viernes, 30 de enero de 2015

El arte de amargarse la vida (Recomendación)

"Llevar una vida amargada lo puede hacer cualquiera, pero amargarse la vida a propósito es un arte que se aprende".
(Paul Watzlawick)



Paul Watzlawick murió el 31 de marzo del 2007, tenía 85 años de edad y antes de partir hizo grandes aportes a la teoría de la comunicación humana y a la psicoterapia. Además de eso, y como respuesta a los libros de autoayuda que comenzaron a florecer abundantemente en la década de los 80 y no han dejado de hacerlo hasta nuestros días, escribió un libro casi satírico "con consejos para personas que siempre quisieron sentirse miserables pero nunca pudieron lograrlo totalmente. El autor dio allí recomendaciones sobre cómo convertir la vida propia y la de los demás en un infierno" (la cita es del periódico "elmundo.es" del 10 de abril de 2007). 

Es un libro ameno que se debe leer medio en broma y medio en serio, muchos de los ejemplos y situaciones que menciona en sus textos resultan francamente ridículos, pero aún así podremos sentir que hemos llegado a tener alguna actitud parecida en ciertos momentos...

Y justo ahora que acabo de escribir acerca de la importancia de las afirmaciones positivas para orientar nuestros esfuerzos hacia lo que queremos, dando por hecho que todos queremos hacer algo constructivo y no destructivo, se me volvió a aparecer este libro genial para recordarme que en muchas ocasiones lo que deseamos, lo que de verdad queremos hacer, no es lo que más nos conviene, simplemente porque no tenemos la claridad para ver más allá de nuestras creencias y nuestras propias conclusiones personales, aunque sean erróneas o incompletas. Por eso en ocasiones nos conformamos con aplicar "más de lo mismo".

Entonces, debo agregar una característica que deben reunir las afirmaciones positivas, tal vez la más difícil: Identificar si mi afirmación tiende a hacerme mejor persona o, por el contrario, servirá para justificarme y engrandecer mi vida miserable. No es nada sencillo, pero al ir leyendo la excelente parodia de autoayuda que escribió Watzlawick podremos aprender cómo hacerlo.

Enseguida reproduzco uno de los primeros capítulos del libro, muy ilustrativo de todo su contenido:


Paul Watzlawick.

"CUATRO EJERCICIOS CON EL PASADO


Según dicen, el tiempo sana las heridas y los sufrimientos. Puede que sea cierto, pero no hay que alarmarnos, pues es perfectamente posible escudarse contra esta influencia del tiempo y convertir el pasado en una fuente de amarguras. Al menos cuatro mecanismos ya conocidos de tiempos antiguos están a nuestra disposición.

1. La sublimación del pasado

Con alguna habilidad, hasta el principiante puede también conseguir ver el pasado a través de un filtro que sólo deje pasar con luz transfigurada lo bueno y bello. Sólo cuando este truco no funciona, se recuerdan con realismo vigoroso los años de la pubertad (ni hablar que también los de la niñez) como época de inseguridad, de dolor universal y de angustia de futuro, y no se echa de menos ni uno solo de sus días. En cambio, el aspirante a la vida amarga que esté más dotado, no tendrá seguramente mayor dificultad en ver su juventud como edad de oro perdida para siempre y en constituirse de este modo una reserva inagotable de aflicción.

Naturalmente, la edad de oro de la juventud no es más que un ejemplo. Otro ejemplo podría ser el dolor intenso por la rotura de una relación amorosa. Resista usted a lo que le insinúen su razón, su memoria y sus amigos bien intencionados que quieren meterle en su cabeza que dicha relación ya hacía tiempo que estaba quebrada sin remedio, y que usted mismo se preguntaba con frecuencia a regañadientes cómo lo haría para salirse de aquel infierno. Simplemente, no les dé crédito a los que le dicen que la separación es con mucho un mal menor. Convénzase más bien por enésima vez de que un «nuevo arreglo» serio y sincero constituiría esta vez el éxito ideal. (Sin duda, no lo será.) Déjese guiar, además, por la siguiente reflexión eminentemente lógica: si la pérdida del ser querido es tan infernalmente dolorosa, qué delicia celestial no será el nuevo encuentro. Apártese de todos sus amigos, quédese en casa junto al teléfono, a fin de que, si sonara su hora afortunada, esté usted disponible de inmediato y del todo.

En caso de que la espera se le haga larga en exceso, entonces la experiencia humana de tiempos inmemoriales aconseja trabar una nueva amistad que sea idéntica a la anterior en todos sus detalles (por distinta que ésta al principio le parezca).

2. La mujer de Lot

Otra ventaja de aferrarse al pasado está en que no deja tiempo de ocuparse del presente. Si esto se hiciese, podría suceder muy bien que uno, por pura casualidad, en un viraje de 90 o hasta 180 grados de su ángulo visual, tuviese que comprobar que el presente no sólo le ofrece contrariedades suplementarias, sino también alguna que otra contra-contrariedad; no hablemos de muchas novedades que podrían hacer tambalear nuestro pesimismo adoptado una vez para siempre. En este punto, contemplamos con admiración a nuestra maestra ejemplar de la Biblia, la mujer de Lot —usted lo recuerda, ¿verdad?—. El ángel dijo a Lot y a su familia: «Escapa, por tu vida. No mires atrás, ni te detengas en toda la llanura...» Pero su mujer «miró atrás y se convirtió en estatua de sal» (Gen. 19, 17.26).

3. El vaso de cerveza fatal

Un maestro antiguo del cine cómico americano, W. G. Fields, enseña en su película, The Fatal Glass of Beer, la ruina espantosa e inevitable de un joven que no puede resistir ante la tentación de beber su primer vaso de cerveza. El dedo levantado en señal de advertencia (si bien una risa reprimida lo hace temblar) no puede pasar inadvertido: el hecho es breve, el arrepentimiento largo. ¡Y tan largo! (Piénsese en nuestra primera madre de la Biblia: Eva, y el bocado de manzana...)

Esta fatalidad tiene sus ventajas innegables que hasta ahora, en nuestra época iluminada, se silenciaron vergonzosamente, pero que ya no se pueden ocultar por más tiempo: arrepentimiento va, arrepentimiento viene. Para nuestro tema es mucho más importante el hecho de que, si las consecuencias irreparables del primer vaso de cerveza no disculpan los vasos que siguen, sí los determinan. Dicho de otro modo: muy bien, uno carga con la culpa, entonces debiera uno haberlo sabido mejor, pero ahora ya es demasiado tarde. Se pecó entonces, ahora se es víctima del propio paso dado en falso. Naturalmente, esta forma de construcción de desdicha no es la ideal, pero puede pasar.

Intentemos, pues, afinarla. ¿Qué pasa en el caso de que no haya habido participación alguna de parte nuestra en el suceso original?, ¿en el caso de que nadie pueda acusarnos de cooperación? Sin duda, entonces somos puras víctimas. ¡Y que intente alguien sacudirnos de nuestro status de víctima o esperar que adoptemos medidas en contra! Lo que nos hayan podido causar Dios, el mundo, el destino, la naturaleza, los cromosomas y las hormonas, la sociedad, los padres, los parientes o, sobre todo, los amigos, es tan grave que la simple insinuación de que quizás podríamos intentar poner algún remedio a la situación, ya sería una ofensa. Y por si fuera poco, desprovista de todo rigor científico.

Cualquier manual de psicología nos abre los ojos para que nos percatemos de que la personalidad ya viene determinada por unos factores del pasado, principalmente situados en la más tierna infancia. Y hasta los niños saben que los sucesos, una vez hechos, ya no se pueden deshacer nunca más. De aquí -dicho sea de paso- la enorme seriedad (y duración) de los tratamientos psicológicos especializados. ¿A dónde iríamos a parar, si fuera en aumento el número de los convencidos de que su situación es desesperada, pero no seria? Basta mirar la advertencia ejemplar que nos ofrece Austria al mantener como himno nacional la canción placentera que la oficialidad insiste en negar: «O du lieber Augustin, alies ist hin» (Agustín querido, todo está perdido).

