domingo, 14 de marzo de 2021

Cintura

 Cintura


Pasadizo a mitad del cuerpo,

túnel que une tu parte

más primitiva

con la más racional,

por ella circula

el alimento

para convertirlo

en nutrientes o

desecharlo si no es

útil para la vida.

 

La cintura es el túnel

Indispensable

para el paso de la vida:

mantenla ligera,

no la hagas pesada.

 

En su estado sano

la cintura es ágil,

esbelta y fuerte,

en uno descuidado

la cintura crece tanto

que ya no es un túnel

sino una montaña

con una gran caverna

y su agilidad y fuerza

se transforman

en pesadez y debilidad.


viernes, 12 de marzo de 2021

Cerebro

 Cerebro


Una masa gelatinosa.

No, una nube encerrada en el hueco óseo de las alturas, y cuelgan de ella los nervios y relampaguean ocurrencias intermitentes como rayos que iluminan la noche mental, saltando de pensamiento en pensamiento, de fantasía en fantasía, de idea en idea y con frecuencia chocan y se revuelven en tormenta eléctrica con cruce de corrientes en busca de claridad y dirección para todo el organismo del que se siente responsable porque entre tantos pensamientos el cerebro también piensa que es el jefe de todo este cuerpo físico, emocional y espiritual.

El cuerpo lo deja ser, lo alimenta, lo sostiene, lo mueve y lo protege y a veces hace como que le hace caso para que esté tranquilo y siga pensando que piensa lo mejor para él y para todos, aunque a veces piensa sobre todo que el corazón, las manos, los ojos, la boca, los pulmones, el estómago, la boca, el esqueleto y en una palabra, todo su ser, están ahí para que él esté bien, error del mal jefe que olvida su deuda de gratitud con quienes trabajan no para él sino con él. 

El cerebro también cree en las corazonadas, la intuición y otras señales que le ayudan a elegir lo mejor en cada situación, como buena herramienta aprende y registra todo lo que los sentidos le pueden informar.

Piensa, piensa, piensa.

El cerebro es el trabajador de una persona que a veces lo obliga a interpretar la realidad en vez de aceptarla tal como es. Tampoco es el dueño de la inteligencia como mucha gente y él mismo piensa: esa solo la tiene el cuerpo completo, en sus 3 niveles.

El cerebro, la nube vive y mientras vive seguirá relampagueando y dejando caer su lluvia de ideas que después regresan como el agua cuando se evapora y también le enseñan a aprender y reaprender para que llueva nuevo alimento, para que florezca la inspiración, el pensamiento, la fantasía y las ideas sin fronteras ni límites entre ellas. 

Su lluvia riega los campos fértiles de la palabra y las acciones encaminadas por cada pensamiento, idea o decisión.


martes, 9 de marzo de 2021

Cuento: La nueva tierra, parte 3

 Ver Parte 1

Ver parte 2


Noticias lejanas 

La nueva Tierra, parte 3


Desde que me acuerdo, la gente que huye de la pobreza trata de emigrar hacia el norte, no importa si es en América, en Europa, en África o en Asia, la gente de abajo trata de ir hacia arriba; sin embargo, esta es la primera vez hay fenómenos migratorios cruzados: unos migrantes van hacia el norte mientras otros recorren el camino a la inversa, desplazándose hacia el sur como aves escapando del invierno. ¿Qué está pasando?

Todos venimos de otro lugar. Los noticieros reportan situaciones absurdas en las fronteras de algunos países, entre ellos México y Estados Unidos, donde se observan campamentos y refugios de migrantes detenidos a ambos lados de la frontera porque todos quieren cruzar al otro lado en busca de la tierra prometida, y a todos les niegan el paso porque en ambos países somos muchos, hay demasiados enfermos y no hay trabajo suficiente.

Esas notas me preocupan, pero también tengo buenas noticias: hoy me llegó carta de Lily, mi migrante querida. Cuando volví de la universidad mis tíos me la dieron y me fui rápido a mi cuarto para leerla (ya no duermo en el sofá). Me emociono bastante porque hace más de un año que no recibía carta suya y leerla es casi como hablar con ella:

“…Estoy con mis dos hijos y estoy muy contenta viéndolos crecer, Tomás salió enfermizo, pero es muy acomedido y de carácter alegre, y Liz es igual de creativa y ocurrente que mi mamá, cuando conozcas a mis cuatitos te van a caer muy bien. Te cuento que ya tengo un trabajo ayudando a vender comida en una fonda, es algo sencillo y no gano mucho pero ya puedo ayudar con algo a doña Chayo, la mamá de Toño, ya ves que siempre se ha portado muy bien conmigo y cuando no trabajaba me sentía inútil y me daba vergüenza con ella, además ahí en la fonda como y le traigo su itacate a los niños, así que estoy a gusto. Toño le está echando muchas ganas para poder poner un negocio propio, todavía no sabe si va a ser un taller, porque le sabe a la mecánica, o si se va a dedicar también a vender comida, ya veremos. Dos hermanos de Toño pudieron pasar al otro lado hace como medio año y están trabajando a escondidas en un rancho cerca de San Antonio, les está yendo bien y cuando pueden envían dinero para su familia ¡pobres! Dicen que casi no descansan, todo el día trabajan, comen bien poquito y ni modo que vayan a quejarse a algún lado, porque los deportan. Pero están ganando bien, eso sí, y no se les olvida su gente, porque además de enviarles dinerito están hablando con los capataces del rancho para que le den trabajo a todos sus hermanos y parece que sí se va a poder. Si lo consiguen, se van a ir yendo de a poquito.

