domingo, 12 de abril de 2015

¿Para qué me casé?

"¿Por qué nos alegramos en las bodas y lloramos en los funerales? Porque no somos la persona involucrada."
Mark Twain


¿Para qué me casé? Si no te hiciste esta pregunta antes de unir tu vida con la de tu pareja, ten por seguro que te la harás muchas veces después, cuando ya estén casados o viviendo juntos, que es casi lo mismo. He escuchado muchas veces esa pregunta en personas que extrañan su vida anterior, antes de casarse, y lo dicen a veces con nostalgia, a veces con coraje, a veces con decepción, o con cualquier otro sentimiento ¡hasta con satisfacción!

Para que estés en este último grupo y puedas decir con gusto y satisfacción para qué te casaste, vale la pena pensar en eso antes de dar ese importante paso. Y como recomendación muy personal, quiero recordarte que otra persona no podrá darte la felicidad, ni nada ajeno a ti lo podrá hacer. Cuando esperas que algo externo, ajeno a ti, te de felicidad y amor y todo lo bueno, estás dejando el control de tu vida en eso que está fuera de ti. En correcto español eso se llama adicción, y entonces no te sientes en paz cuando no recibes lo que esperas del exterior: tabaco, droga, alcohol o la ilusión de amor.


Así que nuevamente vuelvo a insistir en la idea de que solamente podremos vivir plenamente el amor de otra persona si antes somos capaces de amar a nuestra propia persona. Si tú no amas a tu propio ser, ¿por qué habrá de hacerlo otra gente? Y si te amas, entonces dejas de buscar alguien a quien necesitar, para compartirte con alguien libremente, sin dependencias ni codependencias.


Si te casas, o si emprendes cualquier proyecto sin saber para qué lo haces, probablemente lo que hiciste perderá el sentido y la motivación bastante rápido. Así que... ¿para qué te casas?


Para no estar solo o sola...

Para salirte de casa porque ya no aguantas a tus papás...

Para ser "libre" y vivir bajo tus propias reglas...

Para tener hijos y criarlos bien...

Para sentirte grande...

Para demostrar que tú y tu pareja sí van a lograrlo y su matrimonio no va a fracasar...

Para hacer algo con tu dinero, porque ya trabajas...

Para no avergonzar a la familia ni a nadie...

Para que tu hijo tenga un papá, porque estás embarazada...

Para poder tener relaciones sexuales...

Para tener quién te ayude aunque no haya amor...

Para ayudarle a tu pareja, porque tiene muchos problemas y dice que "sin ti no puede vivir"...

Para no quedarte a vestir santos, porque sientes que ya tienes muchos años encima (hay quien piensa esto a los 22, o antes)...

Para no enfrentar la soledad...

Para hacer feliz a la persona que amas...

Para ya no presenciar peleas y discusiones violentas en casa de tus papás...

Para ser como toda la gente: Todos se casan...

Para mandar...

Para que te hagan caso, porque crees que con tus papás te ignoraban...

Para crecer como persona y conocer otras facetas de tu personalidad que de otra forma no ibas a conocer...

Para compartir tu vida con alguien que también comparte la suya contigo...

Para ser feliz...

Para construir felicidad con ayuda de la persona que amas...

Para crecer junto a la persona que amas...

Para resolver con apoyo los retos que la vida le pone a los adultos...

Para llevar a cabo un proyecto de vida que trascienda a tu persona...


"Cuando nos conocimos bien nos dimos cuenta que haíamos nacido el uno para el otro... ¿quién más podría aguantarnos?"
(Anónimo).

Sea cual sea la razón por la que te vas a casar o por la que te casaste, recuerda que es una decisión que involucra a dos personas (claro: si no, no es una decisión de pareja). Si tú y tu pareja se están convirtiendo en amigos imaginarios, siempre puedes tomar una nueva decisión para orientar tu vida y tu relación hacia una actitud más constructiva. Esa actitud no hará magia, pero sí te ayudará a guiar tus próximas decisiones hacia lo que realmente quieres.