Si alguna que otra vez -no es fácil que pase-, el mismo curso independiente de las cosas compensa, sin intervención nuestra, por el trauma o fallo del pasado y nos da gratuitamente lo que deseamos, el experto en el arte de amargarse la vida no se desalienta ni mucho menos. La fórmula «ahora ya es demasiado tarde, ahora ya no quiero», le permite permanecer inaccesible en su torre de marfil de indignación y evitar así que, lamiéndose las heridas infligidas en el pasado, éstas vayan a curar.

Pero el non plus ultra, que naturalmente es cosa de genios, consiste en responsabilizar el pasado incluso del bien, y sacar de ahí un capital a cuenta de la desdicha presente. Un ejemplo insuperable de esta variante del tema es la sentencia, que ha pasado a la historia, de un marinero veneciano después que marcharon los Habsburgo de Venecia: «¡Malditos austríacos que nos han enseñado a comer tres veces al día!».

4. La llave perdida o «más de lo mismo»

Un borracho está buscando con afán bajo un farol. Se acerca un policía y le pregunta qué ha perdido. El hombre responde: «Mi llave». Ahora son dos los que buscan. Al fin, el policía pregunta al hombre si está seguro de haber perdido la llave precisamente aquí. Éste responde: «No, aquí no, sino allí detrás, pero allí está demasiado oscuro».

¿Le parece a usted absurda la historia? Si es así, busque usted también fuera de lugar. La ventaja de una tal búsqueda está en que no conduce a nada, si no es a más de lo mismo, es decir, nada. En estas pocas y simples palabras, más de lo mismo, se esconde una de las recetas de catástrofes más eficaces que jamás se hayan formado sobre nuestro planeta en el curso de millones de años y que han llevado especies enteras de seres vivientes a la extinción. Se trata de un ejercicio con el pasado que ya conocieron nuestros antepasados en el reino animal antes del sexto día de la creación.

A diferencia del mecanismo anterior que atribuye la causa y la culpa a la fuerza mayor de unos sucesos pasados, este ejercicio cuarto se basa en el aferrarse tercamente a unas adaptaciones o soluciones que alguna vez fueron suficientes, eficaces o quizás las únicas posibles. El problema de toda adaptación a unas  circunstancias determinadas es que éstas cambian. Entonces es cuando empieza el ejercicio.

Está claro que ningún ser viviente puede comportarse con desorden -es decir, hoy así y mañana de un modo totalmente distinto- en su medio ambiente. La necesidad vital de adaptarse conduce inevitablemente a la formación de unos modelos de conducta que tienen como objetivo conseguir una supervivencia lo más eficaz y libre de dolor posible. Pero, en cambio, por unos motivos todavía enigmáticos a los mismos investigadores de la conducta, animales y hombres tienden a conservar estas adaptaciones óptimas en unas circunstancias dadas, como si fueran las únicas posibles para siempre. Ello acarrea una obcecación doble: primero, que con el paso del tiempo la adaptación referida deja de ser la mejor posible, y segundo, que junto a ella siempre hubo toda una serie de soluciones distintas, o al menos ahora las hay.

Esta doble obcecación tiene dos consecuencias: primera, convierte la solución intentada en progresivamente más difícil; y segunda, lleva el peso creciente del mal a la única consecuencia lógica aparentemente posible, esto es, a la convicción de no haber hecho todavía bastante para la solución del mal. Es decir, se aplica más cantidad de la misma «solución» y se cosecha precisamente más cantidad de la misma miseria.

La importancia de este mecanismo para nuestro propósito es evidente. Sin necesidad de recursos especializados, el principiante puede aplicarlo; en realidad está tan difundido que ya desde los días de Freud va ofreciendo buenos ingresos a generaciones de especialistas; de todos modos queremos observar, de paso, que ellos no lo llaman «receta de más de lo mismo», sino neurosis.

Pero lo importante no es el nombre, sino el efecto. Éste está garantizado, mientras el aspirante a la vida desdichada se atienda a dos normas sencillas: primera, no hay más que una sola, posible, permitida, razonable y lógica solución del problema, y si estos esfuerzos no consiguen el éxito, ello sólo indica que uno no se ha esforzado bastante. Segunda norma, el supuesto mismo de que sólo hay una solución no puede ponerse nunca en duda; sólo está permitido ir tanteando su aplicación."

Después de leer este libro uno se pregunta si efectivamente estamos preparados para seguir nuestras afirmaciones positivas o si decidimos ir detrás de las afirmaciones negativas, más comodinas y facilonas, aunque con resultados desastrosos...

Hasta luego.

miércoles, 21 de enero de 2015

Afirmaciones positivas

"Sólo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio".
(Sigmund Freud)


Hace pocos meses en el colegio donde estudian mis hijos impartieron una plática sobre programación neurolingüística y asertividad a su personal, y como parte de las tareas realizadas le entregaron a cada asistente una hoja titulada "Metas existenciales". Después, las maestras del colegio socializaron esa información y yo conocí esa hoja a través de mi hija. A ella le gustaron mucho las frases, las repite todos los días junto con sus compañeros en el aula y ya se las aprendió de memoria. Claro, también nos pide en casa que las digamos porque le gustan, le parece que son algo positivo y además le permiten saber que está aportando algo bueno a su hogar.

Así funcionan estas frases, su nombre en psicoterapia es "afirmaciones positivas" y una vez que encuentras tu afirmación positiva, la que va con tu persona o con tu situación actual, la puedes repetir todas las veces que quieras, pues se trata de que además de memorizarla te la creas: Con frecuencia nos ocurre que cuando se trata de algo tan positivo, tan favorable, no lo podemos creer.

Hacer una afirmación positiva es fácil: 

Primero pensamos en lo que nos hace falta, lo que no tenemos o en algo que deseamos mejorar. Después pensamos en cómo queremos que sea eso que elegimos. Enseguida se arma la frase considerando estos puntos:


1. Escribirla exclusivamente en positivo. Hablar de lo que queremos en lugar de lo que no queremos. Si nos descubrimos hablando, pensando o escribiendo en negativo habrá que volver a empezar (decir frases en negativo es hablar de lo que no quiero en vez de lo que sí quiero, es utilizar la palabra "no").

2. Escribirla en tiempo presente. Vsualizar lo que dice nuestra frase como algo que ya está ocurriendo, si usamos palabras como "Tengo que...", "Debo de...", "Voy a..." u otras por el estilo, no va a funcionar, porque siempre que digamos esa frase parecerá que nuestro objetivo está en el futuro, y eso sabe cuándo llegará.

3. Escribirla en primera persona. Una frase que hable de mi, de lo que yo quiero, de lo que me interesa, de lo que necesito. Si escribo la frase pensando en que sea otra persona la que cambie o en darle gusto a alguien más, tampoco va a funcionar.



Como es bien sabido, nuestro subconsciente ignora la palabra "NO", así que cuando decimos frases del tipo "No pienses en una hamburguesa" o "No te la imagines con doble carne, unas papas fritas a un lado y una coca cola bien fría", nuestro cerebro hace a un lado la palabra "no" y se dedica a hacer eso que le habían prohibido... eso explica también por qué hay tantos adultos malcriados, probablemente cuando eran chicos sus mamás les decían cosas como "no seas grosero", “no seas peleonero”, “no seas flojo” o "no digas malas palabras" y ellos aprendieron exactamente eso, pero sin el "NO".


"El ideal está en ti. El obstáculo para su cumplimiento, también".
(Thomas Carlyle)

Puede ser que cueste un poco acostumbrarse a hablar en positivo, pero si puedes creer en las frases pensadas y dichas así, podrás realizar cambios en tu persona (te sugiero escribir, escribir y escribir las frases hasta que queden como te gusta y en positivo, obviamente). Para ofrecer algunas opciones en cuanto a estas frases, reproduzco enseguida una versión de las afirmaciones positivas que mi niña trae bien puestas en su cabeza. Es válido aclarar que estas frases no son exactamente las mismas que ella utiliza, pero sí están basadas en su hoja de "metas existenciales":


1.- Soy una persona decidida.
Practico mucho para ser mejor. Tomo decisiones bien razonadas y con rapidez. Entro a todos los concursos. Me gusta que me conozcan. Me gustan los retos.