Toño se quiere ir también, no es nada de atenido y ya no quiere que ellos le estén mandando dinero, dice que mejor lo pongan donde hay, pero yo ya le dije que si él se va yo lo acompaño, me da miedo quedarme aquí sola sin él, nada más pidiéndole a Dios que lo cuide y preocupándome por saber si le estará yendo bien. Prefiero estar con él, si podemos pasarnos al norte y empezamos a trabajar los dos, en pocos años juntaremos suficiente dinero y nos podremos regresar para que ponga su negocio, no importa que nos llevemos buenas friegas trabajando todo ese tiempo. Tendría que dejar a mis niños encargados con doña Chayo, pero bueno, ya veremos qué pasa, ahorita ni me preocupo de eso porque ni siquiera sé si se va a hacer o no.

Bueno, hay muchas otras cosas que quisiera platicarte, pero ahorita esto es lo que se me hizo más importante que supieras. Diario les enseño a mis niños unas fotos que me traje donde te ves tú y les platico de ti para que te conozcan, pero ya ni te has de parecer al de esos retratos, son de cuando estabas chico y ya pasó el tiempo, si puedes me mandas unas fotos más recientes, sirve que yo también me entero de qué tan feo o guapo te pusiste. Mis hijos sí están bien bonitos, ¿a poco no?

Salúdame a mis tíos, diles que estoy muy agradecida con ellos por lo bien que te han cuidado, no como yo, que nunca pude traerte conmigo como te dije que lo haría. También salúdame a mi papá, le he mandado muchas cartas pero no me contesta, me imagino que sigue tomando mucho, ¿verdad? No importa, si un día está bien va a poder leer todo lo que le he dicho en mis hojitas que le mando de vez en cuando. Cuídate mucho, escríbeme. Te quiere tu hermana Lily.”

Leo y releo la carta completa como 4 o 5 veces, después me entretengo mirando unas fotografías que venían en el mismo sobre. Ahí están ella, sus hijos ¡mis sobrinos!, Toño que ahora parece un señor y se dejó crecer unos bigotes que en vez de hacerlo lucir mayor lo hacen verse chistoso, y por ahí se ven más personas de su familia y amigos, todos humildes pero contentos… yo estoy sonriendo desde que vi la primera imagen. Guardo en mi colección de momentos, con todo cuidado, las sensaciones que me producen la carta y las fotos y poco a poco me duermo, pensando en lo que le escribiré para responderle. Definitivamente no le voy a platicar que mi papá está desaparecido… o muerto. No quiero mandarle una preocupación más.

Lily está bien, eso me da una tranquilidad indescriptible, pero no he sabido nada de mis otros hermanos. ¿Estarán bien? ¿Seguirán vivos? ¿Y si han enviado cartas a la casa de mi papá, igual que Lily? Si es así, nunca les van a contestar, pero sería una buena señal de que siguen en este mundo. A veces me dan ganas de darme una vuelta por el pueblo, a ver si me entero de algo o si puedo recuperar las cartas de Lily por lo menos, pero no puedo engañarme, ya casi no hay conocidos ahí, todos se fueron a distintos lugares, aquí cerca viven los hijos de don Jacinto y nos saludamos bien, sobre todo me llevo bien con Zac, es de esos amigos que me levantan la moral cuando me lo encuentro y sabe mucho de informática, o al menos sabe más que yo, él platica siempre cosas como esta:

- ¡Hola Jacobo! ¿Ya tienes tu cuenta de correo electrónico?

- ¿Qué onda, Zac? Sí, te la paso, tú también pásame la tuya, ¿va?

- Órale, ahí te va… ¡No es cierto! Ya me acordé que ya tengo tu cuenta y que a cada rato mandas presentaciones, textos, dibujos y hasta canciones. Nada más que me da flojera contestarte, pero sí he visto tus correos. ¿Sabes qué? cuando puedas métete a hacer un blog, eso es lo más chido ahorita, puedes dejar tus mensajes en la red y los ve mucha más gente… Ahí puedes recibir comentarios de todos los que te lean, eso hace más interesante intercambiar ideas y cosas en la red mundial. Vas a ver que con el tiempo los blogs van a reemplazar a las revistas, podrás poner fotos, dibujos y enlaces a otras páginas…

- Eso se oye bien, después te busco para que me digas cómo se hace, ¿va? Porque tú le hallas muy bien a todo eso de las computadoras, pero yo soy un simple mortal.

- No te subestimes, mi buen, la neta eres un mortal muy complicado.

Ése es Zac, y siempre está dispuesto escuchar y darle un buen consejo a cualquiera que se le acerca. De hecho, a mí siempre me aconseja lo mismo:

- Jacobo, no vayas a regresar a tu pueblo, yo también extraño mucho mi lugar, pero la última vez que fui me puse muy mal, yo creo que si vas, por lo menos te va a dar mucha tristeza cuando lo veas… y tu casa. Nada más me lo imagino y me da mucho coraje.

No tengo palabras para responderle, a veces le agradezco la advertencia y otras veces me enojo y por el mismo coraje no puedo hablar. El destierro duele, aunque la tierra que me adoptó me trata tan bien, no sustituye a la familia que tenía.

