Todo pasa una y otra vez, el mundo gira y la espiral de la evolución repasa los logros conocidos muchas veces, no importa cuántas personas quieran poner orden en el caos infinito de nuestra naturaleza, cada tanto aparecen en posiciones dominantes algunos líderes con ideas muy simples: “el más fuerte siempre gana” y la historia se repite una y otra vez, pero incluso a esas repeticiones las eleva la espiral de la evolución, de modo que cada vez hay forma más drásticas y destructivas de ser más fuertes que los demás y de formas más espectaculares que asusten más y más.
Durante el siglo pasado descubrimos que es posible hacer una
guerra mundial pero no somos conformistas y conseguimos dos, ahora vamos por la
tercera como si se tratara de una gran película o de una nueva temporada con
otros directores, otros productores y otros protagonistas, pero siempre los
mismos patrocinadores y el mismo guion: ambición-abuso-guerra,
ambición-abuso-guerra, ambición-abuso-guerra…
En el otro extremo de la espiral evolutiva, contemporáneos
pero no coincidentes, están las personas que creen que el uso y abuso de la
fuerza no es nuestra fortaleza, que ninguna ideología justifica atacar y
destruir a un gobierno porque piensa distinto que los más fuertes y que la
tierra que se pelean por adueñarse y administrar no es simplemente un pedazo de
tierra sino el hogar y la patria donde hace su vida gente como tú o como yo. En
realidad, no es tan sencillo como atacar a un gobierno así, abstracto y
conceptual sino de dejar a muchas, muchísimas gentes lastimadas, esas que
forman un pueblo y entre muchos pueblos forman una nación. Estas personas no
brillan ni son espectaculares, pero creen en otras personas y tienen fe en el
grandísimo cuerpo de muchas almas llamado humanidad.
La lógica simplista de los individuos ambiciosos dice que el
más fuerte tiene más poder y siempre va a vencer, la lógica social del apoyo
comunitario y la solidaridad dice que no necesariamente debe vencer la fuerza
bruta, hay otras fuerzas que hemos desarrollado mientras evolucionamos. Para
unos el amor, el arte, los principios y hasta el mismo saber son productos o
herramientas que se pueden aprovechar para conseguir lo que quieren, para ser
más fuertes. Para los otros, esos mismos conceptos son el motor que da sentido
a la vida, desde que la humanidad existe se han enfrentado en varias ocasiones
en alguna curva de la evolución, a veces de manera previsible y otras por
sorpresa, y siempre vuelve a suceder.
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