miércoles, 17 de febrero de 2016

Recomendaciones para interpretar tus sueños

"Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía."
(Vladimir Lenin)






A lo largo de la historia ha habido diferentes formas de abordar los sueños, pues prácticamente todas las culturas antiguas reconocieron la importancia de descubrir el significado de los sueños. En la actualidad Freud y Jung son los más reconocidos por sus trabajos, el primero consideraba que los sueños descubren la realidad a partir de revelar impulsos reprimidos; el segundo fue más allá y descubrió algo que llama “inconsciente colectivo”, como si todos los seres humanos estuviéramos unidos por un hilo invisible que se manifiesta en nuestros sueños. Dedicó gran parte de sus estudios a la simbología y a entender la base de las premoniciones. Y como todos soñamos, se dio cuenta que sí hay una reserva de significados arquetípicos disponibles para toda la humanidad.




Recomendaciones para interpretar tus sueños:

Acostarte con la intención de soñar, esta predisposición facilita el acceso de la memoria a los sueños que hayas tenido.

Platicar acerca de tus sueños con personas de tu confianza, la comunicación ayuda a tenerlos presentes, permite encontrar similitudes y diferencias con otros sueños y los vuelve parte “normal” de la vida diaria.

Escribir los sueños, conviene tener a la mano una libretita y una pluma para hacer una especie de “diario de sueños” donde puedes tomar nota de lo que más te haya llamado la atención inmediatamente al despertar, antes de que las imágenes, sensaciones, palabras y la impresión general de tu sueño se haya ido.

Tener una guía para la interpretación, cualquier diccionario de símbolos puede ser útil como apoyo, puedes encontrarlos en cualquier librería y también hay varias versiones gratuitas disponibles en Internet. La interpretación más importante es la que se relaciona directamente con tu experiencia personal…



Algunos símbolos frecuentes en los sueños:

Generalmente, el lugar donde transcurre el sueño representa el “yo” de quien sueña, así, las palabras que usas para describir el escenario donde se desarrolló tu sueño pueden ser aplicadas a tu propia persona.

Si el sueño transcurre a nivel del piso, el mensaje de tu sueño está en el presente. Si el sueño sucede en las profundidades, en un sótano, en una caverna, bajo tierra, entre las raíces de un árbol o cualquier otro lugar al que tienes que descender en un nivel más bajo que el piso, el mensaje se refiere a tu pasado. Y si el mensaje implica subir, elevarse, estar en lo alto de una montaña o en los pisos superiores de un edificio, el mensaje se refiere a tu futuro.

Los sueños donde la gente vuela hablan de seguridad, confianza y libertad interior.

Los sueños de caídas sorpresivas hablan de un exceso de confianza (zona de confort) que puede orillarte a hacerte trampa a ti mismo.

Soñar con bichos pequeños y desagradables como cucarachas, ratones o arañas, implica que hay chismes o rumores en el ambiente en que te desenvuelves… ¿Qué tanto caso les haces?

Si los bichos que sueñas son agradables (abejas, mariposas u otros), el sueño tiene un mensaje constructivo para tu vida, centrándote en algún proyecto o decisión del que tal vez tienes dudas para llevarlo a cabo.

Si en el sueño mueres, o muere alguien importante para ti, es un aviso de que va a ocurrir un cambio trascendente en tu vida.

Un bebé o un recién nacido en tus sueños representan una vida vida para ti, y en ocasiones es, literalmente, una nueva vida profesional, académica, matrimonial... 

En tu sueño vas manejando un vehículo y: El camino por donde avanzas es cada vez más agradable y placentero: Quiere decir que la manera como te estás conduciendo por la vida te dirige a una mejor posición en un área de tu vida (familia, trabajo, relaciones, etc.), habrá que estar atentos a los demás símbolos del sueño... Pero si ecamino se vuelve cada vez más difícil y desagradable, tal vez hasta te dé miedo estar en un lugar así: Es lo contrario del significado anterior. Hora de revisar a dónde te llevan las decisiones que estás tomando en una situación específica... Y si en tu sueño como conductor avanzas en reversa: Hay algo que rescatar del pasado. Lo mejor es darse un tiempo para identificarlo rápido y poder seguir hacia adelante, para no atorarse en algo que ya sucedió. Por el contrario, si en el sueño no puedes manejar en reversa: Hay un conflicto en alguna parte de tu historia personal, y eso produce miedo, vergüenza, rencor o algún otro sentimiento tanto en el sueño como en la vida real. Hora de enfrentar el pasado para actualizarse y estar en el presente.

Los personajes que aparecen en tu sueño también son símbolos y representan una tendencia particular tuya, no del personaje en cuestión. Por ejemplo: si tu novia aparece haciendo el amor con otra persona en tu sueño, debes revisar cómo estás actuando en tu relación en lugar de ir a reclamarle a tu novia. Todos los personajes de tu sueño representan algo tuyo, de tu personalidad, porque tú eres el guionista de lo que sueñas.

La excepción a lo anterior son los sueños que transcurren en un escenario donde todo lo que percibes corresponde al 100% con ese mismo escenario en la realidad: colores, texturas, olores, sonidos, sensaciones, pensamientos… Cuando en tu sueño ocurra algo impresionante que aún no ha ocurrido en tu vida de vigilia y te des cuenta que todo lo que formaba parte de tu sueño aparecía tal como es en la realidad (no con un “casi igualito”, sino con un “exactamente igual”), es muy probable que tengas un sueño premonitorio, así que habrá que anotarlo muy bien en tu cuaderno para que estés prevenido cuando se comiencen a dar las situaciones que “viviste” en tu sueño.