Los noticieros traen de aquí para allá imágenes y relatos impactantes, tantos y tan terroríficos que al final nos estamos acostumbrando a vivir entre historias de miedo, todavía hay gente que piensa que todo eso ocurre muy lejos, y si no pasa aquí, pues no hay problema. Pero yo sí me preocupo, antes pensaba así y fue muy duro darme cuenta de la realidad y peor aún enfrentarla, cada noticia que me llega, cada video o testimonio me recuerda a mi gente, al pueblo que se está escondiendo en mis memorias. Las noticias vienen de todas partes, como si en todos los países faltara trabajo y comida:

Caravanas de gentes desesperadas abandonan su hogar y todo lo que tienen, se desplazan de un lugar a otro pidiendo ayuda, por el camino algunos se quedan en las ciudades por donde van pasando pero no todos consiguen trabajo, a los que no tienen suerte se les puede ver mendigando una moneda o cualquier ayuda en las esquinas más transitadas, y poco a poco se van convirtiendo en parte del paisaje urbano, porque cualquier lugar es bueno para vivir cuando el hogar está afuera, debajo de los puentes, en los parques públicos, en terrenos baldíos, en autos abandonados, cualquier lugar es bueno para dormir y descansar, aunque ellos no descansan porque siempre se preguntan si toda su historia habrá sido un sueño y nada más. Los que han conseguido trabajo se esfuerzan por establecerse, los residentes también se han acostumbrado a convivir en el trabajo y en la escuela con personas que llegaron de los lugares menos imaginados, pero hay gente que no los quiere.

Los que ya vivían en las ciudades y tienen ahí su empleo, ven con malos ojos que vengan personas de otras partes a buscar trabajo con tanta desesperación, tienen miedo de que se vayan a quedar con los puestos que, según ellos, únicamente deberían ocupar las personas que nacieron aquí y los hijos de los que nacieron aquí. Con este razonamiento y además con el pretexto de que los que vienen de fuera son “gente mala y sucia”, la mayoría de los habitantes de cada ciudad se unen en una grotesca campaña de rechazo sin necesidad de decirse nada ni ponerse de acuerdo. La discriminación se muestra en su fobia más cruel y despiadada entre la gente de estos pueblos que todavía se dicen hermanos. Se llama xenofobia.

En el fondo todos piensan igual que yo: todo está cambiando muy rápido, tan rápido que no alcanzamos a entender lo que pasa, y atrás de todo el odio de los residentes hay mucho miedo a lo desconocido y un gran deseo de que nada cambie, que las cosas sigan como eran antes. Si nos asusta lo nuevo nos refugiamos en el pasado, porque es el lugar más conocido y familiar… el único inconveniente es que ese lugar ya no existe.

- - - - - -

Sigo investigando todo lo que puedo para encontrar a mi papá y ahora es más difícil porque el pueblo ya es un lugar extraño y el tiempo sigue adelante, incansable. Yo sí me canso, pero no me atrevo a detenerme, me siento culpable si descanso, aunque sé que no puedo hacer nada más. Es por eso que los fines de semana cuando regreso de mis búsquedas me entretengo lavando ropa, barriendo, haciendo quehaceres para ocuparme y sentir que hago algo útil, hasta que dan las 12:00 de la noche. Todos los sábados a las 12:00 me pego al teléfono y Pepe me da su informe semanal, que siempre termina más o menos así:

- … y nadie sabe nada de tu papá, pero voy a seguir indagando. No vengas, ya casi no hay nadie conocido por acá.

- Gracias Pepe. Entre semana fui a la Procuraduría para seguir insistiendo con la investigación, pero no noto avance, se me hace que ni me hacen caso.

- Tú sigue insistiendo, y ve a otras procuradurías, junta algo de dinero y ve a México, allá está todo, te van a poder ayudar.

Más o menos sobre esas ideas se va la mitad de nuestra plática, después hablamos de nosotros, Pepe me regaña por pasarme el sábado y el domingo como amo de casa, enfocado en estar ocupado en lugar de hacer algo productivo y terminamos hablando del tema inagotable entre dos amigos: las chicas, aunque debo reconocer que ni Pepe ni yo somos lo que se dice unos galanes con las mujeres, generalmente nos gana la timidez, pero ambos tenemos mucha imaginación. Tristemente, la incipiente tradición de nuestras charlas telefónicas termina de manera prematura, un sábado a las 12:00 suena el teléfono como siempre, pero Pepe no llama desde su casa, está en Hermosillo y me platica que al amanecer se irá a la frontera, a Tijuana, y que después me vuelve a llamar cuando ya esté del otro lado.

- Cuídate, Pepe. Hay muchas chicas esperando conocerte, no las vayas a dejar plantadas.

- ¡Claro que no! Por eso voy al otro lado, esas chicas son gringas y hay que ir a buscarlas… Te voy a llamar o a escribir en cuanto me instale allá. No te preocupes, dice mi papá que un compadre suyo le va a ayudar a pasar y a encontrar trabajo, ¡hasta nos va a dejar quedarnos en su casa!

- Te va a ir bien. Ponte bien listo.

- Ya estás.

Se va mi amigo y su partida me duele, pero ya no tanto. Me he hecho a la idea de que no debo apegarme mucho a la gente que quiero y además me da gusto saber que se va por su voluntad y hacia un destino más o menos planeado. El tiempo sigue fiel a su hábito y no descansa jamás, es un vehículo que nunca se detiene, en él viajan las transformaciones de todo tipo.

Hoy es sábado y ya dejé de salir a buscar a mi papá. Es difícil, pasé varios meses visitando los pueblos vecinos, las comisarías, los refugios para indigentes y nada, de repente nada más algunas risotadas y burlas de los narcos que están en mi casa y que a veces se me emparejaban en la calle, arriba de su camioneta.

- ¿Qué, morro?, ¿no has visto a tu jefe?

- Ve a la policía, carnal, ponlos a trabajar, ¡que te ayuden a buscarlo!- y se alejan por las calles del pueblo riéndose ruidosamente.