Uno de los mejores regalos que le puedes hacer a la persona que amas, es hacer que comparta su vida con una persona valiosa y completa (no con una "media naranja"). Y esa persona la puedes construir simplemente decidiendo hacer por ti todo lo que harías por la persona que amas. 


Y si al final resulta que tú sí te aceptas y te amas como eres, que estás bien contigo y compartes tu bienestar con tu pareja pero no recibes lo mismo... entonces recuerda que puedes continuar amando a la persona más valiosa que hay en tu vida (o sea tú) e invitar a tu pareja a pedir ayuda profesional para rescatar su proyecto de vida en pareja. No hay garantías de que en una pareja las dos personas siempre podrán crecer y desarrollarse juntos, porque esa es una decisión muy personal que nace desde el interior de cada uno, pero si hay disposición y amor vale la pena intentar seguir juntos conviviendo de una manera cada vez mejor, o terminar bien. 


Al final la meta es disfrutar el presente y dejar de preguntarse con tristeza y decepción "¿para qué me casé?"


Hasta luego.

miércoles, 8 de abril de 2015

Recomendación: Kuczynski, el ilustrador crítico

«Me considero un observador de todo lo que pasa a mi alrededor»
(Pawel Kuczynski)

Cada ilustración contiene una historia completa que uno como testigo puede desarrollar a su antojo. Y son historias crudas, irónicas, realistas y satíricas. La visión crítica de Kuczynski (ya casi puedo escribirlo sin revisar la ortografía) convierte sus ilustraciones en ventanas que describen la vida desnuda y eso es lo que se le agradece. Cada historia reflexiva describe una parte de nuestra sociedad, y como nosotros somos parte de ese gran ente social, también podemos encontrar algo de nuestra personalidad si hurgamos con atención en estos espejos, o más bien fotografías de la naturaleza humana. Veamos con ganas de descubrir todo lo que podemos mejorar en nosotros mismos.

Abajo de cada ilustración viene una frase que no sé quien escribió, yo recibí tanto las ilustraciones como los textos por correo electrónico y me gustaron, así que atrapé todo el paquete y ahora lo exhibo en este aparador con la esperanza de poder despertar esos sentimientos mezcla de admiración, placer y reflexión que motivan a seguir viendo el mundo con ojos críticos y, sobre todo, a revisar nuestra forma de actuar.

También coloqué algunas frases del ilustrador a modo de citas, como no entiendo ni jota de polaco y tampoco sé de buena fuente quien hizo las traducciones, debo confiar en que sí estamos leyendo frases salidas del mismísimo Kuczynski. Y como la verdad el señor dice más con sus dibujos que con palabras, ya es hora de ver esta breve selección de su obra:

Buscadores de carne para cubrir la próxima noticia.

Hay quien se pregunta el por qué existe mucha gente que continúa siendo pobre a pesar de las ayudas que reciben. Una respuesta es que sus pocos recursos les obligan a subsistir, sin poder invertirlos para mejorar.

Desde que empezó a haber líderes, tiranos, mesías y dictadores, cae uno y aparece otro, y así sucesivamente…

Jóvenes cada vez más enganchados a la tecnología, irrespetuosos, sin colaborar en casa mientras que sus madres están atadas a ellos como sirvientas.

Les enseñamos a hacer cosas distintas a su propia naturaleza por no alterar la nuestra.

Cuando dos países en conflicto hacen una tregua la paz no existe, solo la expectación por llevarse el trofeo por el que luchan.

Queremos que los animales coman de nuestra mano, vayan a donde nosotros vamos, y que solo sean otras especies bajo nuestro mando.

Usamos las redes sociales para decir en voz alta nuestros problemas y nuestros errores, buscamos el reconocimiento y el apoyo de los demás. Así nos confesamos en los albores del siglo XXI .