2.- Soy fuerte.
Las caídas me ayudan a aprender. Prefiero hacer mis cosas sin mucha ayuda. Cuando necesito ayuda la pido directamente. Me gusta hacer mis propias cosas.

3.- Soy ordenado y ahorrativo.
Pongo los objetos en su lugar. Cuido mis pertenencias y las de otros. Planeo mis gastos.

4.- Soy reflexivo.
Analizo todo. Investigo mucho. Me gusta aprender. Sueño grandes cosas y me imagino cómo realizarlas.

5.- Soy sociable.
Me gusta ayudar a la gente, comprenderla y tratarla con paciencia. Mi misión es servir y dar amor. Me encanta recibir amor.

6.- Soy digno.
Me quiero tal como soy. Acepto a mi persona y a mi pasado. Vivo con la cara en alto. Rechazo e ignoro las burlas y bajezas. Acepto mi vida entera.

7.- Soy sano.
Amo el deporte. Detesto el alcohol, el tabaco y cualquier sustancia nociva. Vivo con entrega y respeto mi sexualidad y mi amor.

8.- Soy asertivo.
Tengo derecho a cambiar de opinión y a decir lo que siento. No permito que me manipulen ni me hagan sentir culpa, vergüenza o miedo.

9.- Soy leal, honrado y ético.
Realizo mis actos basado en la bondad y la rectitud. Promuevo deshacernos de las mentiras y las trampas.

10.- Soy de corazón humilde.
Amo a Dios. Aprendo todos los días algo nuevo.


"No puedes confiar en tus ojos cuando tienes la imaginación desenfocada."
(Mark Twain)

Construir afirmaciones como estas, convencerse de lo que dicen y repetirlas hasta que formen un mantra personal no es garantía de que tu vida va a cambiar mágicamente, pero sí garantizan que te vas a enfocar en lo que quieres, vas a orientar tus pensamientos, tus acciones y tus decisiones hacia ese objetivo sin distraerte con otras tentaciones, y así será más fácil alcanzarlo. 



Conozco gente muy capaz que no alcanzó el éxito en sus objetivos simplemente porque se le olvidó su prioridad y perdió el rumbo, cuando esa gente recordó lo que quería ya se había encaminado a otra meta y ahora le implicaba más trabajo retomar y cumplir su objetivo original... y aún así, es posible lograrlo. 

Ante una situación de crisis emocional, laboral, una pérdida o cualquier otra experiencia dolorosa, las afirmaciones positivas también se convierten en un excelente apoyo para encontrar y utilizar lo mejor de uno mismo para afrontar la situación por difícil que parezca, en lugar de ceder a las ideas y conductas autodestructivas o negligentes que suelen aparecer cuando las cosas no resultan como uno quiere.

De ahí la importancia de estas afirmaciones, de creer en ti de una manera realista y funcional.


Hasta luego.

martes, 20 de enero de 2015

Antes y después de la iluminación

"Antes de la iluminación recoge agua, corta leña.
Después de la iluminación recoge agua, corta leña."
(Anónimo).

Este texto lo tomé de facebook, desconozco quién es su autor pero me gustó mucho el mensaje, me sirve para tener bien plantados los pies sobre la tierra en las buenas y en las malas:


"Un buscador interroga a un maestro Zen acerca de la naturaleza de la iluminación:

-Maestro, por curiosidad, ¿qué hacía usted antes de su iluminación?

-Cortaba y acarreaba leña para el fogón y traía agua del pozo -responde el maestro.

-Ahá, una vida simple y laboriosa. Y ahora que se ha iluminado, su vida debe haber cambiado mucho…, debe estar dedicado a la meditación, la oración, los viajes astrales… ¿qué es lo que hace ahora?

-Corto y acarreo leña para el fogón y traigo agua del pozo -responde imperturbable el maestro.

-Pero, maestro, no comprendo -dice el discípulo, extrañado-. ¿Acaso la iluminación no transformó su vida? Yo habría supuesto que ahora usted estaría dedicado a actividades más nobles.

-No comprendes -le responde el maestro-. Lo que cambia no es lo que haces –a menos que antes estuvieras dedicado a cosas muy ajenas a tu naturaleza-; lo que cambia es la cualidad de lo que haces.

-¿A qué se refiere con eso? -pregunta el discípulo, intentando comprender.

- Es algo muy simple, en realidad… para nada misterioso o sobrenatural: 

Antes, cuando cortaba y acarreaba leña, por ejemplo, mi mente estaba en cualquier otra parte, quizás soñando con la iluminación, quizás irritado por tener que realizar actividades tan innobles, quizás esforzándome por ser humilde y por aceptar la situación, quizás enfrascado en remordimientos o fantasías respecto a situaciones con otras personas, etcétera.

Ahora, cuando corto y acarreo leña y traigo agua del pozo, simplemente estoy ahí, en lo que estoy haciendo, y sin un propósito ulterior. No tengo deseos de estar en otra parte ni dejo que mi mente me lleve de la nariz a donde le plazca. 

Y eso -tan simple- cambia todo de raíz."


Hasta luego.

domingo, 18 de enero de 2015

Los martes en Cablecanal

Éste es un año de cambios, y uno de ellos ocurrió con mi participación dentro del canal 11 de Telecable (Cablecanal) de Aguascalientes:

Me da mucho gusto compartirles la novedad de que desde el pasado martes 13 estoy apareciendo los días martes a las 8:00 de la mañana dentro del noticiero "Mi ciudad AM", con una breve plática en la que sigo tratando temas que considero de interés acerca de las relaciones humanas, la pareja, la comunicación, la autoestima, la educación, el bullying y muchos otros tópicos relacionados con la psicología y la sociedad.


Espero que quieran y puedan darse un tiempo para ver mis participaciones y se animen también a retroalimentarme, así podré saber qué temas les gustan y qué cosas puedo corregir para lograr mi objetivo, que sigue siendo el mismo al formar parte de este noticiero: acercar la psicología a toda la gente tratando de hacerla más amigable y entendible.

Gracias a todo el equipo de Telecable Aguascalientes por su confianza al invitarme a seguir en este proyecto, especialmente a mi tocayo el Lic. Heriberto Martínez.

Hasta luego... ¡Nos vemos el martes!

viernes, 16 de enero de 2015

Tolerar para evolucionar

“Entre los hombres, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”
(Benito Juárez)

Religión: ¡Nuestro Dios es más poderoso que el suyo! ¡Harán lo que nosotros decimos y como nosotros decimos!

Política: ¡Nuestros "amigos" son más influyentes que los suyos! ¡Harán lo que nosotros decimos y como nosotros decimos!

Familia: ¡Yo sé mejor que tú lo que necesitas! ¡Harás lo que yo digo y como yo digo!


Hace pocos días un grupo religioso realizó ataques en Francia y mató a 17 personas, entre ellas 4 excelentes caricaturistas de la revista Charlie Hebdo. Parece que lo hacían para vengar a Mahoma, ya que en esa misma revista se habían burlado de él poco tiempo antes. El año pasado, 43 estudiantes fueron “desaparecidos” en el estado de Guerrero y en otro hecho más de 20 jóvenes fueron asesinados en el estado de México, en ambos casos hubo una acción directa de las autoridades y aún tratan de culpar al “crimen organizado”.

En Francia se realizó una movilización urgente y sin miramientos cazaron a los culpables. En México no se va a castigar a los culpables, y pasarán muchos años para saber qué ocurrió realmente, si es que se llega a saber.

Los dos hechos mencionados tienen en común el profundo desprecio a la vida que demuestran sus autores (hacia quienes son "diferentes" a ellosy el convencimiento de que están haciendo lo correcto. Unos por fanatismo religioso y otros por saberse a salvo gracias a la corrupción, que también parece una secta con más adeptos conforme pasa el tiempo, aunque en esta congregación no se persigue el cielo sino la impunidad.