Dejé de ir, ahora todo es por teléfono, llegaron fines de semana de puro sufrimiento y no quiero ni salir de la casa. Solamente salgo cuando alguien me hace llegar alguna noticia que de verdad me dé esperanzas, pero cada vez son más escasas, o yo más escéptico. O más cruel conmigo.

Aún no puedo perdonarme por no haberlo cuidado, por estar vivo y sano mientras él… No sé cómo está él, pero aun sin perdonarme ya quiero vivir. No sé si lo merezco, pero estoy vivo. Hoy, después de muchos meses de aislarme, me decido a pasar un rato en la noche fuera de casa, empecé a salir con 2 amigos que conocí en el trabajo y hasta mis tíos pusieron cara alegre cuando les dije que iba a darme la oportunidad de conocer gente y lugares fuera del trabajo.

La vista del atardecer sobre la ciudad desde el Cerro de la Reina, allá por donde nacen los días, es impresionante, el sol cae en cámara lenta mientras se va envolviendo en nubes de fuego color naranja, rosa, violeta, amarillo y rojo, todo enmarcado en un blanco brillante que se vuelve dorado lentamente, opacando al azul natural del día y cuando nuestra estrella está a punto de hundirse, los colores de las nubes se apagan y se convierten en morados y rojos oscuros, casi negros, con sus filos contrastando en un delgadísimo brillo blanco aún más claro, hasta que todo queda en tinieblas, entonces las estrellas se atreven a asomarse tímidamente allá muy arriba, donde no alcanza a cegarlas el reflejo de las luces citadinas. Yo miro absorto el espectáculo, como si estuviera viendo una buena película, a mi lado están recargadas unas cervezas y una pequeña bocina bluetooth me canta con fuerza… ¡Cómo quisiera tener a alguien con quien compartir este momento! Se supone que estoy acompañado, pero mis amigos vienen con sus novias y están ocupados en cosas más interesantes que ver la puesta del sol. En fin, por el momento prefiero estar aquí junto a estas parejas que quedarme solo, la soledad nada más me ha servido para darle vueltas a los mismos pensamientos… ¿A quién se le ocurre salir con dos parejas de enamorados y pensar que le van a hacer caso? Pero bueno, disfruto estar aquí, salir los sábados, aprender a vivir sin culpa por vivir. Eso es lo más importante hoy y siempre.


Hasta luego.

Ver parte 4


lunes, 8 de marzo de 2021

Cabeza

 Cabeza


La cabeza dirige

de acuerdo a lo que sabe,

y filtra todo

lo que no entiende

en pensamientos,

sensaciones

y emociones,

la cabeza no es sabia

a veces no filtra

lo que daña a su ser,

siempre está en riesgo

de escoger lo que le gusta

o no requiere esfuerzo

pero siempre busca

lo que cree

que le hace bien.

 

Torre de control,

centro que percibe

la luz y las formas,

el sonido y los olores,

lugar donde llegan

todas las sensaciones

y del que salen

todas las instrucciones

a veces globo volando

para donde sople

el viento y las tendencias.

 

Los hombros cargan

ese mundo con cuidado,

para que no se caigan

 los sueños, los planes

y las ideas que en él habitan.


sábado, 6 de marzo de 2021

Cabellera

 Cabellera


Las cabelleras que ondean al aire son banderas rebeldes, deshiladas en señal de desafío, alegría y coqueteo a la vida.

Las cabelleras recogidas con orden y mesura anuncian el cuidado de uno mismo y el alineamiento social.

Y en las cabezas sin cabellera, la fuga total o parcial del cabello trata de inhibir la demostración de cualquier conflicto físico, emocional o espiritual.

El cabello dice algo y su ausencia también, lleva puesta la memoria de nuestra vida anterior, cuando éramos animales cubiertos peludos, espontáneos y libres.

Es la corona de libertad que adorna la cabeza de las personas como parte de su carácter y de su actitud, no importa si es rebelde e indomable, o elegante y glamorosa. 

Algunos ven en la calvicie o las canas señales de vejez o de una vida reprimida, pero el cabello siempre respeta la libertad y representa el ejercicio de la voluntad, aún si decides quitarlo o si él se pinta de blanco, o si se va.

Es un espejo de cada etapa vivida: mientras más color tiene, mejor es la etapa. Incluso las canas y el pelo albino son de un blanco brillante cuando se viven buenos momentos.

Hasta luego.

jueves, 4 de marzo de 2021

Brazos

 Brazos


Los brazos son largas extensiones

del cuerpo que rematan en su extremo

con otras cinco extensiones y se estiran

para alcanzar a quien se aleja

o para marcar distancia,

o para empujar a quien molesta

o para saludar de lejos

agitándose para decir “aquí estoy”.

 

Los brazos también se doblan,

contraen su larga medida

y entonces sirven para atraer

lo que queremos, lo que necesitamos,

sirven para abrazar,

para aferrarnos a la vida

y gracias a sus pequeñas extensiones

podemos jugar, escribir,

acariciar, arañar, hacer y deshacer.

 

Cada brazo sostiene nuestros actos,

no cargándonos como las piernas

sino a través de sus esfuerzos.

 

Dos brazos, ¡qué cosa!


domingo, 28 de febrero de 2021

Boca

Boca


La boca es maestra versátil en muchas artes, lo suyo es la expresión y aunque esté cerrada dice algo si sus labios se curvan hacia arriba, hacia abajo, se estiran con sorpresa o se quedan inmóviles.

 Habla de amor cuando envías besos o los entregas a otra piel, calla a otros si la cubres con un dedo, y deja salir tu alegría, tu ira o cualquier otra emoción con sonidos bajos, medios y altos.