Leer es tedioso, ver la televisión es más fácil. La cultura de muchas personas.

¿Y tú, por quién vas a votar?

«Creo que los artistas pueden cambiarlo todo»
(Pawel Kuczynski)

Otra cara de las redes sociales, sin importar cuál sea su nombre: Internet nos ha brindado nuestra mejor arma para luchar contra las injusticias: que nuestras palabras no puedan ser tapadas por nadie.

Así se sienten estrellas, políticos y otras celebridades en su visita a la prole.

La basura a la basura

Norteamérica y los países del Prime Mundo dedican una gran parte de su presupuesto para hacer la guerra y mantener “la paz” en el mundo. Tomando el control de los países que "liberan" también obtienen sus recursos.

El motivo de todas las guerras, el poder carroñear los recursos de tu oponente.

Cuando hayamos secado nuestro planeta y talado todos los árboles ¿qué oxígeno vamos a respirar? ¿qué agua vamos a beber?

Hablar a nuestros hijos de paz sin hacerles entender qué es lo que realmente significa.

Su forma de hablar es un discurso sin contenido que siempre suena igual. No con sus palabras, sino con sus actos, nos han demostrado que no podemos creer en ellos.

La desigualdad social se hace especialmente crítica y desalentadora cuando la vemos entre niños. Millones de pequeños en el mundo realizan trabajos que muchos adultos no harían de ninguna manera.

Compañías de gas y petróleo están absorbiendo la vida de nuestro planeta. Un buen plan de marketing y de responsabilidad social corporativa bien maquillado es el telón de humo tras el que pueden continuar haciendo su lucrativa labor depredadora.

«Yo trato de convertir en dibujos mis observaciones sobre la condición humana»
(Pawel Kuczynski)

Somos esclavos de aparentar, de mostrar algo que no somos, de transformar nuestra vida en un escaparate incierto por el qué dirán.

Y así es como las consecuencias de nuestros actos van acabando con la vida de los que no tienen culpa, los animales.

Admiramos a las personas que luchan en los conflictos defendiéndonos y olvidamos de que detrás de su valor está el sufrimiento de sus familias, y de otras muchas familias desconocidas que resultan lastimadas por sus actos.

Nos vemos como gigantes, como dioses. Nosotros decidimos qué animal merece vivir y cuál merece morir. Adoptamos un rol que no nos pertenece.

Por mucho que avance la tecnología el tiempo siempre estará avanzando, minuto a minuto, segundo a segundo.

Para que haya un rico tiene que haber 1000 pobres. Excesos versus subsistencia. En el hemisferio norte hay comida de sobra para alimentar 3 veces al hemisferio sur.

Invertimos cantidades de dinero, muchas veces por encima de nuestras posibilidades, para comprar cosas que realmente no necesitamos. Cosas que con su valor económico alimentarían a familias que no serían capaces de comprender lo que hacemos.

Una boda, un acontecimiento de derroches, comidas, trajes, invitados y lujo. En esta metáfora se une por el arroz la celebración de unos frente la esclavitud obligada ante el trabajo de otros para subsistir.

Las personas son los peones de las guerras. Unidades para poner en práctica las decisiones y los intereses de los que están arriba. Sin más.

Detrás de las mayorías de las decisiones políticas de la historia siempre ha habido intereses personales. Como nos lo han querido contar es otra cosa muy diferente.

Obligados a absorber información para soltarla de golpe y no volvernos a acordar de ella nunca más.

Lo que es un juego para unos es la manera de ganarse la vida para otros.

¿Qué es el lujo? Según los recursos de las personas de las que hablemos, lo que es el lujo para unos es muy distinto de lo que es  para otros. Familias viven obligadas a repartir lo poco que tienen a lo largo de sus días.

«El arte moderno no interesa a la gente normal»
(Pawel Kuczynski)

Kuczynski tiene su página en facebook, quien quiera seguirlo y conocer más de sus ilustraciones, píquele aquí.