Todas estas interpretaciones son generalizadas y corresponden al inconsciente colectivo que mencionó Carl Jung. Sin embargo, además de este significado general habrá que tener en cuenta los significados personales, estos dependen en buena medida de los sentimientos y emociones que cada elemento del sueño fue provocando en ti mientras se desarrollaba la trama, así como de las reacciones que tengas ante hechos o situaciones específicas de tu sueño. Esta interpretación es la que ayuda a rescatar el mensaje profundo y personal que cada sueño tiene para ti.

Recuerda:

Soñar es el primer paso, creer en lo que sueñas es el siguiente y el tercero y definitivo es actuar para seguir el camino hacia la persona que quieres llegar a ser. Si tienes interés en descubrir el mensaje de tus sueños o de un sueño en particular, date un tiempo para trabajarlo y si requieres apoyo, cuenta conmigo.



Hasta luego. 

lunes, 15 de febrero de 2016

7 pretextos para disfrazar el abuso sexual

"Debería ser sencillo: el NO significa NO. El SÍ o el NO están condicionados a lo que piensas o sientes en ese momento. Las personas pueden cambiar su inicial SÍ por un NO. Y no pasa nada."
(Tomado de la página friendlylife.com)


Las siguientes tiras tipo historieta aparecieron en inglés inicialmente y son un intento por hacernos ver que nuestra sociedad (o sea nosotros) comparte algunas ideas acerca de la sexualidad que no siempre favorecen una relación sana, ésa es una de las razones por las que hay una alta incidencia de abusos sexuales y de conductas ofensivas en parejas de todo tipo... y de verdad de todo tipo: desde las casuales o recientes del tipo "es que apenas nos estamos conociendo", hasta las ya establecidas con familia y años de experiencia. 

Esta incidencia parece indicar que hay algunos patrones de conducta invasiva (en tanto que invade la intimidad de otra persona) que parecen inofensivos y normales pero constituyen una falta de respeto a otra persona, y no nos queremos dar cuenta porque "se justifica", "se lo buscó", "si le gusta, que no se haga" y tantas otras frases que escuchamos y decimos para hacernos creer que está bien invadir la intimidad de otra persona sin darle oportunidad de decidir.

Las siguientes tiras las tomé de la página friendlylife.com, donde aparecieron con el título "Las 7grandes mentiras sobre el consentimiento sexual explicadas en sencillas viñetasde cómic". Son 7 ejemplos que ilustran igual número de pretextos utilizados para justificar un abuso o una invasión a la intimidad. En estas escenas se aprecian situaciones cotidianas que no parecen tener relación directa con la sexualidad de las personas. Sin embargo lo que ocurre en estos escenarios es exactamente lo mismo que ocurre en las relaciones sexuales: Basta ver las frases arriba de cada tira para remontarnos de inmediato a situaciones de sexualidad. 

La riqueza de ver estas frases en otros contextos es que nos puede ayudar a entender y prevenir las conductas de hostigamiento y abuso cuando se presenten y no hasta que ocurran en el terreno sexual. ¿Te suenan conocidas? Puede ser buen momento para hacer cambios y dejar de aceptar condiciones que no deseas en tu vida, aquí están las tiras:

Pretexto 1:
Tu forma de vestir te obliga a comportarte de cierta forma:

Pretexto 2:
Si una vez me diste permiso, lo tendré siempre:

Pretexto 3:
Si te gustó algo una vez, te gustará siempre:

Pretexto 4:
Te gustará incluso si estás drogada, borracha o inconsciente:

Pretexto 5:
Es tu deber como pareja o esposa:

Pretexto 6:
Si dices que lo vas a hacer, tienes la obligación de hacerlo:

Pretexto 7:
Debes acabar lo que empezaste:

Recuerda:

Tu cuerpo es tuyo. Tus emociones y pensamientos también, así que tu único compromiso en cualquier momento de tu vida y ante cualquier persona es hacer lo que te haga estar bien contigo, con tu yo. La persona que te ama ni es tu dueña ni te pertenece, así que puedes cuidar de ti y decidir sobre tu cuerpo, tus emociones y tus gustos sin culpa ni vergüenza.

Hasta luego.

viernes, 12 de febrero de 2016

Sexualidad, pornografía y pareja

"La sexualidad no es distracción o actividad de medio tiempo. Es una forma de ser."
(Alexander Lowen)



¿Cómo se debe tratar a la pareja? 


¿Hasta dónde permitir que llegue el contacto físico? 

¿Cuándo decir que sí podemos tener una relación sexual? 


¿Cómo hacerle saber a la pareja que vivir nuestra sexualidad no significa que únicamente nos vamos a ver para hacer el amor? 

¿Y si me abandona por decirle que no aunque me pide algo que no quiero hacer? 


¿Cómo terminar con alguien que no me hace sentir que yo valgo como persona? 

¿Cómo saber si lo que hago y lo que permito que me hagan me pone en algún tipo de riesgo? 


Cuando estas y otras dudas comienzan a rondar la mente de una persona, lo más sano es buscar apoyo y orientación, antes de que una relación llena de dudas y miedos se vuelva “normal”, es decir, antes de que aceptemos vivir de una manera que no nos hace sentirnos valorados ni amados.