Por la boca viaja igual la risa, los gritos, los murmullos, las quejas, los suspiros, la pasión, el dolor y las palabras llenas de ideas, recuerdos, nombres, lugares, sueños, historias, planes y a veces también muletillas aburridas y mecánicas.

Es un importante órgano de placer y por eso es el centro del gusto para saborear otras pieles, otros sabores y las delicias de comidas y alimentos, que la acarician con distintas sensaciones.

La boca, centro del deseo o del rechazo, tal vez tiene más poder que los brazos para atraer o alejar a los demás.

domingo, 21 de febrero de 2021

Pies

Pies


Los pies son la parte más realista de una persona cuando están bien puestos sobre la tierra.

Allá en el extremo sur, los tallos de tu cuerpo terminan en un par de plantas que tienen grabado el mapa de tu interior y sostienen con humilde fortaleza todo el peso de tu ser.

Los pies, dueños de infinita sensibilidad y firmeza, igual son pilares que te sostienen o viajeros constantes que paso a paso imprimen en tus caminos más huellas de las que podrás contar. 

lunes, 15 de febrero de 2021

Esqueleto

 Esqueleto


Recordatorio de la muerte que habita dentro de tu cuerpo, calavera siempre sonriente sin importar lo que su dueño siente.

Colección de huesos acomodados en un rompecabezas bien armado.

El esqueleto es la estructura que da seguridad a la fuerza

de tus músculos y permite la soltura y movimiento de tu ser.

Protector discreto e invisible que cubre sin distinción a los órganos blandos en tu interior.

Es la dureza que sostiene tus carnes y al mismo tiempo se protege con su suavidad.


jueves, 11 de febrero de 2021

Cuento: La nueva tierra, parte 2

Ver Parte 1


Adiós, papá


 La nueva Tierra, parte 2


Vivo en Guadalajara, en la casa de mis tíos, una pequeña vivienda de fachada color blanco con rojo al sur de la ciudad con sus recámaras, un baño, sala comedor y lo que más me gusta: un patiecito lleno de macetas y plantas bien cuidadas para aferrarse con ellas a su anterior vida en el campo; en la parte de enfrente tiene una banca donde a veces salgo a tomar el sol mientras leo o me tomo un café y también tienen una tienda donde se vende de todo... al principio extrañaba mucho el patio grande que tenía mi casa del pueblo, pero pronto me acostumbré. Ellos me pidieron que me quedara a acompañarlos en esta casa, yo acepté y me sentí aliviado porque en realidad no tenía a dónde ir y no conozco a nadie más en este lugar, así mi vida se ha ido haciendo más tranquila con la rutina de estas buenas gentes. 

A pesar de estar en una ciudad, el mundo parece más pequeño ahora que cuando vivía con mi papá, de lunes a viernes todos los días son iguales: por las mañanas le ayudo a mis tíos trabajando en su tienda, por las tardes me voy a la escuela a estudiar y por las noches les ayudo otro rato en su tienda, después me voy a mi cuarto o a veces me quedo dormido en el sofá. Como, visto y vivo agradecido con mis tíos, les ayudo y sé que soy afortunado porque conozco muchas historias de parientes y amigos que llevan años vagando de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, y no consiguen establecerse. Familias enteras que un mes te pueden enviar una carta desde un domicilio en Michoacán y la siguiente, 2 meses después, te puede llegar desde Zacatecas, Nuevo León, Oaxaca o de otro país, ¡sabrá Dios qué problemas tienen que enfrentar todos esos pobres errantes! Entre tantos migrantes están mis hermanos, de ellos no he vuelto a saber nada. Pienso mucho en ellos, me preocupo y me pongo muy triste cuando los recuerdo y me imagino a todas esas personas que no tienen casa, ni trabajo ni comida, y tienen que salir hoy y mañana y todos los días que sea necesario a buscar en otro lugar su felicidad. Seguramente habrá quien llegue a morirse sin encontrarla, y eso me hace sentir peor, casi lloro de la tristeza, el coraje y la impotencia de no poder hacer nada.

Yo lo conseguí a la primera gracias a mis tíos, no sufrí nada para conseguir un lugar donde vivir con todo el apoyo de esta gente que me aprecia para hacer mi propia vida. A pesar de que me advirtieron desde el mismo instante en que me invitaron a quedarme en su casa que solo tendría techo y comida, me las he ingeniado para conseguir unos pesos trabajando y además respetaron mi decisión de seguir estudiando. Eso es muy importante, no quiero pasarme toda la vida pidiendo ayuda a la gente que conozco: algún día yo saldré adelante solo y también podré ayudar a otros. Me obsesioné con el ahorro, siempre ando con muy poco dinero en los bolsillos, solo el indispensable, pero sigo estudiando y mientras curso la prepa también consigo un trabajo mejor pagado que en la tienda de mis tíos. Claro que ayudo con los gastos de la casa, pero en realidad eso no representa mucho dinero y puedo ahorrar la mayor parte de mi sueldo, es una gran fortuna que la preparatoria y la licenciatura sean gratuitas en la Universidad de Guadalajara.

Y todo este tiempo he seguido en contacto con mi papá, me preocupa que él sigue aferrado al alcohol y varias veces he tratado de traerlo a vivir conmigo, tantas que mis tíos estuvieron de acuerdo en recibirlo aquí en su casa, pero él no es un hombre de ciudad y siempre que lo traemos encuentra el camino de regreso en el primer descuido que tenemos. En camión, en una bici prestada, de aventón y hasta caminando, no importaba la forma, él vuelve a aparecer en su casa a más tardar al tercer día, y cuando lo visito de nuevo él dice que no recuerda nada, no le interesa guardar ningún detalle de cómo escapa de Guadalajara y regresa al rancho. Creo que no le interesa guardar ningún recuerdo de nada. Al final desistimos, y me voy acostumbrando a venir cada 8 días sin falta a mi tierra, con mi papá.