Más que la delincuencia organizada, es la intolerancia generalizada la que puede tomar el lugar de la autoridad y arrebatar vidas, propiedades, familias, trabajos, sueños y esperanzas.

El otro lado de la moneda, la tolerancia, es un arma que nos permite evolucionar y dejar de actuar de maneras extremistas para poder debatir y discutir acerca de nuestras diferencias. Sin tolerancia no hay evolución.


La religión, cualquiera que sea su nombre, también evoluciona, por ejemplo en la actualidad los católicos y cristianos aceptan las críticas con mucha mayor apertura que en el pasado, y se permiten una cierta flexibilidad sin apartarse de su fe, pero hace 500 años los cristianos mataban y torturaban con crueldad a los que consideraban herejes o blasfemos, y lo hacían convencidos de que tenían la razón. Todavía el siglo pasado en nuestro México lindo y querido tuvimos la guerra cristera (con el famoso grito de "¡Viva Cristo Rey!"!), otra muestra de intolerancia al amparo de la justicia divina. Hacían lo mismo que hoy hacen los extremistas religiosos ¡y con la misma justificación!

Actualmente también hay un nuevo curso en la religión musulmana, como ejemplo recordemos que hace pocos años fue muy sonado el caso de un líder religioso que precisamente en Francia aceptó que las niñas que profesan esa religión pudieran salir y acudir a las escuelas sin cubrir su rostro con la tradicional burka. Para quienes no profesamos la religión islámica puede no significar mucho, pero ése fue realmente un cambio revolucionario.

La tolerancia dio paso a la apertura, de ahí nació la búsqueda de nuevas formas de convivencia y estas han permitido que se vaya forjando la nueva vertiente de la religión musulmana, sobre todo en los países europeos. Incluso hay quien dice que en uno o dos siglos más, las poblaciones de Alemania y otros países europeos podrían ser mayormente musulmanas, dentro de la nueva corriente que se está gestando en esa religión.

Desafortunadamente la intolerancia es más espectacular, se nota mucho más que los pasos discretos de la tolerancia y usa métodos brutales para llamar la atención.

La incapacidad de reconocer y aceptar las diferencias de los demás no nos permite evolucionar y por el contrario, genera grupos extremistas y radicales que se aferran a la idea de que las cosas nunca deben de cambiar. Si las cosas cambian, mejor las destruyen. Cuando la intolerancia gana muchos adeptos se vuelve aún más peligrosa, pues se convierte en una gran masa con la vista puesta en el fanatismo pero con el cerebro ciego.


En la política ocurre lo mismo, con la salvedad de que en este caso los intolerantes no defienden una fe, una creencia o la esperanza de alcanzar una vida mejor después de esta. Los intolerantes que escalan puestos importantes en la política, en la economía, en la iniciativa privada o en la delincuencia gozan de un excelente cinismo que les permite actuar sin remordimientos mientras abusan de todo aquel que se deje. Como además ostentan el poder y deciden con quien compartirlo y con quien no, les resulta muy sencillo decidir sobre los bienes y los habitantes de una nación entera como si fueran suyos. Prácticamente están en otro mundo y la gente, esas multitudes que integran la población del país, parecen pertenecer a otra especie. Los intolerantes son depredadores de la humanidad y no toleran a los que son distintos a ellos por ser prescindibles, asalariados y en muchos casos honestos y tolerantes, tal vez incluso porque les recuerdan su propia condición humana. Los intolerantes de esta naturaleza viven creando barreras legales, económicas, criminales o de cualquier tipo para seguir viviendo igual, en el culto al dinero y al poder humillante. Claro que no quieren que cambien las cosas.

¿Y en casa? También pasa lo mismo, respetando las distintas escalas: Basta con que un miembro de la familia sea intolerante para que todo el ambiente familiar se vuelva difícil de sobrellevar, porque al intolerante le cuesta mucho trabajo aceptar que alguien “distinto” pueda tener la razón. Cuando existen diferencias tan profundas al interior de una familia, la tolerancia es una virtud que se debe cultivar por todas las partes que viven en desacuerdo, y no solamente por una de esas partes. Si no ocurre así, el intolerante pensará que sigue teniendo razón porque sometió a la persona que prefiere no discutir y seguirá cerrando sus oídos y su mente a otros argumentos e ideas distintos a los que ya conoce.

Entonces comienzan los embarazos a muy temprana edad, los divorcios o las separaciones, los hijos que se van de casa muy jóvenes o que no trabajan aunque pase el tiempo… La intolerancia puede llevar a las víctimas a asumir actitudes autodestructivas, porque pensamos que con esas acciones nos desquitamos de la persona que siempre impone su voluntad por la fuerza o con chantajes. La intolerancia, nuevamente, no nos permite evolucionar. 

En el hogar, el trabajo o la escuela la intolerancia se está volviendo "normal" y hasta le pusieron un nombre muy pop, ahora le llaman "bullying". El bullying es la puerta de entrada a las acciones extremistas.

La tolerancia y la soberbia no se llevan: Una persona soberbia puede soportar o aguantar estar cerca de una persona "diferente", pero vivir aguantando a alguien no es ninguna muestra de tolerancia, más bien es vivir con la sensación de estar haciendo un sacrificio por ser capaces de soportar a "esa gente". 

La tolerancia y la aceptación sí se llevan: Aceptar a una persona que tiene gustos, creencias, opiniones, o cualquier otra cosa diferente a mi no implica que deba estar de acuerdo con ella en todo, significa simplemente que acepto que esa persona es así, sin querer cambiarle nada mientras no me dañe o amenace, y también soy capaz de debatir con argumentos cuando sea necesario. Aceptar es darse cuenta que en este mundo hay tantas formas distintas de ser, como personas lo habitan.


Volviendo al comentario con el que inició este texto, y para cerrar por el momento estas ideas que me siguen dando vueltas en la cabeza desde que supe la noticia, retomo algunas palabras del papa Francisco I, sin ánimo de decir que es el único que tiene la razón, pero sí compartiendo su punto de vista. Sobre todo, resaltando que lo que él dice para las religiones aplica también para cada persona en este mundo:

“Matar en nombre de Dios es una aberración”

“Todas las religiones tienen dignidad”

Puedes practicar (tu religión) con libertad, pero sin imponer o matar”.

Hasta luego.

jueves, 8 de enero de 2015

Buenos propósitos

"El camino al infierno está lleno de buenas intenciones"
(Walter Scott)


...y esos buenos propósitos...

¿Por qué no los cumplimos?

Hay muchísimas razones por las que no se cumplen los propósitos, y algunas de verdad escapan a nuestro control pues en el transcurso del año nos esperan muchas vivencias de todo tipo. Un evento afortunado puede cambiar las posibilidades que tenemos actualmente y facilitar la realización de uno o más propósitos: Igualmente, un evento desafortunado cambiará nuestras prioridades y nos obligará a replantear cómo manejamos nuestros recursos para resolver situaciones más inmediatas.

Claro que tampoco vivimos a la deriva esperando que el viento sople casualmente a nuestro favor, sino que tenemos la posibilidad de prever algunas situaciones y planear otras. Dentro de este contexto, considero que algunas de las causas que dependen de cada uno de nosotros son:


1.  Porque tenemos tooooooooooodo un año para hacerlos y ¡decidimos esperar!

2.  Porque en realidad no nos interesa cumplir un propósito, pero es bonito seguir la moda cuando cambia el año.

3.  Porque nos proponemos metas demasiado altas, y cuando las queremos llevar a cabo ya no parecen estimulantes sino muy difíciles.

4.  Porque nos proponemos cambios que van contra nuestra educación o nuestros valores, negando lo que somos, y no es posible hacer estos “cambios mágicos”.

5.  Porque lo que queremos cambiar no es lo que necesitamos cambiar.

6.  Porque nos echamos encima propósitos para darle gusto a otra persona y no a uno mismo.

7.  Porque queremos conseguir nuestros propósitos sin esfuerzo ni dedicación, y a los pocos días de iniciar el año vemos que esto generalmente no es posible.


¿Cómo podemos cumplirlos?