Hasta luego.

lunes, 6 de abril de 2015

Decidirse hacia la felicidad

"Pídele a Dios, pero no cruces los brazos"
(Gustavo Robles "El Ney")


La felicidad es un estado que resulta de nuestra actitud ante la vida y se disfruta durante sus apariciones intermitentes a lo largo de nuestra existencia. Una vez me dijeron que la felicidad es una decisión, pero yo no creo que sea así... al menos no totalmente: he intentado en vano sentirme feliz cuando tengo un problema por resolver y no lo he conseguido; tampoco he podido decidir ser feliz ante la pérdida de algún ser querido o ante un fracaso importante... Si creyera que la felicidad depende de mis decisiones, entonces hubiera terminado pensando que hay algo mal en mi persona: ¡No puedo ser feliz aunque lo he decidido!

Entonces creo que puede tratarse de una confusión: Si la felicidad es un estado que se debe construir permanentemente, a cambio tenemos opciones que sí dependen de nuestra decisión. Una de ellas es la manera de percibir la vida, nuestra actitud. Hay quienes creen que la actitud que tenemos forma parte inevitable de nuestra forma de ser, de nuestro carácter. Y en cierta forma así es: Si una persona cree que no podrá alcanzar la felicidad, tiene razón. Si esa misma persona cree que la felicidad está a su alcance, también tiene razón. Eso es lo que logra la actitud.


Cuando la actitud es honesta y viene de nuestro interior, nos permite apreciar en su justa dimensión hasta los detalles que, en oras condiciones, nos parecen insignificantes. Y lo más importante: Nos mueve a actuar. Eso es lo que hace la diferencia con una actitud deshonesta, adoptada solamente por complacer a otros. Por hacer "como si" estuviéramos convencidos.

Es como decidir dejar la pobreza y esperar que el dinero llegue solo. O decidir estar sano sin renunciar a la comida chatarra, el cigarro y la pereza. 

Es cierto que todo empieza con una decisión, con identificar qué es lo que queremos (tal como vimos en las afirmaciones positivas), pero esa decisión inicial debe tener continuidad con acciones que nos lleven a elegir constantemente lo que nos acerque más a nuestra meta personal. A veces el solo hecho de seguir este camino nos da felicidad, a veces necesitamos terminar la tarea, recorrer completamente el camino para disfrutar plenamente la felicidad acompañada de satisfacción. Y en cualquier caso, habrá una decisión que determinará la manera como se habrá de recorrer el camino y como se vivirá la culminación: vivir con actitud optimista o pesimista.

¿Y si no resulta? ¿Y si empeñamos todo en un proyecto, una persona, un destino o cualquier otra cosa y al final no encontramos ahí la felicidad que anhelamos? Entonces, lo más probable es que de verdad queríamos dejar la responsabilidad de nuestra propia felicidad en algo ajeno a nosotros mismos. Y eso significa que deberemos tomar una nueva decisión, siempre habrá tiempo para eso, hasta que encontremos la decisión que encamine nuestras actitudes hacia nuestra propia capacidad de crear felicidad. Y todavía cuando eso ocurra, tendremos la tarea de ser constantes, porque difícilmente habrá una felicidad eterna, eso nos dará la oportunidad de crear nuevos momentos de felicidad. 

Y llegando a este punto yo deseo de corazón que en sus decisiones esté siempre la de compartir con alguien más esos momentos breves o extensos, para hacerlos más grandes e intensos. Todo empieza con esa decisión de vivir con una actitud abierta.