Los fines de semana me voy al pueblo en camión. En auto eso significa 30 minutos, pero en camión el viaje desde la casa dura más de una hora, que de cualquier manera me parece poco, en comparación con lo lejos que estaba antes en el tiempo. Llego a casa a buscar a mi papá y casi nunca lo encuentro, entonces salgo a caminar, a visitar las casas de la familia y de los amigos, y si corro con suerte lo hallo con alguno de ellos y me quedo ahí por un buen rato, después lo saco como puedo y me voy con él a su vivienda. 

Pero si no hay suerte tengo que ir a los billares, a las cantinas y al quiosco y casi siempre ahí, entre los coloridos jardines llenos de flores y vegetación lo encuentro, sin duda tumbado en una banca o sobre el piso, a veces hasta bañado en su vómito y rogando con una vocecilla más miserable que su aspecto por otro trago para no parar, para no volver a este mundo. Cuando lo encuentro así, siempre me quedo con él, lo acompaño con un trago o dos, lo llevo a su casa, lo alimento, le platico y le hago el quehacer de la casa barriendo, sacudiendo y lavando, siempre hay algo que lavar y algo más qué hacer… ¡mi mamá siempre decía eso! y sonrío. Siempre sonrío cuando recuerdo a mi mamá y cuando estoy con mi papá, él no se da cuenta que vine a verlo, pero yo sí.

Antes de volver a la ciudad paso con algún hermano o hermana de mi papá y les dejo una parte de mis ahorros de la semana pidiéndoles que cuiden de él, les digo que de ahí compren su comida y a ellos les da risa:

-        ¿Cuál comida? Si este hombre no come, nomás parece esponja cuando le dan una botella.

Es cierto, rara vez encuentro a mi papá dentro de este cuerpo lastimado y lastimero, y cuando por alguna razón un breve instante de lucidez se abre paso a través de su mente alcoholizada, padre e hijo podemos coincidir y encontrarnos en una reunión efímera que es puro llanto: yo por el gusto, mi papá por la vergüenza, y ambos por amor.

El tiempo camina sin parar y sigo yendo cada semana, religiosamente, al pueblo para ver a mi papá que va empeorando poco a poco, hace tiempo que se dejó vencer por el alcohol y ya no lucha por nada, últimamente ya no quiere ni entrar a su casa, se queda abajo del tejabán que él mismo construyó hace muchos años en una orilla del patio. Cada sábado me siento junto a él, caminamos, comemos, le llevo parientes o amigos suyos a que le platiquen, lo animo a dormir dentro de la casa y yo me acuesto cerca de su cama, pero cada vez es más difícil que me reconozca. También vaga más que antes, hay semanas que no lo veo y nadie me sabe dar razón de él, me da mucha tristeza entender que mi papá no le importa a nadie más que a mí. Los días que puedo verlo mi papá no habla nada, ni una palabra, solo se queda viendo algo que yo no sé qué es, con su mirada silenciosa y su rostro inmóvil. Quiero pensar que su silencio también dice algo, pero la verdad no lo he podido entender.

También he notado que ya no me encuentro a toda la gente que conozco, el pueblo se va vaciando de a poquito y sus alrededores se están llenando de casitas miserables, pero yo no me había fijado por estar enfocado en mi papá. Es algo extraño: la gente que nació y creció aquí se está yendo porque ya no puede vivir pasando hambres y sin un trabajo bien pagado, pero al mismo tiempo está llegando gente de quién sabe dónde y se quedan en cualquier terreno que les parezca bueno… ¡y a ellos les parece bien estar aquí! ¿De dónde salieron? ¿De qué van a vivir?

 

- - - - - -

 

Es sábado otra vez, el camión me deja en la carretera. Caminando tardo unos 20 minutos en llegar a la casa de mi papá. Los primeros meses recorría esa distancia con gusto, disfrutando el largo camino perfumado con eucaliptos altísimos que lleva de la carretera al corazón del pueblo, pasando junto a una pequeña presa donde mis primos, mis amigos y yo acostumbrábamos nadar y pescar carpas cuando éramos niños; atrás de los eucaliptos que flanquean el camino como soldados había un campo abierto repleto de árboles, arbustos y plantas, cada paso me daba una sensación de libertad, me encantaba venir a donde están mis raíces y era mi orgullo presumir este pueblito con mis amigos de más confianza, incluso llegué a invitar a algunos a venir conmigo. Pero esa sensación de libertad fue cambiando, en su lugar ahora siento ansiedad cuando hago este recorrido. Rellenaron la presa con tierra, piedras y cemento y construyeron arriba de ella un mercado muy precario para vender fruta y chucherías a los viajeros que pasan por la carretera, la pequeña arboleda fue sustituida por casas y bodegas, talaron muchos eucaliptos, ahora el camino está flanqueado por altas bardas y frente a ellas se recargan varias casas de cartón y lámina ocupadas por incontables desconocidos de todas las edades y al parecer, de todos los países latinoamericanos.

Ahora hay más delincuentes anónimos, se extienden como las sombras que cada día van cubriendo la tierra hasta volverla noche y han ocupado las parcelas de siembra para cultivar mariguana, amapola y no sé qué más; así, sin pedir permiso ni recibir castigo, se adueñaron de las mejores parcelas y de las herramientas para trabajarlas. La gente que aún sigue en el pueblo es porque está muy encariñada con él o porque no tiene dinero suficiente para irse, son ellos quienes me cuentan lo que está ocurriendo, y sin embargo no les creo.