Aunque no hay garantías ni recetas que nos sirvan igual a todos, tengamos en cuenta que los propósitos más fáciles de conseguir son los que realmente queremos cumplir. Los siguientes tips pueden ser de mucha ayuda si tenemos la voluntad de ser mejores, de actuar mejor, o de adquirir algo mejor:

1.  Dejar de hacer buenos propósitos una vez al año, para empezar a hacer buenos propósitos de corto plazo (semestrales, trimestrales, mensuales, semanales o diarios). Todos los días estamos a prueba, así que todos los días podemos tener un buen propósito ¡y hacerlo conscientemente!

2.  Asumir si en verdad tenemos el deseo de hacer un buen propósito o no. Si en este momento no tengo la claridad para decidir a qué carajos me voy a enfocar, entonces por lo pronto mi primer y único propósito puede ser encontrar ese objetivo en mi vida.

3.  Si el propósito que me puse es muy alto y escapa a mis posibilidades actuales, lo más probable es que lo abandone de inmediato diciendo “luego, después, primero haré esto otro” o cosas así. En estos casos lo más sano es dividir ese propósito en metas más pequeñas y de esta manera ir actuando para conseguir pequeños logros que nos conduzcan a la meta principal. Esto nos evitará frustraciones prematuras y nos ayudará a ser más ordenados en nuestra planeación.

4.  Es común desear lo que hace felices a otras personas. Pero cuando lo probamos nosotros puede ser que no funcione igual. Lo más recomendable es hacer que nuestros propósitos salgan de nosotros mismos, aunque la tentación de seguir el modelo de otros sea muy grande.

5.  Identificar primero qué es lo que necesitamos en realidad. Suena lógico: Si no sabemos lo que necesitamos, nos propondremos cualquier cosa y a mitad de la tarea le perderemos el interés porque… necesitaremos hacer otra cosa, o gastar en otra cosa. Muchas veces compramos a crédito así, pensando en lo que queremos y no en lo que necesitamos, y eso hace más desesperante pagar las deudas adquiridas de impulsivamente.

6.  Darle gusto a otra persona es tener la ilusión de conquistarla o de ganársela, de hacer que se fije en uno y nos dé preferencia sobre otras personas. Pero eso no funciona si para darle gusto tenemos que sacrificar lo que necesitamos o lo que queremos. No nos engañemos: Si tus propósitos están hechos pensando en otra persona, entonces tu único propósito es agradarle a esa persona. Es mejor asumir este propósito como tal y, si es así, esforzarse por lograrlo. Si no es así, hay que volver a plantearse para qué haces tus propósitos con base en lo que prefiere alguien que no eres tú.

7.  Armar una estrategia. Los propósitos son una buena oportunidad para llevar a cabo cambios importantes en nuestros hábitos de vida, y eso es lo mejor que nos pueden dejar. Si queremos ahorrar debemos reducir nuestros gastos o aumentar nuestros ingresos. Si queremos llevarnos mejor con alguien, debemos estar dispuestos a ser más tolerantes nosotros y no solamente ese “alguien”. Si queremos estar más sanos debemos replantear cómo estamos usando nuestro tiempo y cómo nos alimentamos.


¿Y mis propósitos para este año?

Básicamente es uno: Me he propuesto ser más asertivo, utilizar mejor las palabras para decirle a cada cosa, emoción, conducta, hecho o persona por su nombre. Hablar con asertividad lleva a actuar con asertividad y esa es mi mayor meta. Confío en seguir las 7 recomendaciones que aparecen en la segunda parte de este texto para cumplir este objetivo día a día.


Hasta luego.

domingo, 28 de diciembre de 2014

México, 2014 - 2015

¡Feliz Año nuevo 2015!

- Parte 1- 

Envío mis sinceros deseos de bienestar y paz con la mejor de las intenciones para que cada uno de nosotros sea capaz de aportar un granito de arena en la tarea de construir felicidad. Durante este año que está por terminar he tenido la fortuna de conocer a mucha gente valiosa y reencontrar a otra buena cantidad de personas interesantes y queridas, muchas a través de las redes sociables y algunas de carne y hueso, también pude recorrer todo este tiempo acompañado de la gente que quiero, sobre todo mis hijos, mi Chinita y mi familia en general. Otra bendición que me acompañó durante este ciclo fue mi trabajo con todos sus retos y logros. Una bendición extra es saber que cuento con amistades de a deveras y otra más es tener salud y amor a la vida. Termino este año con mucho que agradecer en lo personal y con mucho que hacer para seguir avanzando y acercándome a la meta de ser una mejor persona. Les comparto mi agradecimiento y mi esperanza de que el próximo año nos permita superar nuevos retos y nos bendiga con nuevas y mejores oportunidades en todas las áreas de nuestras vidas.


Pero también hay otra realidad de la que formo parte, y si tú que estás leyendo eres mexicano, también la conoces. A esa parte dolorosa y vergonzosa que vivimos en el 2014 también le dedico un recuento, deseando de todo corazón que el próximo año no resulte tan lastimado como éste.

- Parte 2 -

¡Qué año tan ajetreado! ¡Cómo ha cambiado la percepción que tenemos de nuestro país! ¿Cómo es que hoy muchos jóvenes sueñan con dedicarse a vender drogas, prostituirse, matar personas o secuestrarlas con tal de “ganar” dinero rápido y fácil? ¿Cómo hemos llegado al extremo de permitir que nuestros gobernantes nos roben, encarezcan productos básicos y reduzcan garantías laborales que parecían imperdibles? La respuesta es sencilla y muy conocida: la corrupción y la impunidad se han vuelto “normales” en todas las esferas del gobierno. Lo más preocupante es que al volverse “normales”, pareciera que en los valores actuales todo está hecho para realizarse y disfrutarse de inmediato: internet, videojuegos, realidad virtual, narconegocios, influyentismo y la ilusión de que ser jóvenes y tener mucho dinero harán feliz a cualquiera, pero trabajar, comprometerse con alguien y tratar de vivir más o menos estables es mal visto, los políticos y los otros delincuentes organizados ven a quienes quieren esforzarse por ser honrados como carne de cañón. Por eso México duele y también duele hacer este recuento del año que se va.

Así estamos hoy. México es uno de esos lugares donde todo puede pasar gracias a la corrupción y la impunidad que imperan en nuestro país. La clase política sigue enriqueciéndose a costa del trabajo de los que dice representar, o sea robando, y no pasa nada. Se va esfumando el sueño de ser un país petrolero y no hay reservas de dinero porque todo, o casi todo se repartió entre esa misma clase política y otras mafias que se le fueron asociando al ver que ahí había dinero fácil; todavía antes de empezar este susto del petróleo devaluado se atrevieron a cambiar la Constitución para ofrecer los recursos petroleros de la nación al mejor postor. Se pagan votos con tarjetas, vales, tortas y hasta efectivo cuando no hay más. Se descubren casas y “negocios” de muchos millones y nos hacen creer que está bien, que eso es normal. Se licita la construcción de un tren a nivel internacional y después de tener un ganador se cancela la licitación sin mayores explicaciones. Se mata a jóvenes diciendo que su vida no importa porque “lo más seguro es que tenían nexos con el crimen”. Se encarece la gasolina a un ritmo constante hasta rebasar el 200% del valor que tenía antes de iniciar con la medida criminal de los “gasolinazos” (gracias a una inteligente propuesta de Calderón antes de ser Presidente), lo que a su vez encarece los precios de todo lo que debe ser transportado en vehículos que consumen gasolina. Se defiende a grupos de narcos y se criminaliza a los grupos de autodefensas atacándolos hasta desprestigiarlos y dividirlos. Se ataca, asesina y desaparece a estudiantes con apoyo de la policía y el ejército queriendo aparentar que todo fue obra de un presidente municipal corrupto y del crimen organizado. Se transmiten “noticias” tendenciosas que exaltan a quienes tienen el poder y califican de “malos” a todos los que no lo tienen. Se congelan los sueldos de la gente de a pie, la que sí trabaja, mientras la clase política sube sus sueldos a alturas injustificables y los precios también aumentan a un ritmo imparable. Se libera a criminales con parientes influyentes y se les declara inocentes, llegando a extremos de ilegalidad humillantes. Se desprecia la educación y la cultura.