Hasta luego

lunes, 9 de marzo de 2015

A los padres les toca formar a sus hijos

"Es más fácil quejarse que tolerar, amenazar al niño que persuadirlo."
(San Juan Bosco)

Hagamos caso de nuestros hijos atendiéndolos a tiempo y de acuerdo a su edad:

Los niños pequeños son divinos. Admiran a sus papás hagan lo que hagan y digan lo que digan, se ven tiernos y están siempre llenos de curiosidad. Si van a guardería o los cuidan los abuelos pueden llegar a sorprendernos de tan bien portados que son y entonces los papás pueden llegar a la feliz conclusión de que criar a un hijo no es tan difícil y que los niños son más inteligentes de lo que ellos pensaban, pues con un mínimo esfuerzo han aprendido buenos hábitos, buenos modales y hasta se dan el lujo de decirle a los papás algunos buenos consejos sobre su cuidado personal. Los eventos escolares son de lucimiento y gracia total.


Los niños no tan pequeños ya no son tan divinos. Dejan de ir a la guardería para entrar a la primaria y muchas veces en esta etapa ya no son tan adorados tampoco por los abuelos, que por cierto merecen un poco de descanso (aunque algunos papás egoístas digan que qué mala onda sus papás y los tachan de egoístas porque ya no quieren cuidar a sus nietos como antes). Total que ya no hay quien atienda a esos niños con los cuidados y atenciones permanentes y ante la falta de constancia en casa, la educación recibida en la escuela va dejando de ser suficiente y los papás empiezan a pensar que “sabe qué habrá pasado con este niño (o niña), ¡si antes se portaba tan bien!”. Y lo que pasa es que han dejado un ambiente de amor y comprensión para pasar a uno de exigencia y cerrazón. Tal vez las maestras de la guardería o el preescolar tenían algo de razón cuando insistían en que los papás deberían involucrarse más, y no dejar tan aislado a su hijo (o a su hija). Pero muchos papás ni siquiera se acordarán de eso, simplemente le cargarán toda la responsabilidad a su hijo y seguirán sin entender por qué antes era tan bien portado (o portada) y ahora se ha vuelto tan “malo” (o "mala").

Conozco casos extremos en que los papás llegan a decir “éste nos salió mal pero ya estamos pensando en tener otro hijo, a ver si ése sí nos sale bueno”.


¿Es tan difícil descubrir que son precisamente los papás quienes van formando la autoestima de sus hijos? Si esos niños o niñas se sentían acompañados, escuchados y comprendidos en la escuela, con los abuelitos o cuando los papás vivían juntos, obviamente no se convirtieron en “malos”, sino que siguen necesitando aquello que les sirvió en sus primeros años de vida: Amor y aceptación. Pero no se los dan en casa.

"Hay dos legados perdurables que podemos transmitir a nuestros hijos: Uno son raíces, el otro son alas."
(Hodding Carter)

Cuando los niños dejan de ser niños, definitivamente les queda muy poco de divinos. Se convierten en adolescentes, si asumimos que los papás o las personas con las que se se han criado les dieron señales de amor y no solo de disciplina, estos niños llegaron a una adolescencia más autoafirmados que si hubieran crecido con el estigma de “tan bonito que era de chiquito, y ahora ve nomás en qué se ha convertido”. Todavía le queda otro reto por superar a los nuevos adolescentes (no, aquí no voy a decir “y adolescentas”, eso es una aberración y un insulto al idioma), y es que habrá algunos papás que comiencen a tratar a sus hijos de esta edad (más o menos a partir de los 12 años) como si ya fueran gente grande. ¡Vamos! Es volver a repetir la historia, como si ahora que salen de la primaria ya hubieran aprendido todo lo que necesitan de la vida en la escuela y cómodamente se pudieran despreocupar de sus hijos porque ya adquirieron suficiente criterio.