-        Mira Jacobo: El pueblo sigue siendo un lugar verde pero ya no es para nada tranquilo, los pocos conocidos que quedan en él nomás están al pendiente de sus casas porque en cualquier descuido se nos meten y nos roban lo que sea, igual nos desaparecen una licuadora, un caballo, una vaca o todos los muebles.

 

-        Sí, hasta hubo una temporada en que los bandidos quisieron secuestrar gente, pero la verdad aquí nadie tiene dinero para pagar los rescates que piden y se les quitó esa tentación, como que no están muy bien organizados, por suerte.

 

-        Pero nos da miedo que se roben a las muchachas, por eso casi ni las dejamos salir y los que pueden se van yendo para el norte o para otro lado con todo y sus familias. En otros lugares han desaparecido varias muchachas y no las han vuelto a ver, ¡sabrá Dios qué les harán!

Yo sonrío escuchando todo eso que para mí son exageraciones y se me alcanza a notar que no los tomo en serio.

-        Sí, cada vez se ve más despoblado el pueblo, pero es normal, ¿no? porque de verdad se nota más pobreza en el ambiente y es lógico que todos se vayan a buscar un mejor lugar, poco a poco pero sin detenerse. Yo hice lo mismo hace unos años y me está yendo mejor que aquí… además, nunca me ha pasado nada de lo que ustedes me cuentan, ni a ninguno de mis amigos.

No lo sé, a lo mejor yo ya me siento muy citadino y pienso que ellos, gente sencilla del pueblo, se dejan sorprender muy fácil con todas estas leyendas.

Y llega otro sábado, esta vez no llego tan temprano al pueblo, desde que me empezó a invadir la ansiedad cuando recorro el camino de entrada, prefiero caminarlo cuando el día ya está lleno de sol. La soledad y el polvo perezoso levantado a fuerzas por el viento y por el golpeteo de mis pasos, me acompañan hasta la vieja casa familiar, cada día más vieja y descuidada, “un día voy a venir a resanar esta fachada y a pintar las paredes con colores claros, más alegres” pienso al verla, igual que todas las veces que he venido antes. Toco 3 veces como es mi costumbre y también, como estoy acostumbrado, nadie me abre, vuelvo a tocar 3 veces más y después de dejar pasar un rato saco del bolsillo mi llavero y lo sacudo brevemente, revolviéndolo y buscando la llave de la entrada mientras escucho el desordenado tintinear de estos metales jugueteando en mis manos. Tomo la llave correcta y justo cuando estoy tratando de introducirla en la cerradura, la puerta se abre con un movimiento rápido.

-        ¿Qué quieres?

 

-        ¿Usted quién es?

El que abrió la puerta es un hombre mayor, tal vez de unos 35 años, sucio, pero con su barba y bigote cortados cuidadosamente, me llama la atención la cantidad de adornos que lleva encima: pulseras, relojes, anillos, collares, también trae unos lentes para el sol y un sombrero que adentro de la casa resultan inútiles. El tipo se ve muy despreocupado, pero recargado ahí en el marco de la puerta impone respeto. En la parte de atrás de su pantalón sobresale la cacha de un revólver y me asusto, ¿dónde está mi papá?

-        ¿Qué quieres? - Repite el hombre a la vez que cubre con su cuerpo la entrada de la casa, aun así, puedo distinguir más voces allá adentro, por lo menos debe haber otros 2 hombres y una mujer.


-        Esta es mi casa, ¿dónde está mi papá?

 

-        A mí me vale madre dónde está tu papá y esta no es tu casa. Mejor ya vete.

Quiero pensar que es una broma, pero el tono de voz seco y el gesto rígido en la cara del hombre me advierten que no debo reírme.

-        Esta casa es de mi papá, ¿dónde está?

 

-        Escúchame bien, pinche güey: Esta casa es de nosotros, nomás eso tienes que saber. Lárgate y no se te ocurra volver por aquí, te lo estoy diciendo por las buenas.

El tipo acaricia la cacha de su revólver mientras mira mi rostro como queriendo grabárselo, enseguida cierra la puerta y todavía me grita otra vez que me largue, yo también me quedo ahí gritando, pegándole y preguntándole a la puerta para que me dé razón de mi papá hasta que me canso, me tumbo un rato en la banqueta junto a la puerta, no sé qué hacer ni qué pensar.

Después de un rato noto que no pasa gente por la calle y me pongo de pie, pero no puedo levantar mi pena y me la llevo arrastrando como si fuera mi sombra, pero mi sombra es mucho más chica en el calor hirviente del mediodía. La tarde apenas está comenzando. Entonces reparo en las camionetas grandes y lujosas estacionadas en casi todas las calles, afuera de mi casa hay dos y obviamente no son los vehículos que se podrían comprar la mayoría de los habitantes de este pueblito.

Llego a la casa del hermano de mi papá que está más cerca, mi cuerpo se vuelve muy pesado, me siento como si hubiera estado caminando todo el día, apenas saludo y me voy a sentar bajo un árbol en el patio, me quedo viendo en silencio a mis tíos y ellos a mí, de pronto descubro que estoy llorando y no me quiero detener, lloro mucho, mucho tiempo. No puedo hablar, ni siquiera puedo pensar qué decir.