La ética, ese accesorio descontinuado que se usaba antiguamente para respetar los valores y normas de la sociedad, está totalmente fuera de uso y hasta causa vergüenza en quien todavía la aplica en su vida. Cuando la corrupción sustituye a la ética y todos aceptamos eso, la sociedad se vuelve un zombie que se mueve y actúa por la inercia que llevaba simplemente de estar vivo, pero se va pudriendo por dentro y llegará el momento en que ya no se pueda mover. La corrupción hace que nos parezca normal todo lo que nos daña mientras le ocurra a otros y no a nosotros, pero después de un tiempo a todos nos toca tener cerca a un amigo, un familiar o un vecino que lleva mucho tiempo desempleado, o que fue “levantado” y nunca se volvió a saber de él, o que tuvo que cerrar su negocio porque no pudo con las extorsiones, o que se volvió delincuente porque ya no le alcanzaba para mantener a la familia, o que perdió a un ser querido por una “bala perdida” o un accidente relacionado con eso que llaman genéricamente “El crimen organizado” para hacernos entender que es algo sin remedio. Entonces la corrupción y la impunidad con todo su cinismo ya son algo que nos afecta a todos y que se está comiendo a sí misma, ya se les fue de las manos a quienes creían controlarlas y están tan metidos en ellas que ya no tienen en quien confiar: cualquiera de ellos (en nuestra clase política gobernante, para que no haya dudas) es capaz de traicionar y sabotear a sus propios amigos si le ofrecen una buena cantidad o un jugoso negocio. Dinero fácil, ¿qué importa cambiar de “amigos”?


Y en medio de este cochinero que vive México se escucha un grito cada vez más alto: ¡Fuera Peña Nieto! Ciertamente ese señor representa la punta del iceberg de la corrupción, pero el solo hecho de sacarlo de la Presidencia no garantiza que se arreglen las cosas: Basta recordar que al terminar el siglo XX ocurrió algo parecido, este mismo pueblo estaba harto del PRI y quería quitarlo del poder a costa de lo que fuera, y siguiendo la consigna de que cualquier cosa sería mejor llegó a la Presidencia el tristemente célebre Fox, que pasaría a la historia con no muy buenas referencias y que hizo, entre otras cosas, despidos masivos de burócratas, congelamiento de sueldos (excepto de quienes ganaban sueldazos), cayó en sospechosismos con la fuga del Chapo y otras muchas cosas que mejor ni recordar, como sus famosas frases “¿y yo por qué?” o “comes y te vas”, y después lo siguió Calderón y su estúpida “guerra contra el narco” en medio de varios escándalos de corrupción en las más altas esferas policíacas, militares y políticas.

La solución no es tan sencilla como quitar a Peña Nieto y que su lugar lo ocupe cualquiera. Está tan viciada nuestra clase política que ya no creemos en ningún partido, todos han demostrado no tener más interés que el suyo, su propio beneficio. La red de corrupción e impunidad está tan bien tejida que aún en el supuesto de que subiera al poder un tipo honesto, habría de convertirse en un corrupto al estilo de “La ley de Herodes” o moriría en el intento de seguir actuando con aquel accesorio llamado ética, que como ya dije está descontinuado en esos niveles. ¿Entonces?

La solución se plantea más difícil y requiere de constancia y unidad entre la gente, resistiendo los cañonazos de las televisoras que difaman y desprecian a todo aquel que busca un cambio pacífico fuera del cobijo del gobierno y resistiendo también a la tentación de fregar al prójimo a cambio de un pequeño “hueso” temporal o un dinerito extra: Se requiere cambiar a todo el sistema político corrompido y no solo al grupo de gentes que actualmente ostenta el poder y lo reparte con quien quiere. Se requiere modificar las leyes para garantizar mayores beneficios a los trabajadores, a los estudiantes, a los recursos naturales y también se requiere retomar la ética para aplicarla con seriedad. Mi mayor sueño o deseo para este próximo año es que eso pueda lograrse por las buenas y que alcancemos a vivir para contarlo, aunque es un sueño muy inocente, pues todos esos corruptos que viven bastante bien del presupuesto, el influyentismo y las alianzas con delincuentes nunca van a dejar su posición privilegiada por las buenas. Tienen “el poder”, y en lugar de soltarlo, lo van a usar contra “su pueblo” disponiendo de policías, guaruras, sicarios y soldados que también son asalariados, gente del pueblo que perdió sus raíces.

En medio de este entorno, insisto en enviar mis mejores deseos a todos y hago una invitación a que en este 2015 que está por iniciar rescatemos la ética para incorporarla a nuestra vida, y tal vez también podamos invitar a alguien más a hacerlo. No es cosa sencilla en la situación de nuestro país, pero es una decisión personal que puede aportar mucho a nuestros círculos familiares, laborales, académicos, amistosos y de cualquier tipo, sin negar la realidad. ¡Que sea un año de construir!


Hasta luego.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Cuento: El árbol de Navidad

"¿Por qué no te animas a poner otro árbol?"


Esta es la historia de un joven común y corriente, tal vez como tú o como yo. Tenía su trabajo, su casa, su auto, su grupo de amistades, su novia y pasaba su vida moviéndose entre esos círculos. Todo el año trabajaba excepto en sus vacaciones, cuando podía cambiar la rutina y hacer algo distinto, aunque siempre hacía lo mismo para romper su monotonía: salir a la playa que para colmo estaba llena en esas fechas. Iba al cine, a cenar y a veces a bailar acompañado de su novia. Se llevaba bien con sus padres, hermanos y hasta con sus primos pues desde chicos habían sido cercanos y se frecuentaban unos a otros. Se daba tiempo para ir con los amigos, para recibirlos o para contactarlos desde lejos (¡qué maravilla es la tecnología!), como fuera, este hombre no se sabía solo, sino en compañía permanente y eso le gustaba.

Todo el año era así. Bueno, casi todo, porque cuando se acercaba el fin de año, a medida que se iba acabando noviembre, iba dejando de ser el típico hombre promedio para convertirse en alguien especial, diferente a todos los demás, pues al anunciarse el fin del año tenía la oportunidad de lucir lo mejor que tenía: el árbol de Navidad más grande y más adornado de toda la ciudad. Durante 10 meses, su árbol reposaba resguardado en cajas de cartón bien selladas y acomodadas en una habitación de su casa, y en otra cantidad bastante grande de cajas, dormían su siesta los adornos de ese gran árbol, como osos hibernando hasta que regresara su tiempo de ser útiles.



Al llegar el frío que anunciaba el fin del año se despertaba el árbol, despertaban los adornos y despertaba también el entusiasmo desde adentro del pecho de su dueño. Era todo un ritual y muy emocionante además, abrir una por una las cajas y sacar cuidadosamente cada pieza del árbol, hasta completarlo todo. Después sacaba todas la otras caja y repetía la operación con los adornos, sacándolos y acomodándolos con la misma paciencia y dedicación que un santo debía dedicarle a sus oraciones. Cuando todas las piezas y adornos estaban fuera, empezaba la verdadera actividad, pues armar ese árbol gigantesco y colocar correctamente sus adornos le podía tomar fácil 3 días enteros, tiempo que dedicaba satisfecho y con una mezcla de gusto y orgullo que le encantaba saborear.

En esos días tenía más visitas que de costumbre, casi nunca estaba solo desde que empezaba a armar ese gran árbol, aunque también es justo decir que atendía muy bien a todo el que se acercara a su hogar y muy rara vez les permitía auxiliarle con el armado de su árbol o la distribución de sus adornos. Más bien les pedía, a quiénes fueran, que platicaran con él mientras él hacía ese trabajo, y les indicaba dónde sentarse. Y al final, una vez terminado el árbol y debidamente embellecido con todos sus adornos, también invitaba a la gente a su casa para que lo disfrutaran mientras veían una película, cenaban o conversaban. Y llegaban, cada uno en su turno: su novia, sus papás, sus amigos, sus vecinos, sus compañeros del trabajo, sus jefes, los amigos de sus amigos y muchas gentes más, algunos por aprecio y otros por la curiosidad de ver el árbol más grande de la ciudad.