Pero no es así. En la adolescencia se va afirmando el pensamiento más realista por encima del pensamiento más fantasioso e imaginativo de la infancia, pero los muchachos adolescentes aún son chicos, no han terminado de formar su criterio y suelen necesitar apoyo para tomar sus decisiones más importantes. Ellos mismos ya no quieren estar tan apegados a sus papás y por ende forman alianzas más profundas con sus amigos, en estas alianzas a veces hay rebeldía hacia lo que han vivido en casa y en otras ocasiones hay una confirmación de los valores y creencias adquiridos, pero esto no significa que a los papás ya se les acabó su responsabilidad. Los adolescentes necesitan afirmar su propia personalidad y encontrar un modelo de quién y cómo quieren ser, por eso es muy importante hacerles saber que no están solos y que cuentan con su familia igual que siempre. No importa si su familia nuclear es solamente de una persona o si son 10, para el adolescente (y para todas las personas) es de vital importancia saber que forma parte de ese grupo, que se le quiere, se le ama y se le reconoce lo que está haciendo por su cuenta, que es escuchado y también que les interesa hablar sobre lo que hace, dice y piensa. De esta forma podrán ir asumiendo responsabilidades apropiadas a su edad y enfocar su camino hacia la juventud de una manera más creativa y productiva.

Eso sí: Si su hijo o hija ya tiene 25 años o más y lo siguen viendo como algo divino que no debe hacer nada ni esforzarse, estamos ante una situación crítica que deben solucionar los propios padres: A esa edad ya no son niños ni adolescentes, son adultos hechos y derechos, y si los papás permiten que vivan sin hacer algo productivo los están perjudicando y también se están perjudicando ellos mismos.

"Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo que tener un piano no lo vuelve pianista."
(Michael Levine)

Pero volviendo al tema de la infancia y la adolescencia, quiero recalcar que con cada cambio los niños pierden algo; si cambian de escuela pierden amistades, maestros, lazos afectivos y a veces proyectos con personas que aprecian. Si cambian de casa igual pero en una escala mayor porque prácticamente cambia todo su mundo, sobre todo si convivían mucho con familiares que después no podrán visitar con la misma frecuencia. Si los papás se separan también cambia todo su mundo, y más cuando uno de ellos o ambos dejan de demostrarle amor por involucrarlo en los problemas de pareja (los hijos no se deben “divorciar” de los padres), o cuando uno o ambos padres tratan de usar a los hijos para enviarle mensajes directos o indirectos a la ex pareja. Si fallece un ser querido, si nace un nuevo hermano (o hermana, aquí sí lo digo, je, je), si llega o se va una mascota…


En todos los cambios, los niños y adolescentes viven la situación de una manera muy distinta a como lo vivimos los adultos, y si para los grandes es difícil entender y manejar los sentimientos que se vienen con estas situaciones, para ellos es todavía más complicado y les será de gran ayuda ser escuchados en sus dudas, sus reflexiones, sus miedos y sus conclusiones personales (tratarán de explicarse lo que ocurre, a su manera). SI no ocurre que haya esta comunicación con la gente adulta que los cuida, podrían quedarse con explicaciones fantasiosas o mágicas del mundo donde habitan, y esas creencias pueden quedarse por mucho tiempo, aún siendo adultos.

Los papás son los responsables de formar a los hijos, no las escuelas ni los parientes. Si en algún momento se sorprenden pensando “¿qué le habrá pasado a mi hijo (o hija), si antes era tan buena persona y ahora ya no?” ¡cuidado! Es una señal de alerta para detenerse a revisar qué estamos haciendo con la vida de nuestros hijos, qué les estamos inculcando y cómo lo estamos haciendo.

Hasta luego. 

sábado, 7 de marzo de 2015

Descubrir



Cuando nos encaminamos hacia nuestro camino de desintegración, hacia nuestra parte malsana, se reducen mucho nuestras opciones, dejamos de descubrir hasta las cosas más obvias y aprendemos a ver únicamente los defectos y las partes negativas en todo el mundo, incluidos nosotros mismos.

Cundo nos enfocamos hacia nuestro camino de integración, hacia nuestra parte más sana, somos capaces de crear y de descubrir cosas nuevas. 