Cuando llegamos a la adolescencia, y en ocasiones un poco antes de eso, comenzamos a sentir esos cambios en nuestro cuerpo que liberan nuestro impulso sexual y hacen que se vuelva importante atraer a otra persona para sentir nuestro propio cuerpo y el de ese otro ser. Se vuelve importante saber que así como queremos, también podemos ser queridos.

En ese momento es muy fácil confundir la excitación y la atracción física con amor pensando cosas como “ésta es la persona de mi vida, por eso me gusta tanto”, o bien “una persona tan hermosa no puede hacerme algo malo”, y el clásico "te dedicaré mi vida porque tú vales más que yo". Y tratamos de ganarnos a esa persona con los escasos o nulos conocimientos que tenemos acerca de lo que es el amor y la sexualidad humana.


En la primaria ya nos mostraron las partes del cuerpo y eso que llamamos “aparato reproductor”, enseñándonos la parte biológica casi mecánicamente, como si todos funcionáramos y reaccionáramos siempre igual. Pero sentir la cercanía de otra persona, y sobre todo exagerar la diferencia de una persona sobre todas las demás (cualidad inevitable del amor y del apasionamiento) provoca sensaciones desconocidas y agradables, a veces combinadas con una sensación de angustia o ansiedad en menor o mayor grado.

En muchas ocasiones buscamos orientación en mamá o en papá, y también es frecuente que en muchas ocasiones mamá y papá también aprendieron acerca del amor y la sexualidad sobre la marcha, con lo que la vida, sus valores, sus principios y sus creencias les fueron permitiendo, y lo que hacen es transmitir los mismos conceptos de lo que es “correcto” y lo que es “incorrecto” a la siguiente generación. Pero eso no es suficiente, y a veces lo que es social o culturalmente correcto no es lo mejor para una persona en particular.

Por ejemplo, para la sociedad es correcto que los hijos y las hijas sean obedientes, pero en la relación de pareja no se espera que una persona mande y la otra siempre obedezca, sino que entre ambas compartan las decisiones.

También se dice que una persona es “buena” cuando es capaz de sacrificar algunos de sus planes y anhelos para ayudarle a sus padres o a la gente que quiere a ser felices. Y hasta decimos que eso es una prueba de amor. Pero el amor no debe estar basado en el sacrificio de una persona, sino en la cooperación de ambas, y esto aplica desde la relación de parejas hasta la relación entre padres e hijos.

El sacrificio en las relaciones puede llegar a extremos inimaginables, por eso es bueno detenerse a revisar la relación y si fuera el caso, asumir que vivo haciendo o soportando cosas que no consideraba dentro de mi escala de valores, solamente para mantener cerca a la persona que dice amarme, o que digo amar. Esto no es amar, es aferrarse a una persona como si fuera un salvavidas.

Si los valores de mamá y papá no son suficientes, compartimos nuestras dudas e inquietudes con las amistades, y el abanico de posibilidades no cambia mucho. Tal vez haya dos extremos en los puntos de vista de las amistades: “Entrégate con todo“, o “No te dejes porque si no, ya te fregaste”. Entre estas dos posturas hay una amplia variedad de opciones, hace falta es conocerlas para poder escoger.

Y finalmente lo que ocurre es que a la mayoría de nosotros se nos educa en cuestiones de sexualidad y relaciones de pareja fuera de las escuelas y del hogar. Las novelas proponen un tipo de relación donde la mujer y el hombre buscan agradarse y “conquistarse”. Se trata de que la persona que te gusta termine siendo “tuya”, y no de que se dé la unión de dos personas libres.

En algunas series y películas se manejan las relaciones con mucha libertad y soltura, como si fuera posible tener relaciones con muchos conocidos sin que esto llegue a causar conflictos entre esos conocidos y además con uno mismo. Se crea la imagen del “macho” conquistador y de la “mujer fatal”, con todo su estereotipo.

"Alguien inventó que el sexo podía ser fuente de mugre y de degradación. Penetrando a una señora se la degradaba. Se les podía haber ocurrido que de ese modo se la enaltecía, pero, por desgracia, eso no se le ocurrió a nadie. De modo que el peso moral del señor lo cargó la mujer. Si un hombre tenía grandes necesidades sexuales era un modelo de salud. Y si una mujer tenía necesidades sexuales incontroladas era ninfómana o, como decían en mi pueblo, tenía fiebre uterina."
(Manuel Puig)

Y para “resolver” todas las dudas acerca de la sexualidad, sobre todo pero no exclusivamente en el caso de los hombres, recurrimos a la pornografía. Anteriormente los materiales pornográficos eran productos clandestinos y vergonzosos que se colaban en revistas y videocasetes en las aulas de las escuelas con todo el riesgo que implicaba ser descubiertos. Eran rituales casi de iniciación para sentirse “grandes”. Actualmente Internet y la información en línea hacen más fácil el acceso a todo tipo de videos, incluyendo la pornografía, y esto lleva encima el riesgo de que a los jóvenes les parezca más normal considerar las relaciones sexuales como si se tratara de jugar a las luchitas o a una pelea de videojuegos: El que le dé más gana. Si no puede darle más, pierde.