Pero era muy difícil apreciar bien este árbol. Era tan grande que llenaba toda la sala de su casa, y eso que la casa medía 15 metros de alto y la sala llegaba hasta el techo, con esa altura. Uno llegaba a la sala donde estaba el gran árbol de Navidad y tenía que caminar de lado para poder entrar y para no tirar algún adorno por un desafortunado descuido. Enseguida tenía que pasar a una recámara contigua, unida a la sala por un gran arco descubierto desde donde se apreciaba el grueso tronco y un poco más del follaje, las hojas verdes brillantes, las luces que parecían gritar alegremente con su intermitente baile y muchos, muchos adornos. Pero era solo una pequeña parte, me parece que nadie había logrado observar el árbol completo. Hacia el lado de la calle la sala tenía un ventanal y desde ahí, asomándose por fuera, se podía apreciar otra buena parte del árbol con sus coloridos colguijes que con su bullicio sugerían un clima cálido, agradable y navideño, acompañado de sus juegos de luces infantiles, juguetonas, prendiendo y apagando todo el tiempo. Pero era solo una pequeña parte también.

Este misterio le daba un encanto extra al árbol, pues podía ser como cualquier gente se lo imaginara. Toda la temporada navideña estaba así la casa, brillante y adornada por dentro, y aunque por fuera no cambiaba, en su interior se veían las luces jugando y se insinuaba el árbol con toda su magnificencia. Al dueño del Gran Árbol le complacía saberse el centro de las miradas y de los comentarios, él decía que era modesto, pero también le regocijaba la envidia que provocaba en varias personas. Casi toda la temporada navideña la pasaba en su casa, atento a mantener su árbol en perfectas condiciones y a recibir a las inevitables visitas de ocasión. Se sentía muy orgulloso.



Después pasaba la Navidad. En las calles se podían ver algunos árboles secos agonizantes, arrojados a la basura por sus ex dueños. Otros adornos también eran desechos vistosos que ya habían cumplido su corta misión en una sociedad consumidora que derrocha y tira muchas cosas simplemente porque ya no son de temporada. Hay que ir al día, con la moda. Pero el dueño del Gran Árbol no convertía su orgullo en basura, ni desechaba toda la belleza que le había costado años reunir y organizar. Cuidadosamente volvía a separar cada adorno, luz y esfera; amorosamente desarmaba y acomodaba cada pieza de su árbol en el lugar correcto para guardar todo al final en sus respectivas cajas, dejándolo listo para reposar hasta el siguiente año. Mientras tanto, él se convertía de nuevo en la persona común y corriente que acostumbraba ser durante el año, y en esos meses la humildad y la modestia sí le salían naturales. Cada vez que encontraba algo que sirviera para mejorar su árbol, lo compraba y le hacía un lugarcito donde estuviera seguro hasta el próximo invierno.

Así era cada año. Así había sido desde hacía varios años.

Pero este año fue diferente: Cuando noviembre estaba por terminar nuestro hombre fue al cuarto donde guarda su árbol de Navidad, igual que siempre, pero no encontró nada. No había ni una sola de las cajas donde guardaba su árbol y el vacío le pegaba en la cara haciéndole doler el corazón. ¿Qué había pasado? ¿Quién se robó su árbol? Y comenzó a hilar sus ideas, revisando todas las conductas sospechosas de sus amigos y sus familiares durante el año... Por si acaso, también dio un repaso a las conductas de su novia, por si hubiera algo sospechoso en ella. Después buscó huellas o algún indicio que el ladrón hubiera dejado al llevarse su orgullo, pero no encontró nada. El coraje y la incredulidad no lo dejaban pensar, pero no quiso llamar a la policía, tal vez le daba más desconfianza involucrar ese tipo de personas en la investigación de algo tan valioso.



Mejor comenzó a indagar por su cuenta, primero fue con sus padres y hermanos a preguntarles si alguien había visto su árbol de Navidad, y estaba listo para reclamarles y decirles que ese tipo de bromas tan crueles no se deben hacer, pero ninguno de ellos sabía nada de su árbol, al contrario, todos en su familia se mostraban igual de asombrados e indignados que él.

Entonces fue con sus amigos, los más cercanos se mostraron sorprendidos porque sabían todo lo que ese árbol representaba para él, casi todos lo invitaron a pasar a sus casas para que pudiera constatar con sus propios ojos que ahí no estaba su árbol, y se ofrecieron a ayudarle a buscar. El dueño del Gran Árbol estaba tan confundido que no acertaba a hacer nada, así que aceptó la ayuda. La ciudad se llenó con la noticia: ¡El árbol de Navidad más grande de todos había desaparecido! Fue un problema difundir la foto en los medios de comunicación, pues en ninguna foto aparecía completo, pero de cualquier forma se dieron a conocer varias imágenes con la leyenda de "Se busca" y ofreciendo recompensa.



Se fue noviembre, y conforme fueron llegando los primeros días de diciembre, al dueño del Gran Árbol se le fueron yendo las ganas y el entusiasmo por encontrar su árbol. Comenzó a pensar que lo había perdido para siempre y esa idea lo iba poniendo triste. Entre más se arraigaba el pensamiento de que ya no vería a su amado árbol, más triste y desanimado se sentía. Pero además tenía otros sentimientos más confusos, pues no alcanzaba a entender por qué lo que más amaba, lo que más lo llenaba de orgullo simplemente había desaparecido sin que nadie supiera nada. ¿Qué estaría pasando ahora con su árbol? ¿Cómo lo tratarían?

Sus amigos trataban de animarlo, lo mismo hacían sus compañeros del trabajo y de la escuela, pero no había ningún argumento o palabra que lo pudiera consolar y su ánimo estaba cada día peor. Ese invierno no quería recibir visitas, le molestaba muchísimo tener que explicar a todo el que llegaba la misma historia y responder las mismas preguntas.



Un día, preocupados por su estado de ánimo y por su salud, sus papás y su novia le hicieron una pregunta con muchos rodeos, temerosos porque no sabían cómo iba a reaccionar: "¿Por qué no te animas a poner otro árbol?". Esa pregunta lo hizo reir, y al principio todos rieron juntos hasta que se dieron cuenta que esa no era una risa de gusto o jubilosa, sino unas carcajadas burlescas, sarcásticas. Para él ni siquiera existía la posibilidad de que su árbol pudiera ser sustituido por otro, él mismo había pasado años ensamblando partes de distintos árboles para armar el más grande de todos. Y si acaso hubiera un árbol igual o parecido debería ser carísimo y no podría pagarlo. Su árbol era distinto porque lo fue armando poco a poco, y así no se había notado en su bolsillo su valor real. Después de las risas volvió a quedar en silencio y ya no volvió a hablar en varios días.

Los días seguían avanzando al mismo ritmo de siempre: rapidísimo para los que disfrutan y exageradamente lento para los que sufren. Al dueño del Gran Árbol le parecía que cada día era una eternidad, pero no era así, cada vez que llegaba la noche le caía encima el peso de haber vivido otro día sin su orgullo. De pronto una voz, allá en lo más profundo de su desgano, lo invitó a ver su casa, recorrió con la mirada su sala, su cocina y otra pieza vacías de adornos pero llenas de frío y entonces se dio cuenta que nunca antes había podido mirar tan amplia su casa en estas fecha del año. ¿Y si hiciera caso a los consejos de su familia y su novia?



La idea se fue enraizando poco a poco, venciendo todas sus resistencias, todas sus burlas... Y un día invitó a su novia a salir a caminar por las calles, las plazas y las tiendas. Ella se alegró al verlo tan decidido y activo, hacía varios días que no lo veía tan animado. Pero el gusto le duró poco, después de recorrer 3 centros comerciales (su ciudad era pequeña) él se dio cuenta que ya no podría encontrar un árbol como el que quería, y ya no buscaba un árbol gigantesco como el que tuvo y todavía extrañaba tanto, pero había dejado ir muchos días y ahora la Navidad ya estaba muy próxima, así que en todos los lugares a los que acudían ya se habían agotado los árbolitos o les quedaban unos muy feos y maltratados. Siguieron buscando durante toda la tarde y terminaron en un café, tristeando y maldiciendo su suerte.