La ciencia nos permite hacer descubrimientos prácticos acerca de nuestro mundo, de nuestras relaciones, de nuestra salud o de otros mundos. Cuando descubre algo lo observa, lo prueba, le aplica el método científico, se da cuenta de que es posible reproducir ese descubrimiento de X manera y entonces lo divulgan. Algunos descubrimientos producen nuevas tecnologías, algunos permiten entender mejor nuestro entorno, nuestro origen o nuestro futuro, y algunos más vienen a darle al traste a otros descubrimientos anteriores. La ciencia produce conocimiento, lo comparte y de alguna manera va unificando la visión del mundo.


El arte y la creatividad también ayudan a descubrir un mundo diferente de todos los demás, este descubrimiento también empieza dándose cuenta de algo que antes no se había percibido aunque ese algo tal vez siempre estuvo ahí, y una vez que se hace ese hallazgo se comienza a experimentar sobre él hasta conseguir darle una forma o cuerpo, hasta expresarlo de una manera personal. Entonces es posible entender un poco más el propio mundo, a veces es posible incluso transformarlo a partir de uno de estos descubrimientos producidos por la creatividad, la imaginación y la flexibilidad. Por eso es importante dedicarnos un poco de tiempo y hacer caso a las ocurrencias que aparecen de vez en cuando, aparentemente de la nada: podemos descubrir cosas insospechadas.


Es posible seguir descubriendo cosas, ampliando el mundo. Cada uno tiene la capacidad y la decisión de construirse o de destruirse.

Hasta luego.

domingo, 1 de marzo de 2015

La necesidad de ser amados

"La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros."
(Paul Claudel)


La relación de pareja se basa en la reciprocidad. En la capacidad de dar y recibir no solamente amor, sino también opiniones, tiempo, atención, cuidados, espacio, confianza, libertad, caricias y todo lo que se puede compartir en una relación. 



Si uno da un "sí" encuentra el eco en su pareja, y ese eco no es necesariamente otro "sí" incondicional, sino una respuesta honesta, porque ser recíprocos no significa vivir al pendiente de lo que me da mi pareja para corresponderle de inmediato con lo mismo. Eso sería más bien vivir con una deuda emocional permanente. 

Vivir una relación de amor recíproco es una actitud. Un estar dispuestos a corresponder sin entrar en competencia con la pareja. Si llegamos a ese nivel podemos decir que estamos en una relación sana y madura, cubriendo una de nuestras necesidades más básicas:

Todos queremos que nos amen, es una necesidad natural y legítima en los seres humanos (y también en muchos animales y plantas). A lo largo de nuestra vida pasamos por distintas formas de satisfacer esta necesidad, y así es como aprendemos a relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.


Los niños desean TODO el amor para ellos solitos, sin compartirlo con nadie. Y no el de una sola persona, sino el de todas las personas que ellos aman. Obviamente estamos ante una situación imposible, pero ¡bendita inocencia! los niños de verdad desean ser amados así.

Los jóvenes se miden mucho más, dependiendo de su entorno familiar y de sus amistades han aprendido que no pueden ser dueños de TODO el amor de la gente que les atrae o que aman, y por si fuera poco, también se han dado cuenta de que no pueden tener la exclusiva en el corazón de nadie (aunque entre los jóvenes y adolescentes es muy común jurarse amor eterno y también jurar que entregan el corazón a una sola persona... deben ser los restos de aquel deseo de amor infantil).

Los jóvenes que no asimilan su necesidad de amor como algo natural, sano y totalmente realizable comienzan a vivir esa necesidad con culpa, como si fuera algo vergonzoso. Esto los puede llevar a uno de dos extremos: O inhiben sus manifestaciones de cariño y sensualidad o dejan salir de manera impulsiva y descontrolada esas mismas manifestaciones... Ningún extremo es bueno, en realidad.


Y los adultos... Bueno, idealmente un adulto ya asimiló las etapas anteriores y asume su necesidad de ser amado de una forma objetiva y realista. Dice Eva Pierrakos en su libro "Del miedo al amor" que un adulto más o menos sano termina por llegar a unas conclusiones parecidas a estas:

"No puedo ser amado como yo quería cuando era niño".