Generalmente, la posición de la mujer en las películas, comerciales, novelas, series y hasta en la vida real, sigue siendo de complacencia, de sumisión. Sobre todo en las películas pornográficas pareciera que a la mujer le gusta ser pasiva y que todo el tiempo está excitada. De ahí nacen muchas frustraciones porque los hombres sienten que no son atractivos si su pareja no está siempre excitada, y las mujeres creen que algo anda mal con ellas cuando no disfrutan algunas situaciones que en la tele parecen enloquecer de pasión a las actrices. En la vida real muchas mujeres deciden compensar esto con sumisión. Y los hombres suelen suplir la falta de una erección permanente con una actitud de dominio y control.

Recordemos que a los actores les pagan por su trabajo, y esto aplica también para los actores de películas porno. De hecho, las secuencias de sexo excitante con frecuencia son realizadas en varias tomas que, con su debida edición, dan la idea de una potencia sexual continua e inagotable ¡otra fuente de frustración para quienes se comparan con estos actores! También recordemos que tener una relación sexual no es vivir una relación de pareja.


Es posible vivir plenamente la sexualidad con la persona que amas. Para llegar a ello debes creer honestamente que eres capaz de vivir intensamente tu relación con tu propio ser y hacer caso de los que sientes, de lo que deseas, de quién eres. Así podrás decidir qué camino quieres seguir en esta vida y si quieres recorrer ese camino solo o acompañado. La relación de pareja te dará esa compañía, garantizándote que no será siempre puro placer, pero la comunicación y el contacto serán los pilares que le permitan a cada pareja llegar a conocerse cada vez más hasta integrar una unidad que lleve a esa misma pareja a una dimensión mucho más amplia: "yo-tú-nosotros".

lunes, 11 de enero de 2016

¿De qué hablas?

La gente habla de lo que le interesa.

No esperes comprensión de alguien que solo habla de su propia persona.


domingo, 10 de enero de 2016

Cuento: Desde arriba

"El miedo era libre como un pájaro esa mañana clara e iluminada. Y ser libre era peligroso."

Breve cuento que escribí pensando en el centenario de la Revolución y los tiempos violentos que vivimos en estos días, espero les guste:

Antes la cosa era diferente, pero la gente siempre ha sido la gente, en eso nada ha cambiado. Cuando llegaba el montón de pelados gritando, disparando y mentando madres, todo el pueblo se escondía, los que estaban en sus casas ya no salían y los que andaban en la calle o en la plaza tenían que perderse antes de que los vieran para encontrar un lugar donde ponerse a salvo, de repente era mejor quedarse allá afuera del pueblo entre los árboles, pero a veces hasta allá te encontraban y pues te amolabas. La gente vivía con miedo, a la defensiva o a la ofensiva, según lo que te hubiera tocado.


Todos decían que eran los buenos, siempre llegaba cualquier pandilla de carniceros igual de bravos para gritar, disparar y sentirse dueños de todo y siempre decían que ellos eran los buenos y que debíamos apoyarlos, porque si no luego iban a ganar los malos y nos iban a fregar. Ya casi se habían acabado las cosechas, teníamos maíz, frijol, milo, garbanzo, calabazas, rastrojo y otras cosas para alimentar a los animales y a las familias, porque casi no se podía vender, pero casi todo se lo habían ido llevando, a veces de a poquito, a veces de un jalón, según como fueran los que pasaban por el pueblo, porque sí había unos más jijos que otros, pero al final todos se iban cargando lo que no era suyo. También teníamos vacas, caballos, unos puerquitos y una que otra oveja y cabra, pero ya casi no nos quedaban.

Lo que más teníamos era hambre y miedo, de eso había por todos lados. Y lo mejor es que nunca dejamos de creer en nosotros, los que vivíamos ahí, y nunca nos fallamos. Uno que otro pensó que le convenía irse con la bola y se fue nomás, sabe a esos cómo les habrá ido porque ya nunca los vimos. Yo creo que si les fue bien ya nunca pensaron en regresar, y si les fue mal los han de haber matado y entonces menos regresaban, el caso es que los que nos quedamos nos conocíamos bien y nos ayudábamos, estábamos listos para echarnos la mano cuando fuera necesario y cuando podíamos nos reuníamos en algún lugar a platicar de cómo iba la cosa. En el pueblo casi no se sabía nada de la refriega que había en todas partes, ni acabábamos de entender por qué pues tanta matanza de gentes. Nomás sabíamos que había mucha hambre y miedo.

Con luna y sin luna nos juntábamos en el patio de doña Inés porque era de los más grandes, estaba rodeado de árboles, al fondo daba con el arroyo y de ahí seguía el cerro, o sea que era muy fácil pelarse en caso necesario. Esas reuniones me gustaban mucho, eran días difíciles y de andar con cuidado, pero ahora pienso que a todos nos gustaba ese momento, empezábamos todavía con la luz del sol, casi siempre había uno o dos cantaritos de agua fresca por ahí y nos la íbamos tomando mientras se moría la tarde, luego empezábamos a tomar cafecito con piquete para estar bien despiertos, decían, y el aire se iba llenando de destellos luminosos conforme salían las luciérnagas y se acercaban al grupo. Casi siempre podía verse el cielo despejado y las estrellas destacaban con su claridad brillante sobre el fondo negro, muy negro. En ocasiones la plática nos llevaba muy lejos de ahí, nos íbamos a otro lugar y a otro año, como si eso de la guerra fuera una historia gastada que ya nos sabíamos, en esas ocasiones podíamos hablar de los sueños y planes de los parientes y vecinos, de lo que se había hecho y lo que se pensaba hacer, de lo que nos gustaba y lo que no, podíamos hasta acabar hablando de sustos y fantasmas, que siempre se meten a la plática en las noches oscuras. Pero otras noches no podíamos despegarnos del tema de las balas, la rapiña y el abuso de esa guerra absurda y sangrienta como cualquier otra guerra… nomás que esta nos estaba matando a todos nosotros. 

