¿A quién escogerías para vivir en una isla desierta?
Dice Jorge Bucay que en la vida hay 3 decisiones
fundamentales, aunque él dice que son 3 preguntas, pero en esencia es lo mismo:
Decidir quién soy, decidir a dónde voy y decidir con quién quiero ir por la
vida. La verdad, al avanzar por el camino de la vida tendremos que responder o
tomar estas decisiones, y eso forzosamente nos obligará a ir tomando otras
decisiones para afinar los cómo, cuándo, dónde, para qué y otras cuestiones
complementarias, pero aquí está el punto de este escrito: Cada uno de nosotros es
un navegante que deambula entre un mar de gentes, algunos viajan en balsa o
lancha, otros van en submarino, hay quien va en un barco o en una moto acuática
y también están los náufragos que tienen que nadar y esforzarse por mantenerse
a flote y llegar a los espacios en tierra firme donde la gente se reúne a hacer
su vida: estudiar, trabajar, convivir, comprar, explorar, visitar conocidos,
conocer más gente, reír, llorar y todo eso que hacemos entre los demás. Siempre
somos navegantes, cuando descubrimos quienes somos nuestro deambular se vuelve
más claro y empezamos a definir la ruta que seguiremos, cada uno su ruta muy
personal y en ese momento, a muchos nos puede parecer mejor avanzar acompañados.
Si estás entre estos últimos ¿A quién invitarás para que te acompañe a habitar tu
isla desierta? ¿Quién querrá estar ahí? Es una decisión importante. Esa persona
que te hará compañía también está navegando como puede en el mar de gentes,
también se descubrió a sí misma y también está definiendo o ya definió su ruta,
y entre todas esas vivencias, la invitarás a refugiarse en tu isla desierta
para poblarla y entre los dos fundar eso que llamamos hogar (por cierto, el
hogar es la forma física de la isla desierta), el auténtico mundo que tomará
forma de acuerdo a los sueños, planes y acciones de ambos, también es el lugar
al que entrarán solamente otros navegantes de confianza, no cualquiera podrá
refugiarse en su isla. Si funciona, después habrá otros habitantes, nativos en
esa isla cada vez menos desierta, pero lo primero es decidir con cabeza fría y
corazón cálido (no al revés)… ¿con quién vivirías en una isla desierta? ¿con
quién quieres pasar las horas íntimas en casa? ¿por quién te dejarás conocer? ¿en
quién te quieres refugiar cuando regreses de navegar en ese mar cambiante, a
veces turbulento y agitado y a veces aburrido de tan calmo? Tómate todo el
tiempo que necesites para decidir y cuando lo hagas, recuerda que esa otra
persona también te está dejando entrar a su isla desierta. También se arriesga
igual que tú.
Muchas veces he hecho la comparación con una isla desierta
para decidirme por algo que de verdad me gusta o es necesario para mí, incluso
en cosas más sencillas, por ejemplo, siempre he sido una especie de adicto a la
música y recuerdo que cuando era joven y la música todavía no caía de la nube
ni se conseguía tan fácil por streaming, escoger un disco y hacer el gasto para
comprarlo no era tan sencillo, así que tenía que pensar muy bien cuáles
canciones quería tener en mi cuarto que era a la vez estudio, biblioteca,
dormitorio, lugar de reunión y sala de música, ¿cuál disco sería capaz de
llevarme a una isla desierta para escucharla y escucharla como si no hubiera
ninguna otra? Y me quedé con la costumbre, así lo he hecho también con algunas
otras cosas: la elección de la carrera, el trabajo, algunas veces la ropa,
libros, lugares a dónde ir y las personas con las que quería pasar el tiempo.
Todas esas fueron una elección importante en su momento y me
sirvieron para tomar en serio mis decisiones y sus consecuencias, algunas
momentáneas y no tan relevantes, otras que aún forman parte de mi vida. Lo
mismo pasa con todas las personas: cada quien toma sus propias decisiones y
sigue adelante con sus consecuencias buenas o malas, temporales o
permanentes. Hazlo con cuidado: invitar a alguien a vivir en una isla
desierta trae como consecuencia cambiar la vida de dos personas y afecta a
otras más.
Gracias por leer este mensaje lanzado al mar desde mi isla.
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