"Nadie en su sano juicio me va a dar exclusivamente a mí TODO su amor y su afecto".

"Tengo derecho a ser amado".

"Estoy consciente de que todas las personas sentimos afecto por otras personas, aún cuando tengamos una pareja".

"Yo seré amado si aprendo a amar sin culpas".


Y así debe ser. Sin embargo no siempre llegamos en automático a este tipo de conclusiones, y muchas veces (aunque no siempre) pasamos buena parte de nuestra vida adulta viviendo nuestras relaciones desde un amor inmaduro:


"Es más fácil quedar bien como amante que como marido; porque es más fácil ser oportuno e ingenioso de vez en cuando que todos los días."
(Honorato de Balzac)

Aceptar "genéricos intercambiables" en vez del amor auténtico nos hace sustituir el amor por otra cosa, por ejemplo aprobación, y podemos ir por la vida buscando que otros aprueben lo que hacemos, decimos o pensamos para sentir que somos queridos, pero esto no satisface la verdadera necesidad y por el contrario, nos envuelve en un deseo permanente de probar a otra gente que sí somos valiosos... ¡complaciéndola a costa de nuestras propias necesidades! Para superar esta actitud, el adulto debe asumir una verdad sencilla, aunque al principio puede parecer amenazante:

Hay gente que te ama como eres y también hay gente que elige no amarte. Eso nos lleva a otra forma inmadura de vivir el amor:

Forzar a la gente a que te ame. En este punto los adultos se han convertido en expertos manipuladores que saben cómo chantajear a los demás para que den señales de aprobación, de cariño, de solidaridad o de lo que sea, al cabo lo importante es que se interesen en uno. Pero esta forma de vivir el amor tampoco da una satisfacción plena, detrás del logro manipulador queda la duda de si en verdad te aman o solamente responden a tus estrategias para ser querido. Forzar a que te amen de esa manera es una trampa hedonista y subjetiva, donde uno solamente ve las necesidades y deseos propios sin atender a los de la otra persona. Eso no es amor, es manipulación, y funciona para conseguir algo pero no garantiza que llegues a ser querido.


En los dos ejemplos anteriores, la persona es incapaz de ser recíproca en sus relaciones, pues al conformarse con algo que solamente parece amor también tiene la excusa perfecta para dar solamente algo parecido al amor. Y al exigir amor, se distancia totalmente de la libertad que existe en las parejas sanas. Como sabemos, el amor no se puede exigir, sino que se debe ganar, al igual que la confianza o el respeto.

El camino para saber que somos amados en verdad es confiar. Dejar ser. Romper el círculo vicioso de de anhelar ser amado sin ser capaz de dar amor.

El amor es una decisión. Para que sea recíproco y duradero debe ser una decisión de dos personas y no solamente de una.


"El verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es."
(Jorge Bucay)

Aprender a amar de una forma madura y responsable es estar dispuestos a soltar el miedo o terror a ser rechazados. Este miedo heredado desde la niñez es la causa de no atreverse a dar amor. Solo cuando soltamos ese miedo podemos estar dispuestos a amar.

Y eso hace un cambio radical en la forma de desenvolverse en el mundo: Cundo decides amar en lugar de exigir que te amen, dejas de mostrar lo peor de tu persona, como los celos, el sentirte dueño de tu pareja, pedirle que cambie para darte gusto, hacerle berrinches y otras cosas así.

Exigir amor es centrarte en las cosas que no funcionan y en las señales de rechazo (aunque no sean reales).

Estar dispuesto a amar abre la percepción y permite aceptarnos tal como somos, uno mismo y los demás también. Estar dispuesto a amar es la mejor manea de ser recíprocos en la relación, sin competir ni esperar una recompensa por amar, y sin vivir en el eterno temor de ser rechazados o abandonados.

Hasta luego.