Unos juraban que nos defendían de los delincuentes y otros juraban que eran delincuentes justicieros. Al final, los que trabajábamos les dábamos de comer a todos esos, daba lo mismo si se decían buenos o malos.


El patio de doña Inés era un buen lugar para estar y yo me pasaba mucho tiempo en él con cualquier pretexto y hasta sin tener excusa, ahí veía todas las salidas de emergencia que se podía uno imaginar, pero me gustaba especialmente el riachuelo que corría al fondo. En varias noches esa agüita corriendo fue el sonido que más se escuchó cuando no había mucho qué decir, o no valía la pena hablar.

Nos acordábamos de muchas muchachas perdidas que se llevaron los de pistola, con uniforme y sin él. Recordábamos también a los niños entrados a adolescentes, esos que sienten que pueden comerse el mundo de una mordida y que fueron arreados como vacas por esos tipos para usarlos como carne de cañón en las siguientes batallas por la gloria de este país o nomás para sentirse más chingones que los demás, decían. Esos recuerdos desangraban el arroyo y aunque su canto seguía oyéndose, llevaba un murmullo distinto, de voces que ya no íbamos a escuchar.

Una noche, estando un montón de gentes en el patio de doña Inés, el arroyo empezó a gritarnos que corriéramos y de inmediato le hicimos caso, ni siquiera volteamos a ver de qué se trataba, corrimos tanto como pudimos y después trepamos hasta lo más alto de la arboleda que cubría el poniente del pueblo. Estando entre los árboles me detuve tantito a ver qué había pasado y a ver dónde estaban los demás. Doña Inés cayó como dormida en su patio, bajo sus árboles, junto a su arroyo, y su sangre se fue jugando con el agua que siempre habíamos visto pasar por ahí, algunas botas pisoteaban el riachuelo y un tipo que se decía soldado quiso patear a la señora, pero el arroyo le movió unas piedras y lo hizo caer, no iba a dejar que la avergonzaran en ese último momento. Había otros cuerpos tirados en distintos lugares, también en la calle. Se me revolvió el estómago y me dieron ganas de llorar.

Esta vez eran más, muchos hombres llegaron con sus uniformes de soldados y policías gritando que buscaban delincuentes escondidos en el pueblo, tenían que encontrar a alguien, a quien fuera, para justificarse con su jefe y seguir viviendo de las armas. Los jefes de la patria eran fáciles de contentar: les llevaban uno o dos culpables, lo anunciaban a todo el mundo y se quedaban contentos un rato, pero esta vez no habían mandado nada más por uno o dos. Algo había pasado. En mi pueblo todos los empistolados llegaban siempre por la calle principal, comían, de repente también dormían ahí y luego se iban, mi pueblo era chico. Esta vez llegaron por el cerro, se metieron al patio de doña Inés y a los patios de todas las casas que daban al arroyo, rompieron puertas y ventanas, esculcaron las sábanas, la ropa y las cazuelas, entraron a los corrales y revisaron hasta el lodo de los marranos. Hubo mártires entre los parientes, amigos, conocidos y mascotas, y yo me quedé escondido, temblando entre los árboles que fui trepando como pude.


La noche siguió avanzando, se fueron yendo los gritos y los disparos, también se fueron las blasfemias y mentadas pero se quedaron los soldados, dueños del tiempo y de las cosas que tomaban aquí y allá. Se creyeron dueños del pueblo, pero no era cierto, no lo sentían suyo y no sabían el por qué de cada casa, cada lugar y cada cosa. No sabían porqué existía este pueblo y no tenían la más remota idea de cuántas vidas habían pasado por ahí, con qué sacrificio se construyó. No era de ellos, solamente poseían la nada, pues hace falta tener la mente y el corazón conscientes para que una persona pueda ser dueña de su vida. Murió la noche. Murió el pueblo tal como lo habíamos conocido hasta entonces.

Después volvió el día, el frío de la madrugada calaba más que el de toda la noche y no había para dónde hacerse, estuve callado entre las ramas del árbol y pensaba seguir así, no me preocupaba el hambre ni las necesidades de orinar y defecar, esas eran minucias que se podían aguantar mucho rato cuando estaba de por medio la vida, y al escuchar a los soldados carcajeándose después de medio destruir mi pueblo no era el hambre lo que más me movía, pero el frío me hacía temblar y me daba miedo que el castañeteo de mis dientes se escuchara hasta la plaza. El miedo podía cruzar los árboles, el patio de doña Inés que seguía allí tendida, su casa y su calle. El miedo era libre como un pájaro esa mañana clara e iluminada. Y ser libre era peligroso. Entonces comenzaron los estragos por el frío.

-          ¡Achú!

-          ¡Salud! – Respondí automáticamente, aunque en voz muy baja para no atraer a los soldados que preparaban un sabroso desayuno con un puerquito sacrificado por su causa, hacía escasos minutos. Volteé mi cara a la izquierda y hasta entonces vi sentada en otra rama como a 2 metros, a Rosa la hija del “enano”, el dueño de la mejor tienda del pueblo, estaba agazapada como gato y sus ojos verdes también me hacían seguir pensando en un gato. Si no hubiera sido por la situación, me hubiera botado de risa en ese rato, su cara de susto y el ligero temblor de sus brazos y su cara me alegraron un poco.



