todas las instrucciones

a veces globo volando

para donde sople

el viento y las tendencias.

 

Los hombros cargan

ese mundo con cuidado,

para que no se caigan

 los sueños, los planes

y las ideas que en él habitan.