Mucho más tarde, después de comer, me siento más tranquilo y puedo platicar. Quiero saber qué pasó, quiero sacar el coraje, la rabia, la impotencia, el dolor y sobre todo, quiero ver a mi papá. Sin embargo, ni mis tíos ni mis primos pueden darme ninguna palabra de aliento, ni una esperanza. 

-        Vamos a estar al pendiente de él por si lo vemos, pero nada más mientras nos vamos, porque aquí ya está bien difícil seguirle. Mira a Juventino, el compadre de tu tío Octavio: Andaba bien gustoso porque acababa de poner su destilería de agave “El rincón” y le estaba yendo re bien con su negocio, pero llegaron estos hijos de la chingada y se la quitaron…

 

-        ¿Cómo que se la quitaron?

 

-        Así nomás. Primero le enseñaron fotos de su casa, de su esposa, de sus hijas... le dijeron que tenía dos semanas para salirse de la destilería. Pero no se esperaron, a los 3 días regresaron y a punta de balazos lo sacaron de la destilería y le quitaron su negocio, lo amenazaron con matar a su familia si volvía por ahí y pues ¿qué iba a hacer? Vendió lo que pudo y se largó a Guadalajara, pero ya iba bien enfermo, hasta le dio diabetes del susto… a los clientes no les importa de quién es “El rincón” mientras puedan comprar barato y como a los mañosos no les cuesta nada, venden todos los tequilas bien baratos.

 

-        ¿Y luego? ¿A poco así nomás se quedó el Juventino?

 

-        No, pues fue a denunciar y todo, pero nadie investiga nada. Juventino denunció primero aquí y también fue a denunciar allá en Guadalajara, ¿y qué se ganó? Luego el Refugio, que es jefe de la policía, le dijo que mejor ya no le moviera, ¿tú crees? Y lo peor que así como Juventino hay un chingo de gente. Aquí ya no se puede vivir.

Poco después voy a la comisaría para interponer mi denuncia con don Refugio, le cuento todo lo del allanamiento de mi casa y de la desaparición de mi padre. Refugio me escucha muy callado, como si me pusiera mucha atención y cuando termino de hablar con él, confirmo todo lo que me acaban de decir mis tíos y todavía más cosas. Aquí no existe la justicia, antes al contrario, en vez de darme confianza me sentí amenazado por el comisario.

Esa noche me quedo a dormir, o más bien a platicar en la casa de mi amigo Pepe y me entero de que él también se va a ir del pueblo, que piensa irse a Estados Unidos.

-      Me siento mal por irme así, la verdad yo sí quiero a mi país, pero está bien pesado el ambiente en el pueblo, vivimos con miedo, ¿tú crees? Los delincuentes están levantando a los chavos como nosotros para llevárselos a “trabajar” con ellos, y al que no quiere entrarle, lo matan y lo tiran. A cada rato encuentran cuerpos tirados en las orillas del pueblo y cada vez quedan menos chavos, así que el riesgo para los pocos que quedamos es más fuerte. Yo no me quiero ir, pero éste ya no es mi pueblo. En las noches a veces sueño que estoy en este lugar como era cuando estábamos chicos, ¿te acuerdas? Salíamos a la calle confiados, nos íbamos al cerro bien a gusto sin que nadie nos dijera nada y todos nos conocíamos, todos éramos amigos, casi familia. Pero cuando me despierto, luego luego siento al revés que antes: ahora no quiero salir de la casa.

 

-        Sí, ya sé de qué me hablas, yo también sueño a veces con el pueblito de antes. Y también me da mucha tristeza cuando despierto y veo que estoy en otro lado. Pero aquí está más feo que donde yo vivo…

El tema deprime y asusta a cualquiera, por eso mejor empezamos a hablar de otros tiempos, de cuando jugábamos (hace poco todavía jugábamos fut), de las chicas del pueblo que nos habían gustado mientras crecíamos, de las confidencias que nos compartimos antes y de cuando soñábamos despiertos. Así nos la pasamos platica y platica hasta que amanece. Allá en la calle se escucha de repente el ruido de motores y llantas patinando y rebotando en las calles empedradas, a los delincuentes les gusta salir de noche en sus camionetas, junto con sus ruidos y sus luces también entra el miedo a cada casa.

Por la mañana Pepe me acompaña a caminar por el pueblo para ayudarme a buscar a mi papá, pero no lo encontramos por ninguna parte y nadie sabe de él. Después de comer, recorro las casas de todos mis tíos y amigos que quedan aquí para encargarles que estén al pendiente de mi papá, todos me dicen que sí, que no me preocupe, pero a todos se les nota el miedo hasta en la voz. Me voy a tomar mi camión y me acompaña Pepe con su hermano menor y otros amigos, ya nadie sale solo en este pueblo.

Pepe jura que va a seguir buscando a mi papá y que en cuanto sepa algo me va a avisar, “pero nomás mientras me voy de aquí, ¿eh?”. Nos deseamos suerte, nos damos un abrazo de esos que nada más se dan los verdaderos amigos y entre bromas, risas y carrilla me voy de mi pueblo por última vez, triste y preocupado. Volveré a venir, pero este lugar nunca volverá a ser mi pueblo.

Todo cambia muy rápido… ¡cómo quisiera una máquina del tiempo! Muy a mi pesar, también guardo este instante doloroso en mi colección de momentos porque si no lo hago, con el paso de los años estos hechos van a parecer difusos y no quiero que se desvanezca todo lo ocurrido este fin de semana, no quiero que se vaya la esperanza de encontrar a mi papá.

- - -

Hasta luego.

Ver parte 3

En el presente

  Si buscamos la felicidad en el pasado el presente pierde sentido y el futuro asusta, la vida está en el presente. Es gratificante haber ...