-          ¡Qué chistoso te ves! – Me dijo. Dicen que la zorra no se ve su cola, y ahí estaba dándome cuenta de mi situación, idéntica a la de ella.

La vi con ganas de reírse, pero el murmullo de los asaltantes nos alcanzó otra vez y su cara se congeló, se puso amarilla y los ojos se le saltaron, se le heló la sonrisa que apenas iba a salir y se me quedó viendo mientras apretaba las ramas del árbol con sus manos, como queriendo fundirse con él. Un híbrido de Rosa asustada y sauce llorón…

A los cobardes les da por presumir de valientes cuando los ve la demás gente, se vuelven fanfarrones para que piensen que no tienen miedo de nada: Más miedo les da que los descubran, más alto gritan, y ahí estaban echando tamaños alaridos dizque de gusto porque ya habían ganado la guerra. Gritaron y echaron mentadas hasta que las doñas que quedaban en el pueblo les dieron el desayuno para que ocuparan sus bocas en algo más útil.

El sol ya estaba arriba, sus rayos colgaban impasibles soltando el calor del medio día. Aromas de frijoles y carnitas con salsas y tortillas treparon lentamente por los troncos de los árboles y nos encontraron con facilidad, pero nosotros mantuvimos nuestra resistencia y no caímos frente a esta terrible arma, que la verdad casi me hizo salir de mi escondite. También me alcanzaron de nuevo los ojotes de Rosa, que luchaba igual que yo por callar el rugido de sus tripas y soportaba heroicamente esta tortura.


Mi cara debe haberse visto peor, porque ahora sí le salió la sonrisa y me invitó a acercarme. Me recorrí algunos centímetros, me daba miedo que me vieran allá abajo, pero fue suficiente para escucharla con más claridad:

-          ¿Quién sería el traidor? ¿quién se animó a vender el pueblo? – Me quedé callado, sorprendido viendo su boca todavía abierta… Yo preocupado por el olor de la comida y no había reparado en que, ciertamente, alguien tenía que haberle dicho a los soldados y policías que este pueblo tenía escondites, guaridas y misterios.

-          No sé… Ni me había puesto a pensar en eso. Pero ahorita lo que me preocupa es saber dónde está toda la gente…

-          Pues voltea a los otros árboles, pero abre bien los ojos, ¿eh?



Ya había visto las copas de los otros árboles, pero no había visto más que algunos pájaros que se entretenían yendo de una rama a otra. Mirando con atención empecé a distinguir algunos bultos pegados en las ramas, donde había más follaje. Estos árboles tenían más gente que frutos, gente con caras serias, hoscas, que mostraban rápidamente una sonrisa cuando descubrían que otros ojos los miraban. Cada par de ojos se llevaba el espejo de otros rostros, nos decíamos mucho y nos entendíamos así, sin más.

Entre las ramas, como fantasmas cazadores, también había varios gatos acróbatas desplazándose, saltando o echados al sol nada más, valientes en las alturas dominadas por las aves. También había ardillas de rama en rama, casi volando e ignorando a los gatos y a las personas, hoy las copas de los árboles estaban bastante cargadas. Un nuevo ruido llegó de abajo y volví a asustarme, miré a Rosa y ella estaba más agazapada que antes. Los soldados ya habían comido y estaban tomando... ¡es más peligroso un borracho armado que el batallón mejor entrenado! Poco a poco fueron regresando los gritos y las alabanzas para ellos mismos, hablaban de nosotros como si fuéramos delincuentes, como si de verdad hubieran ido a una guerra y se hubieran enfrentado a un ejército rabioso.

Un soldado joven, gordito, tomó su rifle y disparó al cielo con gesto triunfal, y los demás buscaron sus armas para apretar el gatillo una, dos, tres veces y más… se acababa el parque y volvían a cargar para escupir más balas, el poder se les iba de las manos como a los niños se les va el dinero en una dulcería. Pero no parecían niños, sino animales rugiendo para demostrar quién es el más fuerte.

¡Nomás eso nos faltaba! Nos libramos del asalto, sobrevivimos toda la noche y el día aquí arriba, ¡y ahora nos pueden matar con un plomazo tirado a lo menso! Me arrepentí de pensar esto, aunque mis pensamientos no se escuchaban pero vi a Rosa temblando, acurrucada para no hacer bulto y cada vez más agazapada entre las ramas del árbol y supe que pensar de esa forma no ayudaba en nada.


Los árboles nos conocían bien y como podían trataban de cubrirnos a todos los que habíamos subido a escondernos, meneando sus ramas y sus hojas se esforzaban para que fuera más difícil vernos, pero algunas balas entraban a las partes más espesas de las copas y su zumbido nos erizaba la piel. Me arrastré por la rama hasta llegar con Rosa y nos abrazamos… Estaba calientita y temblaba mucho, me dijo que yo estaba temblando, me abrazó más fuerte y en ese momento nos sentimos más vivos que nunca.

Una rama tronó más abajo, en algún árbol cercano y nos asustamos, yo pensé que uno de nosotros iba a caer herido hasta el piso, pero no cayó nada, ni una rama, en ningún árbol. Sin embargo el ruido también alertó a los soldados y luego luego se inventaron otro jueguito: “¡Hay que tirarle a los pájaros!” Lo bueno fue que los pájaros también nos querían vivos, apenas vieron que los balazos eran para ellos se echaron a volar para todas partes, con una alharaca que silenció al griterío de los soldados.