Al otro día era sábado, él se levantó temprano y llamó a su novia para invitarla nuevamente a salir y eso sí fue una sorpresa para ella, porque después de la decepción del día anterior no creía que él se atrevería a salir durante el resto del invierno, por lo menos. Pero él, por el contrario, quería salir, escapar, fugarse de esa ciudad y perderse en cualquier otro lugar. La ciudad lo hacía sentirse vacío y pensaba que estando en otra parte podría sentir algo distinto, pero después de medio día de vagar ya se había dado cuenta de que llevaba su vacío con él sin importar hasta donde fuera.



Ya no estaba deprimido, la tristeza se había retirado y dejó en su lugar al coraje, un enojo tan grande que parecía que en cualquier momento iba a estallar, pero escuchaba la voz de su novia, se refugiaba en su mirada serena y pensaba que si una persona tan llena de cualidades lo quería, significaba que él sí valía algo aunque hubiera perdido su árbol, el más grande de todos.

El hambre los llevó a un restaurante enclavado sobre una colina, a unos metros de la carretera. Era un lugar fresco, rodeado de árboles y con una vista impresionante, desde las mesas de la terraza se podía apreciar un gran valle cuesta abajo, allá a la distancia, y a un costado se apreciaba una montaña alta, muy grande teñida de azules y verdes con grandes espacios de un gris canoso. A los dos les encantó el lugar, ese aire rústico, la luz del sol muy clara y sin calor, el ruido del viento entre la colina y la montaña, la sensación de estar lejos de todo y la deliciosa comida crearon una atmósfera que les hizo olvidarse por algunos instantes de todo lo que había ocurrido antes. La magia duró varios minutos, en ese lapso recorrieron los alrededores del restaurante y al arreciar el frío regresaron al interior de la posada, que en realidad era una imponente cabaña de madera muy sólida, con algunos adornos y detalles regados como al descuido por aquí y por allá.



Afuera comenzó a caer una lluvia ligera, helada de tanto invierno, así que decidieron recorrer la cabaña para conocer sus curiosidades: por aquí algunos animales disecados, por allá unos cuadros con paisajes pintados seguramente por algún amigo o pariente aficionado a los pinceles, más a la orilla algunas plantas de ornato silvestres y un tanto estrafalarias, unos pocos pericos enjaulados con sus propios ruidos y allá cerca de la puerta (quién sabe por qué no lo vieron antes) estaba un árbol de Navidad que los impactó en cuanto lo descubrieron por su originalidad. No era el típico pinito navideño que todos acostumbramos a ver en todas partes durante diciembre, más bien era como un arbusto que tenía el tronco y las ramas blancas, unas cuantas hojas desparramadas y varios adornos y luces distribuidos con gracia a lo largo de todo su cuerpo. Se sentaron a su lado tomando un café caliente y comentando qué original se veía. 

Él ya no buscaba otro árbol, se había convencido de que ya no sería posible encontrar uno, pero ahora estaba aquí delante del árbol más distinto de todos los que había visto hasta entonces. No quería sustituir a su Gran Árbol, sabía que eso no es posible, pero sí quería llenar aunque fuera un poco el hueco que tenía en su vida, así fue como se animó a buscar al dueño del restaurante para investigar dónde lo había conseguido y resultó que era precisamente su hija quien preparaba y decoraba así los arbolitos para venderlos. Los muchachos se entusiasmaron y apresuradamente quisieron conocer a la creativa chica para comprarle uno de aquellos bellos y originales árboles. Pero enseguida se enteraron que ella no estaba, había terminado los árboles que tenía planeado hacer ese año y después de venderlos se regresó a su casa, en otro estado.



El árbol que adornaba aquel restaurante no estaba a la venta, era un regalo que la chica le había hecho a su padre para que la tuviera presente mientras ella estaba estudiando, y por eso entre el árbol, la chica y su padre había la promesa de no venderlo a ningún precio, por eso los novios ya no insistieron. Sin embargo, el señor supo ver en la mirada de aquellos jovencitos la sinceridad de los que saben valorarse y cuidarse, así que respetando la promesa hecha a su hija y el profundo deseo de darle un buen hogar al arbolito, lo regaló a esos novios que habían estado toda la tarde en su restaurante, pero sin los adornos; ellos prometieron regresar otro día y él señor, acostumbrado al entusiasmo mentiroso de los que se van con gusto, solamente asintió con una sonrisa. Tras ellos quedó el espacio vacío del lugar que ocupaba el arbolito, pero el señor no se puso triste, nada más pensó que cuando viniera su hija de nuevo le haría otro, tal vez más bonito aún y se fue a guardar los adornos.

Ya era muy noche cuando los novios se despidieron, él la dejó en su casa con unos besos para soñar y también se llevó unos de ella para el camino, junto con el árbol.



Al otro día se levantó muy temprano y bajó a la sala para acomodar su arbolito, lo puso en una esquina cerca de la ventana y sintió una mezcla de risa y tristeza al ver tan vacía su sala, pero enseguida se repuso y recordó que nada iba a sustituir a su Gran Árbol, así que era lógico que este nuevo arbolito fuera diferente. Pensando esto, retomó su propósito y se dirigió al cuarto donde tenía guardados todos los adornos que año tras año le ponía a su anterior árbol. Como en sus rituales de los años anteriores, sacó todas sus cajas de adornos, después sacó los adornos y los fue ordenando pacientemente en el piso de la sala y comenzó a tomarlos para adornar su arbolito, ese montón de ramas blancas salpicadas de verde 

La tarea que le tomaba hasta 3 días con su anterior árbol estaba terminada antes de que pasaran 2 horas, y todavía le sobraron la mayoría de sus adornos. Por primera vez se sentó en la sala de su casa y pudo ver completo, enterito a su árbol de Navidad. La sala se veía algo vacía con solamente una esquina adornada por aquel arbolito, así que se animó y decidió adornar toda la sala. Tenía bastante material y la adornó bastante bien, pero todavía le sobraron muchos adornos y continuó colocándolos en las recámaras, en la escalera, en el baño, en la cocina, en el patio y en todos los rincones hasta que toda la casa estaba adornada. Pero todavía le sobraron adornos, entonces salió a la calle, vio su fachada y le pareció que desentonaba con el interior de su casa, más tardó en pensar eso que ya estaba sacando todos los adornos que le quedaban para distribuirlos cuidadosamente por el frente de su vivienda hasta que quedó a su gusto y usó todos sus adornos.

Más tarde, cuando la noche estaba bajando del cielo, su novia llegó a buscarlo y se detuvo ante la casa antes de entrar para ver el espectáculo de luces y adornos que la invitaban a entrar. Ella también adornó su cara con una sonrisa y enseguida él la llevó a recorrer el interior de su casa, orgulloso y alegre. Venciendo la pena, fue recibiendo visitas de su familia y sus amigos, descubriendo con una grata sorpresa que todos lo trataban igual que siempre, con la única excepción de que ahora no tenían que quedarse afuera o arrinconarse en un huequito de la casa para platicar, pues ahora la casa entera podía ser usada y no solo admirada.

Desde que dejó de dedicar toda su atención, su tiempo y su dinero a una sola cosa, su casa y él mismo ya no tenían nada tan especial como había sido aquel árbol gigantesco, el más grande de todos, en cambio ahora lo mejor de él ya no estaba escondido dejando ver solamente una pequeña parte de lo que podría ser, sino que se compartía plenamente consigo mismo y con los demás. Por cierto, también se hizo más dueño de su espacio interior, pues al perder aquel árbol tan grande recuperó una recámara y al decidirse a compartir varios de los adornos extras, también recuperó la mayor parte de la otra recámara donde los guardaba... bueno, donde todavía los guarda. Su mundo se hizo más grande y aunque nadie se lo dijo, quienes lo conocían se dieron cuenta que ese día él recuperó su libertad.

Hasta luego.