Cayó la tarde otra vez. El hambre es canija y aunque yo estaba muy a gusto con Rosa, el estómago ya gritaba pidiendo ayuda, abajo se durmieron los salvajes, casi muertos de tan briagos, pero nadie se animaba a bajar.

Apenas empezaba a oscurecer cuando llegó otro puño de gente, serían unos 20 o 25, estos sí entraron por la calle principal y sin más, fueron a buscar al teniente que dirigía esa división. Nomás lo despertaron para que supiera quién lo mató, no vaya a ser que se fuera con la duda. Con ese primer balazo despertaron los demás soldados poniendo cara de espanto sin darse cuenta de lo que pasaba. No es cierto que con un susto se baja la borrachera, a lo mejor se le quita un poquito lo menso a la gente, pero el cuerpo tarda un buen rato en reaccionar, los recién llegados iban pasando a los soldados y policías medio crudos en grupitos de 4 al tejabán, a un lado del templo, y ahí se quedaban. Otros 4 hombres, disparos y ahí venían otra vez los fachosos por otros 4 más. Los últimos sí estaban sobrios, pelaban unos ojotes sin creer lo que les iba a pasar y encima preguntaban que “¿por qué?”. Los fachosos les agarraban la cabeza y los hacían voltear para todos lados, y en todos lados estaban sus huellas. Era lo más parecido a la justicia: Tú matas, yo te mato.


Cuando acabaron ya estaba oscuro. El arroyo se escuchaba de nuevo, un canto a la ausencia de doña Inés, todos los perdidos en la enramada de los árboles estábamos cansados, hambrientos y entumidos, muchos se habían dormido como pericos, agazapados entre el follaje, Rosa también. Se quedó dormida recargada en mi pecho y por eso yo no había podido pegar los ojos, me daba miedo que se cayera y la estuve deteniendo todo el tiempo. ¡Condenada Rosa! Estaba re bonita, no sé por qué nunca me había fijado en ella. Aparte de bonita era muy lista, porque cada vez que abría la boca era para algo bueno: o me decía algo cierto o me daba un beso.

-          Esos de allá arriba, ¡bájense a tragar! – Gritó el fachoso que parecía el jefe. Nadie se movió.

-          ¿Bajan o quieren que yo los baje, méndigos? – Dijo mientras sacaba su revólver y lo acariciaba con ternura mientras lo iba apuntando para arriba, hacia la copa de los árboles.

-          ¡No dispare, no dispare! ¡Ahí vamos pa’bajo! – Y ahora sí se nos quitó hasta lo entumido, nadie se acordó que llevábamos todo el día sin movernos, colgados como changos en las alturas más discretas de la arboleda. Yo sí me esperé, nunca había tenido cuidados con nadie, pero ahora que conocí mejor a Rosa ya sabía de sus 17 años, de las cosas que le gustaban y las que le caían gordas, de cómo ayudaba a su papá en la tienda y conocí además su sabor y su olor. No necesitaba más para dedicarme a ella. Por eso me tardé todo el tiempo que pude ayudándole a bajar, no quería que ese instante tan vivo se fuera.



Bajamos tomados de la mano, buscando con los ojos a los nuestros, ella a los suyos y yo a los míos: ¡Ahí estaban! Ese fue el segundo mejor momento de ese día, lo malo vino después, cuando el jefe se acercó a mi y me dio un coscorrón con su manota, ¡Jijos, sí me dolió!

-          ¡Ah, canijo mocoso! Este chamaco sí se puso vivo, no como ustedes que nomás se la pasaron temblando allá arriba. – Y mientras él hablaba todos se echaron a reír, como si dijera un chiste. Yo me estaba enojando y ya le iba a responder que no era un mocoso, que ya tenía 12 años y no era ningún escuincle, pero la mano de Rosa apretó la mía y con eso me calmé. Ella siempre sabía qué hacer.


"La felicidad es una pistola caliente."
(John Lennon)

Los fachosos juraban que ya habían ganado la guerra, nomás los oímos porque eso fue lo mismo que habían dicho los solados y los polis, se quedaron en el pueblo hasta el otro día y nos prepararon una buena comida para festejar la liberación del pueblo, decían. De todos modos entre ellos y los soldados ya nos habían matado 2 vacas y creo que 5 puerquitos… pues nos los comimos. Todo el tiempo decían que cuando su general fuera presidente iban a regresar al pueblo y lo iban a dejar bien arreglado, que hasta luz le iban a poner, decían, y se fueron. Después nos quedamos enterrando a los muertos propios y ajenos, levantando las bardas caídas y armando otra vez los corrales, ellos estaban muy contentos porque habían ganado, pero el tiempo pasó y yo nunca supe que su general hubiera sido presidente, y no ha de haber sido, porque nunca fue nadie a arreglar el pueblo.

Tardamos más de 10 años en volverlo a ver bien. Y algunos tardaron todavía más para poderlo ver sin que la tristeza les nublara la vista, o sin que el coraje les apretara la garganta casi hasta ahorcarlos, porque ningún pueblo es bonito si no está en él la gente que amas. Hubo conocidos que nunca se compusieron, se les notaba cuando hablabas con ellos y no te veían ni veían nada, sus ojos se quedaron allá arriba en el árbol, mirando el pueblo derruido abajo y a los salvajes carcajeándose encima de sus muertos. Esa gente se quedó a vivir en el pasado, nomás sus cuerpos andaban entre nosotros ahí, en aquel presente.


Yo no supe si la guerra se acabó, y si se acabó no supe quién ganó. Todavía hay pleito a balazos entre los que dicen que son buenos y los otros, que también dicen que son buenos. Pero igual todos roban y matan y presumen, porque les gusta presumir. Y luego ve uno que los mismos que salen peleados un día en una noticia, otro día aparecen diciendo que se llevan re bien y que siempre han sido amigos. Y los que se mueren por culpa de ellos no salen en ningún noticiero, o al menos no salen cuando todavía están vivos.

Pero bueno, después pasaron muchas cosas y mientras tanto yo crecí. Cuando ya estaba grande, como de 16 o 17, me casé con Rosa, nos quedamos con la tiendita y tuvimos muchos hijos, los vimos crecer y con el tiempo ahí estuvimos los dos recibiendo a los nietos. Desde hace años vemos a los bisnietos que ya andan trabajando y algunos hasta están estudiando, porque ahora se estudia. Tuvimos de todo, desde sirvientas hasta licenciados, pero hace un buen rato que no estamos con ellos: en su mundo vivimos juntos y juntos nos venimos a este otro mundo acá en lo alto, desde aquí seguimos al pendiente de nuestra gente como cuando estuvimos escondidos en el árbol, igual que aquel día sangriento, pero mucho más arriba y sin miedo, porque acá no hay hambre ni miedo, nomás estamos Rosa y yo esperando a nuestra gente.

Hasta luego.

jueves, 7 de enero de 2016

Perdonarse o justificarse

"La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas".
(William Somerset Maugham)



Acabamos de cerrar un ciclo más de vida, se acabó el año 2015 y estamos estrenando todavía el 2016 con todos los buenos propósitos e intenciones que resultan al hacer un repaso del año recién ido. 

Sinceramente, espero que al hacer tu recuento personal encuentres más cosas agradables que desafortunadas y que el camino recorrido haya estado sembrado de buenas sorpresas y retos; sin embargo algunas cosas tal vez no salieron como lo habías planeado y tuviste que rescatar pequeños éxitos y grandes aprendizajes de esas malas experiencias, o tal vez tus logros laborales, escolares y personales se vieron ensombrecidos por dificultades en las relaciones con la gente que tratas.

Generalmente ocurre que las demás personas no reaccionan como tú quisieras porque les parece mejor actuar de acuerdo a lo que ellas quieren o necesitan, y esa es la causa de muchos problemas en cualquier tipo de relación: de pareja, de trabajo, de amistad, entre vecinos, entre familiares y prácticamente en cualquier situación que implique contacto e interacción de dos o más personas. Lo que nos decepciona de la gente no es lo que hace, sino lo que esperamos que haga.

Si al hacer tu recorrido por tus vivencias del año 2015 descubres que tuviste diferencias con tres o más personas importantes para ti, y si además esas diferencias te han llevado a aislarte o a reducir la calidad de tu contacto con las personas que regularmente frecuentas, puede ser el momento de preguntarte cómo le has estado haciendo para enojarte o molestarte con la gente cercana a ti. 


Mucha atención en esto: Cuando descubras qué y cómo le has hecho a la gente cercana a ti para que se moleste contigo, también vas a encontrar muchas razones para explicarte por qué cometiste cada uno de esos actos, pero lo que debe motivarte no es simplemente entender por qué dejaste salir palabras hirientes, insultos, gestos, indirectas o maltratos, sino tratar de sustituir esos hechos con otras acciones más incluyentes.

Si te das cuenta que lastimas a otra persona con tus actos e inmediatamente encuentras razones para explicar esos actos, creerás que ya entendiste lo que pasó y que con eso se soluciona todo. Si justificas esas acciones las continuarás realizando hasta convencerte de que estás en lo correcto. Nos perdonamos cualquier acto con demasiada facilidad, así podemos seguir dañando a otros sin darnos la oportunidad de aprender nuevas formas de llevarnos con los demás y con uno mismo.


A lo largo de este año todavía nuevo, seguirás relacionándote con la gente que conoces y lo más probable es que además agregues nuevas caras y nombres a tus listas de contactos, ¡somos seres sociales y nunca estaremos solos! por eso te quiero compartir unos propósitos de año nuevo, sencillos, que tal vez te podrán ayudar a mejorar tu relación contigo y con los demás:

1.   Si te quedas con la sensación de que no te toman en cuenta o que sales perdiendo en tus relaciones, anímate a expresar lo que piensas, lo que crees y lo que sientes. Déjate conocer para que no tengan qué adivinarte.

2.   Está bien tener claro lo que quieres y pedir ayuda para lograrlo. También se vale interesarse por lo que quiere conseguir la gente que quieres y preguntar si puedes ayudar en algo. Escucha a la otra parte antes de justificarte.

3.   Quererte mucho. Es el mejor regalo que te puedes dar y también es un regalo para la gente que te rodea, porque solamente cuando te quieres puedes compartir amor con los demás.

4.   Con Dios (cualquiera que sea tu idea de él) hacemos lo mismo que con las personas: esperamos que haga lo que nosotros queremos y nos decepciona que haga lo que él considera mejor, así que el propósito es preguntarle cada mañana a Dios: "¿Qué puedo hacer por ti?"


¡Feliz Año Nuevo!